El crismón o Chi-Rho (☧) es el monograma del nombre de Cristo: la superposición de las dos primeras letras de ΧΡΙΣΤΟΣ en griego, la ji (Χ) y la ro (Ρ). Símbolo cristiano de victoria sobre la muerte, se convirtió en emblema del Imperio romano cuando Constantino lo mandó pintar en los escudos de su ejército la víspera de la batalla del Puente Milvio, el 28 de octubre del año 312.
La frase que acompaña al signo en la memoria popular, «In hoc signo vinces», no figura en ninguna de las dos fuentes contemporáneas: Eusebio de Cesarea escribió dos palabras en griego, y la forma latina aparece por primera vez sobre un objeto, con otras palabras, casi cuarenta años más tarde.
| Qué es | Monograma del nombre de Cristo, formado por las letras griegas ji (Χ) y ro (Ρ) superpuestas |
|---|---|
| Otros nombres | Chi-Rho, cristograma, monograma constantiniano, monograma de Cristo |
| Primer uso imperial | Batalla del Puente Milvio, 28 de octubre de 312, contra Majencio |
| Fuentes antiguas | Lactancio, De mortibus persecutorum XLIV (h. 315) · Eusebio de Cesarea, Vita Constantini I, 28-31 (h. 337-339) |
| Elementos añadidos | Corona de laurel, círculo, letras alfa y omega, travesaño horizontal, letra S final |
| Significado | El nombre de Cristo, la victoria sobre la muerte y, en contexto funerario, la esperanza en la vida eterna |
| Dónde verlo hoy | Mosaico de Hinton St Mary, British Museum, registro 1965,0409.1 · Crismón de Quiroga, Museo Diocesano de Lugo · Tímpano de la catedral de Jaca |
| Carácter Unicode | U+2627 ☧ |
- De dónde viene la palabra crismón
- Cómo es el crismón y qué elementos lo componen
- Qué usaban los cristianos antes del crismón
- Qué pasó la noche anterior al Puente Milvio
- Qué vio Constantino según Eusebio de Cesarea
- Cómo era el lábaro y quién lo llevaba
- Qué pasó con Constantino después de la batalla
- Elena, la madre que fue a buscar la Cruz
- Qué pasó con el crismón después de Constantino
- Por qué hay crismones en las portadas románicas de España
- No confundir con
- Errores frecuentes
- Preguntas frecuentes
De dónde viene la palabra crismón
La palabra suena a crisma, el óleo consagrado de la unción, y esa cercanía ha marcado su historia. El Diccionario de la lengua española la deriva del latín medieval chrismon, y este a su vez de un acrónimo de Christi monogramma, monograma de Cristo. El Glossarium de Du Cange, compilado por los benedictinos de San Mauro entre 1733 y 1736, recoge una definición que no deja lugar a dudas: crismón o chrismon es propiamente el monograma de Cristo, y lo dibuja allí mismo.
Las dos letras que lo forman tienen nombre propio en español. La ji —la que se dibuja como una X— es la vigésima segunda letra del alfabeto griego y transcribe el sonido inicial de Christós; en latín se romaniza como chi, y de ahí viene la forma inglesa Chi-Rho con la que también se conoce el símbolo. La ro (Ρ) tiene forma de P latina y suena como una erre. Juntas, ΧΡ, son la abreviatura del nombre del Mesías escrita a la manera de los nomina sacra, los nombres sagrados que los copistas cristianos contraían en sus manuscritos por reverencia.
La huella del signo llega hasta la informática: el crismón tiene su propio carácter en Unicode, U+2627 ☧, y el alfabeto copto conserva otro, U+2CE9 ⳩, para la variante egipcia del monograma.
Cómo es el crismón y qué elementos lo componen
El diseño elemental consiste en superponer una ji y una ro: el vástago vertical de la ro atraviesa el centro exacto de la X, de modo que las dos letras comparten un solo eje. El resultado es una figura de seis brazos con un bucle en el extremo superior. Con frecuencia se le añade un travesaño horizontal a media altura, cuya intersección con el vástago de la ro lo asimila a una cruz y completa una rueda de ocho radios.
