Símbolos hopi y su significado: maíz, nubes y katsinam

Los símbolos hopi son las imágenes con las que el pueblo hopi, agricultor del noreste de Arizona, expresa una preocupación con muchas formas: que llueva en el desierto. El maíz, la nube, el rayo, la mariposa, el águila y los katsinam hablan de lo mismo, porque para los hopi los muertos regresan convertidos en nubes de lluvia.

Casi todo ese sistema nace de un relato: la salida de los primeros hopi al mundo actual trepando por una caña, y la elección de una mazorca de maíz azul, la más corta de todas. Parte de lo que circula hoy como símbolo hopi, en cambio, procede de fuentes muy posteriores, y dos de los más difundidos, el nakwách y la Kachina de la Estrella Azul, salen de un único libro de 1963.

Lo que se conoce fuera de la comunidad llegó en gran parte a través de observadores no hopi de fines del siglo XIX y comienzos del XX —etnógrafos, un misionero menonita, una etnomusicóloga—, y hoy se sabe que los hopi fueron selectivos con lo que les contaron. Muchas ceremonias siguen siendo privadas, y solo una parte de cada una se celebra ante el público.

Símbolos hopi de un vistazo
Pueblo Hopi, en el noreste de Arizona: doce aldeas sobre tres mesas y a sus pies
Mito central La emergencia desde el mundo inferior por una caña y la elección de la mazorca azul corta
Figuras sagradas Màasaw, dueño del cuarto mundo; Hurúing Wuhti; la Mujer Araña; el Sol; los katsinam
Símbolos atestiguados Maíz, nube, rayo, sípapu, plumas de oración, mariposa, águila, serpiente, flauta
Lugares sagrados Sipapuni, en el cañón del Pequeño Colorado; los picos de San Francisco, hogar de los katsinam
Denominador común La lluvia: casi todo símbolo hopi pide agua o recuerda que los antepasados vuelven como nubes
Error más difundido Tomar por tradición antigua lo que procede de Book of the Hopi (1963)

Cada símbolo tiene además un dueño: casi todos los animales del repertorio hopi son antes que nada el nombre de un clan, y cada clan guarda su propia versión de los relatos.

Qué significa la palabra hopi

Hopi es el nombre que el pueblo se da a sí mismo (se pronuncia aproximadamente «jópi», con una jota suave). Su sentido principal es el de alguien que se comporta bien: educado, pacífico, cortés, fiel al camino hopi. Más que un gentilicio, la palabra nombra un ideal de conducta, y el pintor Louis Akin, que visitó las mesas a comienzos del siglo XX, anotó que el peor insulto de la lengua era ka-hopi, «no hopi».

El nombre con el que los conoció el mundo durante siglos llegó a través del español. Antonio de Espejo los registró como «Mohace» y «Mohoce» en 1583, y Juan de Oñate como «Mohoqui» en 1598. De ahí salió Moqui o Moki, que suena casi igual que el hopi mooki, «morir, estar muerto». Los hopi lo rechazaban, y su nombre propio terminó imponiéndose en la bibliografía gracias al antropólogo Jesse Walter Fewkes.

El origen de Moqui sigue en discusión. El Handbook of American Indians dirigido por Frederick Webb Hodge para el Bureau of American Ethnology lo tenía por un préstamo de las lenguas keresanas, mientras que ancianos de Walpi consultados en la década de 1940 lo consideraban una antigua forma de autodenominación. Ese mismo manual recoge otra forma de nombrar la tierra hopi, anotada por el antropólogo neerlandés Herman ten Kate: «la tierra de Màasaw», el dios que, según la tradición, se la entregó al pueblo.

Quién creó el mundo según los hopi

No existe una sola respuesta porque cada clan y cada aldea conservan su versión. La más antigua que se publicó completa la recogió en Oraibi, en la Tercera Mesa, el misionero menonita Henry R. Voth, y apareció en 1905 en The Traditions of the Hopi, editada por el Field Columbian Museum de Chicago. Empieza así:

«A very long time ago there was nothing but water.»

