El pelícano es, en la simbología cristiana, la imagen de una madre que se abre el pecho para revivir con su propia sangre a las crías que antes había matado, leída desde la Antigüedad tardía como figura de Cristo y de la Eucaristía. Ningún pelícano real hace esto: el gesto que originó la leyenda es otro, y aparece más abajo.
| Origen del símbolo | El Physiologus, compuesto en Alejandría entre los siglos II y IV |
|---|---|
| Significado principal | El sacrificio de Cristo en la cruz y la Eucaristía |
| Raíz bíblica | Salmo 101:7 en la Vulgata (102:6 en la numeración hebrea) |
| Término heráldico | Pelícano en su piedad, o pelícano vulnerándose (del latín vulnus, herida) |
| Ave real asociada | Pelecanus onocrotalus, el pelícano común del Mediterráneo y Egipto |
| Estado de conservación | Preocupación menor, según la Lista Roja de la UICN |
Origen del nombre
Pelícano llegó al español desde el latín pelicanus, que a su vez tomó el griego antiguo pelekán —pronunciado aproximadamente "pelecán"—. Esa voz griega deriva de pélekys, "hacha", probablemente por la forma del pico largo y comprimido del ave; en la Grecia clásica el mismo término nombraba también al pájaro carpintero, posiblemente por el golpe repetido del pico contra la madera. Antes de que ese préstamo se impusiera, el latín usaba onocrótalos —del griego "asno" más "castañuela"—, en referencia al ruido que el ave produce al chocar las mandíbulas. Plinio el Viejo, en su Historia natural, todavía llama onocrótalo al pelícano al describir la bolsa de su garganta como un segundo estómago donde almacena el alimento antes de pasarlo al verdadero.
El mito en el Physiologus
La raíz bíblica del símbolo es anterior al bestiario: el Salmo 101 de la Vulgata —102 en la numeración hebrea, usada en las Biblias protestantes— pone en boca del salmista una comparación de soledad. En latín: similis factus sum pellicano solitudinis, "me he vuelto semejante al pelícano del desierto". Eusebio de Cesarea, hacia el siglo IV, comentó ese versículo asociando al ave con la entrega de sí misma, y san Agustín retomó la lectura poco después; ninguno de los dos habla todavía de sangre ni de resurrección.
Esa pieza narrativa completa aparece recién en el Physiologus, el primer bestiario cristiano, un texto anónimo compuesto en Alejandría cuya fecha exacta sigue discutida: la datación más repetida, siglo II, se apoya en paralelos de vocabulario con Clemente de Alejandría, pero el historiador Alan Scott defendió una composición más tardía, hacia fines del siglo III o el IV, y la cuestión no está cerrada entre especialistas. Lo que sí es estable es el relato, conservado con pequeñas variantes en manuscritos posteriores como el Bestiario de Aberdeen (Universidad de Aberdeen, MS 24, hacia 1200): los polluelos golpean a sus padres en la cara hasta que estos, en represalia, los matan; al tercer día, la madre se golpea el costado con el pico, y su sangre cae sobre los cuerpos de las crías. En inglés, en la traducción de ese manuscrito: "and so raises them from the dead", que puede traducirse como "y así los devuelve de entre los muertos". Isidoro de Sevilla, en sus Etimologías (libro XII, 7, 26), recoge una versión algo distinta: la madre mata a sus crías, las llora tres días y solo entonces se hiere para revivirlas, y explica el nombre griego onocrótalos por el ruido del pico, no por el tamaño.
El Physiologus leyó esa muerte y resurrección al tercer día como una figura exacta de la Pasión: Egipto, donde el ave habita, representa al mundo hundido en el pecado; el pelícano solitario, a Cristo nacido sin unión carnal; la sangre derramada sobre los hijos muertos, la sangre de la cruz que redime a la humanidad. El mismo bestiario aplicaba una lógica de resurrección al tercer día al símbolo del fénix, aunque por un mecanismo distinto —el fuego, no la sangre—, y al unicornio, que solo se dejaba capturar en el regazo de una virgen, como figura de la Encarnación.
