El sello de los Caballeros Templarios: dos caballeros en un caballo, significado



Una imagen de cera. Dos caballeros en un solo caballo, con escudos y lanzas, cabalgando juntos en el mismo animal. El sello de los Caballeros Templarios es uno de los símbolos medievales más reconocibles y más debatidos: ha sido interpretado como emblema de pobreza, de unidad, de caridad, de dualidad y —por los enemigos que destruyeron la Orden— como prueba de depravación. Ninguna de esas lecturas está definitivamente cerrada.


Lo que sí es seguro es lo que el sello no era: la descripción de una práctica real. La Regla de la Orden prohibía expresamente que dos jinetes compartieran el mismo caballo. El sello es, por tanto, una declaración de intenciones, no un documento de archivo. Una imagen diseñada para comunicar algo al mundo exterior sobre lo que los templarios querían ser —o querían parecer.


Los Caballeros Templarios: monjes y guerreros


Para comprender el sello hay que comprender la paradoja que la Orden representó. En 1119, el caballero francés Hugues de Payens y ocho compañeros —entre ellos Godofredo de Saint-Omer y André de Montbard— se presentaron ante el rey Balduino II de Jerusalén y el Patriarca Warmundo para proponer una novedad sin precedentes en la historia del cristianismo: una orden religiosa de caballeros. Hombres que tomarían los votos monásticos de pobreza, castidad y obediencia —los tres compromisos fundamentales de la vida religiosa en la Iglesia católica—, pero cuya misión no sería la oración contemplativa sino la guerra.


El rey les cedió como sede una ala del palacio real en el Monte del Templo, en la mezquita de Al-Aqsa, que los cruzados identificaban con el antiguo Templo de Salomón. De ahí el nombre: Pauperes commilitones Christi Templique Salomonici —«Pobres Compañeros de Cristo y del Templo de Salomón»—. El término commilitones significa literalmente «compañeros de milicia», camaradas en armas.


La tensión entre los dos conceptos —monje y guerrero— era aparentemente irresoluble para la mentalidad medieval. San Bernardo de Claraval (1090-1153), abad del Císter —la orden monástica reformada fundada en Cîteaux en 1098— y el teólogo más influyente de su época, la resolvió por escrito. Su tratado Liber ad Milites Templi: De laude novae militiae —«Libro para los Caballeros del Templo: En alabanza de la nueva milicia» (circa 1129)— fue el argumento de autoridad que legitimó la Orden ante la Iglesia. 


En ese tratado, Bernardo describe a los templarios como una nova militia —«nueva milicia», en latín—: guerreros que resisten las tentaciones de la carne y las posesiones terrenas mientras combaten al mismo tiempo contra los enemigos físicos de la fe. El teólogo distingue al caballero templario del caballero secular —el caballero ordinario de la nobleza medieval—: el primero lucha y muere por Cristo; el segundo lucha y muere, en el mejor de los casos, por su orgullo. La síntesis del monje y el soldado no era para Bernardo una contradicción sino una vocación superior a cualquiera de las dos por separado.


El Concilio de Troyes (1129) aprobó la Orden. El papa Honorio II ratificó el apoyo de la Iglesia. La Regla Latina —el código de conducta escrito de la Orden, llamado así por estar redactado en latín, la lengua oficial de la Iglesia medieval—, redactada con la participación de Bernardo, establecía en 72 cláusulas el modo de vida de los templarios: comidas en silencio, carne no más de tres veces por semana, prohibición de contacto físico con mujeres —incluso familiares propias— y, significativamente, un máximo de tres caballos por caballero.


El sello: Sigillum Militum Xpisti


En la Edad Media, los sellos de cera eran el equivalente funcional de la firma y del sello oficial moderno: garantizaban la autenticidad de un documento y la identidad de quien lo emitía. Toda organización con actividad jurídica, comercial o diplomática necesitaba el suyo. Los Caballeros Templarios, que desde el siglo XII gestionaban una red financiera, propiedades y comunicaciones en toda Europa y el Mediterráneo, no eran una excepción.


El sello más famoso de la Orden —el que muestra a los dos caballeros— está documentado por primera vez en uso de Bertrand de Blanquefort (sexto Gran Maestre, 1156-1169) en 1158. Hay evidencia documental de su uso desde 1167 y continuó siendo el sello oficial hasta la disolución de la Orden en 1312. Era un sello de doble cara:


El anverso —la cara principal del sello— mostraba a los dos caballeros —con cascos, escudos y lanzas— en un solo caballo, cabalgando hacia la derecha del espectador. Los jinetes llevan barba, señal de hombres maduros y experimentados. El animal es robusto, en posición de trote. La imagen no tiene perspectiva espacial elaborada: es un emblema, no una ilustración naturalista.


