Hera: mitos, símbolos y significado de la diosa griega




En la mitología griega, Hera fue la reina del Olimpo, protectora del matrimonio y de las mujeres casadas, hermana y esposa de Zeus, e hija mayor de los titanes Cronos y Rea. Nació en Samos—o, según algunos relatos, en Argos—y fue criada por las divinidades marinas Océano y Tetis, modelos de fidelidad conyugal. Era también hermana de Deméter, Hades, Poseidón y Hestia, y madre de Ares (dios de la guerra), Hebe (diosa de la juventud), Ilitía (que presidía el nacimiento de los mortales) y Hefesto (dios del fuego).

Hera de un vistazo
Dominio Matrimonio, mujeres casadas, reina del cielo
Padres Cronos y Rea
Esposo Zeus (también su hermano)
Hijos Ares, Hefesto, Hebe e Ilitía
Símbolos Pavo real, cuco, granada, cetro, diadema y velo
Santuarios Argos, Samos y Olimpia
Equivalente romano Juno

El carácter de Hera

Buena parte de la caracterización que circula hoy sobre Hera procede de una obra decimonónica muy influyente: The Myths and Legends of Ancient Greece and Rome (1880), de E. M. Berens. Así describe la autora el carácter de la diosa:

«Hera appears to be the sublime embodiment of strict matronly virtue, and is on that account the protectress of purity and married women. Faultless herself in her fidelity as a wife, she is essentially the type of the sanctity of the marriage tie, and holds in abhorrence any violation of its obligations. So strongly was she imbued with this hatred of any immorality, that, finding herself so often called upon to punish the failings of both gods and men in this respect, she became jealous, harsh, and vindictive.»

 

«Hera parece ser la encarnación sublime de la estricta virtud matronal, y por ello es la protectora de la pureza y de las mujeres casadas. Sin tacha en su fidelidad como esposa, representa esencialmente el símbolo de la santidad del vínculo matrimonial, y detesta cualquier violación de sus obligaciones. Tan imbuida estaba de este odio a cualquier inmoralidad que, al verse tan a menudo llamada a castigar las faltas de dioses y hombres en este aspecto, se volvió celosa, dura y vengativa.»

(E. M. Berens, The Myths and Legends of Ancient Greece and Rome, 1880)

 

Su posición exaltada como esposa de la deidad suprema, sumada a su gran belleza, la volvió también vanidosa: resentía con severidad cualquier menoscabo de sus derechos como reina del cielo o cualquier ofensa a su apariencia. El episodio del Juicio de París ilustra bien hasta qué punto estaba dispuesta a guardar rencor por una afrenta de este tipo.

El Juicio de París

En la boda de la ninfa marina Tetis con el mortal Peleo estaban presentes todos los dioses y diosas, salvo Eris, la diosa de la Discordia. Indignada por no haber sido invitada, Eris decidió sembrar la discordia en la asamblea: arrojó entre los invitados una manzana dorada con la inscripción «Para la más bella». Como cada diosa se consideraba merecedora, la disputa se redujo finalmente a tres candidatas—Hera, Atenea y Afrodita—, que acordaron someter la decisión al juicio de París.


París, hijo de Príamo, rey de Troya, ignoraba entonces su origen noble y apacentaba rebaños en el monte Ida, en Frigia. Hermes condujo ante él a las tres diosas, y cada una trató de comprar su favor: Hera le prometió extensos dominios; Atenea, fama y gloria militar; Afrodita, a la mujer más hermosa del mundo. París entregó la manzana a Afrodita, reconocida desde entonces como diosa de la belleza. Hera, que esperaba ser la elegida, nunca lo perdonó, y a su influencia se atribuyeron los sufrimientos de la casa de Príamo durante la guerra de Troya.

Hera y Zeus

Según una versión de su cortejo, Zeus se enamoró de Hera cuando ella era aún doncella. Para acercarse a ella, provocó una tormenta y se transformó en un cuco empapado y aterido de frío; compadecida, Hera recogió al ave y la acercó a su pecho para darle calor, y en ese instante el dios recuperó su forma verdadera y la conquistó. Se casaron en secreto, y solo más tarde se reconoció el matrimonio de forma oficial. Algunas fuentes clásicas—un fragmento de Calímaco y un pasaje de las Dionisíacas de Nono de Panópolis—cuentan que la pareja mantuvo su unión oculta en Samos durante trescientos años antes de hacerla pública; conviene precisar que esos trescientos años corresponden al cortejo y la unión secreta previa a la boda, no—como a veces se repite—a un periodo de fidelidad conyugal posterior a ella.


