Eros o Cupido: dios griego del amor, mito y significado




Un niño alado con arco y flecha, siempre dispuesto a disparar. O una fuerza primordial que precedió a todos los dioses y dio forma al universo. Eros (Ἔρως) es el dios griego del amor, el deseo y la atracción —Cupido en la mitología romana—, y es también uno de los personajes más complejos de toda la tradición clásica: existen al menos dos Eros radicalmente distintos en las fuentes antiguas, y Platón añadió un tercero.


Esa multiplicidad no es un defecto de la mitología griega sino su mayor virtud: el amor es demasiado grande para tener una sola cara, y la civilización griega lo supo desde el principio. El Eros de Hesíodo —una fuerza cósmica que precedió a todos los dioses— y el Eros de Apuleyo —un adolescente que se enamora de una mortal— son la misma palabra aplicada a realidades distintas.


La etimología del nombre


El nombre griego Ἔρως (Érōs) proviene del verbo ἔραμαι (éramai) o de su infinitivo ἐρᾶσθαι (erāsthai), que significa «desear», «amar con pasión», «estar enamorado». La raíz es de origen incierto; los lingüistas no han podido conectarla definitivamente con ninguna otra lengua indoeuropea. Lo que sí es claro es que el término designaba en griego antiguo un tipo específico de amor —el erótico, el apasionado, el que domina la razón y el cuerpo— distinto de philia (el amor de amistad) y de agape (el amor altruista o divino).


El Eros primordial: Hesíodo y la Teogonía


La primera descripción literaria de Eros aparece en la Teogonía de Hesíodo (circa 700 a.C.), el poema que narra el origen de los dioses griegos. Hesíodo lo sitúa entre los primeros seres que surgieron del Caos primigenio, junto a Gaia (la Tierra) y el Tártaro (el abismo inferior):

«Verily at first Chaos came to be, but next wide-bosomed Earth, the ever-sure foundation of all the deathless ones who hold the peaks of snowy Olympus, and dim Tartaros in the depth of the wide-pathed Earth, and Eros, fairest among the deathless gods, who unnerves the limbs and overcomes the mind and wise counsels of all gods and all men within them.»

— Hesíodo. Teogonía, versos 116-122 (circa 700 a.C.). Traducción de Hugh G. Evelyn-White.


Traducción: «En verdad, primero vino a ser el Caos, pero luego la Tierra de amplio seno, fundamento firme para siempre de todos los inmortales que habitan las cimas del nevado Olimpo, y el tenebroso Tártaro en las profundidades de la tierra de anchos caminos, y el Amor, el más hermoso entre los dioses inmortales, el que afloja los miembros y somete la mente y el sabio consejo de todos los dioses y de todos los hombres.»


Este Eros no es el niño travieso de las representaciones posteriores. Es una fuerza cósmica impersonal: el principio de atracción que permite que los elementos del universo se unan, que los opuestos se combinen, que del Caos surja el orden. Hesíodo no le atribuye padres ni descendencia. Eros simplemente existe, anterior a todos los dioses, como la gravedad es anterior a todo cuerpo celeste.


Aristóteles retomó esta concepción en su Metafísica: Eros como la causa primera de la unión de los elementos. Y la tradición órfica —el movimiento religioso que interpretaba el cosmos como un huevo primordial— desarrolló un Eros que surgía de ese huevo cósmico, puesto por la Noche (Nyx) y fecundado por el Viento del Norte (Bóreas): el primer dios, el que puso en movimiento todo lo que existe.


El Eros olímpico: hijo de Afrodita


En paralelo con la versión cosmogónica, existió desde muy temprano otra lectura de Eros: la del dios del amor personal, hijo de Afrodita —la diosa del amor y la belleza— y compañero inseparable de su madre. Las fuentes varían en el nombre del padre: la versión más curiosa y más frecuente en la tradición tardía lo hace hijo de Ares (el dios de la guerra), lo que expresaba de forma mítica la idea de que el amor apasionado contiene en sí mismo la violencia y la irracionalidad de la guerra. Otras versiones le atribuyen como padre a Hermes, a Hefesto o incluso a Zeus.