«Hace muchísimo tiempo no había nada más que agua.»

—Henry R. Voth, The Traditions of the Hopi, 1905

En el océano del este vivía Hurúing Wuhti, la deidad de las sustancias duras —las cuentas, los corales, las conchas—, y su casa era una kiva como las que los hopi usan todavía. De su escalera colgaban una piel de zorro gris y otra de zorro amarillo. En el océano del oeste vivía otra Hurúing Wuhti, en una kiva igual, y de su escalera colgaba una sonaja de caparazón de tortuga.

El Sol ya existía. Antes de salir por el este se vestía con la piel del zorro gris, y entonces llegaba el alba blanca de los hopi; después se ponía la del zorro amarillo, y amanecía del todo. Las dos mujeres hicieron surgir tierra firme en medio del agua, y como el Sol no veía ningún ser vivo en su recorrido, modelaron en barro un reyezuelo, lo cubrieron con una manta, le cantaron hasta que se movió y lo mandaron a volar sobre el mundo.

El ave volvió diciendo que no había nadie. Se equivocaba: en el suroeste vivía ya la Mujer Araña. Después, la deidad del oeste creó las aves y los animales y les enseñó sus voces, y la del este modeló en barro a la primera mujer y al primer hombre.

Muchos textos de divulgación cuentan otra versión, en la que Tawa, el espíritu del sol, y la Mujer Araña crean juntos el mundo desde el vacío. Es una reelaboración moderna que pone al Sol en primer plano; en la de Voth, la iniciativa es de las dos mujeres de las sustancias duras, y la Mujer Araña aparece como alguien que ya estaba allí antes que nadie.

El Sol conserva su lugar en la vida hopi desde el primer día. El recién nacido pasa diecinueve días en casa, junto a una o dos mazorcas perfectas a las que se llama su Madre y su Abuela, y el vigésimo día recibe su nombre en una ceremonia al amanecer. La madre lo saca por primera vez y lo presenta al sol naciente, y son las mujeres del clan del padre quienes le dan nombre.

Cómo salieron los hopi al cuarto mundo

El relato de Oraibi que recoge Voth empieza con una decadencia. Abajo, en el mundo inferior, la gente vivía peleando, y algunos se habían vuelto tan depravados que abusaban de las mujeres y las muchachas. Los jefes decidieron buscar otro lugar donde vivir. Primero enviaron a un ave llamada Mótsni, que voló alto pero volvió sin encontrar nada; después al sinsonte, Yáhpa, que era fuerte y encontró una salida en el cielo.

Mientras tanto, los jefes desataron una gran inundación que destruyó a buena parte de la gente. Luego plantaron un pino y, cantando a su alrededor, lo hicieron crecer hasta la abertura, pero sus ramas eran demasiado finas. Probaron con otro pino más fuerte, que no llegó. Por fin plantaron una caña, que era firme y atravesó la abertura; un girasol plantado junto a ella dobló su disco hacia abajo antes de alcanzar el cielo.

Subieron primero la Mujer Araña, los dos hermanos guerreros Pöokónghoya y Bálöongawhoya, y el sinsonte. Cada hermano sostuvo con fuerza una planta mientras la gente trepaba, y el sinsonte, sentado arriba, iba asignando a cada grupo un lugar y una lengua, con cantos que todavía se entonan en la ceremonia de Wúwuchim. Los cantos se acabaron antes de que saliera todo el mundo, y los que quedaban abajo volvieron atrás.

Poco después de la salida murió el hijo del jefe, y el jefe comprendió que con ellos había subido un hechicero. Lanzó al aire una bola de harina de maíz, que cayó sobre la cabeza de su propio sobrino, y lo agarró para arrojarlo de vuelta por el agujero. El sobrino le pidió que antes mirara hacia abajo. El jefe miró y vio a su hijo, vivo, caminando por el mundo inferior. Dejó quedarse al sobrino. El episodio fija desde el comienzo una idea que recorre toda la religión hopi: los muertos no desaparecen, siguen viviendo abajo, en el mundo del que salió el pueblo.