De los brazos superiores de la ji, o flanqueando el conjunto, cuelgan a menudo dos letras más: la alfa (Α) y la omega (ω), primera y última del alfabeto griego. Vienen del Apocalipsis, donde Cristo se nombra a sí mismo principio y fin, y aportan al monograma un matiz de eternidad que el círculo envolvente subraya. En las lápidas ocurre algo llamativo: el orden se invierte, y la omega aparece a la izquierda y la alfa a la derecha. Se ha leído como una declaración de esperanza, porque por el fin —la muerte del cuerpo— se llega al principio.
A la corona de laurel que rodea al monograma en el arte del siglo IV se le ha reconocido siempre el mismo sentido. En un sarcófago romano de mediados de ese siglo, procedente probablemente de la catacumba de Domitila y conservado hoy en el Museo Pío Cristiano del Vaticano, el crismón coronado aparece sobre dos soldados dormidos: es la victoria de la resurrección sobre la muerte contada sin una sola figura humana de Cristo.
En la Alta Edad Media se sumó una letra S en el extremo inferior de la ro. Es la última letra del nombre de Cristo según una fórmula mixta grecolatina muy extendida, Xpistus, abreviada XPS por el sistema de los nomina sacra. Esa costumbre de resumir devociones enteras en iniciales grabadas sobre un objeto tuvo larga descendencia en la Iglesia latina, y todavía se reconoce en piezas como la medalla de san Benito, cubierta de letras sueltas que condensan oraciones completas.
Qué usaban los cristianos antes del crismón
Durante los dos primeros siglos, la cruz no era el emblema de las comunidades cristianas. Seguía siendo en la mentalidad romana un instrumento de suplicio infamante, reservado a esclavos y sediciosos, y tardaría siglos en poder representarse con el sentido triunfal que hoy tiene en los distintos tipos de cruz. Los fieles se reconocían por señales discretas: el pez, ichthys, cuyas letras griegas componían una confesión de fe entera; el ancla; y sobre todo los monogramas.
Antes de que el Chi-Rho alcanzara su preeminencia convivieron varias fórmulas. El monograma IX combinaba la iota y la ji, iniciales de Iesous Christos, y fue frecuente en el arte funerario de las catacumbas.
El estaurograma o cruz monogramática (⳨) unía la tau (Τ) y la ro: los papiros cristianos más antiguos lo emplean ya entre finales del siglo II y comienzos del III dentro de la palabra stauros, cruz, y el bucle de la ro sobre el travesaño de la tau se ha interpretado como la cabeza de Cristo sobre el madero. Sería la primera representación visual de la crucifixión, escondida dentro de una abreviatura.
La combinación XP existía antes del cristianismo, aunque no como símbolo religioso. Los copistas griegos la trazaban al margen de una página para marcar un pasaje valioso, abreviando chrēston (se pronuncia aproximadamente jrestón), que significa útil, provechoso. También aparece en monedas anteriores a nuestra era, entre ellas una amplia serie de bronce de Ptolomeo III Evérgetes, que reinó entre 246 y 222 a. C. Eran dos letras haciendo el trabajo de dos letras. Lo que Constantino hizo con ellas fue de otro orden.
Qué pasó la noche anterior al Puente Milvio
En el año 293, Diocleciano había repartido el gobierno del Imperio entre cuatro hombres. El sistema, la tetrarquía, funcionó mientras vivieron sus fundadores y se deshizo en cuanto empezaron a morirse. Hacia 312 quedaban en Occidente dos pretendientes con ejércitos: Constantino, hijo de Constancio Cloro, dueño de las Galias y de Britania; y Majencio, hijo de Maximiano, instalado en Roma con los muros aurelianos a su favor y con más soldados.
Constantino cruzó los Alpes, tomó Susa, venció en Turín y en Verona y bajó por la península hasta acampar frente a la ciudad. Majencio tenía razones para no salir: los libros sibilinos, consultados esos días, decían que aquella jornada perecería el enemigo de los romanos, y él leyó la profecía a su favor. También tenía en contra una ciudad hostil que en pleno circo le había gritado que Constantino era invencible. Mandó cortar el puente Milvio y tender junto a él un puente de barcas.
La noche del 27 de octubre ocurrió lo que cuenta Lactancio en el capítulo XLIV de De mortibus persecutorum, escrito hacia 315, apenas tres años después. Constantino fue advertido en sueños de que marcase en los escudos el signo celeste de Dios y así entrase en combate. Hizo lo que se le ordenó, y la frase latina que describe el resultado es de una precisión difícil: «transversa X littera, summo capite circumflexo, Christum in scutis notat» —una letra X atravesada, con el extremo superior curvado, marca a Cristo en los escudos—.