Este Eros olímpico es el que cantaron los poetas líricos jonios y luego los trágicos, especialmente Eurípides, quien lo aclamó como «el más eminente de los dioses, el tirano de los humanos y los inmortales». Es joven —siempre joven, eternamente adolescente—, alado, armado con arco y flechas de oro (que despiertan el amor) y de plomo (que lo apagan) —una distinción que es específicamente de Ovidio, que la fijó en el libro I de las Metamorfosis—, y en ocasiones portador de una antorcha encendida. Sus objetivos son siempre la región del corazón y del hígado —los dos órganos que los griegos asociaban con las emociones—.


La doble naturaleza del Eros olímpico —nacido de la guerra y el amor, de Ares y Afrodita— fue analizada por Pausanias —uno de los comensales del banquete, un ciudadano ateniense, distinto del geógrafo Pausanias del siglo II d.C.— en el Banquete de Platón con una distinción que tuvo enorme influencia posterior: existe un Eros Uránico (celestial), hijo de Afrodita Urania —nacida sin madre, de la espuma del mar alrededor de Urano—, que ama el alma más que el cuerpo; y un Eros Pandémico (popular), hijo de Afrodita y Zeus, que ama el cuerpo.


Los Erotes: el cortejo del amor


La mitología tardía multiplicó la figura de Eros en un séquito de divinidades menores llamadas los Erotes (en latín, Amores o Cupides), cada una de las cuales personificaba un aspecto distinto del amor:


Eros —el principal, el dios del amor en su forma más general y más poderosa— presidía el conjunto.


Anteros («amor correspondido») era la contrafigura de Eros: el dios del amor recíproco, pero también el vengador de los amores no correspondidos. Junto a Eros tenían un carácter guerrero; sus imágenes se colocaban en los gimnasios públicos junto a Hermes, Heracles y Atenea, y representaban el principio de emulación generosa entre los ciudadanos.


Himeros («deseo inmediato») personificaba el ansia de la belleza presente, el deseo que se siente ante la persona amada en este momento. En la Teogonía, Hesíodo lo sitúa en el séquito de Afrodita desde el momento en que la diosa surgió del mar.


Pothos («anhelo», «nostalgia amorosa») era el deseo por lo ausente o lo inalcanzable: el amor que se siente por quien no está, por quien se ha perdido, o por la perfección que nunca se alcanzará del todo.


A estos cuatro se añadieron en la poesía helenística otros Erotes menores. El resultado fue que el arte de los siglos III y II a.C. pobló el mundo de amorcillos alados —ya no el dios único de Hesíodo sino una multitud de fuerzas amorosas— hasta que la figura se convirtió en el decorativo putto del arte romano y renacentista.


Eros y el orfismo


El orfismo —el movimiento religioso griego que atribuía sus textos sagrados al mítico cantor Orfeo— elaboró una cosmogonía en la que Eros tenía un papel fundacional. Según los himnos órficos y el relato que Aristófanes parodia en su comedia Las aves (414 a.C.), la Noche (Nyx) depositó un huevo en el seno del Tártaro. Del huevo surgió Eros —llamado en esta tradición Protogonos, «el primogénito»— con alas doradas, brillando en la oscuridad del Caos. Eros puso en movimiento el cosmos y engendró a los demás dioses.


Esta versión órfica fue la que influyó en Empédocles (circa 490-430 a.C.), el filósofo presocrático que concibió el universo como el resultado eterno de la lucha entre dos fuerzas: la Discordia (Neikos), que separa los cuatro elementos, y el Amor (Philotés), que los une. El Eros de Empédocles —llamado también Armonía— es la fuerza que mantiene el cosmos en su forma, y su debilitamiento produce el caos y la destrucción.


El Eros de Platón: el Banquete


El texto más influyente sobre Eros en toda la filosofía occidental es el Banquete (Simposio) de Platón (circa 385 a.C.), un diálogo en el que varios comensales pronuncian discursos sobre el amor. Cada discurso ofrece una visión distinta de Eros.


