El cuerpo de un león, la cabeza de un ser humano, y a veces alas de águila. La esfinge —del griego Σφίγξ, Sphinx— es una de las criaturas míticas más reconocibles de la historia humana y una de las más ricas en simbolismo. Aparece en el Antiguo Egipto como el guardián colosal de los complejos funerarios, en la mitología griega como el monstruo devorador que propone acertijos mortales, y en la tradición medieval como emblema de la astucia que triunfa sobre la fuerza bruta.
La esfinge no es un solo símbolo: es al menos tres simultáneamente, según la civilización que la contempla. En Egipto, es poder y sabiduría; en Grecia, es el enigma que mata; en el inconsciente colectivo que Jung exploró, es la madre terrible que devora a quien no puede responderla.
La esfinge egipcia: poder y sabiduría del faraón
En el Antiguo Egipto, la esfinge era una criatura híbrida positiva: la combinación del cuerpo del león —el animal más poderoso del desierto, símbolo de la realeza— con el rostro humano del faraón —símbolo de la inteligencia divina y la soberanía—. Esta combinación no expresaba horror sino legitimidad: el faraón tiene la fuerza del animal más poderoso y la razón del ser más sabio.
Las esfinges egipcias servían como guardianas de los templos y de las tumbas reales, colocadas a la entrada para proteger el acceso de los espíritus malignos y para garantizar el orden cósmico —la Maat, el principio de verdad, justicia y armonía que sostenía el universo egipcio—. Las famosas avenidas de esfinges que conducían a los templos de Luxor y Karnak son el ejemplo más conocido de esta función protectora en hilera: cientos de esfinges flanqueando el camino sagrado, cada una como un guardián del umbral.
El ejemplo más monumental es la Gran Esfinge de Giza (circa 2500 a.C.), tallada directamente en la roca caliza del desierto durante el reinado del faraón Kefrén de la cuarta dinastía. Con 73 metros de longitud y 20 metros de altura, es la escultura monolítica más grande del mundo antiguo. Su rostro lleva los rasgos de Kefrén y mira al este, hacia el sol naciente. Los egipcios la llamaban Hor-em-akhet («Horus en el horizonte»), identificando al faraón con el dios solar.
El Antiguo Egipto conocía además otras variantes de la esfinge. La hieracoesfinge —del griego hierax, halcón— tenía cabeza de halcón, representando al dios Horus. La crioesfinge —del griego krios, carnero— tenía cabeza de carnero, representando al dios Amón.
La esfinge griega: genealogía de un monstruo
La esfinge griega es un ser radicalmente distinto de la egipcia en su morfología y en su significado. La criatura que acechaba a los viajeros en las cercanías de Tebas tenía, según las fuentes antiguas, el cuerpo de perro o de león, la cabeza y los senos de mujer, las garras de un felino, las alas de un águila y, en algunas versiones, una cola de serpiente o de escorpión.
El genealogía de la esfinge griega varía entre las fuentes antiguas. Hesíodo (circa 700 a.C.) en su Teogonía —la fuente más antigua, disponible en Project Gutenberg, ebook 348— la llama Phix (en su dialecto beocio) y la presenta como hija de Ortro —el perro de dos cabezas que guardaba los rebaños del gigante Gerión— y de la Quimera o de Equidna. Apolodoro (siglos I-II d.C.), en su Biblioteca, la describe como hija de Tifón y Equidna, e introduce el elemento decisivo: fue la diosa Hera quien la envió a Tebas para castigar a los habitantes por algún crimen o impureza ancestral.
La esfinge se instaló en el monte Ficio —también llamado Esfingo o Esfingeo— en las cercanías de Tebas, la más importante ciudad de Beocia. Allí aguardaba a todos los que pasaban por el camino y les planteaba un enigma. Los que no podían responder eran devorados. Los Tebanos clamaban por un héroe que pusiera fin a la matanza.
El acertijo: Edipo y la esfinge de Tebas
El episodio más famoso de la mitología griega sobre la esfinge es el de Edipo, relatado en diversas versiones por varios poetas griegos y convertido en inmortal por la tragedia Edipo Rey (Οἰδίπους Τύραννος) de Sófocles (circa 429 a.C.), uno de los textos literarios de mayor influencia en la historia occidental. La trilogía completa —Edipo Rey, Edipo en Colono y Antígona— está disponible en Project Gutenberg:
«Art thou not he who coming to the town of Cadmus freed us from the tax we paid / To the fell songstress?»
— Sófocles. Edipo Rey, traducción de F. Storr.
Traducción: «¿No eres tú el que llegó a la ciudad de Cadmo y nos liberó del tributo que pagábamos a la terrible cantora?»—En esta cita los ciudadanos de Tebas recuerdan cómo Edipo liberó la ciudad de la esfinge.