Los especialistas discuten desde hace un siglo si esas palabras describen un crismón o un estaurograma. Lactancio no vio los escudos: escribía en la corte, de oídas y a poca distancia de los hechos.
El 28 de octubre, aniversario del ascenso de Majencio al poder, los dos ejércitos se encontraron con el Tíber a la espalda de uno de ellos. La línea de Majencio cedió, la retirada se convirtió en avalancha y el puente de barcas se hundió bajo el peso de los que huían. Su cuerpo apareció en el río. Lo sacaron, le cortaron la cabeza y la pasearon por Roma; después la enviaron a África, donde tenía partidarios. Constantino entró en la ciudad como dueño de Occidente.
Qué vio Constantino según Eusebio de Cesarea
Un cuarto de siglo más tarde, muerto ya el emperador, el obispo Eusebio de Cesarea escribió la Vita Constantini y contó otra escena, más amplia y más luminosa. Constantino, decidido a pedir ayuda a un solo Dios en vez de a muchos, estaba orando durante una marcha cuando, en las horas centrales del día, vio en pleno cielo un trofeo en forma de cruz hecho de luz, superpuesto al sol, con una inscripción unida a él. Las palabras eran griegas: τούτῳ νίκα, toúto níka, que significa literalmente «vence con esto». El ejército entero lo vio con él, y a nadie se le ocurrió qué significaba.
Esa noche, cuenta Eusebio, Cristo se le apareció en sueños con el mismo signo y le ordenó fabricar una imitación de lo que había visto en el cielo y servirse de ella como baluarte en las batallas. Al amanecer, Constantino convocó a los orfebres y a los talladores de piedras preciosas, se sentó entre ellos y les describió la figura para que la reprodujeran en oro y pedrería. El obispo añade una nota personal que es lo que da a su relato su peculiar autoridad: el propio emperador le contó la historia mucho después, confirmándola bajo juramento, y le concedió el honor de ver el estandarte con sus propios ojos.
Las dos versiones no cuentan lo mismo. Lactancio narra un sueño en el campamento, la víspera; Eusebio, una visión a mediodía durante la marcha, seguida de un sueño. Cada una conserva algo que la otra pierde. Lactancio guarda el detalle militar concreto —los escudos pintados a última hora— y la proximidad de quien escribe casi al día siguiente. Eusebio guarda las palabras, el estandarte y el testimonio directo del hombre que estuvo allí. La devoción posterior fundió las dos escenas en una sola, y así es como se cuenta desde hace mil setecientos años.
Cómo era el lábaro y quién lo llevaba
El estandarte que salió del taller recibió un nombre cuyo origen nadie ha logrado establecer: lábaro. Gibbon renunció a explicarlo tras repasar el latín, el griego, el celta, el germánico y el armenio. Lo más probable es que fuera una palabra gala, algo esperable en un ejército reclutado en su mayoría al norte de los Alpes.
Eusebio lo describe pieza por pieza en el libro I de la Vita Constantini. Era una lanza larga recubierta de oro, cruzada por una barra transversal que le daba forma de cruz. En lo alto, una corona de oro y piedras preciosas, y dentro de ella el monograma: la P atravesada por la X en su centro exacto. De la barra colgaba un paño cuadrado de púrpura, bordado de gemas y entretejido de oro. Y en la parte superior del asta, bajo el trofeo, iban los retratos en oro del emperador y de sus hijos.
La traducción inglesa de dominio público publicada por Philip Schaff en 1890 lo resume así: «A long spear, overlaid with gold, formed the figure of the cross by means of a transverse bar laid over it», es decir, una lanza larga recubierta de oro formaba la figura de la cruz mediante una barra atravesada sobre ella.
El final de esta historia rara vez se cuenta. Constantino destinó a la custodia del lábaro a cincuenta hombres escogidos de su guardia personal, los más fuertes y los más piadosos, que se turnaban para llevarlo sobre los hombros y no tenían otra misión que esa.
