Las abejas son consideradas de buena suerte en casi todas las culturas, con un simbolismo tan antiguo como auspicioso: representan la sabiduría, la inmortalidad, el amor, la fidelidad y el trabajo. Se creía que conocían el futuro y los asuntos secretos, y que hacían de mensajeras entre el mundo humano y el espiritual.
| Egipto | Realeza y dador de vida: nace de las lágrimas de Ra, emblema del rey del Bajo Egipto |
|---|---|
| Grecia | Elocuencia y devoción sagrada: ninfas, sacerdotisas Melissae, alimento de Zeus niño |
| Cristianismo | Virtud monástica y elocuencia: trabajo, castidad, San Ambrosio y San Bernardo |
| Francia napoleónica | Poder imperial: inmortalidad y continuidad dinástica, de Childerico a Napoleón |
| India | Divinidad y deseo: Vishnu, Krishna y Shiva, el arco de abejas de Kama |
| China | Buena suerte por homofonía: fu, abeja, suena como felicidad |
| Pueblos nórdicos | Alimento sagrado: la miel nace del rocío de Yggdrasil |
| Denominador común | Trabajo, orden y continuidad más allá de la muerte: en casi todas estas tradiciones la abeja no simboliza un poder repentino, sino uno construido con esfuerzo colectivo y sostenido en el tiempo —de ahí que sea, a la vez, emblema de reyes y de comunidades religiosas |
- Símbolo de riqueza
- La abeja en el antiguo Egipto
- Abejas en la antigua Grecia
- Zeus y las abejas
- Deidades asociadas con las abejas
- Las abejas en el cristianismo
- Napoleón y las abejas de Childerico
- Patronos de las abejas y apicultores
- El acertijo de Sansón
- Los esenios: una confusión frecuente
- Significado de la abeja en el amor
- Supersticiones apícolas
- Simbolismo de la miel
- Preguntas frecuentes
Símbolo de riqueza
Las abejas destacan por su productividad: producen cera y miel dorada, y el oro se ha asociado con la riqueza en prácticamente todas las culturas. Saben además defender lo que producen. Por eso los amuletos con forma de abeja, y las monedas que llevan su imagen —sobre todo si son de oro—, se han considerado tradicionalmente poderosos para atraer prosperidad.
La abeja en el antiguo Egipto
En Egipto la abeja era símbolo de realeza y poder. La leyenda decía que había nacido de las lágrimas de Ra, el dios sol. Era el emblema del Bajo Egipto, y a su gobernante se lo llamaba con frecuencia «el que pertenece a la abeja», un título real documentado en la iconografía egipcia. La abeja funcionaba así como símbolo del dador de vida: nacimiento, muerte y resurrección en un mismo ciclo.
Abejas en la antigua Grecia
Las abejas estaban fuertemente conectadas con las ninfas. Las abejas silvestres habitaban cuevas y troncos huecos, los mismos lugares donde se creía que residían las ninfas, y se las consideraba protectoras de la elocuencia y el canto, hasta el punto de llamarlas «aves de las musas». La diosa Deméter, de la agricultura, era conocida como «la Abeja Madre Pura», y Afrodita tenía el panal como uno de sus símbolos.
A las sacerdotisas de varias diosas se las llamaba con frecuencia Melissae, «abejas»: muchos creían que eran las almas de quienes habían servido a una diosa en vida. Melissa es también un nombre propio griego que significa «abeja reina», y la mitología atribuye a una ninfa de ese nombre el descubrimiento del panal: lo probó, lo mezcló con agua y así nació la primera bebida de miel. A las ninfas del Peloponeso, llamadas Melissai, se les atribuía además haber enseñado a los hombres a comer fruta y abandonar el canibalismo.
Zeus y las abejas
Zeus, hijo de los titanes Cronos y Rea, escapó de ser devorado por su padre gracias a un engaño: su madre le entregó a Cronos una piedra envuelta en una manta en lugar del bebé, y escondió a Zeus en una cueva de Creta. Calímaco cuenta la escena completa en su Himno a Zeus: la ninfa Adrastea lo acostó en una cuna de oro, y el niño se alimentó de la leche de la cabra Amaltea y del panal de las abejas del Panacra, que aparecieron en las laderas del monte Ida como por encantamiento. Para que Cronos no pudiera oír el llanto del bebé, los Curetes —jóvenes guerreros armados— bailaban alrededor de la cueva golpeando sus escudos con las lanzas, de modo que el estrépito de las armas tapara cualquier ruido infantil. Zeus, según el propio Calímaco, creció así con una rapidez asombrosa. Uno de sus muchos epítetos fue justamente Melissaios, «hombre-abeja», en recuerdo de aquella crianza.