El reverso —la cara secundaria del sello— mostraba una cúpula que los historiadores identifican como la Cúpula de la Roca de Jerusalén —que los cruzados confundían con el Templo de Salomón— o como el Santo Sepulcro. Los dos lados del sello expresaban los dos pilares de la identidad templaria: el combate (los caballeros) y el propósito sagrado de ese combate (el Santo Sepulcro).


La inscripción original era Sigillum Militum Christi —«Sello de los Soldados de Cristo»—. A mediados del siglo XIII, el Gran Maestre Guillaume de Sonnac —o su sucesor Renaud de Vichiers, según el recuento exacto de los maestres— cambió «Christi» por «Xpisti», sustituyendo las letras latinas del nombre de Cristo por las griegas Chi (Χ) y Ro (Ρ) —las dos primeras letras del nombre Cristo en griego, χριστός (Christós)—, el monograma cristológico que el emperador Constantino había mandado pintar en los escudos de su ejército antes de la batalla del Puente Milvio en 312 d.C. El cambio no era solo tipográfico: invocaba la victoria de Constantino y la promesa In Hoc Signo Vinces —«En este signo vencerás»—, conectando la misión templaria con la primera gran victoria del cristianismo sobre el paganismo romano.


La paradoja: lo que la Regla prohibía


El detalle más revelador sobre el sello de los Caballeros Templarios es el que más se pasa por alto: la Regla de la Orden prohibía expresamente lo que el sello representaba.


La Regla Latina establecía que cada caballero templario tenía derecho a tres caballos propios —un número generoso para la época— y prohibía de forma explícita que dos jinetes compartieran el mismo animal. No había pobreza literal en el uso del caballo: los templarios eran jinetes individuales bien equipados. Su eficacia militar dependía de ello.


El sello, por tanto, no describe una práctica sino un ideal proyectado. La imagen de dos guerreros en un solo caballo era la representación simbólica de la pobreza que la Orden quería transmitir al mundo exterior, independientemente de su situación económica real —que desde el siglo XII fue de notable prosperidad gracias a donaciones, propiedades y la red bancaria que los templarios desarrollaron a lo largo de Europa—.


Esta paradoja es el punto de partida del análisis académico moderno del sello. El historiador Andrew Latham, profesor del Macalester College, señaló en su artículo publicado en The Conversation (2024) que el significado del sello «siempre ha sido abierto a la interpretación» y que la lectura como emblema de pobreza —aunque la más popular— es solo una de las interpretaciones documentadas.


Las cuatro interpretaciones del sello


1. El voto de pobreza


Es la lectura más difundida desde la Edad Media hasta hoy. Dos caballeros en un solo caballo porque la Orden, en sus orígenes, no tenía recursos suficientes para dar a cada uno el suyo. La imagen comunica humildad, renuncia y dependencia mutua. En una sociedad en la que el caballo individual era el indicador más visible del estatus de un caballero —no tenerlo era una deshonra; compartirlo, una humillación—, la imagen tenía un impacto simbólico inmediato.


El problema con esta interpretación es cronológico: cuando el sello está documentado por primera vez (1158), la Orden llevaba ya casi cuarenta años funcionando y era una institución próspera. La «pobreza inicial» era una memoria fundacional, no una realidad contemporánea al sello.


2. La dualidad del monje-guerrero


Una lectura de mayor profundidad teológica: el caballo único que transporta a dos jinetes es la imagen del templario mismo, que lleva en un solo cuerpo dos naturalezas aparentemente contrarias. El monje y el guerrero, la contemplación y la acción, la cruz y la espada. Un solo ser —un solo caballo— que unifica lo que el resto del mundo medieval consideraba incompatible.


Esta lectura conecta directamente con la descripción que Bernardo de Claraval hizo de la Orden en su De laude novae militiae: la «nueva milicia» como síntesis de dos instituciones separadas de la sociedad medieval. El sello sería entonces la representación visual exacta del argumento teológico de Bernardo.


