Lábaro cántabro: origen, símbolo y significado

El lábaro cántabro, o lábaru cántabru, es una bandera púrpura con un tetrasquel dorado que, desde la Transición, representa la identidad del pueblo cántabro, sin ser la enseña oficial de Cantabria. Su diseño combina un antiguo estandarte militar romano, el cantabrum, con los crecientes lunares grabados en las estelas prerromanas de Barros. En 2016 el Parlamento regional lo reconoció como símbolo identitario, en una votación que dejó a la vista cuánto hay en él de arqueología y cuánto de construcción política reciente.

Lábaro cántabro de un vistazo
Qué es Interpretación moderna de un antiguo estandarte militar, hoy símbolo identitario de Cantabria
Diseño Tetrasquel dorado sobre paño púrpura o granate, con cuatro crecientes lunares enfrentados dos a dos
Fuente arqueológica Las estelas discoideas gigantes de Barros y de Zurita, Cantabria
Estandarte de referencia El cantabrum romano, citado por Tertuliano y Minucio Félix
Origen del diseño actual Transición española, como una de las tres propuestas de bandera para la nueva Cantabria autonómica
Reconocimiento oficial Parlamento de Cantabria, 14 de marzo de 2016, como símbolo identitario, sin sustituir a la bandera oficial
Colectivo promotor Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria (ADIC)
Postura académica Cuestionada por historiadores como Joaquín González Echegaray y José Luis Casado Soto

Origen del nombre

«Lábaro» viene del latín labarum, y este, según la teoría más aceptada, de una raíz céltica (p)lab-, «hablar». De ahí deriva labaros, «orador», presente en varias lenguas célticas: el galés llafar significa «habla» o «voz»; el córnico y el bretón antiguos tienen lavar, «palabra»; el irlandés antiguo, labrad, «lenguaje». El sentido de fondo es «el que habla»: un estandarte servía precisamente para transmitir órdenes que la voz humana no podía hacer llegar en medio del fragor de una batalla.

Existe una segunda hipótesis, de origen vasco, que hace derivar «lábaro» de lauburu, «cuatro cabezas» en euskera. Es una idea mucho más débil, nacida de un parecido fonético del siglo XVII y descartada por los propios especialistas en la lengua vasca, según se cuenta con más detalle en la sección de errores frecuentes.

El dato menos conocido es que «Labaro» existió como nombre de persona entre los antiguos cántabros: el filólogo Jesús J. Maroñas García lo documenta en lápidas funerarias de la región, dentro de su estudio sobre la onomástica cántabra. Es una coincidencia real y verificable, pero conviene no confundirla con el origen del estandarte: un nombre propio grabado en una lápida antigua no prueba que existiera una bandera con ese nombre.

Cómo es el lábaro cántabro

El lábaro cántabro actual es un paño rectangular de color púrpura o granate. En el centro lleva bordado, en dorado o amarillo, un círculo del que salen cuatro brazos curvos que giran en el mismo sentido, enfrentados dos a dos: la figura que en heráldica se llama tetrasquel, una variante de cuatro brazos del trisquel de tres, y que en Cantabria se conoce popularmente por el motivo geométrico de las estelas discoideas prerromanas. En algunas versiones el círculo central va además rodeado de una o dos cenefas decorativas, sin que exista un patrón único: distintas asociaciones y ayuntamientos cántabros han fabricado variantes con leves diferencias de proporción y color.

El cantabrum romano

La palabra cantabrum aparece en dos escritores cristianos del norte de África de los siglos II y III: Tertuliano y Minucio Félix. Ambos mencionan el cantabrum junto al vexillum como uno de los estandartes que la tropa romana veneraba, y los describen como paños colgados de un travesaño perpendicular al asta, una forma que en heráldica se llama «aspado» o en forma de cruz. Ninguno de los dos da más detalles: ni color, ni motivo bordado, ni medidas. El Codex Theodosianus, del siglo V, añade que existía un cuerpo de soldados llamado cantabrarii, encargado de portar ese estandarte.

