Kokopelli: qué significa el flautista jorobado

El flautista jorobado es la figura más reconocible del arte rupestre del suroeste de los Estados Unidos: aparece en petroglifos y pinturas de Arizona, Nuevo México, Utah y Colorado, y también en cerámica antigua. Se lo llama Kokopelli en todas partes.

Ese nombre corresponde en realidad a otra figura. Kookopölö es un katsina de fertilidad de los pueblos puebloanos que, según sus propios depositarios, no toca la flauta. Las dos se fundieron en un solo icono a lo largo del siglo XX, y separarlas es la única manera de entender qué significa cada una.

Kokopelli de un vistazo
Nombre correcto Kookopölö, katsina de fertilidad de los pueblos puebloanos
Qué representa Fertilidad humana y agrícola; reparte los niños no nacidos que carga a la espalda
El flautista del arte rupestre Figura distinta; los hopis lo llaman lelentiyo, muchacho flautista, o maahu, la cigarra
Antigüedad de las imágenes Los ejemplos confirmados más tempranos se sitúan hacia el año 750
Etimología Dos propuestas: la mosca ladrona, o koko, madera, más pilau, joroba
Estudio de referencia Ekkehart Malotki, Kokopelli: The Making of an Icon

Dos figuras que se confundieron

La distinción no la establecen investigadores externos: la establecen los propios hopis. Alph Secakuku fue el primero en abordarla públicamente, en un libro de 1995, y lo hizo sin matices: Kokopolo es un katsina con joroba, no es un flautista, aunque erróneamente se lo haya llamado así.

Los hopis tienen nombres propios para las figuras de flautistas del arte rupestre, y ninguno es Kookopölö. Los llaman lelentiyo o lelenhoya, «muchacho flautista», y también maahu, «la cigarra», por el insecto que anuncia el calor con su canto. Son categorías separadas, con nombres separados.

La corrección ha llegado incluso a la señalización pública: el Anasazi State Park de Boulder, en Utah, montó una exposición de un año entero, elaborada junto a miembros del clan hopi de la Flauta, dedicada específicamente a corregir la identificación de los flautistas rupestres como Kokopelli.

Conviene una advertencia sobre las fuentes antes de seguir. La mayor parte de lo que circula sobre Kokopelli en español procede de material turístico y comercial del suroeste estadounidense, y no de los pueblos puebloanos. Lo que sigue distingue en cada punto qué procede de una vía y qué de la otra.

Kookopölö, el katsina

Los katsinas —también escrito kachinas— son seres espirituales que en la religión puebloana actúan como intermediarios entre los seres humanos y el mundo natural, dentro del mismo repertorio simbólico al que pertenece la mano hopi. Son centenares. Kookopölö es uno de ellos, y su competencia es la fertilidad.

Se lo representa como un hombre con joroba, pico y plumas en la cabeza, y con el falo erecto: el vínculo con la fertilidad era explícito y no metafórico. Entre los hopis, lo que carga en la espalda son los niños todavía no nacidos, que reparte entre las mujeres. De ahí un detalle que rara vez se menciona: las niñas hopis suelen temerle. Participa además en rituales relacionados con el matrimonio. Tiene una contraparte femenina, Kokopölmana, que aparece representada junto a él en el repertorio hopi, y los hopis nombran también a una consorte, Kokopelmimi.

Entre los zuñis la figura se asocia también con la lluvia. Y para el papel que hoy se le atribuye popularmente —el flautista que ahuyenta el invierno y trae la primavera— hay un candidato mejor documentado en la tradición zuñi: Paiyatuma, dios del rocío y del alba, es decir, de los comienzos.

La figura aparece además bajo otros nombres según el pueblo que la nombre, entre ellos Kokopolo, Kokopele, Ololowishkya y Neopkwai'i. Esa variedad indica que no se trata de una sola tradición uniforme sino de un conjunto de figuras emparentadas, cada una con su propio lugar en el sistema ceremonial de su pueblo.



