Cisne: su símbolo y significado, y el canto del cisne
El cisne simboliza la gracia, la pureza y la fidelidad. Los tres significados tienen una base observable: el blanco del plumaje, el contraste entre su torpeza al caminar y su elegancia al nadar, y el hecho comprobable de que forma parejas que duran años.
A esos tres se añade una cuarta atribución, la más difundida de todas: la creencia de que el cisne canta al morir. Es también la única sin base observable, y ya fue examinada y descartada por escrito en el siglo I.
| Significados principales | Gracia, pureza, fidelidad, transformación |
|---|---|
| Etimología | Del latín cycnus, y este del griego kyknos |
| Dios al que se consagra | Apolo, por la música y la profecía; también Venus, por la blancura |
| Mito más difundido | Zeus transformado en cisne para acercarse a Leda |
| El canto del cisne | Creencia desmentida por Plinio el Viejo en el año 77 |
| En la alquimia | Emblema del albedo, la segunda fase de la Gran Obra |
Qué simboliza el cisne
El nombre viene del latín cycnus, y este del griego kýknos. Hay quien sostiene que esa palabra griega imita el reclamo del cisne cantor, un bocinazo agudo y repetido; el inglés swan y el alemán Schwan, por su parte, proceden de una raíz indoeuropea que significa sonar o cantar. En las dos ramas, el nombre del ave apunta al sonido.
Los tres significados clásicos descansan sobre rasgos que cualquiera puede comprobar mirando el animal:
- La pureza, por el blanco entero del plumaje, sin manchas ni vetas, que lo convirtió en emblema de la luz y de lo intacto.
- La gracia, por el contraste entre sus dos modos de desplazarse: en tierra camina con paso torpe y balanceado, y en el agua se mueve sin esfuerzo aparente. La elegancia depende del elemento.
- La fidelidad, porque forma parejas estables que se mantienen temporada tras temporada. De los tres, es el que se apoya en un dato de conducta y no en un rasgo de aspecto.
A ellos se suma un cuarto, la transformación, que atraviesa casi todos los relatos donde aparece: doncellas que se vuelven aves, dioses que toman su forma, hermanos convertidos en cisnes por una madrastra. El cisne no es solo un símbolo de algo, es el molde de un cambio de estado.
El canto del cisne
La creencia sostiene que el cisne guarda silencio toda su vida y en el momento de morir entona el canto más hermoso que jamás haya producido. La expresión sobrevive en el lenguaje corriente: el canto del cisne es la última obra de un artista, la despedida brillante.
La idea tiene una genealogía completa y rastreable. Su primera aparición literaria conocida está en el Agamenón de Esquilo, del año 458 a. C., donde Clitemnestra compara el lamento final de Casandra con el de un cisne moribundo. Aristóteles la respalda en su Historia de los animales, donde afirma que los cisnes son musicales y cantan sobre todo al aproximarse la muerte. Esopo la usa como resorte de una fábula, la del cisne y el ganso, en la que el ave se salva de la olla porque el cocinero la reconoce al oírla cantar. Ovidio la repite en las Metamorfosis, comparando el llanto de Canente con el canto fúnebre del cisne.
La versión más elaborada es la de Platón en el Fedón. Sócrates, condenado a muerte, sostiene que los cisnes no cantan de tristeza sino de alegría, porque pertenecen a Apolo, son adivinos, prevén los bienes de la otra vida y se regocijan al ir a reunirse con el dios. Añade que los hombres, por temor a la muerte, calumnian a los cisnes atribuyéndoles un lamento. El pasaje forma parte de la argumentación sobre la inmortalidad del alma, y Sócrates establece allí un paralelo entre esas aves y su propia situación.
La desmentida de Plinio
En el año 77, Plinio el Viejo dedicó al asunto una frase seca en el libro X de su Historia natural: «olorum morte narratur flebilis cantus, falso, ut arbitror, aliquot experimentis», «se cuenta que los cisnes emiten un canto lastimero al morir; algo falso, a mi juicio, según unas cuantas experiencias». La razón que da es la observación directa.
La imagen siguió circulando en la literatura posterior. Chaucer escribió sobre el cisne celoso que canta ante su muerte, Leonardo da Vinci anotó que el cisne canta dulcemente al morir, y Shakespeare puso en boca de Porcia, en El mercader de Venecia, la imagen de un final semejante al del cisne, desvaneciéndose en música.