En las guerras contra Licinio ocurrió un episodio que el emperador le refirió a Eusebio en persona. En medio de un combate cundió el pánico, y el soldado que llevaba el estandarte se lo pasó a un compañero para poder huir. En cuanto se desprendió de él y se apartó, un dardo lo alcanzó en el vientre y lo mató en el sitio. El que lo había recogido siguió adelante bajo una lluvia continua de proyectiles sin recibir un rasguño: todos los dardos quedaron clavados en el asta. En toda la campaña, dice Eusebio, ninguno de los cincuenta fue herido.
Qué pasó con Constantino después de la batalla
En febrero del 313, reunido en Milán con Licinio, Constantino acordó devolver a los cristianos sus lugares de culto y sus bienes confiscados y concedió libertad de religión a todos los habitantes del Imperio. La persecución que había llenado de mártires las tres décadas anteriores terminó por decreto.
El monograma, en cambio, tardó en hacerse visible. La primera aparición del crismón en una imagen oficial es un medallón de plata acuñado en Ticinum, la actual Pavía, hacia 315, para repartir entre las tropas en los festejos por sus diez años de reinado: Constantino aparece de frente, con un casco de alto penacho, y sobre la cimera se distingue el monograma. La pieza se conserva en la Colección Estatal de Numismática de Múnich, con el número de inventario 86.627. En las monedas corrientes el lábaro no empieza a aparecer hasta 319 o 320.
El arco que el Senado le levantó en Roma en 315, junto al Coliseo, dice en su inscripción que venció al tirano instinctu divinitatis, mentis magnitudine: por inspiración de la divinidad y por la grandeza de su espíritu. No dice cuál divinidad, y no lleva un solo signo cristiano. La estatua colosal que hizo colocar en la basílica de Majencio sí llevaba, según Eusebio, un trofeo de la cruz en la mano derecha; los fragmentos de mármol que quedan de ella —la cabeza, las manos, los pies— están hoy en el patio del Palacio de los Conservadores, en los Museos Capitolinos.
En 324 derrotó a Licinio y quedó como único dueño del Imperio. En 325 convocó y presidió el concilio de Nicea, del que salió el credo que aún se reza. En 330 inauguró Constantinopla. En 326 murieron, con pocos meses de diferencia y por orden suya, su hijo mayor Crispo y su esposa Fausta; las fuentes que lo cuentan son tardías y no coinciden en las causas, y el episodio quedó borrado de los registros oficiales.
Su última moneda es también su declaración más clara. Acuñada en Constantinopla en 337, lleva en el reverso el lábaro con sus tres medallones y el crismón en lo alto, atravesando a una serpiente, y la leyenda SPES PVBLICA, esperanza del Estado. Ese mismo año, enfermo, Constantino pidió el bautismo, que había ido posponiendo como hacían muchos en su tiempo. Se lo administró el obispo Eusebio de Nicomedia en una villa cercana a esa ciudad, y murió el 22 de mayo de 337, día de Pentecostés. Lo enterraron en la iglesia de los Santos Apóstoles de Constantinopla, entre los cenotafios de los doce.
Elena, la madre que fue a buscar la Cruz
Flavia Julia Elena nació hacia 248 o 250 en Drepanum, un puerto de Bitinia que su hijo rebautizaría como Helenópolis. No era noble. Ambrosio de Milán la llamó bona stabularia, buena mesonera, y lo dijo como elogio: la mujer que atendía establos acabó buscando el establo donde nació el Señor. Vivió con Constancio Cloro y le dio un hijo hacia 272 en Naissus, la actual Niš; cuando la carrera política de su compañero exigió un matrimonio dinástico, hacia 289, fue apartada.
Volvió al primer plano cuando su hijo llegó al poder, y hacia 324 recibió el título de Augusta y su propia acuñación de monedas. Entre 326 y 328, con más de setenta y cinco años, emprendió el viaje que la hizo célebre: recorrió Palestina y las provincias de Oriente repartiendo limosnas, liberando prisioneros y fundando iglesias. A ella se atribuyen la basílica de la Natividad en Belén y la del Eleona en el monte de los Olivos, y Eusebio, que narra el viaje con detalle, cuenta que adornó con exvotos la gruta del nacimiento.
La tradición que la hizo patrona de los arqueólogos es la del hallazgo de la Vera Cruz en Jerusalén: Elena manda excavar en el Gólgota, aparecen tres maderos y el verdadero se reconoce por su posición central y por el letrero clavado sobre él.