Existe también una tradición local, distinta del mito principal, que vincula a las abejas con el nacimiento de una ciudad: la de un niño llamado Meliteo, hijo de Zeus y de la ninfa Otreis, escondido en un bosque por miedo a los celos de Hera y alimentado con miel hasta que un pastor lo encontró. Meliteo se convirtió en héroe y fundó una ciudad de nombre Melitea, «Ciudad Miel».
Deidades asociadas con las abejas
Varias tradiciones religiosas vinculan a la abeja con alguna de sus divinidades. Para los griegos, Cibeles, diosa madre, tenía en la abeja un símbolo de fertilidad; para los romanos, Diana la asociaba con la continuación de la vida a través de la polinización; y Deméter, con la provisión y la cosecha de miel. En la tradición hindú, Vishnu, Krishna e Indra comparten el epíteto Madhava, «el nacido de la miel», y cada uno tiene su propia iconografía apícola: a Vishnu se lo representa como una abeja azul posada sobre un loto, símbolo de vida y resurrección; a Krishna, su avatar, con esa misma abeja azul en la frente; y a Shiva, en una de sus formas, con una abeja sobre un triángulo invertido. Kama, el dios hindú del deseo, tiene además un arco cuya cuerda está hecha enteramente de abejas ensartadas, de modo que cada flecha que dispara lleva consigo la amenaza de su picadura. En la mitología nórdica, el rocío que las Nornas dejaban caer sobre las hojas del fresno Yggdrasil alimentaba a las abejas, razón por la cual la miel se consideraba entre los pueblos nórdicos un producto de origen celestial.
Las abejas en el cristianismo
Es habitual comparar las comunidades monásticas cristianas con una colmena: la abeja reunía todas las virtudes valoradas en un monasterio —altruismo, limpieza, coraje, sociabilidad, sabiduría, castidad, capacidad administrativa, espiritualidad—. El nombre Débora significa «abeja» en hebreo; Débora fue profetisa y jueza en Israel, y su historia se cuenta en el Libro de los Jueces, capítulos 4 y 5. Siglos después, el papa Urbano VIII llevó tres abejas doradas en su escudo de armas, elegidas como emblema de lealtad y diligencia, propias de la familia Barberini.
Napoleón y las abejas de Childerico
En 1653, unos obreros que excavaban cerca de Tournai, en la actual Bélgica, encontraron por accidente la tumba intacta de Childerico I, rey de los francos salios y padre de Clodoveo, muerto hacia el año 481. Entre las armas y las joyas del ajuar funerario había alrededor de trescientas piezas de oro diminutas, cosidas alguna vez a un manto, cada una con forma de abeja. Los eruditos del siglo XVII las dieron por abejas sin dudarlo; los especialistas actuales discuten si en realidad representaban cigarras, un símbolo funerario igual de antiguo, pero la duda no impidió que la pieza se transformara, siglo y medio después, en material político de primer orden.
Cuando Napoleón Bonaparte se preparaba para su coronación como emperador en 1804, necesitaba un emblema que lo distanciara de los Borbones sin renunciar al prestigio de una monarquía milenaria. La flor de lis quedaba descartada por asociarse demasiado a la dinastía que acababa de derrocar. Fue Jean-Jacques-Régis de Cambacérès, uno de sus principales colaboradores, quien propuso recuperar las abejas de Childerico: eran, según se argumentó entonces, el emblema más antiguo conocido de los soberanos de Francia, anterior incluso a la flor de lis, y ligarlas a Napoleón le daba una legitimidad histórica que ningún Borbón podía reclamar. El propio Cambacérès habría comentado, con cierta ironía, que las abejas le sentaban bien al nuevo régimen, porque Francia entera se convertiría en una colmena gigantesca con Napoleón a la cabeza.