El historiador Joaquín González Echegaray, en su estudio de referencia sobre el tema publicado en la revista Altamira, examinó estas fuentes con detalle y llegó a una conclusión modesta: los textos no permiten saber si el signo cruciforme que aparece en un vexillum de la Cohors Fida Vardulorum —una unidad reclutada entre los várdulos, pueblo vecino de los cántabros— era exclusivo del cantabrum o común a cualquier estandarte de caballería. Es decir, ni siquiera queda claro en qué se diferenciaba realmente el cantabrum del resto de los vexilla romanos.

Del cantabrum al labarum de Constantino

El labarum que sí está bien documentado es otro, y es bastante posterior: el estandarte que adoptó el emperador Constantino I tras su conversión al cristianismo, a comienzos del siglo IV. Consistía en un paño de púrpura del que colgaba el crismón, el monograma formado por las dos primeras letras griegas de «Cristo», ji y ro. Varios autores, desde el siglo XVII, defienden que ese labarum constantiniano no es más que la evolución cristianizada del viejo cantabrum de las legiones, y de esa hipótesis —no de ninguna prueba directa— procede el nombre y buena parte del diseño del actual lábaro cántabro: si el cantabrum y el labarum fueran la misma cosa, entonces el estandarte de los cántabros habría tenido, en origen, forma de aspa o de cruz.

Las estelas de Barros y los crecientes lunares

El motivo que sí está documentado con certeza arqueológica es otro: los cuatro crecientes lunares del lábaro no vienen de ningún estandarte, sino de las estelas discoideas gigantes de Barros, en Los Corrales de Buelna. Son grandes discos de piedra labrados por las dos caras: en una, un círculo rodeado de cuatro crecientes lunares enfrentados dos a dos; en la otra, según la pieza, motivos como una esvástica de cuatro brazos. Los especialistas fechan estos monumentos entre el siglo I antes de Cristo y el siglo I después de Cristo, aunque algunas dataciones alternativas los sitúan varios siglos antes o, más raramente, ya en época medieval.

Una de las estelas de Barros forma parte del escudo oficial de Cantabria desde 1984, en el cuartel inferior. La pieza original se puede visitar en el Parque de las Estelas, inaugurado en 2001 en la propia localidad de Barros, junto a la carretera N-611: llegó a llevarse al Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria en 1946, por orden de la diputación provincial, pero la protesta del pueblo consiguió su devolución un año después. En el museo de Santander se conservan otras estelas cántabras, entre ellas las de Lombera y la de Zurita. El significado religioso concreto de este motivo circular con crecientes lunares no se ha resuelto: se lo relaciona con un culto astral, probablemente lunar, dado el contexto funerario en el que aparece, pero no hay ningún texto antiguo que lo explique.

Una bandera nacida en la Transición

El lábaro tal como se lo conoce hoy no tiene un siglo de antigüedad. Nació en el momento en que Cantabria se separaba de Castilla la Vieja para convertirse en comunidad autónoma, a finales de los años setenta. Según recoge el historiador Jesús García Sánchez en su estudio de 2016, se barajaron entonces tres candidatas para la nueva bandera regional: la actual, blanca y roja, heredada de la contraseña marítima de la provincia de Santander desde una real orden de 1845; una segunda de tres franjas verticales, verde, gris y azul, que representaba el prado, la montaña y el mar; y una tercera basada en el lábaro. Ganó la primera, recogida en el Estatuto de Autonomía y en la Ley 8/1984, pero fue la del lábaro la que más arraigó entre la población en las décadas siguientes.

Su promoción corrió sobre todo a cargo de la Asociación para la Defensa de los Intereses de Cantabria, ADIC, fundada en el contexto regionalista de esa misma Transición. Bernardo Colsa, presidente de la entidad en 2009, lo describía como «un fenómeno sociológico de primera magnitud, con referencias desde hace más de 2.000 años». Esa frase resume bien el punto central del debate: ADIC defiende una continuidad de dos milenios; los historiadores críticos, una invención de apenas cuarenta años que se apoya en materiales arqueológicos reales pero sin relación demostrada entre sí.