Ese agujero existe. La Oficina de Preservación Cultural hopi lo sitúa en Sipapuni, un domo de travertino del cañón del Pequeño Colorado, cerca de su confluencia con el Colorado, dentro del Gran Cañón, e insiste en que no es un lugar legendario. Allí, al salir, los hopi encontraron a Màasaw, dueño del cuarto mundo, y pactaron con él que cuidarían la tierra. El exdirigente hopi Vernon Masayesva explicó en 2024 que el nombre significa «cordón umbilical» y lo comparó, por su importancia, con el Vaticano, La Meca o Jerusalén.

Cada kiva reproduce ese punto. La kiva —la palabra es hopi, y así la adoptó la arqueología— es la cámara ceremonial subterránea donde se celebran los ritos, y en su piso se abre un pequeño orificio, a veces tallado en una tabla, que representa el lugar de la emergencia: el sípapu. Entre los hopi y los demás pueblos occidentales, las kivas son rectangulares; las redondas son las de los pueblos orientales y las de los antepasados de la región. Se entra por una escotilla del techo, bajando una escalera.

Por qué la mazorca azul es el símbolo central

Otra de las narraciones que recogió Voth continúa después de la salida. Aún estaba oscuro. La Mujer Araña, ayudada por el sacerdote de la Flauta, dibujó sobre una tela blanca y le cantó, y se levantó una luna que alumbraba poco. Después pintaron el símbolo del sol en un disco de piel de ante, lo frotaron con yema de huevo —por eso, dice el relato, las gallinas saben la hora— y lo llevaron hacia el este, y se hizo la luz y el calor.

Entonces el jefe puso en el suelo mazorcas de distintos largos y pidió a los pueblos que eligieran antes de partir. Todos quisieron las más largas. A los hopi les quedaron las pequeñas.

La versión que los propios hopi publican hoy pone la escena en manos de Màasaw. Leigh Kuwanwisiwma, director de la Oficina de Preservación Cultural hopi, la resumió en 2005: al pasar al cuarto modo de vida, Màasaw ofreció maíz a los pueblos, los demás tomaron las mazorcas grandes y a los hopi les quedó la mazorca azul corta. Sabían que su vida sería difícil y que tendrían que someterse al maíz como forma de vida. Humildad, cooperación, respeto y cuidado de la tierra son, en su resumen, el camino hopi.

Las dos versiones difieren en quién ofrece el maíz y coinciden en lo esencial: la elección de la mazorca más corta es una elección de destino. En materiales educativos sobre la cultura hopi aparece incluso como el origen del nombre: los más humildes tomaron la mazorca más corta, y recibieron por eso el nombre de hopi. El maíz acompaña después a cada persona desde la cuna, en las mazorcas Madre y Abuela del recién nacido, hasta la harina que se esparce en casi todos los ritos.

Por qué los katsinam son nubes

Los katsinam (en singular katsina, que se pronuncia aproximadamente «catsína»; la forma «kachina» es la adaptación inglesa) son varios cientos de seres inmortales que traen la lluvia, gobiernan aspectos de la naturaleza y de la sociedad y hacen de mensajeros entre las personas y el mundo de los espíritus. Viven en los picos de San Francisco, al oeste de las mesas, y cada año, desde el solsticio de invierno hasta mediados de julio, bajan a las aldeas a bailar y cantar. Pueden ser deidades, fuerzas naturales, animales o antepasados muertos.

Ese último punto lo explica casi todo. En el pensamiento hopi, el aliento vital de los muertos puede volver a las mesas en forma visible de nubes, de lluvia o de katsinam. En 1903 la música Natalie Curtis grabó en un cilindro de cera un canto katsina en el que los propios katsinam llaman a los padres y madres del pueblo y anuncian que vienen hacia ellos como lluvia, haciendo llegar las nubes sobre los campos sembrados todo el día. La edición de esos cantos preparada por el hopi Emory Sekaquaptewa y dos colegas precisa quiénes son esos padres: los vivos, porque los katsinam son personas que ya pasaron al mundo siguiente.

