Hormigas: significado espiritual, mito y simbolismo

La hormiga simboliza la diligencia, la previsión y el trabajo colectivo. Ese significado no salió de la nada ni de una intuición compartida: tiene un origen textual preciso, el libro de los Proverbios, y de ahí pasó a la fábula, al sermón medieval y al lenguaje corriente, donde todavía se dice de alguien que es una hormiguita.

Pero el insecto arrastra dos historias mucho más extrañas que el elogio del ahorro. Los griegos contaban que un pueblo entero de guerreros había nacido de un hormiguero. Y durante dos mil quinientos años se discutió si Heródoto mentía al describir unas hormigas del tamaño de un zorro que sacaban oro del subsuelo, hasta que un etnólogo francés fue a buscarlas.

La hormiga de un vistazo
Significado principal Diligencia, previsión y trabajo colectivo sin necesidad de un capataz
Etimología Del latín formica; griego myrmex; ambos sobre la raíz indoeuropea morwi
Texto fundacional Proverbios 6, 6-8, y Proverbios 30, 24-25
Mito griego Los mirmidones, guerreros de Aquiles nacidos de las hormigas de Egina
Lectura negativa La multitud indistinta; en la tradición budista tibetana, el apego a lo material
Historia más extraña Las hormigas cavadoras de oro de Heródoto, Historias III, 102-105

De dónde viene la palabra hormiga

Hormiga viene del latín formica, y de ahí también el ácido fórmico, llamado así en el siglo XVII porque se obtuvo por primera vez destilando hormigas. El griego usaba otra palabra, myrmex, y durante mucho tiempo no fue evidente que las dos estuvieran emparentadas. Lo están: ambas remontan a una raíz protoindoeuropea reconstruida como *morwi-, que ya designaba al insecto, y el paso de la m inicial a f en latín se explica por una disimilación.

La raíz dejó descendencia en casi toda la familia: el sánscrito vamrah, el eslavo eclesiástico antiguo mraviji, el irlandés antiguo moirb, el nórdico antiguo maurr y el galés myrion. Es decir, la hormiga tenía nombre propio antes de que existieran el griego, el latín o el sánscrito, lo cual dice algo sobre cuánto tiempo lleva el insecto llamando la atención de quien lo mira trabajar.

La hormiga de Salomón

Todo el simbolismo occidental de la hormiga descansa sobre unos pocos versículos del libro de los Proverbios, atribuido tradicionalmente a Salomón. El pasaje central es una reprimenda dirigida al perezoso, y en la versión inglesa del rey Jacobo —la que fijó la frase en el mundo anglosajón— empieza así: «Go to the ant, thou sluggard; consider her ways, and be wise», «Ve a la hormiga, perezoso; mira sus caminos, y sé sabio» (Proverbios 6, 6).

Lo que sigue es el argumento completo, y contiene un detalle que suele pasarse por alto. La hormiga, dice el texto, no tiene capitán, ni gobernador, ni señor, y sin embargo prepara su comida en el verano y recoge su alimento en la siega. El elogio no es solo al esfuerzo: es a la disciplina sin vigilancia. Nadie manda a la hormiga y la hormiga trabaja igual. Ese matiz —trabajar bien sin que nadie mire— es el que hizo del insecto un ejemplo tan útil para predicadores y moralistas durante los siglos siguientes.

El mismo libro vuelve sobre ella más adelante, en un pasaje que enumera cuatro criaturas pequeñas de la tierra y sabias entre las sabias. La primera es la hormiga, descrita como un pueblo que no es fuerte y que aun así prepara su comida en verano (Proverbios 30, 24-25). La palabra elegida importa: no es un enjambre ni una plaga, es un pueblo, con la organización que la palabra implica. De ese versículo salen, por caminos distintos, tanto la fábula de la cigarra y la hormiga como la costumbre de comparar una sociedad humana con un hormiguero.

Los mirmidones, el pueblo nacido de un hormiguero

La mitología griega tiene un solo gran mito de hormigas, y es el que explica de dónde salieron los guerreros más disciplinados de la Ilíada. Ovidio lo cuenta en el libro VII de las Metamorfosis, en boca del propio protagonista.

La isla de Egina llevaba el nombre de una ninfa que Zeus había raptado, y por eso Hera mandó sobre ella una peste. Murió toda la población. Quedó el rey Éaco, hijo de Zeus, solo en una ciudad vacía, y salió a rezarle a su padre. Junto al templo había un roble antiguo, de ramas muy abiertas, nacido de una bellota del oráculo de Dodona y consagrado a Zeus. Éaco vio subir por la corteza rugosa una fila larguísima de hormigas cargando grano, cada una con un peso enorme en la boca, y le pidió al dios tantos ciudadanos como hormigas había en aquel árbol.