El acertijo que la esfinge planteaba a los viajeros, según la formulación de Apolodoro, era:
«¿Qué tiene una sola voz, y sin embargo es cuadrúpedo, bípedo y trípode?»
La respuesta es el ser humano: en la infancia gatea con cuatro patas; en la madurez camina erguido con dos piernas; en la vejez necesita un bastón como tercer punto de apoyo. El acertijo es notable porque su respuesta no es un objeto o un animal sino el hombre mismo, el ser que contempla la esfinge. Al responder correctamente, Edipo revela que el enigma de la esfinge es el enigma del ser humano que se pregunta a sí mismo.
Cuando Edipo pronunció la respuesta correcta, la esfinge —incapaz de continuar cumpliendo su función— se precipitó desde el peñasco al que la tradición la hacía apostada. En otras versiones simplemente desapareció. El rey Creonte cumplió su promesa: dio el trono de Tebas y la mano de la reina viuda Yocasta al vencedor del monstruo. Sin saber que Yocasta era su propia madre.
La ironía trágica que Sófocles construyó sobre este episodio es el corazón de la obra: Edipo, que venció al monstruo del enigma revelando la naturaleza del hombre, no es capaz de reconocer su propia naturaleza y su propio crimen. El hombre que resolvió el misterio del hombre es incapaz de resolver el misterio de sí mismo.
El nombre: de Φίξ a Sphinx
La historia del nombre de la esfinge es en sí misma un enigma lingüístico. En el dialecto beocio —la variante del griego hablada en Beocia, la región donde está Tebas— que usa Hesíodo, la criatura se llama Φίξ (Phix). Esta forma no deriva de ninguna palabra griega conocida con significado claro.
La forma estándar griega Σφίγξ (Sphinx) es, según los filólogos modernos, el resultado de una etimología popular —el proceso por el cual una comunidad conecta una palabra incomprensible con otra que sí conoce—. Los griegos de períodos posteriores conectaron el nombre con el verbo σφίγγω (sphingō), que significa «atar», «constreñir», «estrangular». La esfinge sería así «la que estrangula» o «la que aprieta».
Una segunda teoría, mencionada ya por los autores de la Antigüedad tardía, deriva el nombre de una palabra egipcia antigua —phi o bix— que significaría «demonio». Si esta teoría es correcta, el nombre conservaría memoria de que la figura llegó a Grecia desde Egipto. Heródoto, el historiador griego del siglo V a.C., llamó a las esfinges con cabeza de hombre Androsfinges —«esfinges de hombre»— para distinguirlas de las egipcias con cabeza de carnero.
La interpretación de Pausanias: la esfinge como figura histórica
Pausanias (siglo II d.C.), en su Descripción de Grecia, ofreció una lectura racionalista del mito que merece atención por su originalidad. Según Pausanias, la esfinge era una hija natural —ilegítima— del rey Layo de Tebas, que por no tener participación en el gobierno ni en la herencia, se puso al frente de una cuadrilla de bandidos y cometía robos y excesos en los alrededores de Tebas. Sus garras de león aludían a su crueldad; sus alas, a la rapidez con que se evadía de sus perseguidores; los enigmas, a las emboscadas que tendía en parajes de difícil acceso, donde nadie podía razonar con calma. Edipo, según esta versión, no respondió a un acertijo metafísico sino que superó inteligentemente las trampas de una bandolera.
Esta lectura naturalista del mito —la tendencia a explicar los monstruos de la mitología como distorsiones memoriales de personas reales— es característica de la historiografía greco-romana tardía y fue aplicada a muchos otros mitos. Tiene la virtud de ser coherente en sus detalles internos, aunque no gozó de la fortuna de la versión sobrenatural.
El simbolismo de la esfinge a través del tiempo
A lo largo de los siglos, la esfinge ha acumulado capas de significado que la alejan progresivamente de su origen mitológico concreto y la convierten en un símbolo abstracto:
En la Antigüedad griega, más allá del mito de Edipo, la esfinge representaba la fuerza de la prudencia y de la sabiduría reunidas —el ideal del ser que combina potencia física e inteligencia—. Para Heródoto era símbolo de la perfección, de lo más alto en la escala del ser.
En el Oriente Próximo, la representación de criaturas aladas con cabeza de hombre —también llamadas esfinges aunque morfológicamente distintas— tenía un significado protector. En los relieves asirios y en las puertas de los palacios babilónicos, estas figuras —los lamassu, genios protectores con cuerpo de toro o de león, cabeza humana y alas de águila— custodiaban las entradas de los espacios sagrados con la misma función que las esfinges egipcias.
