El árbol simboliza el eje que une los tres niveles del mundo. Sus raíces alcanzan el subsuelo, su tronco ocupa la tierra y su copa llega al cielo: es lo único visible que está en los tres sitios a la vez, y de esa posición derivan casi todos los demás significados que se le atribuyen.
Ese papel no es exclusivo de ninguna cultura. Aparece en el Yggdrasil nórdico, en el ashvattha de los textos védicos, en los dos árboles del Edén y en los bosques sagrados de media Europa antigua. Y en varias tradiciones aparece además invertido: con las raíces arriba.












