Cuerno de la abundancia o Cornucopia




Un cuerno —normalmente el de una cabra— curvado sobre sí mismo y rebosante de frutas, flores, granos y todo tipo de bienes de la tierra. La cornucopia —del latín cornu («cuerno») y copia («abundancia», «muchos recursos», «posesiones»)— es uno de los símbolos de prosperidad más antiguos y más persistentes de la cultura occidental. Representa la riqueza que se da sola, la abundancia que no tiene fondo, el don gratuito de la naturaleza.


El símbolo se originó en la mitología griega y romana y se mantuvo activo durante más de dos mil años: pasó por los relieves de los templos clásicos, las monedas del Imperio Romano, las pinturas del Renacimiento, la masonería simbólica y los escaparates de los supermercados norteamericanos en Acción de Gracias. A lo largo de ese recorrido conservó su significado esencial: el cuerno que nunca se vacía.


El nombre: cornu y copia


La palabra latina cornucopia combina dos términos. Cornu significa «cuerno» —el apéndice óseo de los bovinos, caprinos y cérvidos— y aparece en palabras castellanas como «cornada» o «unicornio». Copia significa «abundancia», «muchos recursos» o «posesiones» —y aparece en palabras castellanas como «copioso» o «copia». La combinación designa literalmente un «cuerno de abundancia»: el recipiente natural que la mitología convirtió en fuente inagotable de bienes.






El primer origen: Amaltea y el niño Zeus


El mito de origen más antiguo y más extendido en la tradición griega es el de Amaltea. Amaltea es descrita en las fuentes antiguas como una cabra o una ninfa que albergó y amamantó al joven Zeus en una cueva del monte Dicte en Creta, protegiéndolo de su padre Cronos.


La historia es la siguiente: Cronos —el titán padre de los dioses— sabía por una profecía que uno de sus hijos lo destronaría. Para evitarlo, devoraba a sus hijos en el momento de nacer. Rea, su esposa, logró salvar al último hijo —Zeus— envolviéndolo en pañales y entregando a Cronos una piedra envuelta en trapos. El niño fue llevado a Creta y confiado a Amaltea.


Según el mito, mientras Zeus crecía y jugaba vigorosamente con Amaltea, rompió accidentalmente uno de sus cuernos, que luego bendijo con propiedades mágicas, transformándolo en una fuente inagotable de alimento que producía frutas, flores y granos cada vez que se vaciaba.


Zeus, convertido en rey de los dioses, compensó a Amaltea de dos maneras. Con su piel fabricó el aegis —la égida, su escudo divino de poder sobrenatural, que más tarde prestaría a Atenea—. Con el cuerno roto creó la primera cornucopia: lo dotó del poder de llenarse por sí solo de todo lo que deseara quien lo poseyera. El cuerno de Amaltea es el nombre más antiguo con el que se conoce el símbolo en la literatura griega. Algunas fuentes tardías asocian a Amaltea con la constelación de la Cabra —Capella, la estrella más brillante de Auriga— aunque las identificaciones estelares varían según el autor.


El segundo origen: Hércules y el dios río Acéloo


La segunda historia de origen es la que el poeta romano Ovidio (43 a.C.-17 d.C.) narra en el libro IX de sus Metamorfosis, terminadas circa el año 8 d.C., disponibles en Project Gutenberg (ebook 21765). El pasaje es narrado en primera persona por el propio Acéloo, el dios río que ha perdido su cuerno, mientras cuenta su derrota al héroe Teseo:


«Forte erat Achelous amans, et amantibus aequum / iudicium forma non habuit.

Porrigo, dum loquor, hanc Calydone petatam / Deianiran; erat tum forma rarissima nymphae.»

— Ovidio. Metamorfosis, libro IX, versos 1-2 y 8-9. Circa 8 d.C.


Según el relato, Hércules luchó contra el dios río Acéloo por la mano de Deyanira, hija del rey Eneo de Calidón.


