Endimión y Selene: el mito del sueño eterno



Pocos mitos griegos concentran tanta ternura y tanta ambigüedad como el de Endimión y Selene: un joven de belleza perfecta, dormido para siempre en una cueva del monte Latmos, y una diosa que baja cada noche del cielo para contemplarlo sin poder despertarlo jamás. Es un mito sobre el amor que no puede consumarse y sobre el precio exacto de la inmortalidad. También es un mito que, contado y recontado durante dos mil quinientos años, acumuló versiones contradictorias entre sí —algunas de las cuales conviene distinguir de lo que realmente cuentan Pausanias y Apolodoro.


Endimión y Selene de un vistazo
Selene Diosa titánide de la luna, hija de Hiperión y Tea; su equivalente romana es Luna
Endimión Rey de Elide o pastor, según la fuente; hijo de Etlio y Cálice, o de Zeus
El don de Zeus Inmortalidad, juventud eterna y sueño perpetuo, a elección del propio Endimión
Escenario Una gruta del monte Latmos, en Caria, Asia Menor
Descendencia con Selene Cincuenta hijas, las Menai, que representan los cincuenta meses lunares de la Olimpiada

Origen del nombre de Selene

Selene (Σελήνη) deriva probablemente de selas, "brillo" o "resplandor", la misma raíz que asoma en epítetos como Faetusa o Egle aplicados a otras figuras luminosas del panteón griego. Su otro nombre, Mene, significaba directamente "mes" o "luna", y de él procede el término griego para el ciclo lunar. El nombre de Endimión, en cambio, tiene una etimología incierta y no hay consenso entre los filólogos sobre su origen; lo que sí está firmemente documentado, y por eso vale más que la etimología, es la disputa que las propias fuentes antiguas mantienen sobre su linaje: unas lo hacen hijo de Zeus y la ninfa Cálice, otras hijo de Etlio -a su vez hijo de Zeus- y la misma Cálice, y otras simplemente lo describen sin genealogía divina, como un pastor.

Selene, la diosa de la luna llena

Selene era hija de los titanes Hiperión y Tea, y hermana de Helios, el sol, y de Eos, el amanecer. A diferencia de Artemisa o Hécate, que también tuvieron asociación lunar, Selene era la personificación directa del astro: no una diosa vinculada a la luna, sino la luna misma hecha diosa. La tradición la describe recorriendo el cielo nocturno en un carro —tirado por caballos blancos según algunas fuentes, por bueyes o corceles alados según otras—, coronada con un disco o una media luna.


Su culto la asociaba con los ciclos femeninos y el parto: se creía que los alumbramientos eran más fáciles durante la luna llena, y las mujeres invocaban su ayuda en el trabajo de parto, un rasgo que la acercó con el tiempo a Ilitía, la diosa específica de los partos, y a Artemisa. También se la vinculaba con la fertilidad de los campos y, en menor medida, con dolencias que los antiguos asociaban a los ciclos lunares, como la epilepsia.

Endimión: rey, pastor o príncipe astrónomo

Según la versión más extendida, recogida por Pausanias, Endimión llegó a Elide al frente de una colonia de eolios procedentes de Tesalia y allí fundó su reino, sucediendo a su padre Etlio. Zeus, admirado por su belleza extraordinaria, le concedió elegir libremente lo que quisiera, y Endimión pidió tres cosas a la vez: inmortalidad, juventud eterna y la facultad de dormir cuanto se le antojase. De ese deseo nació el adagio latino Endymionis somnium dormire, "dormir el sueño de Endimión", usado desde la Antigüedad para nombrar un sueño larguísimo.


Otros autores lo describen de forma mucho más modesta, como un simple pastor que pasaba las noches en las cimas observando las estrellas, lo que dio pie a interpretar el mito completo como una fábula sobre la astronomía antigua: un hombre que se enamora del cielo nocturno hasta fundirse con él. Ambas versiones —el rey fundador y el pastor astrónomo— conviven en las fuentes sin que ninguna se imponga de manera definitiva.