Esa noche soñó que el roble se sacudía y que las hormigas caían al suelo y se enderezaban convertidas en hombres. Al despertar encontró la ciudad llena de gente que lo saludaba como a su rey. Los llamó mirmidones, de myrmex, y la tradición les atribuyó las virtudes del insecto del que venían: resistencia, frugalidad, obediencia sin discusión. Fueron los soldados de Aquiles ante Troya, y llevaban armadura negra.

El nombre tuvo una segunda vida que los griegos no previeron. Hacia 1600, en inglés, myrmidon pasó a designar al subordinado que cumple órdenes sin cuestionarlas, y con frecuencia al esbirro sin escrúpulos; en francés, myrmidon terminó significando algo más modesto, un don nadie. La misma disciplina que en el mito era una virtud acabó nombrando, en las lenguas modernas, a quien obedece demasiado.

Las hormigas que cavaban oro

En el libro III de sus Historias, escrito hacia mediados del siglo V a. C., Heródoto describe una provincia india del Imperio persa donde el desierto de arena contiene oro. Y explica quién lo saca. En aquella arena, escribe, «there live amid the sand great ants, in size somewhat less than dogs, but bigger than foxes»: viven en la arena unas hormigas grandes, algo menores que un perro pero mayores que un zorro. Cavan galerías igual que las hormigas griegas, y la arena que sacan a la superficie es aurífera. Los indios van a recogerla en camellos, y tienen que huir a toda velocidad, porque las hormigas los detectan por el olfato y corren más que ellos. El rey persa, añade, tiene algunas capturadas.

La historia se creyó durante siglos. Plinio el Viejo la menciona en su Historia natural, y Megástenes la recogió en su Índica. Alejandro Magno la conocía cuando marchó hacia la India. Después, con el escepticismo moderno, el episodio pasó a ser la prueba favorita de quienes llamaban a Heródoto padre de la mentira en vez de padre de la historia.

En 1983, el etnólogo francés Michel Peissel oyó en Ladakh que los aldeanos minaro recogían tierra de las madrigueras de las marmotas porque contenía polvo de oro. El lugar donde lo hacían sus abuelos, la llanura de Dansar, había quedado del otro lado de la línea de alto el fuego entre India y Pakistán, en zona militar. Tardó catorce años en conseguir el permiso. En 1996 llegó allí con escolta del ejército pakistaní, a unos cuatro mil quinientos metros de altura, y encontró lo que buscaba: marmotas del Himalaya, del tamaño de un gato grande, cavando en un estrato de arena aurífera y sacándola a la superficie, exactamente como describía el texto griego.

Falta el eslabón lingüístico, y Peissel propuso uno. Heródoto no hablaba persa y dependía de intérpretes; en persa antiguo, la palabra para marmota se parecía a la de hormiga de montaña. Un informante persa habría dicho marmota, el traductor habría entendido myrmex, y Heródoto habría escrito hormiga. La hipótesis no está cerrada —hay quien objeta que la literatura sánscrita menciona por su cuenta un oro llamado paipilika, «de hormigas», en el Mahabhárata—, pero el terreno, los animales y la práctica de recoger el oro estaban donde el texto decía.

La hormiga en otras tradiciones

El insecto no siempre sale bien parado. La misma cualidad que lo vuelve ejemplar —acumular y defender lo acumulado— se lee al revés en el budismo tibetano, donde la hormiga representa el apego excesivo a los bienes materiales. Y su número inabarcable le dio desde antiguo un valor negativo: la multitud indistinta, la masa sin rostro, la comparación que se usa para rebajar a una muchedumbre humana.

En la tradición judía la hormiga aparece además como auxiliar de Dios en un episodio poco conocido: un enjambre de hormigas comedoras de roca perfora la montaña que el gigante Og había arrancado para arrojarla sobre Israel, y la montaña le cae encima y se le queda encajada en el cuello. Está entre los mitos y leyendas judías recogidos en la tradición rabínica. El mismo papel de ayudante minúsculo reaparece en Apuleyo: cuando Afrodita ordena a Psique separar una montaña de granos mezclados en una sola noche, son unas hormigas las que hacen el trabajo. Ese episodio pertenece al relato de Eros y Psique.

Conviene una advertencia sobre el resto del repertorio que circula. Buena parte de los significados que hoy se atribuyen a la hormiga en tradiciones africanas, asiáticas o americanas provienen de compilaciones de simbolismo sin fuente, que se copian entre sí. Los tres bloques desarrollados arriba —el bíblico, el griego y el herodoteo— son los que se pueden rastrear hasta un texto concreto.