Desde ahí se entiende el vestuario. Los tocados de los Hemis katsinam, que bailan la última ceremonia de julio antes de volver a su hogar, representan cúmulos. En las fajas de lluvia, cada nudo es una nube y los flecos largos se mueven como el agua que cae. Qaleetaqa, el katsina guerrero, lleva el rayo y un zumbador —una tablilla atada a un cordel que se hace girar— para traer la lluvia; el zumbido atrae al viento, y el viento a la lluvia. El rayo, pintado en zigzag en tantas máscaras, es agua que llega del cielo.

Las muñecas katsina, llamadas tihu (plural tithu), se tallan en raíz de álamo y sirven para enseñar a las niñas y a las recién casadas quién es cada katsina. Los katsinam las entregan a las niñas durante las danzas, y a los varones les dan arcos y flechas. No son representaciones inertes: se consideran una forma del propio espíritu. Hoy se siguen tallando para uso de la comunidad, y otras se hacen como obras de arte para el público.

La serpiente, la flauta y la cigarra

La ceremonia hopi más famosa fuera de Arizona es la Danza de la Serpiente, de fines de agosto. Después de días de ritos secretos en las kivas, los sacerdotes de la sociedad de la Serpiente bailan en la plaza con serpientes vivas en la boca, acompañados por los sacerdotes del Antílope, y al final las llevan al desierto para que carguen las oraciones por la lluvia hasta los dioses. Las serpientes se consideran hermanas mayores de los hopi.

El espectáculo atrajo a tantos fotógrafos, dibujantes y turistas que hacia 1915 los hopi prohibieron registrar sus ceremonias de cualquier modo, incluidos el dibujo y la fotografía. Buena parte de las imágenes antiguas que circulan son anteriores a esa prohibición.

Los clanes de la Serpiente y de la Flauta decían venir del norte. Fewkes lo recogió de boca del viejo jefe de la Serpiente en su informe sobre el Navaho National Monument, publicado en 1911:

«The ancient home of my ancestors was called Tokónabi, which is situated not far from Navaho mountain. If you go there, you will find ruins of their former houses.»

«El antiguo hogar de mis antepasados se llamaba Tokónabi, y está no lejos de la montaña Navajo. Si vas allí, encontrarás las ruinas de sus antiguas casas.»

—Jesse Walter Fewkes, Preliminary Report on a Visit to the Navaho National Monument, Arizona, 1911

La flauta es también un instrumento de lluvia. Leenangkatsina, el katsina de la Flauta, abre la temporada ceremonial, y según la tradición su música llega a los cuatro rincones del mundo y trae lluvia, salud y buenas cosechas. El flautista jorobado de los petroglifos, en cambio, tiene una historia enredada. El lingüista Ekkehart Malotki mostró que el icono moderno de Kokopelli mezcla un motivo rupestre antiguo con dos figuras hopi distintas: Kookopölö, un katsina jorobado de la fertilidad inspirado en la mosca asesina, que nunca toca la flauta, y maahu, la cigarra, cuya flauta calienta la tierra y hace madurar las cosechas.

Qué significan el oso, el tejón y el loro

Los hopi se organizan en clanes matrilineales: cada niño pertenece al clan de su madre, y los clanes atraviesan todas las aldeas. Cada clan conserva sus propias leyendas, ceremonias y objetos rituales, y su importancia cambia de una aldea a otra. Por eso los animales hopi son antes que nada nombres de linaje, y su sentido depende del lugar que ocupa ese clan.

El clan del Oso pasaba por el más antiguo de la tierra hopi. En el relato de Oraibi es su jefe quien encabeza la salida del mundo inferior y quien cierra la abertura después, y el motivo que lo impulsa es humano: estaba enojado con su esposa porque bailaba demasiado a menudo la Danza de la Mariposa, y temía que eso la llevara por mal camino. Salió con los dos hermanos guerreros y el jefe del clan de la Araña, y la dejó abajo, bailando.

