Bajo el nombre de «peces dorados» conviven en realidad dos símbolos distintos que conviene no confundir: por un lado, los dos peces dorados del budismo, un par de peces estilizados que forman parte de los ocho símbolos auspiciosos y que representan cualidades espirituales; por otro, el pez dorado doméstico -el que en Occidente conocemos como goldfish-, un animal real domesticado en China hace más de mil años y convertido en emblema de riqueza y buena fortuna. Comparten el nombre, el color y la asociación con la prosperidad, pero tienen orígenes y significados diferentes. Este artículo recorre ambos.
| Los peces dorados, de un vistazo | |
| En el budismo | Dos peces del Ashtamangala; felicidad, libertad, liberación del samsara; los ojos de Buda |
| En China | Riqueza y abundancia, por el juego de palabras jinyu (oro / excedente) |
| En Japón | Kingyo; símbolo del verano, la fragilidad y lo efímero |
| Origen del animal | Domesticado en China desde la dinastía Song (año 960) a partir de un carasio silvestre |
| Nombre científico | Carassius auratus |
| Estado en la naturaleza | Especie invasora prioritaria si se libera fuera de la pecera (estudio de 2026, Journal of Animal Ecology) |
Los dos peces dorados en el budismo
En el budismo, los peces dorados aparecen como una pareja —por lo general, dos peces carpa enfrentados de forma simétrica— y forman parte del Ashtamangala, los ocho símbolos auspiciosos que, según la tradición, los dioses ofrecieron a Buda tras alcanzar la iluminación. Cada uno de esos ocho símbolos se asocia a una parte del cuerpo de Buda: a los dos peces les corresponden los ojos, en parte porque, según la interpretación tradicional, los peces mantienen los ojos siempre abiertos.
El significado de los dos peces se despliega en varios niveles. En el más inmediato, simbolizan la felicidad y la espontaneidad, ya que gozan de total libertad de movimiento en el agua; y la fertilidad y la abundancia, por su capacidad de multiplicarse con rapidez. En un plano más espiritual, representan la valentía de atravesar el océano del samsara -el ciclo interminable de nacimiento, vida, muerte y renacimiento- sin ahogarse en él, hasta alcanzar la liberación: los peces no temen al océano y nadan adonde quieren. Según recoge Robert Beer en su obra de referencia sobre iconografía budista, los dos peces se asocian también a los ojos compasivos de Buda y, por su forma, a los dos grandes ríos sagrados de la India, el Ganges y el Yamuna, entendidos como los canales lunar y solar por los que circula el aliento vital o prana.
El color dorado que se les atribuyó a medida que el budismo se difundió por el Tíbet y el resto de Asia no es casual: simboliza los méritos acumulados en el curso de la práctica espiritual y la victoria sobre los deseos mundanos.
El pez dorado en China: riqueza y abundancia
El otro «pez dorado» es un animal concreto: el goldfish doméstico, cuyo nombre científico es Carassius auratus. En China, su condición de símbolo de la prosperidad descansa, sobre todo, en un juego de palabras. Pez dorado se dice jinyu (金鱼): el primer carácter, jin (金), significa «oro»; el segundo, yu (鱼, «pez»), es homófono de otro yu (余) que significa «excedente» o «abundancia». De modo que jinyu evoca al mismo tiempo «pez de oro» y «abundancia de oro», y el pez dorado se convirtió en un símbolo estándar de riqueza. Por esa misma razón, en el arte popular chino un niño representado junto a un pez expresa el deseo de tener más hijos, y una imagen de peces dorados en el hogar se entiende como un augurio de prosperidad familiar.
El folclore chino conserva varias leyendas sobre el origen de estos peces, transmitidas oralmente y sin un texto único que las fije. Una de las más difundidas cuenta que surgieron de las lágrimas de una joven bellísima que, tras ser rechazada por su amado, lloró de tal modo que sus lágrimas se transformaron en perlas al tocar el suelo y, al caer al agua, en peces dorados. Otra versión, más ligada al mar, los hace nacer de las profundidades del océano: una violenta tormenta habría arrojado a estos peces a un lago sagrado, donde los pescadores los encontraron después y se los llevaron a casa como recuerdo de los momentos difíciles superados en el agua.