Sobre esa lectura astronómica se apoya, ya en el siglo XX, una interpretación comparatista que no proviene de fuente griega alguna: algunos estudiosos del folclore leen el mito como una alegoría solar-lunar, donde Endimión personificaría al sol que cada tarde se hunde tras el horizonte y queda, en cierto sentido, "dormido" hasta el amanecer, mientras la luna -Selene- lo cubre durante la noche. Conviene tratar esta lectura por lo que es: una interpretación moderna de historiadores de la religión comparada, no una creencia que los propios griegos hayan dejado registrada.

El sueño eterno en el monte Latmos

La versión más célebre del mito sitúa el encuentro en una gruta del monte Latmos, en Caria, sobre la costa de Asia Menor. Cautivada por la hermosura de Endimión, Selene bajaba cada noche a visitarlo. Incapaz de soportar la idea de perderlo con la muerte, fue ella misma quien lo sumió en un sueño profundo y eterno, para poder contemplarlo siempre igual, inmutable, sin que el tiempo lo tocara. El poeta Quinto de Esmirna describió siglos después esa cueva "de las ninfas de hermosos cabellos", donde Selene se deslizaba desde el cielo arrastrada por el amor.

La otra versión: los celos de Zeus por Hera

Existe una tradición distinta, más antigua y menos conocida, conservada en un fragmento atribuido a Hesíodo dentro de las llamadas Grandes Eeas. En ella, Zeus lleva a Endimión al cielo por su justicia y su virtud, pero allí el joven se enamora de Hera, la esposa del propio Zeus. Como castigo, Zeus lo condena a un sueño eterno —en algunas variantes, directamente en el Hades—. Esta versión no involucra a Selene en absoluto: el sueño no nace del amor de la diosa, sino del castigo de un dios celoso. Con el tiempo, la versión de Selene terminó imponiéndose en la tradición popular, pero ambas convivieron en la Antigüedad como relatos alternativos del mismo destino.

Las cincuenta hijas: las Menai y los meses lunares

Pausanias registra que Selene tuvo con Endimión cincuenta hijas, conocidas como las Menai. En su propio relato, el geógrafo lo cuenta así: "Selene, dicen, se enamoró de este Endimión y le dio cincuenta hijas" —en la traducción clásica de W. H. S. Jones sobre el griego original, Descripción de Grecia, V.1.4—. No es un número arbitrario: representa los cincuenta meses lunares que integraban el ciclo de cuatro años entre una Olimpiada y la siguiente, en un calendario griego que medía el tiempo por lunaciones y no por meses civiles. El propio santuario de Elide, cuna de los Juegos Olímpicos, quedaba así genealógicamente ligado a la diosa de la luna a través de su unión con el rey fundador de la región.

Otros matrimonios y el fin del reinado en Elide

Al margen de Selene, la tradición atribuye a Endimión otros matrimonios mortales: con Cromia, hija de Itono, o con Hiperipa, hija de Arcas —las fuentes varían también aquí y mencionan además a Asterodía, Neis o Ifianasa—. De esas uniones nacieron Peón, Epeo y Eurídice, y también Eólo, a quien Apolodoro identifica como hijo de una náyade o de Ifianasa, no de Selene: es el mismo Eólo —llamado a veces Etolo— que otras versiones confunden entre las cincuenta hijas lunares, cuando en realidad pertenece a una genealogía distinta.


Endimión, ya anciano, prometió el trono de Elide al hijo que resultara vencedor en una carrera disputada en Olimpia. Epeo ganó la prueba a sus hermanos y heredó el reino, en lo que la tradición local leía como el mito de origen de las competencias atléticas que siglos después se convertirían en los Juegos Olímpicos.

Heraclea y Olimpia: dos tumbas para un mismo héroe

Pausanias registra también una disputa territorial entre dos ciudades por el final de Endimión. Los habitantes de Heraclea, cerca de Mileto, sostenían que Endimión se había retirado al monte Latmos, donde le rendían culto en un santuario propio. Los eleos, en cambio, mostraban su tumba en Olimpia, bajo el propio estadio de los Juegos. Ambas tradiciones locales reclamaban para sí los restos del héroe fundador, y ninguna de las dos fue nunca reconocida como la versión "correcta" por el resto del mundo griego.

