Circe es la hechicera de la mitología griega, hija del dios solar Helios y de la ninfa oceánica Perséfide, y la primera figura de la literatura occidental que responde a lo que hoy llamaríamos una bruja: vive apartada en una isla, domina las drogas y las hierbas, empuña una varita y transforma a los hombres en animales. Aparece por primera vez en los libros X y XII de la Odisea de Homero, y de ahí desciende buena parte de la imaginería posterior de la brujería europea, junto con la otra gran figura griega de la hechicería, Hécate.
El episodio por el que se la recuerda —los marineros convertidos en cerdos— suele contarse sin el detalle que lo vuelve verdaderamente atroz, y que Homero pone por escrito sin rodeos.
| Padres | Helios, dios del sol, y la ninfa oceánica Perse |
|---|---|
| Primera aparición | Odisea de Homero, libros X y XII |
| Isla | Eea; la tradición grecorromana la situaba cerca de Italia, en el monte Circeo |
| Antídoto contra su magia | El moly: raíz negra, flor blanca como la leche |
| Fuentes principales | Homero; Ovidio (Metamorfosis); la Telegonía, hoy perdida |
| Denominador común | Cambia el cuerpo y deja la mente adentro: en Homero los cerdos lloran en la pocilga con la razón intacta, y en Ovidio Escila ve con horror cómo su propio cuerpo se llena de perros aullando. Circe no borra a nadie ni mata a nadie: encierra a sus víctimas, conscientes, en una forma que no eligieron. Ese es el castigo, y es el mismo en todos sus mitos |
Quién es Circe
Circe —Κίρκη, Kírkē— es hija de Helios, uno de los titanes, y de la oceánide Perse, y hermana de Eetes, el rey de la Cólquide que custodiaba el vellocino de oro. Homero la llama diosa, no mortal, y la describe hermosa, de voz temible y cabellera trenzada, cantando ante el telar mientras teje. Vive sola en Eea, en un palacio de piedra pulida en medio de un bosque, rodeada de una servidumbre de ninfas.
El primer aviso de lo que ocurre en esa isla lo dan los animales. Cuando los hombres de Odiseo se acercan al palacio, encuentran lobos de montaña y leones merodeando alrededor; en vez de atacarlos, las fieras se acercan moviendo la cola, como perros que reciben a su amo. Homero explica la razón sin dramatismo: son hombres, transformados por las drogas de Circe antes de que ellos llegaran.
Los marineros convertidos en cerdos
Odiseo, de regreso de Troya, envía a la mitad de su tripulación a explorar la isla bajo el mando de Euríloco. Circe los recibe con cordialidad, los hace sentar y les prepara una mezcla de queso, harina de cebada, miel amarilla y vino de Pramnos. Dentro, mezcladas, van sus drogas. Los hombres beben. Euríloco, que sospecha una trampa, se queda fuera y observa.
Entonces Circe los toca con la varita y los arrea hacia las pocilgas. Aquí llega la frase que suele desaparecer al resumir el episodio: adquieren la cabeza, la voz, las cerdas y el cuerpo de los cerdos, «pero su mente seguía siendo la misma que antes». Encerrados en las pocilgas, los hombres lloran. Circe les arroja bellotas, ayucos y frutos de cornejo, la comida que los cerdos revuelven en el barro. Comen eso, sabiendo perfectamente quiénes son.
Ese es el castigo real del episodio, y no la pérdida de la razón: la conciencia intacta atrapada en un cuerpo que ya no le corresponde. Euríloco escapa corriendo hasta la nave para contar lo que ha visto.
El moly y el pacto con Odiseo
Odiseo marcha solo al palacio a rescatarlos. En el camino le sale al encuentro Hermes con forma de hombre joven, le explica lo que va a ocurrir y arranca del suelo una planta para dársela: la raíz negra, la flor blanca como la leche. Los dioses la llaman moly, y Homero anota que es difícil de arrancar para los mortales, aunque para los dioses todo es posible. Hermes le da además una instrucción precisa: cuando Circe lo toque con la varita, que desenvaine la espada y se lance contra ella como si fuera a matarla.