Errores frecuentes

«Las hormigas eran mensajeras de la diosa Atenea»

La afirmación circula en material divulgativo en español y no corresponde a ninguna tradición griega. Detrás hay, sin embargo, un mito real que la explica. El gramático latino Servio, en el siglo V, cuenta la historia de Mírmex, una doncella del Ática a la que Atenea quería por su castidad y su inteligencia. Cuando la diosa inventó el arado para enseñar a los atenienses a sembrar, Mírmex se atribuyó el invento. Atenea la convirtió en hormiga. La relación entre la diosa y el insecto existe, pero es exactamente la contraria de la que se cuenta: no un mensajero de confianza sino un castigo por robar el mérito ajeno.

«En chino, hormiga suena parecido a millonario»

Se afirma que 蚂蚁 (mǎyǐ), hormiga, suena similar a 百万富翁 (bǎiwàn fùwēng), millonario, y que de ahí vendría la asociación china entre hormigas y riqueza. Las dos expresiones no se parecen: una tiene dos sílabas y la otra cuatro, y no comparten ninguna. El chino sí construye símbolos de prosperidad sobre homófonos reales —el murciélago, fú, que suena como fortuna, es el caso clásico—, y ese mecanismo verdadero es probablemente el que se le aplicó a la hormiga por analogía, sin comprobar si funcionaba.

«En la cultura indígena de América del Norte, la hormiga significa paciencia»

La frase trata como una sola cultura a centenares de naciones con lenguas, religiones y territorios distintos, y no remite a ninguna tradición concreta que pueda comprobarse. A esto se suma que la mayor parte de las fuentes disponibles sobre estos pueblos fueron producidas por etnógrafos occidentales de los siglos XIX y XX, con los sesgos de su época. Existen tradiciones documentadas sobre hormigas en varias naciones del suroeste —la hopi entre ellas—, pero exigen citarse una por una y con su fuente, no fundirse en una generalización.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa la hormiga como símbolo?

Diligencia, previsión y trabajo colectivo. Ese significado no es difuso: procede de un texto concreto, el libro de los Proverbios, que manda observar a la hormiga porque junta su comida en verano sin que nadie se lo ordene. De ahí pasó a la fábula, al sermón medieval y al lenguaje corriente.

¿De dónde viene la palabra hormiga?

Del latín formica. El latín formica y el griego myrmex remontan los dos a la misma raíz protoindoeuropea, reconstruida como morwi, que ya significaba hormiga. La misma raíz dio el sánscrito vamrah, el nórdico antiguo maurr y el galés myrion.

¿Qué mito griego habla de hormigas?

El de los mirmidones, los guerreros de Aquiles. Según Ovidio, una peste despobló la isla de Egina y su rey Éaco pidió a Zeus tantos súbditos como hormigas veía subir por un roble. Las hormigas se convirtieron en hombres, y de myrmex, hormiga en griego, tomaron el nombre.

¿Existieron las hormigas que cavaban oro de Heródoto?

Heródoto describió en el siglo V a. C. unas hormigas del tamaño de un zorro que sacaban arena aurífera de sus galerías. En 1996, el etnólogo Michel Peissel identificó en la llanura de Dansar, en el Himalaya, marmotas que hacen exactamente eso, y propuso que la palabra persa para marmota se parecía a la de hormiga de montaña.

Fuentes

Fuentes antiguas

  • Libro de los Proverbios 6, 6-8, y 30, 24-25. Citado en la versión King James de 1611, de dominio público.
  • Ovidio, Metamorfosis, libro VII, versos 614-660, sobre la peste de Egina y el origen de los mirmidones.
  • Homero, Ilíada, cantos XVI y XVII, sobre los mirmidones como tropa de Aquiles.
  • Heródoto, Historias, libro III, 102-105, sobre las hormigas cavadoras de oro. livius.org
  • Servio, comentario a la Eneida, sobre Mírmex y Atenea. en.wikipedia.org
  • Plinio el Viejo, Historia natural, y Megástenes, Índica, que recogen ambos la noticia de las hormigas auríferas.

Estudios modernos

  • Michel Peissel, The Ants' Gold: The Discovery of the Greek El Dorado in the Himalayas, Harvill Press, Londres, 1984, y la expedición de 1996 a la llanura de Dansar.
  • Marlise Simons, «Gold-Digging Ants Mystery Seems Solved», The New York Times, 25 de noviembre de 1996. marmotburrow.ucla.edu
  • Thomas Sancton, «Golden Ants», Time, 9 de diciembre de 1996. time.com
  • Online Etymology Dictionary, entradas «myrmidon» y «Formica», sobre la raíz indoeuropea *morwi-. etymonline.com
  • Word Histories, «origin of myrmidon», sobre el paso del nombre a designar al subordinado servil, con la traducción de Ovidio de A. S. Kline. wordhistories.net

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