El mito de las esferas: Aristófanes


El discurso más memorable del Banquete lo pronuncia el comediógrafo Aristófanes, quien ofrece no un argumento filosófico sino un mito. En el principio, dice, los seres humanos eran esféricos: tenían cuatro brazos, cuatro piernas, dos rostros sobre una sola cabeza que miraban en direcciones opuestas, y dos pares de órganos genitales. Eran de tres géneros: los que tenían dos mitades masculinas (hijos del Sol), los que tenían dos mitades femeninas (hijas de la Tierra) y los andróginos (hijos de la Luna). Eran tan poderosos y arrogantes que intentaron escalar el Olimpo para atacar a los dioses.


Zeus deliberó con los demás dioses y encontró la solución: cortarlos en dos. Apolo suturó las heridas girando el rostro hacia el corte, dejando el ombligo como recordatorio de la separación. Desde entonces, cada mitad busca desesperadamente a su otra mitad. En el Banquete, Platón pone en boca de Aristófanes:


«Each of us when separated, having one side only, like a flat fish, is but the indenture of a man, and he is always looking for his other half. Men who are a section of that double nature which was once called Androgynous are lovers of women [...] and women who are a section of the woman do not care for men, but have female attachments [...] but they who are a section of the male follow the male.»

 

— Platón. El Banquete, discurso de Aristófanes (circa 385 a.C.).

Traducción: «Cada uno de nosotros, al ser separado, teniendo solo un lado, como un pez plano, no es más que la mitad de un hombre, y siempre está buscando su otra mitad. Los hombres que son una sección de esa doble naturaleza llamada Andrógina son amantes de las mujeres [...] y las mujeres que son una sección de la mujer no se interesan por los hombres, sino que tienen apegos femeninos [...] pero quienes son una sección del macho buscan al macho.»


El mito es de una belleza y una economía extraordinarias: explica en una sola imagen el deseo amoroso, la orientación sexual y la experiencia de reconocer en otro a «la persona perfecta para mí». Eros, para Aristófanes, no es el deseo de placer —es el deseo de completitud, el impulso de ser lo que una vez fuimos y que Zeus nos quitó.


La belleza de Eros: Agatón


El discurso de Agatón —el poeta trágico anfitrión del banquete, cuya victoria en un concurso es la razón de la celebración— es el más poético y el más retórico del diálogo. Agatón invierte la afirmación de Fedro (que Eros es el más antiguo de los dioses) y defiende que Eros es el más joven:


«Love is not only the most ancient, but also the noblest and most powerful of the gods; and lastly, he is the fairest [...] he is the youngest, and also most tender of foot; for he walks not upon the hard earth, but upon the heads and hearts of gods and men, and upon these he walks and dwells and makes his home.»

 

— Platón. El Banquete, discurso de Agatón (circa 385 a.C.). 

Traducción: «El Amor no es solo el más antiguo, sino también el más noble y poderoso de los dioses; y finalmente es el más hermoso [...] es el más joven, y también el de pie más delicado; porque no camina sobre la tierra dura, sino sobre las cabezas y los corazones de los dioses y los hombres, y sobre ellos camina, habita y hace su hogar.»


Agatón añade que Eros es justo (nunca actúa por la fuerza, solo por consentimiento libre), temperante (gobierna el deseo más fuerte que existe), valiente (incluso Ares temió a Eros) y sabio (convierte en poetas a quienes toca). El discurso de Agatón es el que Platón usa como contraste para la respuesta de Sócrates: todo lo que Agatón dijo sobre Eros siendo bello y bueno es exactamente lo que Sócrates demostrará que Eros no es, porque uno desea lo que le falta.


El daimon de Diotima: Sócrates


El discurso más importante es el de Sócrates, que narra lo que la sacerdotisa Diotima de Mantinea le enseñó. Según Diotima, Eros no es un dios sino un daimon —un ser intermedio entre lo mortal y lo divino—. Es hijo de Poros (Recurso, Abundancia) y Penia (Pobreza), concebido la noche del cumpleaños de Afrodita. De su madre heredó la carencia perpetua; de su padre, la habilidad de buscar y encontrar.