Todo sucede como estaba previsto. Circe le sirve el brebaje, lo toca con la varita y le ordena ir con los demás a la pocilga; Odiseo no cambia. La hechicera comprende de inmediato lo que significa —ningún hombre había resistido antes esa droga— y recuerda que Hermes le había anunciado la llegada de Odiseo. Él desenvaina, ella se arroja a sus rodillas, y solo tras exigirle un juramento solemne de que no le hará daño acepta Odiseo quedarse. Circe devuelve a sus hombres la forma humana, y la tripulación permanece un año entero en la isla.
Cuando por fin deciden partir, es la propia Circe quien le da a Odiseo la instrucción que decide el resto del poema: antes de volver a Ítaca debe descender al reino de los muertos y consultar al adivino Tiresias. Ella le explica cómo llegar, qué libaciones verter y cómo hablar con las sombras. La hechicera que los convirtió en animales termina siendo la guía que hace posible el regreso.
Circe, Glauco y Escila
La transformación de Escila la narra Ovidio en las Metamorfosis, ya en época romana. Glauco, un dios marino, ama a la ninfa Escila, que no le corresponde. Desesperado, acude a Circe y le pide una poción que haga que Escila lo ame. Circe, que se ha enamorado de él, le ofrece corresponderle a ella en su lugar; Glauco la rechaza sin miramientos y dice que antes crecerán hojas en el mar que él dejará de amar a Escila.
Circe no lo castiga a él. Prepara un veneno y va a envenenar la ensenada donde Escila acostumbra bañarse. Cuando la ninfa entra en el agua hasta la cintura, ve con horror que su cuerpo se puebla de cabezas de perros que ladran, unidas a ella, sin poder desprenderse. Es el mismo patrón que la tradición griega aplicó a Medusa y las gorgonas: una mujer castigada con un cuerpo monstruoso por un deseo ajeno. Escila, transformada en monstruo, queda en el estrecho —el mismo que Odiseo deberá cruzar más adelante en el libro XII— destrozando naves y devorando tripulantes.
Circe y Pico, el rey del Lacio
También en las Metamorfosis de Ovidio, y también en clave romana, está el episodio de Pico, rey del Lacio. Circe se enamora de él, pero Pico ama a Canens, hija del dios Jano —una divinidad exclusivamente romana, sin equivalente griego, lo que confirma que este mito no procede de fuente helénica—. Rechazada, Circe lo transforma en pájaro carpintero, el ave que en latín lleva precisamente su nombre, picus. La leyenda explica, en el fondo, el nombre de un pájaro.
Circe y los argonautas
Medea, la hechicera de la Cólquide, es sobrina de Circe: hija de Eetes, hermano de la diosa. Al huir con Jasón y el vellocino de oro, Medea mató a su propio hermano Apsirto para retrasar la persecución de su padre. Cargados con una muerte de sangre familiar, Jasón y Medea llegan a la isla de Eea y acuden a Circe, que como diosa tiene la potestad de purificarlos del crimen. Circe realiza el rito de purificación. La escena aparece en las Argonáuticas de Apolonio de Rodas.
Telégono y la muerte de Odiseo
Del año que Odiseo pasó en Eea nació un hijo, Telégono, criado por Circe en la isla sin conocer a su padre. La historia de su vida adulta estaba en la Telegonía, epopeya del siglo VI a. C. atribuida a Eugamón de Cirene, hoy perdida y conocida por el resumen que dejó el gramático Proclo.
Ya, hombre, Telégono parte a buscar a su padre. Circe lo despide con una lanza rematada con la espina de una raya —forjada por Hefesto, según la Biblioteca de Apolodoro—. Una tormenta lo arroja a Ítaca, que no reconoce; hambriento, empieza a saquear los rebaños de la isla. Odiseo sale a defender lo suyo y en la refriega Telégono lo hiere de muerte sin saber a quién está matando. Solo cuando el hombre agoniza se reconocen padre e hijo.
La lanza no es un detalle decorativo. En el libro XI de la Odisea, Tiresias le había profetizado a Odiseo, desde el inframundo, que la muerte le llegaría «del mar». Odiseo y sus lectores entendieron durante siglos una muerte apacible en la vejez, con el mar como metáfora. La profecía era literal: la espina de un animal marino, en manos de un hijo llegado por mar, mata al hombre que había sobrevivido a diez años de guerra y diez de naufragios.