El matrimonio, en todo caso, estuvo lejos de ser apacible. Ofendida por las infidelidades de Zeus, Hera lo humillaba con frecuencia y perseguía sin tregua a sus amantes y a los hijos que él tenía fuera del matrimonio—como Heracles, a quien acosó desde su nacimiento enviándole serpientes para matarlo—. De estas disputas, una de las más conocidas comienza cuando Hera levanta una tormenta en el mar para desviar a Heracles de su rumbo: Zeus se enfureció tanto que la colgó de las nubes con una cadena de oro y le sujetó pesados yunques a los pies. Su hijo Hefesto intentó liberarla, y por ello Zeus lo arrojó del cielo; el dios cayó y se rompió una pierna.


Profundamente ofendida, Hera decidió separarse de Zeus para siempre y se retiró a Eubea. Afligido por esta deserción, Zeus consultó a Citerón, rey de Platea, célebre por su astucia, quien le aconsejó vestir una imagen de madera con atuendo de novia y anunciar que se trataba de Platea, su futura esposa. El ardid funcionó: Hera, indignada ante la idea de una rival, se abalanzó sobre la procesión y atacó a la supuesta novia, arrancándole el atuendo nupcial. Al descubrir el engaño, su alivio fue tal que se reconcilió con Zeus, entregó la imagen a las llamas y regresó al Olimpo entre risas.


En otro episodio célebre, Hera provocó la muerte de Sémele—madre de Dioniso—apareciéndosele bajo la forma de su vieja nodriza y persuadiéndola de pedirle a Zeus que se le mostrara en su forma divina, sabiendo que ningún mortal podía sobrevivir a esa visión. Zeus, atado por un juramento previo, accedió; Sémele murió, y Dioniso sobrevivió porque su padre lo llevó a término cosido en su propio muslo.

Etimología y culto de Hera

El origen del nombre «Hera» es incierto y todavía se discute; se lo ha relacionado con la idea de «señora» o «protectora», acorde con su papel de reina de los dioses. En los poemas homéricos aparece con el epíteto Boôpis—«de ojos de novilla»—, un rasgo que la crítica suele vincular a su antiguo carácter de diosa protectora, anterior incluso a su plena incorporación al panteón olímpico tal como lo conocemos.


El culto a Hera es, de hecho, muy antiguo. Sus dos grandes centros fueron Argos y Samos, y los santuarios que allí se le dedicaron—el Hereo (en griego, Heraion) de Argos y el de Samos—figuran entre los primeros templos griegos monumentales que se construyeron, ya en el siglo VIII a. C. El sacerdocio de la diosa en Argos gozaba de tal prestigio que los períodos de cada sacerdotisa llegaron a usarse como sistema de datación—una forma de cronología—en buena parte de Grecia. En Homero, la propia diosa declara cuáles son sus ciudades predilectas: Argos, Esparta y Micenas.

Hera y los juegos de Olimpia

Hera fue venerada en Olimpia desde época muy temprana; su templo allí, situado en el Altis—el bosquecillo sagrado—, era quinientos años más antiguo que el de Zeus levantado en el mismo recinto. En su honor se celebraban las Heras o Heraia, carreras disputadas por jóvenes doncellas cada cuatro años, igual que los Juegos Olímpicos; la más veloz recibía una corona de olivo y una porción de la carne sacrificada. Para cada celebración, dieciséis mujeres elegidas de las dieciséis ciudades de Élide tejían una túnica que se ofrecía a la diosa, en ceremonias acompañadas de cantos corales y danzas sagradas.

Los símbolos de Hera

Hera se representa habitualmente sentada en un trono, con una granada—símbolo de fertilidad—en una mano y un cetro rematado por un cuco en la otra; a veces lleva diadema, y en ocasiones un velo, como símbolo nupcial. Aparece como una matrona de belleza majestuosa, vestida con túnica y manto, de frente amplia y mirada serena.