El flautista de los petroglifos

La figura del arte rupestre es otra cosa, y es antigua. Aparece grabada y pintada en las paredes de cañón de la región de las Cuatro Esquinas, con ejemplos confirmados desde alrededor del año 750; algunos investigadores proponen fechas anteriores a partir de la superposición de capas en yacimientos como el Cañón del Chaco y Mesa Verde.

Las autorías tampoco son únicas, y conviene no fundirlas. Buena parte de los petroglifos se atribuye a los ancestrales puebloanos, denominación que ha sustituido en la bibliografía al término «anasazi», de origen navajo y que los pueblos descendientes consideran inadecuado. Pero algunas de las apariciones visuales más tempranas de la figura están en cerámica hohokam, obra de un pueblo distinto, asentado en el área de la actual Arizona.

El repertorio no es uniforme. Hay flautistas jorobados, flautistas sin joroba, jorobados sin flauta, figuras con protuberancias en la cabeza que se han leído como plumas, como antenas de insecto o como rayos de luz. Buena parte de los ejemplos más antiguos son itifálicos. Que todas esas variantes representen a un mismo ser es una suposición moderna, no un dato: es probable que algunas correspondan a Kookopölö y otras no.

Sobre lo que la figura significaba para quienes la grabaron no hay testimonio escrito, porque estas culturas no lo dejaron. Las lecturas disponibles proceden de tradiciones orales posteriores y de la interpretación arqueológica, y conviene tratarlas como tales.

La extensión geográfica del motivo también supera con mucho el área puebloana. Figuras de flautistas jorobados se han documentado desde el suroeste estadounidense hacia el sur, por Mesoamérica, y hacia el norte hasta territorio canadiense, lo que abre la posibilidad de que no todas respondan a una misma tradición ni a un mismo personaje.

El relato de los máhus

Hay una narración hopi que rara vez acompaña a este símbolo y que explica varias cosas a la vez.

Cuenta que dos insectos llamados máhus —cigarras— acompañaron a los hopis durante su migración. En el camino sufrieron heridas, pero no llegaron a padecer daño grave: en cuanto empezaban a tocar la flauta, sus cuerpos sanaban. A uno de los dos lo llamaban Kókopilau, porque tenía el aspecto de la madera. Tocaba su flauta y llevaba a la espalda una bolsa de semillas que iba esparciendo por las tierras que atravesaba, y la música del instrumento hacía que aquellas semillas germinaran.

El relato aclara dos puntos que hasta aquí aparecían sueltos. Explica por qué los hopis llaman maahu, «cigarra», a las figuras de flautistas del arte rupestre: la cigarra es un insecto que canta y que anuncia el calor, y en esta narración es además un músico que carga semillas. Y explica la etimología de la madera, porque el nombre Kókopilau se atribuye precisamente al aspecto leñoso del insecto.

Aparece aquí, unida, la tríada que el icono moderno conserva por separado: la flauta, la carga a la espalda y la fertilidad. Pero conviene notar que el protagonista del relato no es el katsina Kookopölö, sino una cigarra.

De dónde viene el nombre

El lingüista Ekkehart Malotki, tras décadas de investigación etnográfica entre los hopis, lo resume diciendo que «Kokopelli» se basa en un malentendido: la palabra procede de la pronunciación aproximada de Kookopölö por parte de personas ajenas al pueblo hopi.

Sobre la composición de la palabra hopi circulan dos propuestas que conviene no fundir:

  • La mosca ladrona. La segunda parte del nombre se ha relacionado con el término hopi para este insecto —de la familia de los asílidos—, que tiene el dorso abultado, una probóscide larga y se aparea a la vista. La coincidencia de rasgos con la figura es lo que sostiene la propuesta.
  • La joroba de madera. Otra derivación descompone la palabra en koko, madera, y pilau, joroba.

Ninguna de las dos incluye la flauta. El instrumento es un atributo de las figuras rupestres, no un componente del nombre.