Detrás del símbolo hay, además, una historia real de domesticación, una de las más largas que se conocen para cualquier pez. El pez dorado desciende de un carasio silvestre -un pariente de la carpa- de color gris plateado y aspecto de lo más común. De cuando en cuando, algún ejemplar nacía con una mutación que le teñía las escamas de rojo, naranja o amarillo, y estas formas están documentadas en China desde el inicio de la dinastía Song, hacia el año 960. El paso decisivo hacia la domesticación lo dieron, curiosamente, los monjes budistas: en lugar de comerse esos peces de colores llamativos, los soltaban en los llamados «estanques de la misericordia», dentro de la práctica del fangsheng -la liberación de animales cautivos como acto de compasión y acumulación de méritos-. Protegidos allí del anzuelo y de los depredadores, aquellos peces se cruzaban entre sí y transmitían sus mutaciones, y con los siglos la cría se volvió deliberada. Durante la dinastía Tang, el color amarillo dorado quedó reservado por ley al emperador, de modo que criar peces de ese color se convirtió en un privilegio imperial -y en otro motivo más para asociar al pez dorado con el poder y la fortuna-.
El pez dorado en Japón: el verano y lo efímero
El pez dorado llegó a Japón desde China alrededor del año 1500, y allí -donde se lo llama kingyo (金魚, literalmente «pez de oro»)- desarrolló un simbolismo propio, algo distinto del chino. Si en China domina la idea de riqueza, en Japón el pez dorado se convirtió, sobre todo, en un símbolo del verano. Su imagen aparece una y otra vez en los grabados ukiyo-e, en los kimonos de verano y en la vajilla estacional; en la poesía funciona como kigo, una de las palabras que sitúan un poema en una estación concreta del año.
Esa asociación se consolidó durante el periodo Edo, cuando la cría de peces dorados se abarató y se popularizó entre la gente común -un manual de cría de 1748 marcó un antes y un después-, hasta convertirlos en una estampa cotidiana del verano urbano. De ahí nació también el kingyo-sukui, la «pesca de peces dorados» que sigue siendo una de las atracciones más queridas de los festivales de verano (matsuri): el jugador intenta atrapar un pez con una frágil red de papel que se disuelve poco a poco en el agua, y debe lograrlo antes de que el papel se rompa.
En ese juego está condensada, de hecho, la cara más melancólica del símbolo japonés. El pez dorado que se gana en el festival muchas veces no sobrevive mucho tiempo en casa, y esa fragilidad conecta al kingyo con el mono no aware, la sensibilidad japonesa hacia la belleza de lo efímero, hacia lo hermoso precisamente porque es pasajero. Cuando el borrador de este artículo decía que en Japón el pez dorado es «símbolo de delicadeza y fragilidad», apuntaba a esto: no a una debilidad, sino a una forma refinada de apreciar lo que dura poco. A la vez, en un registro más popular, el color rojo del pez se ha considerado tradicionalmente protector contra la mala suerte, de manera parecida a los portales torii rojos de los santuarios sintoístas.
Los peces dorados en el hogar y el número auspicioso
Tanto en China como en los países de su órbita cultural es habitual mantener acuarios o estanques con peces dorados, en la creencia de que contribuyen a la prosperidad y la armonía de la familia. Dentro de esa tradición, el número de peces no es indiferente: la combinación más citada es la de nueve peces, ocho de color dorado o rojo y uno negro. Se atribuye al pez negro la función de absorber la energía negativa del entorno, mientras que los ocho dorados atraen la buena fortuna —el ocho se asocia fonéticamente en chino a la idea de prosperar-. Es una creencia emparentada con la que rodea al pez koi en el feng shui, con el que el pez dorado comparte parentesco y simbolismo.
El pez dorado hoy
El mismo animal que durante mil años se crió con tanto cuidado dentro de estanques y peceras se ha convertido, fuera de ese contexto, en uno de los problemas ecológicos de agua dulce más estudiados del momento. Un estudio publicado en junio de 2026 en el Journal of Animal Ecology -a cargo de investigadores de la Universidad de Toledo y la Universidad de Missouri- demostró experimentalmente que el pez dorado liberado en lagos provoca lo que los autores llaman un «cambio de régimen»: enturbia el agua, hace desaparecer la vegetación acuática y simplifica por completo la cadena alimenticia, con efectos comparables en lagos de composición muy distinta entre sí.
El fenómeno no es solo de laboratorio. En 2025, el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos difundió fotografías de peces dorados domésticos que, liberados por sus dueños con buena intención, habían crecido hasta alcanzar el tamaño de un balón de fútbol americano en apenas un par de años en libertad -casos documentados en lagos de Pensilvania, entre otros-. Fuera de la pecera, sin los límites de espacio y alimento que frenan su crecimiento, el pez dorado puede volverse enorme, competir con las especies nativas por comida y hábitat, y hasta cruzarse con la carpa común para producir híbridos igual de resistentes. Las autoridades ambientales de varios países ya lo tratan como una especie invasora prioritaria, y la recomendación es siempre la misma: nunca liberar un pez dorado de pecera en un lago, un río o un estanque natural.