De dónde pudo salir
Hay un fundamento parcial, y es anatómico. El cisne vulgar europeo, Cygnus olor, no canta ni al morir ni en ningún otro momento: bufa, gruñe y grazna. Pero existe otra especie, el cisne cantor, Cygnus cygnus, que en la Antigüedad invernaba en el Mediterráneo oriental y que tiene un bucle traqueal suplementario alojado en el esternón. Cuando el animal muere y los pulmones se colapsan, el aire expulsado a través de ese conducto produce una serie prolongada de notas.
El naturalista prusiano Peter Pallas propuso a finales del siglo XVIII que ese sonido estaba en el origen de la leyenda. La Encyclopaedia Britannica describió ese sonido en 1823 como el de un clarinete tocado por alguien que no sabe tocarlo. Se trata, en todo caso, de un sonido emitido en el momento de morir, que es el punto que la creencia recoge.
El ave de Apolo
El cisne está consagrado a Apolo, dios de la música y de la profecía, y esa consagración es la que da al canto su sentido. Un ave de Apolo no canta por instinto: canta porque sabe algo.
La escena del nacimiento la cuenta Calímaco en su Himno a Delos, y el detalle es preciso. Mientras Leto daba a luz, los cisnes —a los que el poeta llama juglares de los dioses y aves de las Musas— llegaron desde el río Pactolo, en Meonia, y dieron siete vueltas alrededor de Delos cantando sobre el lecho del parto. Por eso, dice Calímaco, Apolo puso después a su lira siete cuerdas: una por cada vuelta. Y añade una precisión que vale por sí sola: no cantaron una octava vez, porque antes de eso el niño ya había salido.
Lo que vino después lo transmite el poeta Alceo, en un himno del siglo VI a. C. que conocemos porque lo resumió el retórico Himerio nueve siglos más tarde. Zeus equipó al recién nacido con una diadema de oro y una lira, le dio además un carro tirado por cisnes y lo envió a Delfos a proclamar la justicia y el derecho a los griegos. Pero Apolo, ya montado, ordenó a los cisnes volar en dirección contraria: hacia el país de los hiperbóreos, el pueblo situado más allá del viento del norte. Solo al cabo de un tiempo regresó para tomar posesión de su oráculo.
Esa ausencia quedó inscrita en el calendario del culto: en Delfos se entendía que el dios estaba presente en los meses cálidos y ausente en invierno, y los delios celebraban su regreso desde los hiperbóreos el día séptimo del mes sagrado. En la tierra hiperbórea, según Eliano, bandadas de cisnes rodeaban el santuario del dios cantando himnos, y los propios hiperbóreos se convertían en cisnes al llegar a viejos.
El ave estuvo consagrada también a Venus, en su caso por la blancura y por una afinidad de carácter con la diosa. Y en el simbolismo cristiano medieval el canto del cisne moribundo se leyó como alegoría de la muerte de los mártires: el bestiario de Aberdeen presenta el canto final como figura de la vida terrena del fiel, seguida de la alabanza eterna.
Leda y el cisne
Es el mito más representado del repertorio. Zeus deseaba a Leda, esposa de Tindáreo, rey de Esparta. Para acercarse a ella tomó la forma de un cisne y fingió huir de un ave de rapiña, buscando refugio en su regazo. Las fuentes describen un engaño deliberado que se sirve de la compasión de Leda, y una unión obtenida mediante ese engaño.
Lo que ocurrió después varía según la fuente, y las versiones no coinciden entre sí. Leda se unió esa misma noche con su marido, de modo que la descendencia quedó repartida entre lo divino y lo humano. Unas tradiciones hablan de un huevo, otras de dos. Entre los hijos que se le atribuyen figuran Helena —la mujer por la que se hará la guerra de Troya—, Clitemnestra, y los gemelos Cástor y Pólux, con distintos repartos según quién lo narre. El cisne quedó fijado en el cielo como la constelación del Cisne.
Las doncellas cisne
En los pueblos eslavos, escandinavos y célticos, el cisne aparece sobre todo en femenino, en el motivo de la doncella cisne: una criatura que alterna entre forma humana y forma de ave. La transformación depende de un objeto concreto, una piel de cisne o una prenda cubierta de plumas.
En la versión más repetida, un hombre espía a la doncella mientras se baña en un río, le arrebata la prenda de plumas y con ello la deja sin posibilidad de volar ni de volver a su estado anterior, forzándola a quedarse con él como esposa. La prenda escondida es la condición de esa permanencia forzada. En muchas variantes la mujer encuentra la piel años después y se marcha.
El cisne en la alquimia
Los alquimistas usaron una serie de aves para nombrar las fases sucesivas de la Gran Obra, y el orden habitual es cuervo, cisne, pavo real, pelícano y fénix. Cada una corresponde a un momento del proceso.
