Apolo: simbolismo y mitología del dios griego

Apolo es, en la mitología griega, el dios de la profecía, la música, la medicina y el arco certero: el hijo de Zeus y Leto que nace en Delos, mata a la serpiente Pitón y funda el oráculo de Delfos. No fue, en cambio, un dios del sol desde el principio —esa identificación llegó siglos después—, y su símbolo más constante no es un disco solar sino una rama de laurel, ganada a un precio muy concreto: el amor que no consiguió.

Los griegos no lo veneraban por ser brillante ni por ser hermoso, aunque los poetas insistieran en ambas cosas. Lo veneraban porque encarnaba algo más difícil de representar que la fuerza o el deseo: la medida. Apolo cura, pero también manda la peste; profetiza, pero solo a través de una mujer poseída por un vapor que no controla del todo; ama la música, pero desuella vivo a quien pretende igualarlo tocando la suya. Cada mito de Apolo es, en el fondo, una lección sobre dónde está el límite y qué pasa cuando alguien —a veces el propio dios— lo cruza.

Las nueve musas de la mitología griega

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Apolo y las Musas


De todas las deidades olímpicas, pocas ocupan una posición tan distinguida como las musas, las nueve hermosas hijas de Zeus y Mnemósine. Su nacimiento no fue un capricho divino, sino una necesidad profunda del cosmos: según la tradición recogida por Píndaro y analizada por, entre otros, por el destacado filósofo Walter F. Otto, tras la victoria de Zeus sobre los titanes, los dioses olímpicos manifestaron que, aunque el mundo ya había sido ordenado, faltaba algo esencial. Necesitaban seres capaces de celebrar con cantos su gloria imperecedera. Para los griegos, la esencia del ser no estaba "concluida" hasta que no existiera una lengua divina capaz de expresarla y alabarla. Las musas nacieron, por tanto, para dar plenitud al cosmos a través de la palabra y la música.