Por eso Eros no es bello: ama la belleza porque no la posee. No es sabio: busca la sabiduría porque le falta. Es un filósofo en el sentido etimológico: un amante del saber. La función de Eros en la filosofía platónica es la de conducir el alma desde el amor a un cuerpo hermoso hacia la Belleza absoluta: primero un cuerpo, luego todos los cuerpos, luego las almas, luego el conocimiento, luego la Belleza eterna e inmutable. El amor platónico —en su sentido original— no es un amor sin cuerpo sino un amor que usa el cuerpo como punto de partida hacia algo más grande.


Eros y Psique: el mito de Apuleyo


El relato más famoso sobre Eros como protagonista narrativo es el mito de Eros y Psique, conservado en el libro IV de la novela latina El asno de oro (Metamorphoseon libri XI) de Apuleyo (siglo II d.C.). 

«In a certaine Citie there lived a King and Queene, who had three daughters passing faire, but the beauty of the two elder was excellent... howbeit the beauty of the youngest was so marvelous, so singular, and so excellent, that men were weake and insufficient in utterance to expresse the same.»

— Apuleyo. The Golden Asse, libro IV (siglo II d.C.).


Traducción: «En cierta ciudad vivía un rey y una reina que tenían tres hijas de pasable hermosura... pero la belleza de la menor era tan maravillosa, tan singular y tan excelente, que los hombres eran débiles e insuficientes para expresarla con palabras.»


La historia es la siguiente. Afrodita, celosa de la belleza de Psique —una mortal cuya hermosura hacía que los hombres abandonaran sus altares para adorarla a ella—, envía a Eros con la orden de hacer que la muchacha se enamore de la criatura más vil de la tierra. Eros se pincha accidentalmente con su propia flecha y cae enamorado de Psique.


La lleva a un palacio mágico donde vive con ella como esposo invisible: solo viene de noche y le prohíbe ver su rostro. Las hermanas de Psique, celosas, la convencen de que su esposo invisible debe ser un monstruo. Una noche, Psique enciende una lámpara y ve a Eros dormido: el dios más hermoso del Olimpo. Emocionada, le cae una gota de aceite caliente en el hombro. Eros se despierta, la mira y huye.


Psique busca a Eros por el mundo y termina en manos de Afrodita, que le impone cuatro pruebas: ordenar una montaña de granos mezclados (unas hormigas la ayudan); recoger la lana de los carneros solares (unos cañaverales la aconsejan esperar la noche); llenar una jarra del agua del río Estigia en lo alto de una montaña inaccesible (un águila de Zeus lo hace por ella); y bajar al inframundo a buscar un tarro de belleza de Perséfone (lo obtiene sin mirar). Cada prueba excede las fuerzas humanas; cada vez, alguna criatura del mundo natural la ayuda.


Al regresar del inframundo, Psique abre el tarro —el deseo de ser hermosa para reconquistar a Eros la vence— y cae en un sueño mortal. Eros la despierta de nuevo, suplica a Zeus y el rey de los dioses concede a Psique la inmortalidad. Su hija es Voluptas (en griego, Hedone): el placer.


El mito de Eros y Psique es también una alegoría filosófica de la tradición platónica: el alma (Psyche en griego) que busca unirse con el amor divino, que fracasa por su curiosidad y su falta de fe, y que solo después de superar pruebas durísimas alcanza la inmortalidad. La lectura platónica de Apuleyo está documentada por los académicos: en la novela, Venus y Cupido reproducen la dualidad platónica del Eros Uránico y el Pandémico.


El culto de Eros: Tespias y el aerolito


Eros fue objeto de culto en varios lugares de Grecia, aunque su religión pública nunca alcanzó la extensión de la de Afrodita o Zeus. Su principal santuario estaba en Tespias, en Beocia, donde desde tiempos inmemoriales se veneraba a Eros en la forma de un aerolito —una piedra caída del cielo, probablemente un meteorito— sin imagen antropomorfa. Este culto primitivo, anterior a cualquier representación artística del dios, sugiere que en el origen el Eros de Tespias era una fuerza de la naturaleza adorada en su forma bruta.