El tejón es el sanador. El katsina Honan, el Tejón, se asocia con las raíces y las hierbas medicinales, porque el animal cava hasta encontrarlas, y aparece en la Segunda Mesa durante Powamu, la Danza del Frijol de febrero. El clan del Tejón encabezaba en la Primera Mesa una fratría —un grupo de clanes emparentados— a la que pertenecían también el clan de la Mariposa y el clan Katsina.

El loro es un ave que no vive en el desierto del suroeste, y justamente por eso se valoraba. Entre 1200 y 1450, los habitantes de Paquimé, en el actual Chihuahua, criaban guacamayos rojos a más de 500 kilómetros de su hábitat tropical y comerciaban sus plumas rojas, azules y amarillas con los pueblos del suroeste. Todavía en el siglo XX los hopi buscaban en el sur plumas de guacamayo para sus ceremonias.

El águila y las plumas de oración

En el relato de Oraibi, apenas salidos del mundo inferior, todo estaba oscuro, y el jefe mandó al águila a buscar la luz. El águila la encontró caliente, pero hizo que hubiera un poco más de claridad. Después fue el zopilote, que se quemó en el intento, y la luz aumentó otro poco.

Para los hopi las águilas son hermanos. Cada año, a fines de la primavera, hombres de los clanes que tienen ese derecho bajan de los nidos algunos aguiluchos, los llevan a las aldeas y los crían en los techos, alimentándolos a diario. Tras la Danza de Regreso de julio, cuando los katsinam vuelven a los picos de San Francisco, las aves son sacrificadas para enviarlas de vuelta a su hogar, y se entierran en un cementerio de águilas con la reverencia debida a un miembro de la familia. La práctica ha enfrentado a los hopi con sus vecinos navajos, que consideran que las águilas deben dejarse en paz, y en la década de 1990 llegó a los tribunales.

El plumón de esas águilas, liviano como el humo o el aliento, se usa en los pahos, las ofrendas de oración con plumas atadas, y se cree que lleva las oraciones hasta el mundo de los espíritus. Las plumas largas visten a los danzantes katsina. Voth recogió también el destino de los pahos ofrecidos al Sol: el Sol los revisa en su recorrido, desecha los de la gente mala, y por eso se llevan hacia el este, a los santuarios solares.

Qué significa la mariposa para los hopi

La Danza de la Mariposa ya se bailaba en el mundo inferior, según el relato del clan del Oso. Hoy es una danza social de fin de verano, y la figura que suele llamarse Doncella Mariposa en realidad reúne a dos personajes distintos. Palhik Mana, la «muchacha que bebe agua», es una figura femenina de la danza de iniciación Mamzrau, representada por mujeres y sin máscara salvo en la Tercera Mesa. Poli Mana, en cambio, aparece junto a su pareja, el Poli Katsina, solo dentro de la kiva durante las danzas nocturnas, y la representa siempre un hombre.

En hopi, mariposa se dice poli, la misma palabra que da nombre a Poli Mana, al clan de la Mariposa y a la danza, que Voth transcribe Políhtikivee. La mariposa estaba también en el peinado. Las muchachas solteras llevaban el cabello recogido en dos grandes rodetes a los lados de la cabeza, llamados «rodetes de mariposa» por su forma, y así se representa todavía a Katsinmana, la doncella katsina.

Los colores de la mariposa que sí están documentados en la tradición hopi son dos, y aparecen en un canto que el poeta Koianimptiwa compuso para una danza de primavera y que Natalie Curtis publicó en 1907 en The Indians' Book. El canto describe los campos en flor, el agua que brilla después de la lluvia y las nubes azules encima, y entre las flores y los frijoles florecidos, mariposas amarillas y azules que juegan a perseguirse. Son los colores del maíz: amarillo y azul, como las mazorcas.