El cuervo negro abre la serie y designa el nigredo, el ennegrecimiento: la putrefacción de la materia, la fase de muerte y disolución. El cisne blanco viene inmediatamente después y designa el albedo, el emblanquecimiento, que los textos describen como ablutio, el lavado de las impurezas. Es la fase de purificación, donde lo que quedó del ennegrecimiento se limpia y aparece la blancura. La paloma cumple a veces la misma función en esa etapa.
El paso de un ave negra a un ave blanca corresponde al cambio de color que el alquimista observaba en el matraz, y de ahí que las fases lleven nombres de colores. El repertorio completo está en el artículo sobre los símbolos alquímicos.
Los hijos de Lir
Los celtas asociaron el cisne con el sol y lo incorporaron a numerosos relatos de transformación, en los que las doncellas mágicas convertidas en cisnes se reconocen por las cadenas de metal precioso que llevan al cuello.
El más conocido es el de los hijos de Lir, dios irlandés del mar, cuyos cuatro hijos son convertidos en cisnes por su madrastra celosa y condenados a pasar siglos en las aguas de Irlanda, conservando la voz humana y el canto. El cisne era además el ave sagrada de Aengus, dios irlandés del amor, y varias diosas célticas podían adoptar esa forma.
El cisne negro
Todo lo anterior descansa sobre una premisa vigente en Europa durante mil quinientos años: que los cisnes son blancos. De ella proceden la pureza, la luz y lo intacto, y también una expresión con recorrido propio.
El satírico romano Juvenal, hacia el año 82, describió a la esposa perfecta —hermosa, elegante, rica, fecunda, de linaje antiguo y más casta que las sabinas— y cerró la descripción con esta frase: «rara avis in terris nigroque simillima cygno», «un ave rara en la tierra, muy semejante a un cisne negro». Traducido: no existe. Un cisne negro era, para un romano, la manera de nombrar lo imposible.
La expresión sobrevivió al Imperio. En el Londres del siglo XVI se usaba corrientemente como fórmula de imposibilidad, y de esa misma línea de Juvenal procede el rara avis que todavía se emplea. La certeza en la que se apoyaba tenía un respaldo amplio: cada cisne observado en el Viejo Mundo, sin excepción registrada, era blanco.
En 1697, una expedición neerlandesa al mando de Willem de Vlamingh remontó un río en la costa occidental de la actual Australia y encontró cisnes negros. Al río lo llamaron, por eso, río de los Cisnes. La especie —Cygnus atratus— llevaba allí desde mucho antes de que existiera Roma.
La consecuencia fue que la expresión cambió de significado sin cambiar de palabras. Dejó de nombrar lo imposible y pasó a nombrar exactamente lo contrario: aquello que se tenía por imposible y resulta que existe. John Stuart Mill la usó en el siglo XIX para ilustrar el problema de la inducción —ninguna cantidad de cisnes blancos permite concluir que todos lo sean, y basta uno negro para refutarlo—, y de ahí llegó a la teoría del cisne negro que Nassim Nicholas Taleb popularizó en 2007 para nombrar los acontecimientos raros, imprevisibles y de consecuencias enormes.
La misma ave sostiene así dos significados opuestos: el cisne blanco, la pureza y lo intacto; el cisne negro, la revisión de una certeza establecida a partir de una sola observación.
Errores frecuentes
«En la India, Brahma y Varuna montan cisnes»
La atribución a Varuna no se corresponde con las fuentes. El vehículo del dios de las aguas es el makara, criatura marina que la tradición asocia también a la diosa Ganga, y que nada tiene que ver con un ave.
«El hamsa de Brahma es un cisne»
Aquí el error es de traducción y tiene una historia. El vehículo de Brahma y de Sarasvati es el hamsa, palabra que las versiones occidentales vierten habitualmente como «cisne». Pero el hamsa de los textos sánscritos es el ganso de cabeza barrada, Anser indicus, ave migratoria que cruza el Himalaya cada invierno para llegar a las llanuras del Ganges. La propia palabra lo indica: hamsa es cognado del latín anser, del alemán gans y del inglés goose, todos ellos «ganso».
El cisne, que en sánscrito se llama raj-hansa, es un ave europea que no anida en Ladakh ni conoce el monzón. La sustitución se produjo en las traducciones coloniales de los dos últimos siglos, que reemplazaron un ave del paisaje indio por otra más familiar al lector europeo. Es un caso documentado del tipo de alteración que introdujeron las fuentes coloniales al describir tradiciones no occidentales.