Sus atributos son la diadema, el velo, el cetro y el pavo real. El halcón, el ganso y, sobre todo, el pavo real le estaban consagrados; según la tradición, bandadas de estas aves rodeaban su trono y tiraban de su carro, con Iris—el Arcoíris—sentada tras ella. La asociación del pavo real con la diosa tiene su propia leyenda: cuando su vigilante Argos, el de los cien ojos, fue muerto, Hera trasladó sus ojos a la cola del ave como recuerdo perpetuo. Sus flores favoritas eran el orégano de Creta, la amapola y el lirio.


Otro mito la vincula al origen de la Vía Láctea, que se explicaba como la leche derramada del pecho de la diosa.

Hera y Juno: la versión romana

Juno, la divinidad romana identificada con la griega Hera, difería de ella en puntos importantes: mientras que Hera aparece casi siempre como la reina altiva e inflexible del cielo, Juno era venerada sobre todo como modelo de matrona y ama de casa. Se la adoraba en Roma bajo diversos títulos, casi todos ligados a su función de protectora de las mujeres casadas; se creía que velaba por la vida de cada mujer desde su nacimiento hasta su muerte.


Sus templos principales estaban en Roma, uno en el Aventino y otro en la colina Capitolina. Tenía además un templo en el Arx, donde se la veneraba como Juno Moneta—«la que advierte»—; junto a ese santuario se hallaba la ceca o casa de la moneda pública, y de ese epíteto, Moneta, derivan las palabras «moneda» y «money» en las lenguas modernas. El 1 de marzo, todas las mujeres casadas de Roma celebraban en su honor un gran festival anual, las Matronalia, revestido de gran solemnidad.

Preguntas frecuentes

¿Quién es Hera en la mitología griega?

Hera es la reina del Olimpo, diosa del matrimonio y protectora de las mujeres casadas. Es hija mayor de los titanes Cronos y Rea, hermana y esposa principal de Zeus, y madre de Ares, Hefesto, Hebe e Ilitía.

¿Cuáles son los símbolos de Hera?

Sus atributos son la diadema, el velo, el cetro rematado por un cuco y el pavo real, ave que le está especialmente consagrada. También se la asocia con el halcón, el ganso, la granada y flores como la amapola, el lirio y el orégano de Creta.

¿Por qué Hera es celosa y vengativa en los mitos?

Según la tradición clásica, Hera encarnaba de forma tan estricta la virtud matronal y la fidelidad conyugal que se sentía constantemente llamada a castigar cualquier infidelidad, propia o ajena. Esa función moralizadora, sumada a las repetidas infidelidades de Zeus, explica su fama de diosa celosa y vengativa hacia las amantes y los hijos de su esposo.

¿Cuál es el equivalente romano de Hera?

Su equivalente romana es Juno, venerada como protectora de las mujeres casadas desde su nacimiento hasta su muerte. A diferencia de la Hera griega, casi siempre altiva y vengativa, Juno era vista sobre todo como modelo de matrona y ama de casa.

¿Qué significa el nombre de Hera?

El origen del nombre es incierto y aún se debate; se lo ha relacionado con la idea de «señora» o «protectora». En los poemas homéricos se la llama con el epíteto Boôpis, «de ojos de novilla», un rasgo ligado a su antiguo carácter de diosa protectora.

Mira también

Fuentes y referencias

  • Berens, E. M. The Myths and Legends of Ancient Greece and Rome. Nueva York: Maynard, Merrill & Co., 1880. [Fuente principal del cuerpo: caracterización de Hera, Juicio de París, castigo de Heracles y episodio de Hefesto, reconciliación con la falsa novia de Platea, y sección sobre Juno.]
  • Calímaco, Aitia (fragmento citado en los escolios a la Ilíada 1.609); Nono de Panópolis, Dionisíacas, 41.263. [Los «trescientos años» de unión secreta en Samos, previos al matrimonio público.]
  • Homero, Ilíada, IV. [Epíteto Boôpis y declaración de la diosa sobre sus ciudades predilectas: Argos, Esparta y Micenas.]
  • Pausanias, Descripción de Grecia. [Referencia tradicional para el episodio del cuco y para la antigüedad del santuario de Samos; no verificada línea por línea en esta revisión.]