El pulpo: símbolo y significado

El pulpo es un molusco sin hueso alguno, capaz de cambiar de color en un instante y de pasar el cuerpo entero por un espacio del tamaño de su propio ojo. Esa extrañeza absoluta —tan lejos de cualquier otro animal familiar— lo convirtió, según la cultura, en monstruo devorador de barcos, en dios creador del universo o en el único superviviente de un mundo anterior al nuestro. Pocos animales acumulan lecturas tan opuestas entre sí, y casi ninguno tiene, al mismo tiempo, tanta base real detrás: tres corazones, sangre azul y una inteligencia que los biólogos apenas empiezan a entender.

El pulpo de un vistazo
Hawái Posible superviviente único de un universo anterior, según el Kumulipo
Islas Gilbert (Kiribati) Na Kika, dios pulpo que ayuda a crear el universo
Panamá (pueblo kuna) Símbolo del pulpo creador, con brazos hacia los cuatro puntos cardinales
Escandinavia El Kraken, monstruo hundidor de barcos, descrito por un obispo naturalista en 1752
Creta minoica Motivo cerámico recurrente, hacia el II milenio a.C.
Denominador común Lo que no cabe en ninguna otra categoría: de Escandinavia a Micronesia, el pulpo aparece siempre en los límites de lo pensable —el fin de un mundo, el principio de otro, el monstruo que ningún marinero puede describir del todo—. Ninguna cultura lo trata como un animal cualquiera; todas lo usan para señalar el borde de lo que se puede explicar

Hawái: el superviviente de un universo anterior

El Kumulipo, el gran canto de la creación hawaiana, registrado por primera vez en el siglo XVIII, describe un cosmos que no nació de una vez, sino en sucesivas oleadas de oscuridad, cada una engendrando formas de vida cada vez más complejas hasta llegar a los seres humanos y a la genealogía real. Dentro de ese canto hay un verso que ha generado un siglo de debate filológico: el antropólogo Roland B. Dixon, en 1916, lo interpretó como una afirmación asombrosa —que el universo actual es apenas el último de una serie, surgido de los restos de un mundo anterior, y que el pulpo es el único ser que sobrevivió de ese cosmos destruido—. Décadas más tarde, en 1951, la etnógrafa Martha Warren Beckwith, autora de la traducción más citada del Kumulipo al inglés, ofreció una lectura distinta del mismo pasaje, aunque reconoció que la interpretación de Dixon era plausible. La disputa sigue abierta entre especialistas, pero la imagen ha quedado fijada en la cultura popular: el pulpo como testigo de un mundo que ya no existe, un papel de superviviente único que en otras mitologías del mundo recae, con otro tono, sobre aves como el cuervo que Noé envía primero desde el arca. Lo que no está en discusión es el papel de Kanaloa, uno de los grandes dioses hawaianos, asociado al océano y al más allá, al que la tradición representa con forma de pulpo.

Na Kika: el dios pulpo que ayudó a crear el mundo

En las islas Gilbert, el archipiélago de Micronesia que hoy forma parte de Kiribati, la tradición oral cuenta que el universo no lo creó un solo dios sino una pareja de colaboradores muy distintos entre sí. Nareau, la araña, es el gran arquitecto cósmico; Na Kika, el pulpo, es quien lo ayuda con su fuerza física a separar el cielo de la tierra y a sostener la estructura del mundo recién formado. Es una de las pocas tradiciones donde el pulpo no aparece como monstruo, ni como superviviente pasivo, sino como colaborador activo y necesario en el acto mismo de la creación, algo que casi ninguna otra cultura le concede.

Panamá: el pulpo de los cuatro rumbos

El pueblo kuna (o guna), de las islas de San Blas, en Panamá, conserva en su bandera oficial —adoptada tras la revuelta de 1925 contra la supresión panameña de su cultura— un símbolo ancestral con forma de esvástica llamado Naa Ukuryaa. Según la propia ficha del objeto que conserva el Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian, ese símbolo representa al pulpo que creó el universo, con sus cuatro tentáculos señalando los cuatro puntos cardinales, de los que surgieron a su vez el arcoíris, el sol, la luna y las estrellas. La coincidencia formal con la esvástica nazi obligó, además, a un ajuste histórico: en 1942 los propios kuna añadieron un pequeño anillo en el centro del símbolo para distinguirlo del emblema del Tercer Reich, una modificación que con el tiempo volvió a caer en desuso.

El Kraken: el monstruo que clasificó Linneo

El Kraken es la versión escandinava del terror marino, y a diferencia de muchas criaturas legendarias tiene una fuente primaria muy concreta y fechada: el obispo luterano Erik Pontoppidan, en su Historia natural de Noruega, publicada en dos volúmenes entre 1752 y 1753, recopiló testimonios de pescadores y marineros para describir a una bestia tan enorme que su cuerpo podía confundirse con una isla flotante, con brazos capaces de alcanzar la punta del mástil más alto de un barco de guerra y arrastrarlo entero hasta el fondo del mar. Pontoppidan no escribía como un narrador de leyendas sino como un naturalista serio, y no fue el único científico que tomó al Kraken en serio: Carlos Linneo, el padre de la taxonomía moderna, llegó a incluirlo como especie animal real, con el nombre científico Microcosmus, en la primera edición de su Systema Naturae de 1735, aunque lo retiró de ediciones posteriores al no encontrar evidencia sólida.