Acéloo, el más antiguo de los ríos de Grecia, pretendía también la mano de Deyanira y se enfrentó a Hércules en combate. Para esquivar la enorme fuerza del héroe, Acéloo utilizó el poder de transformarse en serpiente —de la que Hércules se rió, acostumbrado como estaba a estrangular serpientes desde la cuna— y luego en un inmenso toro. Fue en esa forma cuando Hércules lo aferró por los cuernos y, en la lucha, le arrancó uno de ellos. Heracles lo dio a las náyades —las ninfas de los ríos—, quienes lo convirtieron en un cuerno que producía un suministro interminable de alimentos.


Según otras versiones, Acéloo recuperó su propio cuerno a cambio de entregar la cornucopia —el cuerno de Amaltea que estaba en su poder—. En cualquier caso, las náyades llenaron el cuerno con los mejores frutos del otoño y lo consagraron como el símbolo sagrado de la abundancia.


Las diosas que la portan


En el arte clásico, la cornucopia es el atributo de varias divinidades, siempre asociadas a la prosperidad, la fortuna y los dones de la tierra:


Deméter (Ceres en Roma) —la diosa de la agricultura, las cosechas y el ciclo de las estaciones— porta la cornucopia como expresión de su dominio sobre los frutos de la tierra. Es la diosa que enseñó a los hombres a cultivar el trigo y cuyo duelo por el rapto de Perséfone convierte los campos en yermo.


Tique (Fortuna en Roma) —la diosa del azar, la suerte y los eventos inesperados— lleva la cornucopia porque distribuye sus dones sin razón aparente, tanto a buenos como a malos. A diferencia de Deméter, cuya generosidad tiene una lógica agrícola y estacional, Tique/Fortuna da y quita de forma imprevisible. Su estatua del siglo II d.C., conservada en los museos vaticanos, la muestra portando una cornucopia llena de frutos sobre una rueda —el símbolo de la fortuna que gira y no se detiene—.


Eirene (Pax en Roma) —la personificación de la paz— porta la cornucopia porque la paz es la condición que permite la prosperidad. Sin paz no hay cosecha segura; la cornucopia de Eirene es la imagen de lo que la guerra destruye.


Flora —diosa romana de las flores y la primavera— y Príapo —dios de la fertilidad agraria, protector de huertos y jardines— también se representan con ella. Dioniso/Baco —dios de la vid, el vino y la fertilidad vegetal— la porta en algunos contextos como símbolo de la generosidad de la naturaleza.


Pluto y Plutón: dos dioses que la tradición confunde


Uno de los errores más frecuentes en la descripción de la cornucopia es la confusión entre dos divinidades cuya similitud de nombre ha generado siglos de equívoco.


Pluto (Ploutos en griego, «riqueza») es el dios de la riqueza que emerge de la tierra, hijo de Deméter y del héroe Yasión. Es la personificación de la abundancia agrícola, el dios que distribuye los bienes materiales a los mortales. Se lo representa con la cornucopia porque su riqueza es la riqueza de la tierra: el grano, los frutos, los minerales. Fue criado por Paz (Eirene) —de ahí que la paz y la prosperidad vayan juntas en la mitología griega—.


Plutón (Hades en griego) es el dios del inframundo y señor de los muertos: un dios severo que gobierna el reino subterráneo al que van todas las almas. La confusión surge porque la riqueza (Pluto) viene de bajo tierra, igual que el dominio de Plutón, y la lengua tardía usó el mismo nombre para ambos. Son dos personalidades mitológicas independientes.


La cornucopia en el arte y la moneda romana


Los romanos convirtieron la cornucopia en uno de sus emblemas más reproducidos. Aparece en los relieves de arcos de triunfo, en las pinturas al fresco de Pompeya, en las terracotas votivas y, de forma especialmente significativa, en las monedas del Imperio. Acuñar la cornucopia en la moneda era una declaración política: el emperador garantizaba la prosperidad del pueblo. La imagen de Abundantia —la personificación romana de la abundancia— con su cuerno rebosante era el equivalente visual antiguo de los eslóganes económicos modernos.