El debate histórico

La oposición académica al lábaro tiene dos nombres propios centrales. Joaquín González Echegaray, tras su exhaustivo repaso de las fuentes clásicas, no negó que hubiera existido un cantabrum entre los estandartes romanos, pero sí que hubiera pruebas de su forma, su color o su relación con las estelas de Barros: lo definió como una creación nueva, apenas sugerida de forma vaga por algunos de los elementos históricos disponibles. José Luis Casado Soto, entonces director del Museo Marítimo del Cantábrico, fue más tajante: para él, el lábaro es un invento del regionalismo cántabro que no se remonta más allá del periodo previo a la autonomía, y el debate en torno a los símbolos regionales sería, en el fondo, un intento de romper el consenso alcanzado en el propio Estatuto de Autonomía.

A esas voces se sumaron, en la prensa cántabra de 2015 y 2016, el catedrático emérito de Historia Antigua Ramón Teja Casuso, el catedrático de Geografía e Historia Ramón Bohigas y el médico y miembro del Centro de Estudios Montañeses Aurelio González-Riancho Colongues, todos ellos pidiendo rigor histórico antes de convertir el símbolo en oficial. Frente a esa posición, el arqueólogo J. A. Hierro Gárate defendió públicamente que «el lábaro es la bandera de la gente», subrayando su aceptación social por encima de su certificado histórico. El propio investigador Eduardo Peralta Labrador, autor del estudio más completo sobre el ejército cántabro antiguo, resumió el problema con una frase que vale como cierre de este debate: hay una confusión completa, empezando por el nombre, porque el estandarte de los antiguos cántabros nunca se llamó lábaro en los textos, y las medias lunas de las estelas son un signo funerario del que nada garantiza que estuviera bordado en ningún estandarte de guerra.

El camino hacia el reconocimiento oficial

ADIC llevó por primera vez al Parlamento de Cantabria una propuesta de reconocimiento oficial del lábaro en 2009. La iniciativa no prosperó: la crisis económica española de esos años sirvió de argumento para aplazar cualquier gasto o gesto identitario considerado superfluo. La asociación insistió en octubre de 2015, ya con un nuevo gobierno regional surgido de la coalición entre el Partido Regionalista de Cantabria y el PSOE, y esta vez el clima parlamentario era otro: PRC, PP y Podemos ya habían dado el sí, el PSOE había anunciado que no se opondría y Ciudadanos declaraba estar estudiándolo.

Tras meses de debate parlamentario y periodístico, el Pleno del Parlamento de Cantabria aprobó, el 14 de marzo de 2016, la proposición no de ley presentada por el Grupo Parlamentario Regionalista. El texto, publicado al día siguiente en el Boletín Oficial de la Cámara, reconoce el lábaro «como símbolo representativo e identitario del pueblo cántabro y los valores que representa» e insta a instituciones y sociedad civil a promover su conocimiento, manteniendo expresamente «el carácter oficial de la bandera de la Comunidad de Cantabria y el resto de los símbolos institucionales». Votaron a favor PRC, PSOE y Podemos; en contra, PP y Ciudadanos. El PP había respaldado la idea de fondo cinco meses antes, de modo que su voto negativo marca un cambio de posición ocurrido durante la tramitación.

No confundir con

El lauburu vasco

El lauburu, la cruz vasca de cuatro brazos en forma de coma, es un símbolo distinto, con una historia documentada propia y sin relación arqueológica probada con el lábaro cántabro. Que ambos nombres suenen parecidos es la causa de una confusión de siglos, explicada en la sección de errores frecuentes.

El labarum imperial de Constantino

El labarum que Constantino adoptó tras su conversión lleva el crismón, el monograma cristiano de las letras ji y ro, y está documentado con precisión por autores como Eusebio de Cesarea. El lábaro cántabro no lleva crismón: su motivo central es el tetrasquel de las estelas de Barros, y su vínculo con el labarum imperial es, como se ha visto, una hipótesis sobre el origen del nombre, no una identidad de diseño.