«En alquimia el cisne representa el arsénico»
La identificación circula acompañada de esta explicación: el arsénico cambia de aspecto físico, de sólido gris metálico a sólido cristalino amarillo, igual que el patito feo se convierte en cisne. No se ha podido localizar respaldo para esa equivalencia en la literatura alquímica ni en la historia de la química. Lo que sí está documentado, y es distinto, es el valor del cisne blanco como emblema del albedo dentro de la serie de aves de la Gran Obra.
Preguntas frecuentes
¿Qué simboliza el cisne?
Gracia, pureza y fidelidad. La pureza procede del blanco de su plumaje; la gracia, del contraste entre su torpeza en tierra y su elegancia en el agua; y la fidelidad, del hecho comprobable de que forma parejas que duran años.
¿Es cierto que el cisne canta antes de morir?
No. Plinio el Viejo ya lo desmintió en el año 77, diciendo que la observación demostraba que era falso. Hay un fundamento parcial: el cisne cantor tiene un bucle traqueal suplementario en el esternón y al morir el colapso de los pulmones produce una serie prolongada de notas.
¿Por qué el cisne está consagrado a Apolo?
Por su asociación con la música, la profecía y la luz. La tradición cuenta que unos cisnes dieron siete vueltas alrededor de Delos al nacer el dios, y que después tiraron de su carro hacia el país de los hiperbóreos. De esa consagración deriva la idea de que su canto es profético.
¿Qué son las doncellas cisne?
Criaturas de los cuentos eslavos, escandinavos y célticos que alternan entre forma humana y forma de ave. La transformación depende de una piel o una prenda de plumas, y en la versión más repetida un hombre se la roba mientras ella se baña para obligarla a quedarse con él.
¿Qué significa la expresión cisne negro?
Nombraba lo imposible. El satírico Juvenal la usó hacia el año 82 para decir que la esposa perfecta no existe, porque todos los cisnes conocidos eran blancos. En 1697 una expedición neerlandesa encontró cisnes negros en Australia, y la expresión pasó a significar lo contrario: aquello que se creía imposible y resulta cierto.
Fuentes
Fuentes antiguas
- Esquilo, Agamenón (458 a. C.), primera aparición literaria conocida del canto del cisne.
- Platón, Fedón, sobre los cisnes de Apolo que cantan de alegría y no de tristeza. Project Gutenberg, ebook 1658.
- Aristóteles, Historia de los animales, 615b, donde afirma que los cisnes cantan sobre todo al aproximarse la muerte.
- Plinio el Viejo, Naturalis Historia, libro X, capítulo 32, que desmiente el canto del cisne por observación. Texto latino y traducción. latinitium.com
- Ovidio, Metamorfosis, libro XIV, versos 428-430, sobre el llanto de Canente comparado con el canto fúnebre del cisne.
- Esopo, «El cisne y el ganso», n.º 399 del índice Perry.
- Calímaco, Himno IV. A Delos, versos 249-258, sobre los cisnes del Pactolo que dan siete vueltas a Delos y las siete cuerdas de la lira. Trad. A. W. Mair, Loeb, 1921. theoi.com
- Alceo, fragmento 307 (siglo VI a. C.), resumido por Himerio en sus Discursos: la diadema de oro, la lira, el carro de cisnes y el desvío hacia los hiperbóreos.
- Eliano, Sobre los animales, sobre los cisnes que rodean el santuario hiperbóreo y los hiperbóreos que se vuelven cisnes al envejecer. theoi.com
- Juvenal, Sátira VI, 165: rara avis in terris nigroque simillima cygno.
Referencias modernas
- Wikipedia, «Swan song», sobre la genealogía completa de la creencia, la anatomía del cisne cantor y la hipótesis de Peter Pallas. en.wikipedia.org
- Bob Montgomerie, «Swan Song», British Ornithologists' Union, sobre la etimología de kyknos y de swan. bou.org.uk
- Wikipedia, «Hamsa (bird)», sobre la identificación del hamsa con el ganso de cabeza barrada y su cognación con anser y goose. en.wikipedia.org
- Devdutt Pattanaik, «Is the Hamsa an Indian Goose or a European Swan?», sobre la sustitución en las traducciones coloniales. devdutt.com
- Wikipedia, «Makara», sobre el vehículo de Varuna. en.wikipedia.org
- Wikipedia, «Albedo (alchemy)», sobre la fase de emblanquecimiento y sus emblemas. en.wikipedia.org
- Wikipedia, «Black swan theory», sobre el recorrido de la expresión desde Juvenal hasta Taleb, pasando por De Vlamingh en 1697 y John Stuart Mill. en.wikipedia.org
Mira también
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