Las primeras representaciones de la cornucopia en el arte griego datan del siglo V a.C. Su forma más característica —el cuerno curvado de cabra, rebosante de frutos— quedó fijada en el período helenístico (siglos IV-I a.C.) y fue adoptada prácticamente sin cambios por los artistas romanos.


La cornucopia en otras tradiciones


Fuera de la mitología clásica, el símbolo del cuerno que da sin límite aparece en varias tradiciones culturales.


En el Antiguo Testamento, el profeta Joel es asociado en el arte medieval con la imagen de la cornucopia, por la promesa de abundancia de su libro (Joel 2:24: «las eras se llenarán de grano y los lagares rebosarán de vino nuevo y aceite»). En la iconografía medieval cristiana, el cuerno que da sin límite fue también una de las imágenes del Santo Grial: el cáliz que alimenta y nunca se vacía.


En la representación de las cuatro estaciones, la cornucopia corresponde al otoño —la temporada de la cosecha— y aparece junto a los frutos maduros, las calabazas y las espigas. En los estudios de ciencias económicas modernos, la cornucopia es un símbolo de la abundancia y el comercio que aparece en los escudos de armas de varios países y en las insignias de organismos económicos internacionales.


El cornicello: el cuerno rojo italiano


La tradición del cuerno como amuleto de buena suerte sobrevive hoy en el sur de Italia bajo la forma del cornicello —diminutivo de corno, «cuerno» en italiano—, un amuleto de color rojo, con forma de cuerno retorcido, que se lleva colgado al cuello o se coloca en el hogar para atraer la buena suerte y protegerse del malocchio —el mal de ojo—.


El cornicello se fabrica preferentemente en coral rojo —el material de mayor protección según la tradición— aunque también existe en oro, plata, cristal y plástico. La tradición establece que para que el amuleto sea eficaz debe ser regalado, no comprado por quien lo va a usar —la fuerza protectora debe venir de la generosidad de otro—. Si el cornicello es de coral y pierde su color rojo intenso, se interpreta como señal de que el amuleto ha «trabajado»: ha absorbido las energías negativas que iban dirigidas a su portador.


La conexión con la cornucopia clásica es directa: el cuerno que protege y da buenos augurios, el cuerno de Amaltea que nunca se vacía y reparte sus dones, sobrevive en este pequeño objeto de coral, oro o cristal que los italianos del sur llevan consigo desde hace siglos.


La cornucopia y el Día de Acción de Gracias


Para millones de hispanohablantes en Estados Unidos, la cornucopia no es un símbolo mitológico abstracto sino un objeto de plástico o paja que aparece en el centro de la mesa el cuarto jueves de noviembre. La adopción de la cornucopia como símbolo central del Día de Acción de Gracias norteamericano es uno de los recorridos simbólicos más fascinantes de la historia moderna.


Los colonos ingleses que llegaron a Plymouth en 1620 estaban familiarizados con la tradición europea de las fiestas de cosecha de otoño, en las que el cuerno rebosante de frutos era un emblema habitual. Al establecer su propio festival de agradecimiento por la primera cosecha en el Nuevo Mundo, trasladaron ese simbolismo a su contexto: la cornucopia se convirtió en la imagen visual de los bienes que la tierra americana proporcionaba a los nuevos colonos.


A lo largo del siglo XIX, cuando Acción de Gracias se estableció como fiesta nacional (1863, por proclamación del presidente Abraham Lincoln), la cornucopia quedó fijada como su emblema más reconocible. El cuerno de Amaltea, creado según la mitología en las cuevas de Creta hace tres mil años, llega así a las mesas norteamericanas cada noviembre como símbolo de gratitud por la abundancia —exactamente el mismo significado que tenía para los griegos del siglo V a.C.—.