Errores frecuentes

El nakwách como símbolo hopi documentado desde el siglo XIX

El nakwách, dos formas de mano o de gancho entrelazadas que representan la hermandad, aparece en casi todas las listas de símbolos hopi, a veces atribuido al etnógrafo Alexander M. Stephen, que vivió entre los hopi desde al menos 1881 hasta su muerte en 1894. El National Museum of the American Indian conserva el dibujo original y lo registra como una ilustración preparada para Book of the Hopi, el libro del novelista Frank Waters publicado en 1963 y donado al museo por su editorial, Viking Press, en 1965.

La escena que da fama al símbolo también sale de ese libro. Según Waters, cuando Pedro de Tovar llegó a las mesas en 1540 y fue conducido a Oraibi, el jefe del clan del Oso le tendió la mano con la palma hacia arriba, esperando que el español la estrechara formando el nakwách y demostrara ser el hermano blanco anunciado; Tovar, en cambio, mandó dejar un regalo en esa mano. Book of the Hopi se escribió con testimonios de unos treinta ancianos reunidos por Oswald White Bear Fredericks, y su fidelidad ha sido discutida desde entonces. El nakwách puede reflejar un gesto ceremonial real, pero su única fuente es ese libro de 1963.

La profecía de la Kachina de la Estrella Azul

La profecía más citada en español dice que el mundo terminará cuando la Kachina de la Estrella Azul, Saquasohuh, baile en la plaza y se quite la máscara ante los niños no iniciados. El investigador Jason Colavito no pudo rastrear la expresión antes de 1963, cuando Waters la usó en Book of the Hopi, y la versión que asocia esa estrella con Sirio y con visitantes de otros mundos es todavía posterior.

Los hopi sí tienen una tradición profética propia. En 1948, después de los bombardeos atómicos sobre Japón, los ancianos eligieron a cuatro hombres para dar a conocer al mundo sus enseñanzas, y uno de ellos, Thomas Banyacya, habló ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 1992. Ese mensaje advertía sobre las consecuencias de vivir fuera del equilibrio con la naturaleza; la estrella azul y el calendario del fin del mundo pertenecen a Waters y a sus lectores.

«Somos los que hemos estado esperando», de los ancianos de Oraibi

Circula como mensaje de unos ancianos hopi de Oraibi fechado en junio de 2000: el río corre rápido, el tiempo del lobo solitario terminó y, al final, la frase «somos los que hemos estado esperando». Esa última línea es de la poeta estadounidense June Jordan, que la escribió como cierre de su «Poem for South African Women», leído en las Naciones Unidas el 9 de agosto de 1978 en homenaje a las mujeres que marcharon contra el apartheid en 1956. No hay fuente hopi para el texto.

Un significado hopi para cada color de mariposa

La tabla que asigna a la mariposa negra las malas noticias, a la amarilla la esperanza, a la marrón las noticias importantes y a la blanca la buena suerte circula igual en sitios de tatuajes y de significados espirituales, atribuida a veces a los hopi y a veces a los blackfoot. No tiene fuente etnográfica conocida en ninguno de los dos pueblos. Lo documentado en la tradición hopi es el par amarillo y azul del canto de Koianimptiwa.

La codorniz como símbolo hopi de la modestia

La frase de que la codorniz representa la modestia y la humildad se repite idéntica en decenas de listas genéricas de animales espirituales, y su vínculo con los hopi procede de páginas comerciales de joyería. No se ha encontrado en la etnografía hopi publicada. El simbolismo documentado del ave, en otras tradiciones, está en la entrada sobre la codorniz.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa la palabra hopi?

Es el nombre que el pueblo se da a sí mismo y describe a quien se comporta bien: una persona pacífica, cortés, que sigue el camino hopi. El nombre Moqui, usado durante siglos por los forasteros, suena en hopi como la palabra que significa morir, y los hopi lo rechazaban.

¿Qué es un katsina?