Dante y Tomás de Aquino
La imagen sobrevivió al bestiario y entró en la gran literatura medieval. En el canto XXV del Paraíso, Beatrice señala a Dante el alma de san Juan Evangelista —quien, en la Última Cena, reclinó la cabeza sobre el pecho de Cristo— con estas palabras: "che giacque sopra 'l petto del nostro pellicano", "que yació sobre el pecho de nuestro pelícano" (Dante, Paraíso, XXV, 112-113; traducción al inglés de Henry Wadsworth Longfellow, 1867, disponible en Project Gutenberg). Llamar "nuestro pelícano" a Cristo da por sentado que el lector de 1320 reconocía la alegoría sin explicación alguna: para entonces ya era un lugar común.
Unas décadas antes, hacia 1260, Tomás de Aquino había escrito el himno eucarístico Adoro te devote, compuesto probablemente para su propia devoción privada y no para uso litúrgico, aunque terminó incorporado a la piedad popular del Corpus Christi. Su penúltima estrofa invoca directamente al pelícano: "Pie pellicane, Iesu Domine, me immundum munda tuo sanguine", que puede traducirse como "piadoso pelícano, Señor Jesús, límpiame a mí, impuro, con tu sangre" (san Tomás de Aquino, Adoro te devote, c. 1260; traducción al inglés de Edward Caswall, hacia 1849). El texto continúa: una sola gota de esa sangre bastaría para liberar de toda culpa al mundo entero. Aquí el pelícano ya no ilustra solamente la Pasión sino, de manera explícita, la Eucaristía: el cuerpo y la sangre de Cristo que alimentan a los fieles bajo las especies del pan y el vino.
Heráldica y supervivencia moderna
La figura pasó de los bestiarios a la heráldica con dos nombres técnicos: pelícano en su piedad, cuando se representa alimentando a sus crías, y pelícano vulnerándose —del latín vulnus, "herida"—, cuando se enfatiza el gesto de abrirse el pecho. El emblema de los colegios Corpus Christi de Oxford y de Cambridge lo adoptó por su vínculo directo con la Eucaristía, que da nombre a ambas instituciones. La reina Isabel I de Inglaterra posó hacia 1575 con un colgante de pelícano sobre el pecho —el llamado "retrato del Pelícano", atribuido a Nicholas Hilliard y conservado hoy en la Walker Art Gallery de Liverpool—, presentándose como madre que se sacrifica por su reino. La primera edición de la Biblia del rey Jacobo, en 1611, llevó un pelícano en la portada.
En Estados Unidos, el símbolo migró de la heráldica religiosa a la política: el estado de Luisiana adoptó un pelícano en su piedad como emblema desde el siglo XIX, y la legislatura estatal aprobó en 2006 una ley que exige representar exactamente tres gotas de sangre sobre el pecho del ave en la bandera oficial, después de que un estudiante de escuela secundaria de Houma advirtiera que el diseño se venía aplicando de manera inconsistente. En 2005, Benedicto XVI regaló un anillo de oro con la figura del pelícano a los obispos que participaron del Sínodo sobre la Eucaristía, retomando de forma explícita la lectura de Tomás de Aquino.
La misma imagen circuló también fuera del arte devocional. Conrad Gessner la incluyó, ya en 1555, en su Historia animalium, el gran compendio zoológico del Renacimiento, junto a otras aves reales y fabulosas. Y en el Ricardo II de Shakespeare, el duque de York le reprocha al rey haber consumido, como hace el pelícano con la suya, la sangre de su propia familia: prueba de que hacia 1595 la alusión no necesitaba glosa para el público de un teatro popular en Londres.
No confundir con
El fénix
El Physiologus asocia a ambas aves con la resurrección al tercer día, y por eso conviven en el mismo repertorio de símbolos cristológicos —a veces incluso enfrentadas en un mismo programa iconográfico medieval—, pero el mecanismo que las diferencia importa: el fénix se consume en fuego y renace de sus propias cenizas, una resurrección que no necesita de nadie más; el pelícano muere primero a manos de sus propias crías y luego las revive a costa de su propia sangre, una resurrección que es además sacrificio por otro. El primero ilustra mejor la resurrección de Cristo; el segundo, su Pasión y la Eucaristía.