El cornucopianismo: el cuerno que no tiene fondo


En la filosofía económica y ambiental del siglo XX, el nombre del símbolo dio origen a un concepto técnico. El cornucopianismo —o cornucopismo— es la corriente de pensamiento que sostiene que los recursos naturales de la Tierra son suficientes para satisfacer las necesidades de la humanidad y que el progreso tecnológico puede superar cualquier límite que la naturaleza imponga.


Un cornucopiano es, en este sentido, un optimista tecnológico que cree que la innovación humana puede garantizar una abundancia indefinida, igual que el cuerno mítico de Amaltea nunca se vaciaba. El término se usa principalmente en debates sobre el cambio climático, los límites del crecimiento económico y la escasez de recursos, por oposición a las teorías malthusianas —las que predicen que el crecimiento de la población superará inevitablemente la capacidad de la Tierra para alimentarla—.


Preguntas frecuentes


¿Qué es la cornucopia o cuerno de la abundancia?


Un cuerno —normalmente de cabra— curvado y rebosante de frutas, flores y granos. Símbolo de abundancia, prosperidad y fertilidad originado en la mitología griega y romana. Sus dos mitos de origen son el de Amaltea y el de Acéloo narrado por Ovidio en las Metamorfosis.


¿Quién es Amaltea?


La cabra (o ninfa) que amamantó al dios Zeus en el monte Dicte de Creta, ocultándolo de su padre Cronos. Zeus rompió accidentalmente uno de sus cuernos y lo dotó del poder de llenarse infinitamente con todo lo que el poseedor deseara. El cuerno de Amaltea es el nombre más antiguo de la cornucopia.


¿Dónde aparece la cornucopia en Ovidio?


En el libro IX de las Metamorfosis: el dios río Acéloo relata cómo Hércules le arrancó un cuerno al vencerlo en combate por la mano de Deyanira. Las náyades llenaron el cuerno de frutos del otoño y se convirtió en el símbolo sagrado de la abundancia.


¿Qué diferencia hay entre Pluto y Plutón?


Pluto (Ploutos) es el dios de la riqueza de la tierra, representado con la cornucopia. Plutón (Hades) es el dios del inframundo y señor de los muertos. Son dos divinidades distintas que la similitud de sus nombres ha llevado a confundir frecuentemente.


¿Por qué la cornucopia es el símbolo de Acción de Gracias?


Los colonos ingleses del siglo XVII conocían la tradición europea del cuerno rebosante como emblema de las fiestas de cosecha. Al crear su propio festival de agradecimiento por la primera cosecha americana, trasladaron ese simbolismo. Cuando Lincoln estableció Acción de Gracias como fiesta nacional en 1863, la cornucopia ya era su emblema visual. El cuerno de Amaltea llega así a las mesas norteamericanas con el mismo significado de gratitud que tenía para los griegos del siglo V a.C.


¿Qué es el cornicello?


Un amuleto italiano de cuerno rojo retorcido, heredero de la tradición del cuerno como símbolo de buena suerte y protector contra el mal de ojo. Debe ser regalado, no comprado, para tener eficacia protectora. El de coral rojo es el más valorado por la tradición.


Fuentes y referencias


  • Ovidio. Metamorfosis, libro IX. circa 8 d.C. Traducción inglesa disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/21765
  • Hesíodo. Teogonía. circa 700 a.C. Fuente griega más antigua que menciona a Amaltea. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/348
  • Symbol Sage. «Cornucopia—History and Symbolism». Disponible en symbolsage.com
  • Atlas Obscura. «From Zeus to Williams-Sonoma: The History of the Cornucopia». Disponible en atlasobscura.com
  • Mental Floss. «Horns Aplenty: The Ancient Greek Origins of the Cornucopia» (2024). Disponible en mentalfloss.com
  • Index of Medieval Art, Princeton. «Digging into the Horn of Plenty» (2019). Disponible en ima.princeton.edu
  • Wikipedia. «Cornucopia». Disponible en en.wikipedia.org/wiki/Cornucopia