El consejo aceptó la propuesta, encargó un estudio de las piezas de Childerico conservadas en la Biblioteca Nacional, y Napoleón adoptó la abeja como emblema personal e imperial. La hizo bordar en su manto de coronación, en las cortinas y los muebles de sus residencias, y en la cadena de la Legión de Honor, donde todavía hoy alterna con estrellas en torno a la insignia. Algunos cortesanos llegaron a apodarlo, con más adulación que respeto, «la Abeja». El símbolo egipcio de la realeza y el símbolo napoleónico del imperio están así separados por más de tres mil años, pero responden a la misma lógica: ningún animal comunica mejor una jerarquía natural, laboriosa y aparentemente eterna que una colmena.
Patronos de las abejas y apicultores
San Ambrosio (339-397), obispo y estadista en Italia, es patrono de las abejas, los apicultores, los fabricantes de velas y los refinadores de cera; su fiesta es el 7 de diciembre. Predicador brillante y defensor del catolicismo frente al arrianismo, fue quien bautizó a Agustín de Hipona en el año 387. La biografía que escribió su secretario Paulino de Milán, hacia el año 422, cuenta el episodio con más detalle del que suele repetirse. Ambrosio era todavía un bebé, dormido en su cuna en el patio del palacio donde su padre ejercía como prefecto de las Galias, con la boca abierta. De pronto llegó un enjambre de abejas que le cubrió el rostro y la boca, entrando y saliendo de ella una y otra vez sin que el niño se despertara ni sufriera ninguna picadura. Su padre, que llegó a tiempo de presenciar la escena, se aterrorizó al principio; pero en lugar de espantar a las abejas, prohibió que nadie lo hiciera, y las dejó marcharse por su cuenta, elevándose en el aire hasta perderse de vista. «Si este niño vive», dijo entonces, según recoge Paulino, «será alguien grande». Con el tiempo Ambrosio fue apodado el «Doctor de lengua de miel» por la dulzura de su elocuencia, y desde entonces se lo representa a menudo sosteniendo una colmena.
San Bernardo de Claraval (1090-1153), abad francés y consejero de líderes espirituales, es patrono de los apicultores y de los fabricantes de cera, con fiesta el 20 de agosto. Nunca trabajó con abejas: se lo apodó «Doctor Mellifluus» por la dulzura de su predicación, y fue nombrado Doctor de la Iglesia en 1830. La razón de su patronazgo está en esa fama de orador: durante la Edad Media, la abeja era el símbolo por excelencia de la elocuencia, y Bernardo mismo llegó a decir que la abeja era también símbolo del Espíritu Santo.
San Valentín, mártir del siglo III, es sobre todo conocido como patrono del amor y de las parejas, con fiesta el 14 de febrero, pero también lo es de los apicultores. Su patronazgo sobre las colmenas se apoya en tradiciones distintas de la de San Bernardo: en algunas versiones, se cuenta que mantenía colmenas en el jardín de su propia iglesia; en otras, su culto se asocia con la época del año en que cae su fiesta, coincidente con el despertar primaveral de las abejas tras el invierno.
El acertijo de Sansón
En el capítulo 14 de Jueces se cuenta la historia de Sansón y su acertijo. Camino a proponer matrimonio a una mujer filistea de Timnah, Sansón se enfrentó a un león rugiente y lo mató con las manos desnudas. Tiempo después, al pasar de nuevo junto al cadáver del animal, encontró que las abejas habían anidado en él y producido miel; comió un poco. En su fiesta de bodas planteó a treinta padrinos filisteos un acertijo sobre lo que había visto —del que come salió comida, y del fuerte salió dulzura—, apostando treinta piezas de lino a que no podrían resolverlo, seguro de que nadie conocía la historia del león. Los padrinos amenazaron a su esposa hasta que ella le sacó la respuesta y se la reveló a los filisteos, que respondieron con otro acertijo: nada hay más dulce que la miel, nada más fuerte que un león.
Esa imagen —la dulzura naciendo de lo que mata, la vida saliendo de un cadáver— es la misma que en Egipto convertía a la abeja en dadora de vida a partir de las lágrimas de un dios, y es la que ha mantenido viva la escena de Sansón mucho después de la Biblia. Desde 1888, la lata de Lyle's Golden Syrup, uno de los siropes más vendidos del Reino Unido, lleva estampado el dibujo de un león muerto rodeado de un enjambre de abejas, con la frase «del fuerte salió la dulzura» debajo. Su fundador, Abram Lyle, un empresario escocés profundamente religioso, eligió esa imagen a propósito, como una manera de anunciar que su producto —dulzura extraída de una materia prima aparentemente ruda, la caña de azúcar— repetía en pequeño el mismo prodigio que Sansón encontró en el desierto. El diseño, prácticamente sin cambios durante más de cien años, llegó a figurar en el Libro Guinness de los Récords como el envase de marca más antiguo del mundo sin modificar, hasta que la empresa lo simplificó recién en 2024.