El escultor Praxíteles (siglo IV a.C.) transformó esa piedra en arte: su Eros de Tespias en mármol pentélico fue considerado una de las obras más hermosas de la Antigüedad. El escultor Lisipo también le erigió estatuas. El culto de Tespias incluía una celebración quinquenal en el Monte Helicón con juegos y competiciones de todo tipo.


Eros tenía también cultos en Pario (Helesponto), Leuctra (Laconia) y aparecía en los misterios de Samotracia. En Atenas, Esparta y Creta se practicó la vertiente más cívica del culto: Eros como principio del afecto viril entre ciudadanos, del compañerismo en la guerra y la paz. Sus estatuas se colocaban en los gimnasios junto a Hermes, Heracles y Atenea. En Samos, los festivales en su honor se llamaban Eleutheries —Festividades de la Libertad—.


Eros en el arte: de la fuerza cósmica al amorcillo


La evolución iconográfica de Eros en el arte griego sigue un arco claramente documentable. En los monumentos del siglo V a.C. aparece como un adolescente bello con alas, sosteniendo una flor y una lira; a veces en compañía de Afrodita en un carro tirado por grifos. Sus atributos son la juventud y las alas.


A partir del siglo IV a.C., con Praxíteles como el gran innovador, Eros se representa preferentemente como un adolescente en la flor de la vida que tensa el arco o dispara sus flechas. El arte praxiteliano —«grácil y delicado», en palabras de los contemporáneos— encontró en la figura de Eros su expresión más perfecta. El Eros de Dresde, descrito por el escritor Calístrato, es un apuesto joven de mármol que encarna esta tradición.


En el período helenístico (siglos III-I a.C.), los artistas multiplicaron la figura hasta convertirla en el decorativo amorcillo —el putto alado— que poblaría el arte romano y que llegaría intacto al Renacimiento. Este proceso de infantilización y multiplicación refleja la distancia entre el Eros cósmico de Hesíodo y la figura ornamental que decoraba los jardines romanos.


Preguntas frecuentes


¿Quién es Eros?


El dios griego del amor, el deseo y la atracción. Existen dos versiones principales: el Eros primordial de Hesíodo, una de las primeras fuerzas del cosmos; y el Eros olímpico, hijo de Afrodita y compañero de su madre. Su equivalente romano es Cupido.


¿Qué dice Hesíodo sobre Eros?


En la Teogonía (Gutenberg ebook 348), Eros es el cuarto ser en existir, después del Caos, Gaia y el Tártaro. Lo describe como «el más hermoso entre los dioses inmortales, el que afloja los miembros y somete la mente y el consejo de dioses y hombres». No tiene padres ni descendencia: es una fuerza cósmica primordial.


¿Cómo describe Platón a Eros en el Banquete?


A través de la sacerdotisa Diotima, Platón lo describe como un daimon —ni dios ni mortal— hijo de Poros (Recurso) y Penia (Pobreza). Siempre carece de lo que desea, pero siempre tiene los recursos para buscarlo. Su función es elevar el alma desde la belleza corporal hacia la Belleza absoluta.


¿Cuál es el mito de Eros y Psique?


Apuleyo lo narra en El asno de oro (Gutenberg ebook 1666): Afrodita envía a Eros a castigar a la bella Psique; Eros se enamora de ella. Psique lo ve dormido con una lámpara; él huye. Psique supera cuatro pruebas imposibles y Zeus le concede la inmortalidad. Su hija es Voluptas (placer).


¿Quiénes son los Erotes?


Las cuatro personificaciones del amor en la mitología griega: Eros (el amor), Anteros (el amor recíproco), Himeros (el deseo inmediato) y Pothos (el anhelo por lo ausente). En el arte helenístico tardío se multiplicaron en un séquito sin número.


Fuentes y referencias



Mira también