La paloma es, en casi todas las tradiciones donde aparece, símbolo de paz, pureza, amor y esperanza. El cristianismo la elevó a representación del Espíritu Santo; Grecia y Roma la asociaron a las diosas del amor; y una leyenda mesopotámica cuenta que un grupo de palomas crió a una niña abandonada hasta convertirla en una legendaria reina guerrera. No todos los relatos que hoy circulan sobre la paloma, sin embargo, son tan antiguos como parecen: uno de los más repetidos, el de la paloma de Venus anidando en el casco de Marte, es en realidad una invención de la pintura del siglo XVIII.
| Nombre y origen | Del latín palumba, «la de plumaje pálido» |
|---|---|
| Mesopotamia | Crían y salvan a la futura reina Semíramis, según Diodoro de Sicilia |
| Grecia | Ave de Afrodita; sacerdotisas «palomas» en el oráculo de Dodona |
| Cristianismo | Manifestación del Espíritu Santo; siete dones en la iconografía |
| Arte del siglo XVIII | La paloma en el casco de Marte, alegoría de Lagrenée (h. 1770), no mito antiguo |
| China y Japón | Paz y fidelidad, con un matiz propio: la longevidad |
| Islam | Protección divina, en el episodio de la cueva de Thawr |
| Siglo XX | Emblema pacifista con Picasso (1949) y tragedia real en Seúl 1988 |
| Denominador común | Un mensaje que llega desde otro lugar: en casi todas las tradiciones reunidas aquí, la paloma no actúa por sí misma sino que transmite algo —una noticia, una protección, una presencia divina— entre dos mundos que de otro modo no se comunicarían: el cielo y la tierra en la Biblia y el islam, los dioses y los mortales en Grecia y Roma, un ejército y su cuartel general en la guerra. Incluso cuando el símbolo falla, como en Seúl 1988, lo que se rompe es justamente esa función de intermediaria |
- Origen del nombre
- Semíramis: la reina que criaron las palomas
- Grecia y Roma: Afrodita, Venus y el oráculo de Dodona
- La paloma en el casco de Marte: un mito que no lo es
- La Biblia: Noé y el Espíritu Santo
- Iconografía cristiana: los siete dones y las almas-paloma
- China, Japón y la longevidad
- El islam: la cueva de Thawr
- Mensajeras en tiempos de guerra
- Picasso y la paloma que no quería ser símbolo de paz
- Seúl 1988: cuando el símbolo se quemó en directo
- No confundir con
- Preguntas frecuentes
Origen del nombre
La palabra paloma viene del latín palumba (o palumbes), que designaba a la paloma torcaz, y que a su vez se relaciona con una raíz que aludía a su color pálido o ceniciento. Del mismo origen latino provienen el italiano palomba y formas emparentadas en otras lenguas romances, todas construidas sobre esa misma idea del plumaje claro y suave del ave. El término latino más general para el ave, columba, sobrevive en cambio en el nombre científico de toda la familia, Columbidae, y en palabras como «colombófilo», quien cría y entrena palomas mensajeras.
Semíramis: la reina que criaron las palomas
La leyenda más elaborada sobre palomas que cuidan a un ser humano procede de Mesopotamia, y llegó hasta nosotros gracias al historiador griego Diodoro de Sicilia, que la registró en el siglo I antes de Cristo en su Biblioteca histórica. Cuenta que la diosa siria Derceto, avergonzada tras concebir una hija con un joven mortal, abandonó a la recién nacida en una región rocosa y desolada, y se arrojó después a un lago, donde su cuerpo se transformó en el de un pez.
La niña, sin embargo, no murió. Según el propio relato de Diodoro, una gran cantidad de palomas anidaba en esa misma región, y fueron ellas las que la criaron de una manera que el historiador califica de asombrosa: algunas la mantenían caliente cubriéndola con sus alas por todos lados, mientras otras, al ver que los pastores de las granjas cercanas se alejaban, volaban hasta allí y le traían leche en el pico, dejándola caer gota a gota entre los labios de la niña. Cuando cumplió un año y necesitó un alimento más sólido, las palomas empezaron a picotear trozos de los quesos guardados en las granjas para dárselos de comer. Los pastores, al notar que los quesos aparecían mordisqueados por los bordes, se quedaron intrigados, montaron guardia y descubrieron así a la niña, de una belleza extraordinaria. El jefe de los pastores reales, de nombre Simas, la adoptó y le dio el nombre de Semíramis, que según explica el propio Diodoro, es una ligera alteración de la palabra siria para «paloma». Esa niña llegaría, con el tiempo, a convertirse en una legendaria reina guerrera de Asiria, a quien la tradición atribuyó la fundación de Babilonia y sus jardines colgantes, en una infancia salvada por aves que recuerda, salvando las distancias, a la de otros niños de la mitología alimentados o protegidos por animales, como Zeus entre las abejas cretenses en el artículo dedicado a la abeja.