Los esenios: una confusión frecuente
Es habitual leer que los esenios judíos —la comunidad guardiana de los rollos del Mar Muerto— llamaban «abejas» a sus sacerdotes por su devoción incansable. La afirmación conflaciona dos cosas distintas. En la religión griega existía un cargo real llamado essenes, literalmente «zánganos», que designaba a los oficiantes varones de los templos de Ártemis y Afrodita, subordinados a las sacerdotisas Melissae; nada tiene que ver con trabajo ni con producción de miel, ya que el zángano de una colmena, precisamente, no trabaja. Existe además una hipótesis académica minoritaria que sugiere que el nombre de los esenios judíos pudo tomarse prestado de ese culto anatolio, por cierto parecido en el atuendo o el comportamiento —la propia etimología del término judío sigue sin resolverse entre los especialistas, con propuestas como «piadosos», «silenciosos» o «sanadores»—, pero es una hipótesis entre varias, no un hecho establecido.
Significado de la abeja en el amor
Como símbolo del amor, la abeja se asoció con Cupido a través de un relato concreto, el Idilio XIX atribuido —probablemente sin serlo— a Teócrito, en el siglo III antes de Cristo, y que la pintura renacentista convirtió en uno de sus motivos favoritos. Cuenta que Cupido, siendo todavía niño, intentó robar un panal de un colmenar. Las abejas lo picaron en todos los dedos, y el pequeño dios, entre gritos, se puso a soplarse las manos y a saltar de dolor, sin entender cómo un animal tan diminuto podía causarle tanto sufrimiento. Corrió entonces hasta su madre, Afrodita, a mostrarle las heridas y a quejarse. Ella se rió y le respondió con una comparación que se volvió proverbial: que él era exactamente igual que esas abejas, pequeño y capaz, sin embargo, de infligir heridas enormes con sus propias flechas. Pintores como Lucas Cranach el Viejo repitieron la escena decenas de veces durante el siglo XVI, casi siempre con la misma inscripción latina resumiendo la moraleja: que el placer que se busca, breve y pasajero, viene siempre mezclado con dolor. Es un uso del insecto como advertencia moral parecido, salvando las distancias, al que reciben otros insectos luminosos o nocturnos en el simbolismo popular, como la luciérnaga.
En la simbología china, una abeja posada sobre una flor representa el cortejo, el matrimonio y el amor; sobre la polinización, la pureza de las doncellas y su potencial de fecundidad tras el matrimonio. La palabra abeja se pronuncia fu en chino, homófono de la palabra «felicidad», de modo que la abeja termina representando también la buena suerte, la prosperidad y la paz. Ese mismo gusto chino por los homófonos que traen suerte aparece también en el simbolismo del grillo, otro insecto convertido en amuleto de prosperidad en la tradición china.
Supersticiones apícolas
Una abeja posada en la mano se considera señal de buena fortuna y de dinero en camino, siempre que se permanezca quieto sin espantarla. Si se posa en la cabeza, anuncia felicitaciones y éxito próximo. Que una abeja entre volando en la casa también se tiene por buena suerte, aunque conviene dejar una ventana abierta para que pueda salir por su cuenta: forzarla a irse ahuyentaría la fortuna que traía.
En varias tradiciones populares se advierte contra pelear o usar lenguaje grosero cerca de las colmenas, por temor a que las abejas se ofendan y las abandonen, o piquen a los responsables. Y se sostiene la costumbre de informar a las abejas de los acontecimientos importantes de la casa —bodas, nacimientos, muertes— bajo la creencia de que, si se las ignora, se enojan; si muere el dueño de la colmena, se les avisa de inmediato y se ata una cinta negra en señal de luto, y se les presenta también a su nuevo cuidador.