3. La caridad: recoger al herido


Una tercera interpretación, documentada en fuentes medievales irlandesas, la recoge el artículo de Herbert Wood en los Proceedings of the Royal Irish Academy (vol. XXVI, 1907): Stow y otros autores medievales interpretaban el sello «como simbólico de la caridad de los Templarios al recoger a un caballero herido en su caballo». Un caballero en tierra, sin montura, estaba en peligro mortal en el campo de batalla. Recogerlo —subirlo al caballo propio— era un acto de caridad fraterna —caridad hacia el hermano de Orden, el prójimo más inmediato— en sentido estricto.


Sir George Buc, Maestro de Ceremonias del rey Jacobo I de Inglaterra, adoptó esta lectura con énfasis particular: rechazó la interpretación de pobreza y vio en el sello «un emblema de amor y caridad y un verdadero jeroglífico de bondad religiosa y noble cortesía de soldados».


4. La interpretación difamatoria


La cuarta lectura no proviene de los defensores de la Orden sino de sus destructores. Durante la campaña de acusaciones que el rey Felipe IV de Francia —conocido en la historia como «Felipe el Hermoso»— lanzó contra los templarios a partir de 1307, se sugirió que los dos jinetes en un solo caballo simbolizaban la homosexualidad que supuestamente reinaba dentro de la Orden. Las acusaciones —formuladas bajo tortura y desmentidas por las propias confesiones cuando el Papa las evaluó independientemente— fueron el instrumento jurídico con el que Felipe IV justificó la supresión de una organización cuyas riquezas codiciaba.


Ningún documento genuinamente templario ni ninguna fuente independiente de la época respaldó esta interpretación. Fue un argumento de propaganda política, no un análisis del significado del sello.


La fundación y los posibles retratados


La identidad de los dos jinetes representados en el sello no está documentada. La interpretación más frecuente entre los historiadores es que representan a los dos cofundadores de la Orden:


Hugues de Payens (circa 1070-1136), caballero de Champaña, primer Gran Maestre de la Orden, fue quien propuso la idea al rey Balduino II y quien reclutó a los primeros ocho compañeros. En 1127 regresó a Francia para dar a conocer la Orden, reclutar nuevos miembros y obtener la aprobación eclesiástica que se formalizó en el Concilio de Troyes (1129).


Godofredo de Saint-Omer, caballero flamenco, fue el segundo hombre de la Orden desde su fundación. Según la tradición —no documentada en fuentes contemporáneas— ambos llegaron a Jerusalén en 1119 con un solo caballo entre los dos, imagen que se habría convertido en el emblema de la Orden.


La advertencia académica es necesaria: esta historia de origen es una tradición posterior a los hechos. No hay fuente contemporánea a 1119 que la documente. Como señala el historiador Malcolm Barber en The New Knighthood: A History of the Order of the Temple (Cambridge University Press, 1994), la narración fundacional de los templarios fue elaborada y embellecida retrospectivamente a medida que la Orden ganaba influencia.


El fin de la Orden y del sello


El sello de los dos caballeros permaneció en uso desde al menos 1167 hasta la disolución de la Orden en 1312. El proceso de destrucción de los templarios comenzó el 13 de octubre de 1307, cuando Felipe IV de Francia («Felipe el Hermoso») ordenó el arresto simultáneo de todos los templarios en su territorio. Los cargos —apostasía, herejía, idolatría, inmoralidad— fueron arrancados bajo tortura.


El papa Clemente V, bajo presión política del rey francés, convocó el Concilio de Vienne (1311-1312) —asamblea de obispos y cardenales reunida en la ciudad de Vienne, Francia, para tratar los asuntos más urgentes de la Iglesia— y disolvió la Orden en 1312. No porque se probara su culpa —el propio Concilio no encontró pruebas suficientes— sino porque consideró que la Orden estaba demasiado desacreditada para continuar operando. Muchos templarios fueron absueltos; solo los que habían «recaído» tras confesar bajo tortura fueron entregados a la hoguera.


Con la disolución, el sello de los dos caballeros en un solo caballo desapareció de la historia viva. Sobrevivió, en cambio, en la historia del arte, la numismática, la literatura y, posteriormente, en la mitología de las logias masónicas que adoptaron el nombre y parte de la iconografía templaria —sin continuidad institucional documentada, como se ha analizado en el artículo sobre las columnas masónicas Jakin y Boaz—.


Otros símbolos de la Orden: la Beauseant y la cruz patada


El sello de los dos caballeros no era el único símbolo visual de los templarios. La Orden desarrolló un repertorio iconográfico coherente que conviene conocer para entender su identidad completa.