Qué hay en la joroba

La joroba es el rasgo constante, y las explicaciones que se le han dado son varias:

  • Un fardo de comerciante. Según esta lectura, las imágenes representarían a los mercaderes ambulantes que recorrían las rutas entre Mesoamérica y el suroeste, con la mercancía a la espalda y la flauta como reclamo para anunciar su llegada. Se ha propuesto vincularlos con los comerciantes de larga distancia del área mexicana.
  • Un saco de semillas. La joroba contendría los granos que la figura reparte, lo que la conecta directamente con la agricultura y con el cuerno de la abundancia de otras tradiciones: un recipiente cuyo contenido se entrega.
  • Los niños no nacidos. Es la versión hopi, la que corresponde al katsina.
  • Una deformidad. También se ha leído como una condición física real que en algunas tradiciones tenía valor espiritual.

Las lecturas no se excluyen entre sí. Lo que comparten todas es la idea de una carga que no se guarda: lo que la figura lleva, lo reparte.

Cómo se produjo la confusión

La fusión de las dos figuras bajo un solo nombre no ocurrió de manera difusa: tiene una vía documental identificable.

En 1903, el antropólogo Jesse Walter Fewkes publicó para el Bureau of American Ethnology el informe Hopi Katcinas Drawn by Native Artists, «katsinas hopis dibujados por artistas nativos». El procedimiento fue el que indica el título: encargó a artistas hopis que representaran los katsinas de su propio repertorio, y publicó las láminas resultantes. Entre ellas figuran Kokopelli y su contraparte femenina, Kokopölmana.

Aquella publicación introdujo el nombre en la literatura antropológica de lengua inglesa y lo puso a disposición de arqueólogos, coleccionistas y aficionados. A partir de ahí, el término empezó a aplicarse también a las figuras de flautistas jorobados del arte rupestre, que son abundantes, llamativas y hasta entonces carecían de denominación establecida en esa bibliografía. La etiqueta de un katsina pasó así a nombrar un conjunto de imágenes distinto, mucho más antiguo y de autoría desconocida.

Hay un detalle que conviene retener: los dibujos de 1903 los hicieron hopis, y en ellos Kokopelli es lo que los hopis dicen que es. Lo que se desplazó no fue el contenido de la fuente sino el uso que se le dio después, fuera del pueblo que la había proporcionado.

Cómo nació el Kokopelli moderno

El icono actual —silueta encorvada, de perfil, con flauta— se formó en el siglo XX y se difundió masivamente en los años noventa, en un fenómeno que Malotki llamó «Kokopellimania». Corrientes de la nueva era y del ecologismo asociaron la imagen con la iluminación y la naturaleza, y el mercado la reprodujo en toda clase de artículos.

En ese proceso la figura perdió un rasgo. Las versiones comerciales suprimieron el falo, presente en buena parte de las representaciones antiguas y en el katsina hopi. La fertilidad, que en el original era explícita, quedó convertida en una alusión general a la alegría y la música.

El investigador Richard Rogers describe el resultado como una imagen compuesta y una creación moderna que dice más sobre el turismo, la comercialización y la cultura euroamericana que sobre los pueblos originarios del suroeste. La escala del fenómeno es medible: en Camp Verde, Arizona, hay un cartel de Kokopelli de casi diez metros en el aparcamiento de una cafetería.

Los significados que hoy se le atribuyen en el ámbito del tatuaje y la decoración —renovación, comienzo de una etapa, buena fortuna— pertenecen a esta capa reciente y no a las tradiciones puebloanas. Es legítimo usarlos sabiendo de dónde vienen; el problema aparece cuando se presentan como enseñanza antigua.

Errores frecuentes

«Kokopelli es el flautista jorobado»

Según la tradición puebloana son dos entidades distintas. El katsina Kookopölö tiene joroba pero no toca la flauta; los flautistas del arte rupestre reciben otros nombres, lelentiyo y maahu entre ellos. La fusión de ambas figuras bajo un solo nombre es obra del siglo XX y se produjo fuera de los pueblos que las conservaban.

«Era adorado por los anasazi, hopis y navajos»

Dos precisiones. El término «anasazi» es de origen navajo y ha sido sustituido en la bibliografía por «ancestrales puebloanos», porque los pueblos descendientes lo consideran inadecuado para nombrar a sus antepasados. Y Kookopölö pertenece al culto katsina de los pueblos puebloanos —hopis, zuñis y otros—, que no es una tradición navaja. Incluir a los navajos entre sus devotos confunde a dos pueblos vecinos pero distintos.