Los testimonios de esa tradición se ordenan por fechas. Eusebio narra la peregrinación, pero no menciona el hallazgo. Cirilo de Jerusalén, en sus catequesis del 348, da por sabido que el madero de la Cruz se venera en la ciudad y que sus fragmentos se han repartido casi por todo el mundo; en su carta al emperador Constancio, del 351, atribuye el descubrimiento al padre de este, Constantino.
El primer relato completo que pone a Elena en el centro de la escena es el que Ambrosio de Milán pronunció en el funeral de Teodosio, el 25 de febrero de 395, y de ahí pasó a Rufino, a Sócrates, a Sozomeno y a la piedad de veinte siglos.
Elena murió con su hijo al lado. Las fuentes discrepan sobre el año: su acuñación de monedas se interrumpe bruscamente en la primavera de 329, lo que sitúa la muerte a finales de 328 o comienzos de 329, aunque otras la retrasan hasta 330. La enterraron en el mausoleo imperial de Tor Pignattara, en la vía Labicana. Su sarcófago de pórfido rojo, tallado con jinetes romanos y prisioneros vencidos, fue trasladado al Vaticano en el siglo XVIII y se puede ver en la Sala de la Cruz Griega del Museo Pío Clementino, montado sobre cuatro leones de mármol que le añadió Francesco Antonio Franzoni.
Qué pasó con el crismón después de Constantino
Después de Constantino, el crismón entró en las insignias imperiales y de ahí se derramó por todo el arte cristiano. Aparece en mosaicos de Roma y de Rávena, en sarcófagos, en anillos de sello, en vajilla, en lápidas.
Sus sucesores lo emplearon como declaración de continuidad dinástica. En una moneda de Magnencio acuñada en 353 aparece por primera vez el monograma flanqueado por el alfa y la omega, la combinación que acabaría siendo la más repetida de todas.
El único emperador que lo retiró fue Juliano. Sobrino de Constantino, criado como cristiano y vuelto después al culto de los dioses antiguos, ordenó devolver a los estandartes su forma anterior, según cuenta Sozomeno en el libro V de su Historia eclesiástica. Reinó tres años, entre 361 y 363, y murió en campaña contra los persas. Joviano y los emperadores que vinieron detrás repusieron los signos, y el lábaro siguió acompañando a los ejércitos hasta el final de la serie imperial.
Lo que sí cambió fue el dibujo. Desde el reinado de Constancio II, las monedas empiezan a llevar una cruz en lugar del monograma sobre el lábaro, y esa misma cruz ocupa el centro de los escudos donde antes iba el crismón. En el siglo V, los continuadores de Eusebio —Rufino de Aquileya, Sócrates de Constantinopla, Sozomeno— describen ya el estandarte solo como una cruz, sin mencionar las dos letras. La cruz que en tiempos de Constantino todavía no podía mostrarse terminó ocupando el lugar del monograma que la había suplido.
En la Britania romana lo llevan el pavimento de una villa de Dorset, hallado en 1963 detrás de la fragua de un herrero y conservado en el British Museum con el registro 1965,0409.1, donde un busto masculino se recorta contra el monograma flanqueado por dos granadas, y un fresco de la villa de Lullingstone. En 2020, una excavación en Vindolanda, junto al muro de Adriano, sacó a la luz un cáliz del siglo V grabado con crismones.
Por qué hay crismones en las portadas románicas de España
En la península ibérica y en el Pirineo el signo tuvo una segunda vida. La pieza hispana más antigua de renombre es el crismón de Quiroga, de comienzos del siglo V: un disco de mármol de 95 centímetros de diámetro y 120 kilos de peso, hoy en el Museo Diocesano de Lugo.
En los siglos XI y XII, en Aragón y Navarra sobre todo, el crismón protagonizó una difusión extraordinaria y pasó a ocupar el centro de los tímpanos de entrada de las iglesias. Entre las causas que se han propuesto están las connotaciones victoriosas del símbolo en un territorio en guerra y los movimientos de renovación ligados a la reforma gregoriana.
El más famoso de todos ellos, el del tímpano occidental de la catedral de Jaca, de finales del siglo XI, hace algo que ningún crismón anterior había hecho: convertirse en emblema de la Trinidad. La inscripción que lo rodea da la clave y pide al lector que entienda de este modo: la P es el Padre, la A el engendrado, la letra doble es el Espíritu Santo, y estos tres son por derecho un solo y mismo Señor.