Errores frecuentes
El gesto real que originó la leyenda
La leyenda no nació de la nada: describe, de manera equivocada, un comportamiento real y observable. Cuando la madre pelícano regurgita el pescado ya predigerido para sus crías, presiona la bolsa de su garganta contra el propio pecho, en un gesto que a distancia puede parecer que se lo perfora con el pico. Durante la época de celo, además, algunas especies desarrollan un tinte rosado o rojizo en el plumaje del pecho y en la punta del pico, lo que reforzó visualmente la idea de sangre. Ningún pelícano se hiere para alimentar a sus crías: el dato correcto es que regurgita alimento ya procesado, y que el aparente "sangrado" es coloración estacional del plumaje y del pico.
La "tradición egipcia" no nació con el pelícano
Distintos diccionarios etimológicos señalan que la creencia de un ave que alimenta a sus crías con su propia sangre es de origen egipcio, pero que originalmente pertenecía a otra ave, sin que las fuentes consultadas para este artículo precisen a cuál. La leyenda se trasladó al pelícano —probablemente por asociación con su gran bolsa gular, visible y fácil de malinterpretar— y quedó fijada en esa forma a partir del Physiologus. No es, entonces, que la fábula carezca de origen: tiene origen egipcio, pero un origen que ya en la Antigüedad tardía se había desplazado de animal.
Una fecha menos cerrada de lo que se repite
Buena parte de las fuentes de divulgación repiten "siglo II" para el Physiologus como si fuera un dato cerrado. Ese siglo es efectivamente el más citado, apoyado en semejanzas de vocabulario con Clemente de Alejandría, pero no es el único sostenido por especialistas: el dato correcto es que la composición se sitúa, según distintas lecturas académicas, en algún punto entre el siglo II y el IV, en Alejandría, sin que exista consenso cerrado sobre el momento exacto dentro de ese arco de dos siglos.
Preguntas frecuentes
Qué significa el pelícano espiritualmente
En la tradición cristiana, el pelícano representa el amor que se entrega hasta el sacrificio total: una madre que abre su propio pecho para devolver la vida a sus crías con su sangre, leída como figura de Cristo, que redime a la humanidad con su propia sangre.
Por qué el pelícano es símbolo cristiano
Porque el Physiologus, el primer bestiario cristiano, interpretó la leyenda de la madre pelícano que revive a sus crías con su sangre al tercer día como una figura exacta de la Pasión, la muerte y la resurrección de Cristo, y la Iglesia la difundió durante toda la Edad Media.
Qué representa el pelícano en la Eucaristía
El pelícano que alimenta a sus crías con su propia sangre representa a Cristo presente en el pan y el vino consagrados, que alimentan a los fieles con su cuerpo y su sangre; por eso el ave aparece tallada en sagrarios, cálices y patenas.
Fuentes
- Vulgata, Salmo 101:7. Texto latino de dominio público.
- The Aberdeen Bestiary, MS 24, folios 34v-35r, Universidad de Aberdeen, hacia 1200. Transcripción y traducción del proyecto oficial de la universidad.
- Isidoro de Sevilla, Etimologías, libro XII, 7, 26, siglo VII.
- Dante Alighieri, Paraíso, canto XXV, versos 112-114, hacia 1320. Traducción al inglés de Henry Wadsworth Longfellow, 1867, Project Gutenberg (ebook 1004).
- Tomás de Aquino, Adoro te devote, c. 1260. Traducción al inglés de Edward Caswall, hacia 1849.
- Plinio el Viejo, Historia natural, libro X, 66, siglo I.
- Real Academia Española, Diccionario histórico de la lengua española, entrada "pelícano".
- UICN, Lista Roja de especies amenazadas, ficha de Pelecanus onocrotalus.