El estandarte de batalla de los templarios —la llamada Beauseant, del francés antiguo «beau seyant», «que se muestra bien»— era una bandera dividida en dos mitades: la superior negra y la inferior blanca. El negro simbolizaba la muerte que los templarios traían a sus enemigos; el blanco, la gracia y la paz que ofrecían a quienes combatían por la causa cristiana. La Beauseant era enarbolada en el campo de batalla y los templarios tenían prohibido retirarse mientras el estandarte siguiera en pie. Si caía, debían reagruparse bajo la enseña de los Hospitalarios o de los caballeros cristianos más próximos, pero nunca abandonar el campo.


La cruz patada roja —la cruz con los brazos ensanchados hacia los extremos, sobre fondo blanco— es hoy el símbolo más reconocible de los templarios. Fue concedida formalmente a la Orden por el papa Eugenio III en 1147, durante la Segunda Cruzada, como privilegio especial: la cruz roja sobre manto blanco distinguía a los caballeros del Templo de otros combatientes y los identificaba visualmente como soldados de Cristo. Su color rojo simbolizaba el martirio —la disposición a morir por la fe—, coherente con el voto que cada templario prestaba al ingresar en la Orden. La cruz se bordaba en el hombro izquierdo del manto blanco, sobre el corazón.


Los tres símbolos —el sello de los dos caballeros, la Beauseant y la cruz patada— expresaban dimensiones distintas de la misma identidad: el sello comunicaba los valores (pobreza, unidad); el estandarte, la actitud en combate (muerte o victoria sin rendición); la cruz, la consagración religiosa (martirio como servicio).


Preguntas frecuentes


¿Qué significa el símbolo de dos caballeros en un caballo?


Tiene cuatro interpretaciones documentadas: el voto de pobreza de la Orden, la dualidad del monje-guerrero unificada en un solo ser, la caridad de recoger a un caballero herido, y —usada para difamar a la Orden— una interpretación inmoral sin base documental. La paradoja es que la Regla templaria prohibía exactamente lo que el sello mostraba: dos jinetes en el mismo animal.


¿Qué significa «Sigillum Militum Xpisti»?


«Sello de los Soldados de Cristo». La inscripción original usaba la forma latina «Christi»; a mediados del siglo XIII fue cambiada a la forma griega «Xpisti» (Chi-Ro), invocando el monograma de Cristo que Constantino usó en la batalla del Puente Milvio (312 d.C.) y la promesa «In Hoc Signo Vinces».


¿Cuándo fue fundada la Orden Templaria?


En 1119 en Jerusalén por Hugues de Payens y ocho compañeros. Recibió aprobación pontificia en el Concilio de Troyes (1129). Fue disuelta por el papa Clemente V en el Concilio de Vienne (1312) bajo presión del rey Felipe IV de Francia, que deseaba sus riquezas.


¿La Regla templaria prohibía compartir el caballo?


Sí. La Regla Latina permitía tres caballos por caballero y prohibía dos jinetes en el mismo animal. El sello no representaba una práctica real sino un ideal simbólico de pobreza proyectado hacia el exterior, independientemente de la prosperidad económica real de la Orden.


Fuentes y referencias


  • Latham, Andrew. «2 knights, 1 horse—how a legendary Knights Templar symbol has puzzled and fascinated since the Middle Ages». The Conversation, 30 de mayo de 2024. Disponible en theconversation.com
  • Bernardo de Claraval. Liber ad Milites Templi: De laude novae militiae (circa 1129). Disponible en New Advent: newadvent.org/fathers/2041.htm
  • Barber, Malcolm. The New Knighthood: A History of the Order of the Temple. Cambridge: Cambridge University Press, 1994.
  • Upton-Ward, Judith (trad.). The Rule of the Templars: The French Text of the Rule of the Order of the Knights Templar. Woodbridge: Boydell Press, 1992.
  • Wood, Herbert. «The Templars in Ireland». Proceedings of the Royal Irish Academy, vol. XXVI, 1907.
  • Wikipedia. «Seal of the grand master of the Knights Templar». Disponible en en.wikipedia.org/wiki/Seal_of_the_grand_master_of_the_Knights_Templar
  • Hampshire and Isle of Wight KT. «Explanations for two knights on one horse seal». Disponible en hantsiowkt.org.uk