Errores frecuentes

La confusión entre «lábaro» y «lauburu»

Es habitual encontrar la afirmación de que «lábaro» y «lauburu» comparten origen, o incluso que uno de los símbolos es en realidad una apropiación del otro. El origen de esa idea se puede rastrear con precisión. En el siglo XVII, el jesuita Gabriel de Henao, en su obra Averiguaciones de las Antigüedades de Cantabria, propuso relacionar «lábaro» con las palabras vascas lau, «cuatro», y buru, «cabeza». En el siglo XVIII, el escritor Manuel de Larramendi retomó la idea y acuñó a partir de ella la palabra «lauburu» para nombrar la cruz curvilínea vasca. El filólogo Resurrección María de Azkue, ya en el siglo XX, calificó esa relación fonética de pura «fantasía de nuestros etimologistas»: «lauburu» significa literalmente «cuatro cabezas» y no tiene ninguna conexión demostrable con la raíz céltica de «lábaro», que significa «el que habla».

Presentar la continuidad de dos mil años como un hecho probado

La expresión «con referencias desde hace más de 2.000 años», acuñada por ADIC para describir el lábaro, se repite a menudo como si estuviera documentada punto por punto. Lo verificable es más limitado: existió un estandarte romano llamado cantabrum, hace más de dos mil años; existen unas estelas cántabras con motivos de crecientes lunares, de hace unos dos mil años; y existe una bandera moderna, de menos de cincuenta años, que combina ambos elementos. Que los tres formen una única cadena histórica ininterrumpida es la parte que ningún historiador ha logrado demostrar con fuentes.

Qué representa hoy el lábaro cántabro

Desde el reconocimiento parlamentario de 2016, decenas de ayuntamientos cántabros lo izan en las fachadas consistoriales, sobre todo en fechas señaladas como el Día de las Instituciones de Cantabria. Es también una presencia constante en gradas deportivas, ferias artesanales y asociaciones de todo tipo, desde equipos de baloncesto hasta colectivos de rescate. Correos le dedicó un matasellos conmemorativo en 2016, con motivo de un homenaje celebrado en Santillana del Mar. Nada de eso, sin embargo, cambia su estatus legal: sigue sin ser la bandera oficial de Cantabria, un lugar que ocupa en solitario la enseña blanca y roja desde 1984.

Preguntas frecuentes

¿Es el lábaro la bandera oficial de Cantabria?

No. La bandera oficial es la blanca y roja, aprobada por la Ley 8/1984. En 2016 el Parlamento de Cantabria reconoció el lábaro como símbolo identitario del pueblo cántabro, pero la propia resolución conserva expresamente el carácter oficial de la bandera y del escudo autonómicos.

¿Qué representan los cuatro crecientes lunares del lábaro cántabro?

Reproducen el motivo central grabado en las estelas discoideas gigantes de Barros y de Zurita, dos monumentos funerarios prerromanos hallados en Cantabria. Los especialistas relacionan ese diseño con un culto astral, probablemente lunar, pero no existe una interpretación cerrada de su significado religioso original.

¿Desde cuándo existe el lábaro cántabro tal como se lo ve hoy?

Como bandera con ese diseño concreto, desde la Transición española, cuando se propuso como una de las tres opciones para representar a la nueva Cantabria autonómica. No hay ningún testimonio antiguo que describa un estandarte cántabro con esa forma exacta: la relación con el cantabrum romano es una hipótesis, no un hecho documentado.

Fuentes

  • González Echegaray, J., «Acerca del llamado “Lábaro Cántabro”», Altamira, 75 (2008), pp. 191-223. Dialnet
  • García Sánchez, J., «El Lábaro cántabro, la construcción de una comunidad», ArqueoWeb, 17 (2016), pp. 115-127. Universidad Complutense de Madrid
  • de Pablo, S., «El lauburu. Política, cultura e identidad nacional en torno a un símbolo del País Vasco», Memoria y Civilización, 12 (2009), pp. 109-153. Universidad de Navarra
  • Boletín Oficial del Parlamento de Cantabria, núm. 85, 15 de marzo de 2016, p. 2128. Parlamento de Cantabria
  • «Lábaro cántabro», Wikipedia en español
  • «Estela de Barros», Wikipedia en español

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