Grecia y Roma: Afrodita, Venus y el oráculo de Dodona
En las religiones antiguas del Mediterráneo oriental, la paloma estuvo asociada de forma constante con los cultos del amor y la fertilidad: Astarté y Adonis entre los pueblos sirio-fenicios, Afrodita y Eros entre los griegos, Venus y Cupido entre los romanos. Un par de palomas arrullándose se convirtió en emblema de la felicidad conyugal y la armonía entre esposos, y la propia ave llegó a personificar el ideal de una esposa fiel y afectuosa, un papel que en la mitología griega comparte, con matices propios, el cisne, otra ave ligada al amor divino aunque por un camino mitológico completamente distinto.
En Grecia, además, se le atribuyó a la paloma un don profético. En el santuario de Zeus en Dodona, en el Epiro, la tradición sostenía que unas sacerdotisas conocidas como peleiai, «palomas», interpretaban el susurro de las hojas de una encina sagrada para entregar sus oráculos. El historiador Heródoto, ya en el siglo V antes de Cristo, discutía el origen de ese nombre y recogía una explicación local: que una paloma de plumaje oscuro había volado hasta Dodona desde Egipto y, posada en la encina, había hablado con voz humana para ordenar que se fundara allí un oráculo de Zeus.
La paloma en el casco de Marte: un mito que no lo es
Es habitual encontrar, en resúmenes sobre el simbolismo de la paloma, una escena presentada como mito romano: una paloma de Venus construye su nido en el casco de guerra de Marte, y el dios, conmovido por la súplica de la diosa, decide no destruirlo y renunciar momentáneamente a la guerra. No existe, sin embargo, ninguna fuente clásica —ni Ovidio, ni Virgilio, ni ningún mitógrafo antiguo conocido— que narre esta historia. Lo que sí existe, y es real, es un cuadro: Marte y Venus, alegoría de la paz, pintado hacia 1770 por el francés Louis Jean François Lagrenée y conservado hoy en el Museo Getty de Los Ángeles. En él, Marte aparta las cortinas de una cama para contemplar a Venus dormida, con el escudo y la espada abandonados en el suelo, mientras un par de palomas blancas construye su nido dentro del casco del dios. La escena retoma, con libertad artística propia del siglo XVIII, la asociación romana genuina entre Venus y la paloma para construir una alegoría visual sobre el amor que desarma a la guerra, no un mito heredado de la Antigüedad.
La Biblia: Noé y el Espíritu Santo
En el relato del Génesis, tras el diluvio, Noé suelta primero un cuervo y después una paloma para averiguar si las aguas habían bajado; la paloma regresa con una rama de olivo en el pico, señal de que la tierra volvía a ser habitable y de que la ira divina había cedido. Esa imagen convirtió a la paloma con la rama de olivo en el emblema de paz más reconocido de todas las tradiciones occidentales.
En el Nuevo Testamento, la paloma adquiere un peso todavía mayor. Juan el Bautista describe así el bautismo de Jesús: «Vi al Espíritu que descendía del cielo como una paloma, y permaneció sobre él» (Juan 1:32). Ese pasaje fijó para el cristianismo posterior la imagen de la paloma como manifestación visible del Espíritu Santo, presente desde entonces en las escenas del Bautismo de Cristo, la Anunciación y la propia Trinidad, en un papel de intermediaria entre lo humano y lo divino no muy distinto, en otro registro, del que cumple el cuervo que Noé envía primero desde la misma arca.
Iconografía cristiana: los siete dones y las almas-paloma
En el arte cristiano es frecuente representar siete palomas blancas sobre la cabeza de Cristo o de la Virgen con el Niño, cada una asociada a uno de los siete dones del Espíritu Santo: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. La paloma aparece también flotando sobre las cabezas de teólogos especialmente venerados —los cuatro evangelistas, Gregorio Magno, Tomás de Aquino, Bernardino de Siena— como signo visual de inspiración divina.
En la tradición ortodoxa, a monjas y santas de vida especialmente pura se las llamó también, por extensión, «palomas». La hagiografía de algunas mártires recoge la imagen de que, en el instante de su ejecución, su alma abandonó el cuerpo con la forma de una paloma blanca —una tradición piadosa que conviene tomar como parte de la literatura devocional de la época, no como un hecho histórico verificable.