Las dos versiones del final
A partir de aquí, las fuentes se separan en dos relatos que conviene no encadenar como si fueran uno solo.
En la Telegonía, Telégono lleva el cuerpo de su padre a Eea acompañado por Penélope y Telémaco. Circe entierra a Odiseo y concede la inmortalidad a los tres. Después, Telégono se casa con Penélope, la viuda de su padre, y Telémaco se casa con la propia Circe. Odiseo permanece muerto.
En una tradición muy posterior, recogida en los escolios que Juan Tzetzes escribió en el siglo XII sobre la Alexandra de Licofrón, Circe usa hierbas mágicas para devolverle la vida a Odiseo. Resucitado, Odiseo casa a Telémaco con Casifone, hija suya y de Circe. El matrimonio termina mal: Telémaco y Circe riñen, Telémaco mata a Circe, y Casifone venga a su madre matando a su marido y hermanastro. Su nombre, Κασσιφόνη, significa precisamente «la que mata a su hermano».
Errores frecuentes
Los hombres transformados pierden la razón junto con el cuerpo
Homero dice lo contrario, y de forma explícita: conservan la mente humana intacta dentro del cuerpo del cerdo. Es el punto entero del episodio y el detalle que más se pierde al resumirlo, y lo que separa a Circe de monstruos devoradores como Lamia: ella no destruye a sus víctimas, las encierra.
Los mitos de Escila y Pico son griegos
Ambos proceden de las Metamorfosis de Ovidio, obra romana. En el caso de Pico, la propia amada del rey, Canens, es hija de Jano, divinidad romana sin equivalente en el panteón griego.
Circe hizo inmortales a los tres y después casó a Telémaco con Casifone
Son dos finales de fuentes distintas y separadas por más de mil quinientos años. En la Telegonía, Telémaco se casa con Circe y Odiseo sigue muerto; la resurrección de Odiseo y el matrimonio con Casifone pertenecen a los escolios bizantinos de Tzetzes sobre Licofrón.
Preguntas frecuentes
¿Qué les pasa a los hombres que Circe convierte en cerdos?
Homero es explícito: adquieren la cabeza, la voz, las cerdas y el cuerpo de un cerdo, pero su mente sigue intacta. Quedan encerrados en las pocilgas, llorando, conscientes de lo que les ha ocurrido, mientras Circe les arroja bellotas y frutos de cornejo. El castigo no es perder la razón sino conservarla dentro del cuerpo equivocado.
¿Qué es la hierba moly?
La planta que Hermes entrega a Odiseo para que las drogas de Circe no le hagan efecto. Homero la describe con la raíz negra y la flor blanca como la leche, y advierte que resulta difícil de arrancar para los mortales, aunque no para los dioses. Su identificación botánica real sigue sin resolverse.
¿Cómo muere Odiseo según el mito de Circe?
En la Telegonía, epopeya perdida del siglo VI a. C., lo mata sin reconocerlo su propio hijo Telégono, nacido de Circe, con una lanza rematada con la espina de una raya. Así se cumple al pie de la letra la profecía que Tiresias le había hecho en el inframundo: que la muerte le llegaría del mar.
¿Por qué Circe convirtió a Escila en un monstruo?
Por celos, según la versión de Ovidio en las Metamorfosis. El dios marino Glauco amaba a Escila y le pidió a Circe una poción para conquistarla; Circe, enamorada de Glauco y despechada, envenenó las aguas donde Escila se bañaba y la transformó en la criatura que después destrozaría barcos en el estrecho.
Fuentes
- Homero, Odisea, libro X, trad. A. T. Murray, dominio público, Theoi Classical Texts Library. theoi.com
- Homero, Odisea, libro X, texto en Perseus Digital Library. classics.mit.edu
- «Telegonus», Encyclopaedia Britannica, sobre la lanza con espina de raya y la profecía de Tiresias. britannica.com
- «Telegony», resumen de Proclo, Livius.org. livius.org
- «Telegony», en The Greek Epic Cycle and its Ancient Reception, Cambridge University Press. cambridge.org
- «Cassiphone», sobre los escolios de Tzetzes a la Alexandra de Licofrón. en.wikipedia.org