Es uno de los varios cientos de seres espirituales hopi que traen la lluvia y hacen de mensajeros entre las personas y el mundo de los espíritus. Viven en los picos de San Francisco y visitan las aldeas desde el solsticio de invierno hasta mediados de julio. Muchos son los antepasados muertos, que regresan como nubes.

¿Cuál es el símbolo más importante para los hopi?

El maíz. Según la tradición, al llegar al mundo actual los hopi recibieron la mazorca azul más corta, y con ella una vida difícil y humilde dedicada al cuidado de la tierra. El maíz acompaña al recién nacido desde el primer día y está presente en casi todas las ceremonias.

¿Qué es el sípapu?

Es un pequeño orificio en el piso de la kiva que representa el lugar por donde los hopi salieron del mundo inferior. Su modelo real es Sipapuni, un domo de travertino en el cañón del Pequeño Colorado, dentro del Gran Cañón, que los hopi consideran su santuario más importante.

¿Es una profecía hopi la Kachina de la Estrella Azul?

No hay rastro de ella antes del libro Book of the Hopi, de Frank Waters, publicado en 1963. Los hopi sí tienen una tradición profética propia, que sus mensajeros difundieron desde 1948 y llevaron a la ONU en 1992, pero la versión de la estrella azul y el fin del mundo pertenece a ese libro y a sus lectores.

Fuentes

  • Henry R. Voth, The Traditions of the Hopi, Field Columbian Museum, Chicago, 1905 (dominio público). Mito de origen, emergencia, clanes del Oso y de la Araña. Internet Sacred Text Archive
  • Jesse Walter Fewkes, Preliminary Report on a Visit to the Navaho National Monument, Arizona, Bureau of American Ethnology, 1911 (dominio público). Project Gutenberg, ebook 72541
  • Natalie Curtis, The Indians' Book, Harper and Brothers, 1907 (dominio público). Cantos de Koianimptiwa. HathiTrust
  • Frederick Webb Hodge (ed.), Handbook of American Indians North of Mexico, Bureau of American Ethnology, entrada «Hopi»: etimología, Moqui, fratrías y clanes.
  • Leigh J. Kuwanwisiwma, «The Hopi Way: Dry Farming», en Thirst for Survival, Hopi Tribe, 2005, citado en la exposición Indigenous Voices de la Northern Arizona University. Cline Library, NAU
  • Leigh Jenkins y T. J. Ferguson, Ongtupka: Hopi Sacred Geography of the Grand Canyon, Hopi Cultural Preservation Office, 1994. University of Utah
  • Emory Sekaquaptewa, Kenneth C. Hill y Dorothy K. Washburn, Hopi Katsina Songs, University of Nebraska Press, 2015.
  • Ekkehart Malotki, Kokopelli: The Making of an Icon. Reseñas en la página del autor
  • Peabody Museum, Harvard University, exposición Rainmakers from the Gods. peabody.harvard.edu
  • Carnegie Museum of Natural History, Hopi Peoples of the Southwest, secciones sobre el agua y la infancia. carnegiemnh.org
  • National Museum of the American Indian, objeto NMAI_251746, «Nakwach Symbol». americanindian.si.edu
  • Frank Waters, Book of the Hopi, Viking Press, 1963.
  • Jason Colavito, «Did the Hopi Predict the End of the World?». jasoncolavito.com
  • June Jordan, «Poem for South African Women», 1978. poets.org
  • High Country News, «Two tribes, two religions vie for a place in the desert», sobre la recolección de águilas. hcn.org
  • Lowe Art Museum, University of Miami, «Honan the Badger Katsina», objeto 2005.45. emuseum.miami.edu
  • The Metropolitan Museum of Art, Hermon Atkins MacNeil, Incidents in the Hopi Prayer for Rain, sobre la prohibición de registrar ceremonias. metmuseum.org
  • Science News, «Macaws bred far from tropics during pre-Columbian times», sobre Paquimé. sciencenews.org
  • Britannica, entrada «kiva», y Colorado Encyclopedia, entrada «Kivas», sobre la forma de las kivas occidentales y orientales.

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