«Una teoría dice que Kokopelli es un insecto»

La mosca ladrona no aparece como explicación del origen de la figura sino como propuesta etimológica sobre el nombre: se ha relacionado la segunda parte de la palabra hopi con el término que designa a ese insecto, cuyo dorso abultado y cuyos hábitos reproductivos coinciden con los rasgos de la figura. Es una hipótesis sobre una palabra, no sobre un ser.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa Kokopelli?

Kookopölö es un katsina de fertilidad de los pueblos puebloanos, y entre los hopis lleva en la espalda a los niños no nacidos para repartirlos entre las mujeres. El nombre Kokopelli procede de la pronunciación aproximada de esa palabra hopi por parte de personas ajenas al pueblo.

¿Kokopelli toca la flauta?

El katsina hopi Kookopölö no toca la flauta. Alph Secakuku, el primer hopi que abordó públicamente la confusión, escribió que Kokopolo es un katsina con joroba y que no es un flautista, aunque se lo haya llamado así por error. Los flautistas del arte rupestre son otra figura.

¿Qué lleva Kokopelli en la joroba?

Depende de la versión. Se la ha interpretado como un fardo de mercancías de comerciante, como un saco de semillas, como el cesto donde carga a los niños no nacidos y también como una deformidad física. Ninguna lectura excluye a las demás.

¿De dónde viene el nombre Kokopelli?

Del hopi Kookopölö, pronunciado de forma aproximada por hablantes no indígenas. Sobre la segunda parte del nombre hay dos propuestas: que remita a la mosca ladrona, insecto de dorso abultado, o que combine koko, madera, con pilau, joroba.

¿Qué relación tiene Kokopelli con la cigarra?

Una narración hopi cuenta que dos cigarras, llamadas máhus, acompañaron al pueblo en su migración, y que sus heridas sanaban en cuanto tocaban la flauta. A una de ellas la llamaban Kókopilau porque parecía de madera: llevaba una bolsa de semillas y su música las hacía germinar. De ahí que los hopis llamen maahu, cigarra, a los flautistas del arte rupestre.

Fuentes

  • Alph Secakuku, autor hopi, primera declaración pública sobre la confusión entre el katsina y el flautista, 1995.
  • Ekkehart Malotki, Kokopelli: The Making of an Icon, sobre el origen del nombre y sobre la «Kokopellimania» de los años noventa. Reseñado en Discover. discovermagazine.com
  • Richard Rogers, «Kokopelli: Southwest Icon and Male Fantasy», National Communication Association, sobre la figura como imagen compuesta y creación moderna. natcom.org
  • World History Encyclopedia, «Why Kokopelli is Not Kokopelli: Paiyatamu and The Four Flutes», sobre la distinción entre las dos figuras, los nombres hopis del flautista y el papel de Paiyatuma. worldhistory.org
  • Shannon Burke, «A Huge Misunderstanding: The Commodified Kokopelli», que recoge la cita de Secakuku y la exposición del Anasazi State Park elaborada con el clan hopi de la Flauta. kokopelli.georgetown.domains
  • Jesse Walter Fewkes, Hopi Katcinas Drawn by Native Artists, Bureau of American Ethnology, 1903, con las láminas de Kokopelli y Kokopölmana ejecutadas por artistas hopis.
  • Ancient Pages, sobre el relato de los máhus, la curación al tocar la flauta y la bolsa de semillas de Kókopilau, y sobre los periodos de los petroglifos del alto río Little Colorado. ancientpages.com
  • Artsy, sobre las primeras apariciones visuales en cerámica hohokam y sobre la difusión comercial de los años noventa. artsy.net
  • Wikipedia, «Kokopelli», sobre Kokopelmimi, el temor de las niñas hopis y la asociación zuñi con la lluvia. en.wikipedia.org

Mira también

Anuncios

No hay comentarios:

Publicar un comentario