Buscar "Mano del Sanador" o "Mano Hopi" en internet devuelve, una y otra vez, el mismo texto: una mano abierta con una espiral en la palma, símbolo ancestral de curación que los guerreros hopi pintaban en su cuerpo tras el combate y que hoy se lleva como amuleto de salud y buena suerte. El problema es que, al rastrear esa historia hasta su fuente, no hay ninguna: ni un antropólogo, ni un texto hopi, ni un solo estudio de arte rupestre la respalda. Lo que sí existe, documentado con solidez, es otra cosa distinta: manos y espirales como motivos genuinos y frecuentes en los petroglifos del suroeste estadounidense, con significados que los propios especialistas describen como abiertos y sin resolver. Este artículo separa una cosa de la otra.