China, Japón y la longevidad
A diferencia de otros animales cuyo simbolismo cambia radicalmente entre Oriente y Occidente, la paloma mantiene en China y Japón buena parte de las asociaciones que tiene en Europa: paz, fidelidad, amor. Ambas culturas añaden, sin embargo, un matiz propio que no es tan central en la tradición occidental: la paloma también se asocia allí con la longevidad, quizás por su fidelidad de por vida a una sola pareja.
El islam: la cueva de Thawr
La tradición islámica conserva su propio relato sobre una paloma protectora, ambientado en un momento decisivo de la historia de la fe: la Hégira, la huida del profeta Mahoma de La Meca a Medina en el año 622. Perseguido de cerca por los quraysíes, que habían jurado darle muerte, Mahoma se refugió junto a su compañero Abu Bakr en una cueva del monte Thawr, al sur de La Meca, donde permanecieron ocultos durante tres días.
Según el relato tradicional, cuando los perseguidores llegaron hasta la boca misma de la cueva, encontraron la entrada cubierta por una telaraña intacta y un nido de palomas con huevos, instalado justo delante, sin señal alguna de haber sido perturbado. Convencidos de que nadie podía haber entrado recientemente sin romper la tela ni espantar a las aves, los quraysíes se dieron la vuelta sin registrar el interior. La tradición atribuye esa protección a una intervención divina, y desde entonces la cueva de Thawr es uno de los lugares que visitan los peregrinos musulmanes en La Meca, como recordatorio de que la ayuda puede llegar disfrazada de algo tan frágil como una tela de araña y un nido de paloma.
Mensajeras en tiempos de guerra
Mucho antes de que existiera cualquier tecnología de comunicación a distancia, los ejércitos y las ciudades sitiadas usaron palomas mensajeras para transmitir información con rapidez. Se las mantenía en puestos de avanzada y torres de vigilancia para avisar con premura de la aparición de un enemigo, y en más de un asedio histórico una paloma fue el único medio disponible para pedir auxilio desde una fortaleza rodeada. Esa función práctica fue tan valorada durante siglos que muchas plazas fuertes llegaron a tener un responsable exclusivo a cargo de sus palomares militares, un uso enteramente práctico y sin ningún simbolismo espiritual, muy distinto del que reciben otras aves nocturnas como la polilla o incluso el propio cuervo.
El caso más célebre de este uso militar ocurrió en octubre de 1918, en el bosque de Argonne, durante la Primera Guerra Mundial. Un batallón estadounidense de más de quinientos hombres, el llamado «Batallón Perdido», quedó atrapado sin darse cuenta bajo el fuego de su propia artillería, que ignoraba su posición exacta. Los mensajeros humanos que intentaron avisar de la equivocación murieron uno tras otro. Como último recurso, el mayor al mando ató un mensaje a la pata de la única paloma mensajera que le quedaba, de nombre Cher Ami, y la soltó bajo una lluvia de disparos. La paloma fue alcanzada en pleno vuelo —perdió un ojo y quedó con la pata colgando de un solo tendón—, pero llegó igualmente hasta su palomar, a más de treinta kilómetros de distancia, con el mensaje todavía atado. El bombardeo cesó a tiempo, y se calcula que la paloma salvó la vida de cerca de doscientos hombres. Cher Ami sobrevivió a sus heridas y recibió la Cruz de Guerra francesa.
Picasso y la paloma que no quería ser símbolo de paz
El símbolo de paloma más reconocible del siglo XX no nació de una tradición religiosa sino de un regalo entre amigos. Henri Matisse le obsequió a Pablo Picasso una paloma mensajera milanesa, y esa ave real posó, de algún modo, para el dibujo que Picasso terminó entregando en enero de 1949 al escritor comunista Louis Aragon, quien buscaba una imagen para el cartel del Congreso Mundial de Partidarios de la Paz que se celebraría ese año en París. Aragon eligió una litografía en blanco y negro, una paloma de perfil sobre fondo negro, entre varios bocetos que Picasso tenía en su estudio. El cartel se distribuyó por toda la ciudad, y de ahí saltó a congresos por la paz en Wroclaw, Estocolmo, Sheffield, Viena, Roma y Moscú, hasta convertirse en el emblema más repetido del pacifismo del siglo XX. Picasso, además, terminó llamando Paloma a la hija que tuvo ese mismo año con Françoise Gilot.