No confundir con

Selene y Hécate

Selene, Artemisa y Hécate formaron en época tardía una tríada lunar frecuente en el arte y la literatura romana, y esa fusión llevó a atribuirle a Selene rasgos que en el mito clásico pertenecen específicamente a Hécate: la magia de las encrucijadas, la nigromancia y el poder de cambiar de forma. Esos atributos son de Hécate, diosa de la brujería y de los umbrales entre mundos; Selene, en cambio, es antes que nada la luna misma, vinculada al parto, a los ciclos femeninos y a la fertilidad agrícola, no a la hechicería.

Selene y Diana

Es habitual encontrar a Selene llamada "Diana" en textos y traducciones antiguas, pero es una imprecisión: Diana es el nombre romano de Artemisa, no de Selene. El equivalente romano de Selene es Luna. La confusión viene de que Artemisa, con el tiempo, también absorbió funciones lunares y terminó fusionándose con Selene en el imaginario popular -pero como figuras romanas, Diana y Luna nombran divinidades distintas.

Errores frecuentes

"Endimión tuvo con Selene cincuenta hijas y un hijo llamado Etolo"

Es una fusión de dos genealogías separadas del mito. Según Apolodoro (Biblioteca I.7.5-6), Eólo o Etolo es hijo de Endimión y una náyade —o, según otra rama de la tradición, de Ifianasa—, no de Selene. La diosa de la luna solo tuvo con Endimión a las cincuenta hijas, las Menai. El error es antiguo y se repite en muchas versiones populares del mito, pero no está en las fuentes clásicas que lo registran con más detalle.

"Fue Zeus quien puso a dormir a Endimión por celos de Selene"

Conviene no mezclar las dos tradiciones antiguas. En la versión de Selene, es ella misma quien lo sume en el sueño, por amor y para poder contemplarlo siempre. En la versión más antigua conservada en las Grandes Eeas, es Zeus quien lo condena al sueño eterno, pero por los celos que le provoca el amor de Endimión hacia Hera -su propia esposa-, no hacia Selene. Son dos relatos distintos que la tradición popular suele fundir en uno solo.

Preguntas frecuentes

¿Quién era Endimión?

Según la tradición más difundida, Endimión fue rey de Elide, hijo de Etlio y la ninfa Cálice, aunque otras fuentes lo hacen hijo de Zeus, y otras más lo describen simplemente como un pastor de gran belleza. Zeus le concedió un deseo y Endimión pidió inmortalidad, juventud eterna y la posibilidad de dormir cuanto quisiera, de donde nació el adagio latino Endymionis somnium dormire para referirse a un sueño larguísimo.

¿Quién puso a Endimión a dormir para siempre?

Las fuentes antiguas no coinciden. En la versión más conocida, es la propia Selene quien lo sume en el sueño eterno para poder contemplarlo cada noche sin que envejezca ni muera. En una tradición distinta, más antigua, es Zeus quien lo condena al sueño eterno tras descubrir que Endimión se había enamorado de Hera.

Fuentes

  • Pausanias, Descripción de Grecia, libro V (Elide), 1.4-5, sobre las cincuenta hijas de Selene y la disputa entre Heraclea y Elide por la tumba de Endimión. Cita directa según la traducción al inglés de W. H. S. Jones (Loeb Classical Library, 1918-1935).
  • Apolodoro, Biblioteca, I.7.5-6, traducción al inglés de James George Frazer, 1921, sobre la genealogía de Endimión y el nacimiento de Eólo. Perseus Digital Library
  • Fragmento atribuido a Hesíodo, Grandes Eeas, sobre la versión de Endimión y los celos de Zeus por Hera.
  • Quinto de Esmirna, Posthomerica, libro X, sobre la gruta del Latmos.

Ver también