Simbolismo de la miel
La miel se consideró en la Antigüedad alimento de dioses, inmortales y poetas: símbolo de pureza, inspiración, elocuencia y bendición divina. Fue durante siglos la principal fuente de azúcar y se valoraron sus propiedades curativas; formaba parte del néctar, la bebida sagrada equiparada con la ambrosía de los dioses, y su color dorado reforzaba esa asociación divina. El poeta romántico Samuel Taylor Coleridge glorificó esa dulzura mística en los versos finales de Kubla Khan (1797-1798): describe al bardo visionario como alguien que se ha alimentado del rocío de miel y ha bebido la leche del Paraíso, una imagen de inspiración poética como alimento venido de otro mundo.
La tierra bíblica de Canaán, donde «fluían la leche y la miel», representaba tanto la perfección espiritual como la abundancia material. La miel se usaba no solo como alimento sino también en la unción, la purificación y los ritos de consagración de varias culturas antiguas de Oriente Medio, incluido el mitraísmo; en Esparta, entre los escitas y en Egipto se embalsamaba a los reyes con su ayuda. En la India se la equiparaba con la dicha del nirvana, y en China y en Occidente con los placeres celestiales. En Grecia, donde se empleaba en los ritos de iniciación, se decía que poetas como Homero se alimentaban únicamente de miel. Además de agente terapéutico, se le atribuyó valor afrodisíaco y fertilizante —su carga erótica se reforzó, quizás, por el hábito de beber néctar—, razón por la cual el jansenismo llegó a prohibir su uso. El regreso estacional de las abejas en primavera, por lo demás, se cuenta entre los mismos anuncios de buen augurio que en otras tradiciones populares corresponden a la llegada de la golondrina.
Preguntas frecuentes
¿Qué simboliza la abeja?
El trabajo, la fidelidad, la elocuencia y la realeza. En Egipto nace de las lágrimas del dios sol Ra y da su nombre al rey del Bajo Egipto; en Grecia está ligada a las ninfas y a las sacerdotisas llamadas Melissae; en el cristianismo medieval representa las virtudes de la vida monástica.
¿Es cierto que los esenios judíos eran llamados abejas?
No exactamente. El término essenes, «zánganos», designaba en la religión griega a los oficiantes varones de los templos de Ártemis, sin relación demostrada con los esenios judíos del Mar Muerto. Existe una hipótesis académica minoritaria sobre un posible préstamo del nombre por semejanza de atuendo, pero es una hipótesis entre varias, no un hecho establecido.
¿Por qué San Bernardo de Claraval es patrono de los apicultores?
No porque haya trabajado con abejas, sino por su fama de gran orador: en la Edad Media la abeja era el símbolo por excelencia de la elocuencia, y a Bernardo se lo apodó Doctor Mellifluus por la dulzura de su predicación.
Fuentes
- Calímaco, Himno a Zeus, versos 42-54, sobre las abejas del Panacra, la cabra Amaltea y los Curetes. Texto en inglés, Theoi Classical Texts Library
- Paulino de Milán, Vida de Ambrosio, c. 422, capítulo 3, sobre el enjambre de abejas en la cuna del santo.
- Idilio XIX, «El ladrón de miel», atribuido dudosamente a Teócrito, sobre Cupido y las abejas. Artículo de referencia con fuentes
- Libro de los Jueces, capítulos 4-5 y 14, sobre Débora y el acertijo de Sansón.
- Samuel Taylor Coleridge, Kubla Khan, 1797-1798, versos finales sobre el rocío de miel. Texto completo en inglés
- Sobre los essenes como cargo de los templos griegos de Ártemis, y sobre la hipótesis de préstamo del nombre de los esenios judíos: artículo de referencia con fuentes.
- Sobre Melissa, las Melissae y su papel en la mitología griega: artículo de referencia con fuentes.
- Sobre el patronazgo de San Valentín, San Bernardo y San Ambrosio sobre los apicultores: fichas hagiográficas de referencia consultadas por santo.
- Sobre el logotipo de Lyle's Golden Syrup y su origen en el acertijo de Sansón: artículo de referencia con fuentes.
- Sobre la iconografía apícola de Vishnu, Krishna, Shiva y Kama en la tradición hindú: síntesis académica con fuentes.
- Sobre las abejas alimentadas del rocío de Yggdrasil: Snorri Sturluson, Prosa Edda, Gylfaginning, cap. 16.
- Sobre las abejas de Childerico I y su adopción por Napoleón: Fundación Napoleón y síntesis con fuentes sobre el hallazgo de 1653 y el debate abeja/cigarra.