Las tres letras componen además, en silencio, la palabra PAX. La lectura no es una ocurrencia del cantero: procede de una tradición exegética que arranca de un poema de Milón de Saint-Amand, en el siglo X.
De ahí en adelante, el repertorio se vuelve inagotable. Hay crismones que añaden letras hasta volverse ilegibles, como el de la cripta del castillo de Loarre, en Huesca; los hay que se acompañan de leyendas de origen carolingio —PAX, LVX, LEX, REX—; los hay tallados en el costado de un sepulcro, como el del sarcófago de doña Sancha, de hacia 1100, en el monasterio de las Benedictinas de Jaca. Con el gótico, el monograma cede terreno frente a otro cristograma, el IHS, y se retira poco a poco de las fachadas.
No confundir con
El estaurograma o cruz monogramática
Comparte con el crismón la letra ro, pero la cruza con una tau (Τ) en lugar de una ji, de modo que el trazo horizontal es recto y no diagonal (⳨). Es más antiguo en los manuscritos y su sentido es distinto: no abrevia el nombre de Cristo sino la palabra stauros, cruz.
El monograma IX
Superpone una iota vertical y una ji, y se lee Iesous Christos, Jesucristo. Visualmente es una estrella de seis puntas de trazos rectos, sin bucle superior. Fue habitual en las catacumbas antes de que el Chi-Rho se impusiera.
La cruz ansata egipcia
El parecido entre el crismón y el ankh o anj es real y fue advertido en la Antigüedad: los cristianos coptos llegaron a usar el jeroglífico egipcio de la vida como signo de la cruz, y en una inscripción del siglo VI procedente de File el ankh aparece transformado en monograma cristiano en el momento en que un templo pasa a ser iglesia. Son dos signos distintos que se tocan en un punto de la historia, no uno derivado del otro.
El lábaro
Las fuentes antiguas distinguen con claridad el crismón del lábaro, aunque el uso posterior los haya vuelto sinónimos. El crismón es el monograma, el dibujo. El lábaro es el estandarte físico que lo llevaba en alto, con su asta, su travesaño, su corona y su paño de púrpura.
Errores frecuentes
La frase que Constantino vio en el cielo era latina
Eusebio escribe en griego y en imperativo: τούτῳ νίκα, «vence con esto». No hay en esas dos palabras ningún sustantivo que signifique signo ni ningún verbo en futuro. «In hoc signo vinces» es una traducción latina posterior, ampliada y muy afortunada, que amplificó el mensaje al añadirle la palabra signo. La forma latina documentada más antigua sobre un objeto es otra: HOC SIGNO VICTOR ERIS, «con este signo serás vencedor», acuñada en una moneda de Vetranio en el año 350, treinta y ocho años después de la batalla.
El crismón es una rueda solar pagana reciclada
La versión circulante afirma que el monograma procede de emblemas solares egipcios o galos y que Constantino lo adoptó para contentar a la vez a cristianos y a paganos. La lista de pruebas que se repite —una inscripción a Isis del 138-137 a. C., monedas de Ptolomeo con un águila que sostiene el signo, tetradracmas áticos, monedas de Herodes— procede de la literatura numismática del siglo XIX, en particular de la Doctrina numorum veterum de Joseph Eckhel y de las enciclopedias bíblicas que la citaron.
Lo verificable de ese material es real y más modesto: la combinación XP existía como abreviatura marginal de chrēston y como marca de ceca, sin contenido religioso. Del sol sí hay una historia que contar, pero es otra: las monedas de Constantino siguieron llevando a Sol Invicto hasta 318, y la inscripción de su arco de triunfo dice «divinidad» sin especificar cuál.
Todo crismón románico es trinitario
La lectura trinitaria, con la P por el Padre y la A por el Hijo, está documentada en el tímpano de Jaca porque allí la inscripción la explica, y depende de una tradición textual concreta. La fama de esa pieza condicionó el estudio de todas las demás, hasta el punto de que suele atribuirse el cambio de sentido a un rasgo formal, la aparición de la letra S. La investigación reciente sostiene lo contrario: el crismón románico mantiene el significado cristológico que tuvo desde el principio, y extender el sentido trinitario al conjunto es cuando menos discutible.