En la Edad Media, la esfinge pasó a simbolizar el triunfo de la Astucia sobre la Fuerza Bruta y de la Inteligencia sobre la Hipocresía. El mito de Edipo se leía en clave moral: el hombre que usa su razón puede vencer a los monstruos que la bruta fuerza no puede derrotar.
En la masonería, la esfinge aparece como emblema decorativo frente a los templos y como símbolo de los misterios reservados a los iniciados. Sin embargo, como señala el artículo de este blog sobre los símbolos masónicos, su adopción es relativamente reciente y tiene más carácter ornamental que doctrinal.
Carl Jung y la «madre terrible»
El psicólogo suizo Carl Gustav Jung (1875-1961) incorporó la esfinge a su sistema de arquetipos del inconsciente colectivo. Para Jung, la esfinge era la expresión mítica del arquetipo de la «madre terrible»: la dimensión destructora y devoradora de lo femenino, que complementa la dimensión nutricia y protectora representada por la «gran madre».
La esfinge, que mata a quienes no pueden responder su acertijo, es la madre que destruye en lugar de crear, que absorbe en lugar de liberar. En el análisis junguiano, el combate de Edipo con la esfinge es el combate del héroe con su propia psique: la victoria sobre el monstruo que plantea preguntas sobre la naturaleza del hombre es también una victoria sobre el aspecto devorador de la madre interior. La tragedia posterior de Edipo —que descubre que mató a su padre y se casó con su madre— sería, en esta lectura, la demostración de que esa victoria fue incompleta.
Jung señaló también que la esfinge era una personificación de la codicia simbólica: el deseo insaciable de acaparar la respuesta correcta sin compartirla, de mantener el misterio como instrumento de poder sobre los demás.
La esfinge en el arte occidental
La esfinge fue un tema recurrente en el arte occidental desde el Renacimiento, pero su momento de mayor presencia fue el siglo XIX, cuando el orientalismo y el interés por la Antigüedad clásica convirtieron el mito de Edipo en uno de los asuntos más representados en los salones académicos europeos. La obra más influyente fue el cuadro «Edipo y la Esfinge» del pintor francés Gustave Moreau (1864, Metropolitan Museum of Art, Nueva York): Edipo enfrentado a la esfinge que se agarra a su pecho con sus garras de felino mientras el héroe sostiene su mirada con calma absoluta. El cuadro se convirtió en un éxito instantáneo en el Salón de París de 1864 y fijó la imagen de la esfinge griega para generaciones posteriores.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la esfinge?
Una figura mitológica con cuerpo de animal y cabeza humana. La egipcia tiene cuerpo de león y cabeza del faraón —símbolo de poder y sabiduría—. La griega tiene cuerpo de león, cabeza y pecho de mujer y alas de águila —criatura que propone acertijos mortales y devora a quienes no pueden responderlos—.
¿Cuál es el acertijo de la esfinge?
«¿Qué tiene una sola voz, y sin embargo es cuadrúpedo, bípedo y trípode?» La respuesta es el hombre: gatea con cuatro patas en la infancia, camina con dos en la madurez y apoya un bastón como tercer punto en la vejez. Edipo lo respondió y la esfinge murió o desapareció.
¿De dónde viene el nombre «esfinge»?
En Hesíodo se llama Phix (dialecto beocio). La forma «Sphinx» proviene de una etimología popular que la conectó con el verbo griego sphingō (estrangular). Otra teoría la deriva de una voz egipcia que significaría «demonio».
¿Aparece la esfinge en Sófocles?
Sí, como elemento de fondo en Edipo Rey (circa 429 a.C.), disponible en Project Gutenberg (ebook 31). Cuando comienza la obra, Edipo ya ha vencido a la esfinge. La ironía trágica es que el hombre que resolvió el enigma del ser humano no puede reconocer su propio crimen.
¿Qué representa la Gran Esfinge de Giza?
Fue tallada circa 2500 a.C. durante el reinado del faraón Kefrén y lleva sus rasgos. Con 73 metros de longitud, es la mayor escultura monolítica del mundo antiguo. Mira al este, hacia el sol naciente. Los egipcios la llamaban Hor-em-akhet («Horus en el horizonte»).
Fuentes y referencias
- Sófocles. Edipo Rey (Οἰδίπους Τύραννος), circa 429 a.C. Traducción de F. Storr. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/31 (trilogía completa) y gutenberg.org/ebooks/27673 (solo Edipo Rey).
- Hesíodo. Teogonía, circa 700 a.C. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/348
- Mythopedia. «Sphinx». Disponible en mythopedia.com/topics/sphinx
- History Cooperative. «The Sphinx in Greek Mythology». Disponible en historycooperative.org
- Encyclopaedia Britannica. «Sphinx». Disponible en britannica.com
- Wikipedia. «Sphinx». Disponible en en.wikipedia.org/wiki/Sphinx
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