Hay, sin embargo, un giro que casi nunca se cuenta junto con esta historia: al propio Picasso el símbolo lo dejaba perplejo. Años después confesó que nunca había entendido cómo se le podía ocurrir a alguien convertir a la paloma en emblema de paz, porque —decía— es un ave extremadamente cruel. La opinión no era caprichosa: había crecido junto al palomar de su padre, en Málaga, donde las palomas peleaban entre sí al caer la tarde. El ave más famosa del pacifismo moderno lleva, en su propio origen, la firma de un artista que la consideraba de todo menos pacífica.
Seúl 1988: cuando el símbolo se quemó en directo
Durante décadas, la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos incluyó la liberación de cientos de palomas vivas justo antes de encender el pebetero, como gesto simbólico de paz entre naciones. El 17 de septiembre de 1988, en Seúl, ese gesto terminó en tragedia: varias de las palomas liberadas se posaron a descansar dentro del enorme pebetero, sin volver a levantar el vuelo a tiempo. Cuando los atletas encendieron la llama olímpica, las aves quedaron atrapadas dentro y murieron quemadas, en directo, ante una audiencia mundial de varios cientos de millones de personas. Las cámaras de televisión giraron rápidamente hacia el público para no mostrar la escena completa, pero el hecho ya había ocurrido y generó un rechazo inmediato de organizaciones de protección animal en todo el mundo. El Comité Olímpico Internacional eliminó desde entonces la liberación de aves vivas de sus ceremonias, y la sustituyó por representaciones simbólicas —bailarines, bicicletas, palomas de papel o proyecciones— del mismo gesto de paz que, en 1988, el propio símbolo no sobrevivió para representar.
No confundir con
La creencia sobre el diablo y las brujas
Circula la idea de que el diablo y las brujas pueden transformarse en cualquier criatura excepto en paloma u oveja. Es una creencia popular europea bien documentada en compilaciones de folclore, aunque no fue posible localizar una fuente medieval primaria concreta que la origine; conviene tratarla como tradición oral antigua y no como un dato con autor y fecha precisos.
Preguntas frecuentes
¿Qué simboliza la paloma?
Paz, pureza, amor y esperanza en la mayoría de las tradiciones donde aparece. En el cristianismo representa al Espíritu Santo; en Grecia y Roma estuvo ligada a Afrodita y Venus como diosas del amor; y en Mesopotamia una leyenda cuenta que unas palomas criaron a la futura reina Semíramis.
¿Es un mito antiguo el de la paloma de Venus anidando en el casco de Marte?
No exactamente. No existe ninguna fuente clásica que narre esa escena como mito romano. Es el tema de una pintura alegórica de 1770, obra del francés Louis Jean François Lagrenée, que retomó la asociación real entre Venus y la paloma para construir una imagen dieciochesca sobre el amor que desarma a la guerra.
¿Quién fue Semíramis y qué relación tiene con las palomas?
Según Diodoro de Sicilia, Semíramis fue una niña abandonada al nacer por la diosa Derceto, y un grupo de palomas la mantuvo con vida cubriéndola con sus alas y alimentándola con leche y queso hasta que unos pastores la encontraron. Diodoro afirma que su nombre deriva de la palabra siria para paloma. Con el tiempo se convirtió en una legendaria reina guerrera de Asiria.
Fuentes
- Diodoro de Sicilia, Biblioteca histórica, II.4, sobre Derceto, las palomas y el origen del nombre de Semíramis. Traducción y contexto, World History Encyclopedia
- Heródoto, Historias, II.55-57, sobre las sacerdotisas «palomas» del oráculo de Dodona.
- Génesis 8:8-12; Juan 1:32, sobre la paloma de Noé y el bautismo de Cristo.
- Sobre «Marte y Venus, alegoría de la paz» (h. 1770), de Louis Jean François Lagrenée: Google Arts & Culture, con datos del J. Paul Getty Museum
- Sobre el culto de Afrodita y las palomas en la antigua Grecia: artículo de referencia con fuentes.
- Sobre Cher Ami y el Batallón Perdido, octubre de 1918: artículo de referencia con fuentes.
- Sobre la Hégira y el episodio de la cueva de Thawr: relato tradicional islámico, recogido en fuentes de referencia sobre la vida del profeta Mahoma.
- Sobre «La Colombe» de Picasso (1949) y la anécdota sobre su opinión de las palomas: artículo de referencia con fuentes.
- Sobre la tragedia de las palomas en la ceremonia de apertura de Seúl 1988: artículo de referencia con fuentes.