Constantino se convirtió y se bautizó el día de la victoria
Entre el Puente Milvio y su bautismo pasaron veinticinco años. En ese cuarto de siglo devolvió los bienes a la Iglesia, financió basílicas, eximió al clero de cargas públicas y presidió Nicea, pero siguió siendo catecúmeno, como muchos en su época que posponían el sacramento. Recibió el bautismo en 337, ya enfermo, de manos de Eusebio de Nicomedia. La leyenda que atribuye el bautismo al papa Silvestre I, curándolo antes de la lepra, nació en Occidente en el siglo IV y se consolidó con la Donación de Constantino, un documento medieval sin valor histórico.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el crismón?
El crismón significa el nombre de Cristo. Está formado por las dos primeras letras de ΧΡΙΣΤΟΣ en griego, la ji y la ro, superpuestas. Desde el siglo IV se le añadieron la corona de laurel y las letras alfa y omega, que lo convirtieron además en emblema de victoria sobre la muerte y de eternidad.
¿Cuál es la diferencia entre el crismón y el lábaro?
El crismón es el monograma, es decir, el dibujo de las dos letras. El lábaro es el objeto: el estandarte militar romano que Constantino mandó fabricar en oro y pedrería para llevar ese monograma al frente de sus ejércitos. Un crismón puede estar en una moneda o en una lápida; el lábaro era una pieza única de orfebrería.
¿Qué quiere decir In hoc signo vinces?
Quiere decir: Con este signo vencerás. Es una traducción latina tardía y ampliada de las palabras griegas que Eusebio de Cesarea pone en el cielo, τούτῳ νίκα, literalmente «Vence con esto». La versión latina más antigua documentada sobre un objeto es HOC SIGNO VICTOR ERIS, en una moneda de Vetranio del año 350.
¿Por qué hay tantos crismones en las iglesias románicas de España?
Porque en los siglos XI y XII el monograma vivió una difusión extraordinaria en el Pirineo francés y en el norte peninsular, sobre todo en Aragón y Navarra, donde pasó a ocupar el centro de los tímpanos de entrada. Entre las causas se señalan las connotaciones victoriosas del signo en el contexto de enfrentamiento con el islam y los movimientos de renovación ligados a la reforma gregoriana.
¿Constantino se hizo cristiano el día de la batalla?
No. Tras el Puente Milvio protegió y financió a la Iglesia durante veinticinco años, convocó el concilio de Nicea en 325 y puso el monograma en cascos y monedas, pero permaneció como catecúmeno. Recibió el bautismo poco antes de morir, el 22 de mayo de 337, de manos del obispo Eusebio de Nicomedia.
Fuentes
- Lactancio, De mortibus persecutorum, cap. XLIV, h. 315. Texto latino en The Latin Library.
- Eusebio de Cesarea, Vita Constantini, libro I, caps. 28-31 y 40, y libro II, caps. 7-9, h. 337-339. Traducción inglesa de dominio público en Nicene and Post-Nicene Fathers, ed. Philip Schaff, 1890.
- García García, Francisco de Asís, «El crismón», Revista Digital de Iconografía Medieval, vol. II, n.º 3, 2010, pp. 21-31. Universidad Complutense de Madrid.
- Real Academia Española, entrada crismón del Diccionario de la lengua española.
- Du Cange y otros, Glossarium mediae et infimae latinitatis, ed. de los benedictinos de San Mauro, 1733-1736, t. 2, col. 621b, voz crismon.
- Ambrosio de Milán, De obitu Theodosii, caps. 40-49, año 395. Comentario y contexto en Judaism and Rome.
- Rocca, Samuele, y Fowler, Kimberley, «Nummus depicting the head of Constantine and the labarum spearing a snake», 337 d. C., RIC VII, Constantine, n.º 19.
- Bralewski, Sławomir, «The Labarum. From Crux Dissimulata and Chi-Rho to the Open Image Cross», Studia Ceranea, 10, 2020, pp. 243-258. Universidad de Łódź.
- Ficha del mosaico de Hinton St Mary, registro 1965,0409.1, en el British Museum.
- Ficha del sarcófago de santa Elena, Sala de la Cruz Griega, Museo Pío Clementino, Museos Vaticanos.
- Inscripción del arco de Constantino, año 315, en el Speculum Romanae Magnificentiae, Universidad de Chicago.