Curiosamente, el Kraken no era solo motivo de terror entre los pescadores noruegos: también corría la creencia de que allí donde el monstruo se movía bajo la superficie, atraía a su alrededor una cantidad extraordinaria de peces, así que un marinero que volvía a puerto con una pesca inusualmente buena podía escuchar de sus compañeros la broma de que «seguro pescó sobre el Kraken». Los biólogos actuales coinciden en que la leyenda nació, casi con seguridad, de avistamientos reales de calamares gigantes del género Architeuthis, animales que pueden superar los trece metros de largo y que habitan las mismas aguas profundas y frías del Atlántico Norte por donde navegaban los barcos vikingos.

Creta y Micenas: el pulpo más antiguo del arte occidental

Mucho antes de que griegos y romanos dejaran testimonios escritos sobre el pulpo, los artesanos minoicos de Creta ya lo convertían en uno de sus motivos decorativos favoritos. La cerámica minoica del llamado «estilo marino», hacia 1500 antes de Cristo, cubre vasijas enteras con pulpos de tentáculos extendidos que se adaptan, retorciéndose, a la curva del propio recipiente: el ejemplo más célebre es el llamado vaso del pulpo de Palekastro, hallado en la costa oriental de Creta y conservado hoy en el Museo Arqueológico de Heraclión, con sus tentáculos cubriendo la superficie entera del jarrón junto a erizos de mar y algas, en una composición tan densa que los especialistas la describen con la expresión griega horror vacui, el miedo al espacio vacío. Esa misma tradición continuó en la Grecia micénica, donde el pulpo aparece en medallones de oro con los tentáculos enroscados en espiral, posiblemente usados por marineros como amuleto protector contra las profundidades peligrosas del mar y contra el mal de ojo.

Medusa, Cáncer y otros ecos griegos

Algunos estudiosos del arte griego han propuesto que la cabeza de Medusa, con su maraña de serpientes y su expresión paralizante, pudo inspirarse en parte en la imagen del pulpo: los tentáculos retorcidos como serpientes, el rostro central rodeado de apéndices móviles, el poder de fascinar y paralizar con la sola mirada, muy parecido a la manera en que un pulpo real puede quedarse absolutamente inmóvil, con solo los ojos delatando que está vivo. Es una hipótesis, no un hecho documentado con precisión, pero el parecido visual entre ambas imágenes es demasiado sugerente para pasarlo por alto. El signo zodiacal de Cáncer, asociado tradicionalmente a la luna, el agua y el solsticio de junio, se representa además en algunas tradiciones astrológicas como un pulpo en lugar del cangrejo más habitual.

Lo que la biología aporta al símbolo

Buena parte del simbolismo del pulpo no necesita exagerar nada: la biología real ya es extraordinaria. Tiene tres corazones —dos que bombean sangre hacia las branquias y uno central que la impulsa al resto del cuerpo—, y esa sangre es azul, no roja, porque en lugar de hemoglobina basada en hierro utiliza hemocianina, una proteína basada en cobre. Puede regenerar un brazo perdido casi por completo, y su piel contiene células especializadas, los cromatóforos, capaces de cambiar de color y de textura en fracciones de segundo, tanto para camuflarse como, según algunos estudios recientes, para comunicarse con otros pulpos. Su inteligencia es motivo de estudio serio: resuelven laberintos, abren frascos con tapa de rosca desde dentro, y en más de un acuario del mundo se han registrado fugas planeadas con semanas de anticipación, un nivel de destreza motriz y planificación que en el mundo animal solo un puñado de especies —casi siempre mamíferos— logra igualar, muy lejos del automatismo instintivo que suele atribuirse, con razón o sin ella, a otras criaturas elegantes pero mucho menos cerebrales, como el propio cisne. La nube de tinta que sueltan cuando se sienten amenazados no es solo una cortina de humo: contiene compuestos que interfieren directamente con el sentido del olfato de sus depredadores.

Qué queda hoy

El pulpo dejó la mitología y entró de lleno en el lenguaje político y en la cultura visual contemporánea. En 1952, en plena Guerra Fría, la prensa occidental popularizó la imagen del «pulpo chino» o del «pulpo comunista» como metáfora del expansionismo soviético y chino, una figura de tentáculos que se extienden hacia todas partes que desde entonces reaparece, adaptada a cada época, en caricaturas políticas de cualquier signo. En el arte japonés, el pulpo tiene además una presencia muy anterior y mucho más ambigua, desde el grabado erótico del periodo Edo hasta el haiku: el poeta Bashō, en el siglo XVII, le dedicó unos versos breves sobre las trampas de barro que los pescadores usaban para atraparlos, comparando el sueño fugaz del pulpo atrapado con la brevedad de la propia vida bajo la luna de verano.

Preguntas frecuentes

¿Qué simboliza el pulpo?

Depende radicalmente de la cultura: en Hawái, la supervivencia de un mundo anterior; en las islas Gilbert, la creación misma del universo; en Escandinavia, el terror de los marineros; en el arte minoico, el mar y sus profundidades. Casi ninguna tradición lo trata como un animal neutral: siempre representa algo que excede la comprensión humana, para bien o para mal.

¿Es real la historia del Kraken?

El Kraken como monstruo capaz de hundir barcos es leyenda, pero su descripción más famosa la escribió un naturalista real, el obispo Erik Pontoppidan, en su Historia natural de Noruega (1752-1753), y Carlos Linneo llegó a clasificarlo como especie animal en 1735. Los biólogos actuales creen que la leyenda nació de avistamientos reales de calamares gigantes.

¿Qué dios pulpo ayudó a crear el mundo?

En la mitología de las islas Gilbert, en Micronesia, el dios pulpo Na Kika ayudó al dios araña Nareau a crear el universo. Es una de las pocas tradiciones donde el pulpo no es un monstruo ni un superviviente, sino un colaborador activo en el origen del mundo.

Fuentes

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