Preguntas frecuentes
¿Qué simbolizan los peces dorados en el budismo?
Los dos peces dorados son uno de los ocho símbolos auspiciosos del budismo (Ashtamangala). Representan la felicidad y la libertad, por su total libertad de movimiento en el agua, y también la fertilidad y la abundancia. En un sentido más profundo, simbolizan la liberación del samsara, el ciclo de nacimiento y muerte, y se asocian a los ojos compasivos de Buda.
¿Los peces dorados del budismo son lo mismo que el pez dorado de pecera?
No. Los dos peces dorados del budismo son un par de peces carpa estilizados, un símbolo espiritual que representa los ojos de Buda y la liberación del sufrimiento. El pez dorado doméstico (Carassius auratus), el goldfish de pecera, es un animal real domesticado en China a partir de un carasio silvestre. Comparten el nombre y la asociación con la fortuna, pero son cosas distintas.
¿Por qué el pez dorado simboliza la riqueza en China?
Por un juego de palabras. Pez dorado se dice jinyu (金鱼): jin (金) significa oro, y yu (鱼, pez) suena igual que yu (余), que significa excedente o abundancia. Así, jinyu evoca a la vez oro y abundancia de oro, lo que convirtió al pez dorado en un símbolo estándar de prosperidad.
¿Cómo se domesticó el pez dorado?
El pez dorado desciende de un carasio silvestre de color gris plateado. Las primeras formas rojizas o doradas, fruto de una mutación, se documentan desde el inicio de la dinastía Song (año 960). Al principio los monjes budistas soltaban esos peces raros en estanques de la misericordia, y con el tiempo su cría se volvió deliberada. En la dinastía Tang el color dorado quedó reservado al emperador.
¿Qué significa el pez dorado en Japón?
En Japón el pez dorado (kingyo) es sobre todo un símbolo del verano, muy presente en el arte y en los festivales, donde se juega al kingyo-sukui o pesca de peces dorados con una red de papel. Su color rojo se considera protector contra la mala suerte, y su fragilidad se asocia a la sensibilidad japonesa por la belleza de lo efímero.
¿Cuántos peces dorados se recomiendan en un acuario según la tradición china?
La combinación más citada es la de nueve peces: ocho dorados y uno negro. Se atribuye al negro la función de absorber la energía negativa, mientras que los ocho dorados atraerían la prosperidad, ya que el ocho se asocia fonéticamente en chino a la riqueza.
¿Por qué el pez dorado es considerado hoy una especie invasora?
Porque fuera de la pecera, sin límites de espacio ni alimento, el pez dorado doméstico puede crecer hasta un tamaño enorme, enturbiar el agua, destruir la vegetación acuática y competir con las especies nativas. Un estudio de 2026 publicado en el Journal of Animal Ecology demostró que su liberación en lagos provoca un cambio de régimen completo en el ecosistema. Por eso nunca se recomienda liberar un pez dorado de pecera en la naturaleza.
Mira también
- Los Ocho Símbolos Auspiciosos del Budismo (Ashtamangala)
- El pez Koi y su significado
- El pulpo: símbolo y significado
- El cisne: símbolo y significado
Fuentes y referencias
- Robert Beer, The Handbook of Tibetan Buddhist Symbols, Serindia Publications, 2003 -sobre el simbolismo de los dos peces dorados en el Ashtamangala, los ojos de Buda y los ríos Ganges y Yamuna-.
- Anna Marie Roos, Goldfish (Reaktion Books), entrevistada por National Geographic («The epic history of goldfish—pet and pest»), sobre la domesticación y los estanques de la misericordia.
- Balfour Bowen / The Diplomat, «Goldfish: From Tang Dynasty Ponds to 21st Century Aquariums», sobre la cronología de la cría en China.
- Biblioteca Nacional de la Dieta de Japón (NDL Image Bank, «The Introduction and Boom of Kingyo») y Web Japan, sobre la cultura japonesa del pez dorado, el kingyo-sukui y el rojo como color protector.
- Homófonos chinos (jinyu 金鱼 / yu 余) documentados en fuentes especializadas en simbolismo chino.
- Leyendas de origen del pez dorado: recogidas en tradiciones folclóricas chinas de transmisión oral, sin texto único fijado.
- William D. Hintz, Hannah Barrett y Rick A. Relyea, «Invasive goldfish trigger a regime shift in experimental lake ecosystems of varying trophic state», Journal of Animal Ecology, 2026 (Universidad de Toledo / Universidad de Missouri), sobre el impacto ecológico del pez dorado liberado en la naturaleza.
- U.S. Fish and Wildlife Service, campaña de 2025 sobre peces dorados domésticos liberados que alcanzaron gran tamaño en lagos de Pensilvania.


