Pixiu: su símbolo y significado en la cultura china


El pixiu (貔貅, pí xiū, se pronuncia aproximadamente «pi shiou») es una criatura híbrida de la tradición china: un felino alado, de cabeza dracónica y cuernos echados hacia atrás sobre el cráneo. En los textos antiguos no es un amuleto de dinero, sino una fiera que da nombre a los soldados valientes y a los guardianes de piedra que custodiaban las tumbas de la aristocracia.


La distancia entre esa capa antigua y la imagen actual es enorme. Quien busca el pixiu hoy encuentra pulseras de jade, figuras de resina y una leyenda sobre un castigo divino que le selló el ano para siempre. Ninguna fuente china anterior al siglo XX menciona ese episodio, y el propio relato de que el pixiu es «el noveno hijo del Rey Dragón» no figura en las listas clásicas de los hijos del dragón.

El pixiu de un vistazo
Nombre chino 貔貅 (pí xiū)
Nombres emparentados Tianlu (天禄, «emolumento celeste») y bixie (辟邪, «apartar el mal»)
Menciones más antiguas Yi Zhou shu y Liji; Shiji de Sima Qian, hacia el 91 a. C.
Aspecto atestiguado Cuerpo de felino, alas cortas en los hombros, pecho abombado, cuernos tendidos sobre el cráneo
Función en la Antigüedad Emblema militar y guardián de la vía funeraria
Función atribuida hoy Emblema de prosperidad en el feng shui contemporáneo y en la joyería
Dónde se conservan piezas Museo de Pinturas Han de Nanyang (Henan), Museo Nacional de China, Penn Museum (Filadelfia)

Origen del nombre: pixiu, tianlu y bixie

Los dos caracteres de 貔貅 comparten el radical 豸 (zhì), el clasificador que la escritura china reserva a los animales de cuerpo alargado y a los felinos. El sinólogo Axel Schuessler, en su ABC Etymological Dictionary of Old Chinese (2007), observa que en los textos tempranos 貔 () designa grandes felinos parecidos a la pantera, reconstruye su pronunciación en chino arcaico como *bi y la compara con el tibetano dbyi, «lince», proponiendo una etimología sinotibetana. El nombre, entonces, no nace de una criatura fabulosa: nace de un felino real que la lengua fue volviendo legendario.


Xu Ke, en el Qingbai leichao —una vasta recopilación de misceláneas de época Qing publicada en 1917—, describe al pixiu como semejante al tigre, o quizá al oso, de pelaje gris blanquecino, y añade un dato que la divulgación moderna suele desplazar de lugar: el macho se llama pi y la hembra xiu, y por eso los antiguos nombraban siempre los dos caracteres juntos. La distinción de sexo, en la fuente china, está entre las dos sílabas del nombre.


Los otros dos nombres son transparentes. Tianlu (天禄, tiānlù, aproximadamente «tien lu») significa «emolumento celeste»: 禄 es el estipendio del funcionario, la retribución que el cargo trae consigo. La expresión ya está en el Shujing o Libro de los Documentos, en el capítulo de los «Consejos del gran Yu», en la advertencia de que si dentro de los cuatro mares hay penuria, el emolumento concedido por el Cielo se acaba para siempre; así lo tradujo James Legge en 1879. Bixie (辟邪, bìxié, aproximadamente «pi sié») significa «apartar el mal», y aparece en el Jijiupian, el silabario que el funcionario Shi You compuso en época Han occidental; el comentarista tang Yan Shigu precisa allí que tanto shechi como bixie son nombres de bestias divinas.

El pixiu en los textos chinos antiguos

La primera capa documental del pixiu es militar, no económica. El Yi Zhou shu, en el capítulo «Zhou zhu», lo nombra junto al tigre y al leopardo entre los animales de la espesura de las montañas que no se dejan domar. El Liji o Libro de los Ritos, en el capítulo «Qu li», es todavía más concreto: cuando en la marcha se avista una fiera al frente, se iza el estandarte del pixiu. Es una señal de peligro y una promesa de ferocidad propia, no un talismán.


La mención más citada está en el Shiji, las Memorias históricas, que Sima Qian terminó hacia el 91 a. C. En el primer capítulo, dedicado a los cinco emperadores míticos, se cuenta que Xuanyuan —el Emperador Amarillo— adiestró osos pardos y negros, pi, xiu, chu y tigres para enfrentarse al Emperador Yan en el campo de Banquan. La frase se ha leído de dos maneras opuestas desde antiguo, y ninguna de las dos se puede descartar. El comentarista Tang Sima Zhen, en su Suoyin, entendió que se trata de seis fieras reales a las que se puede enseñar a combatir. Su contemporáneo Zhang Shoujie, en el Zhengyi, sostuvo lo contrario: que se trata de soldados a los que se designa con nombres de fieras para aterrorizar al enemigo. Esa segunda lectura explica un uso que atraviesa toda la literatura posterior, en la que pixiu es simplemente la palabra que se usa para las tropas bravas.


Conviene subrayar lo que estas fuentes no dicen. Ninguna menciona oro, plata ni riqueza. La asociación del pixiu con el dinero no aparece en el corpus clásico chino, y tampoco en el Qingbai leichao de 1917, que es la última descripción zoológica seria del animal antes de la difusión del amuleto moderno.

Los guardianes de piedra de la dinastía Han

La bestia alada de piedra irrumpe en China en la Han oriental (25-220 d. C.), colocada en pareja a lo largo de la shendao o «vía del espíritu», el corto camino ceremonial que llevaba al túmulo funerario. Es la primera gran escultura monumental en piedra del Asia oriental, y llegó tarde: una civilización con quince siglos de escritura y de bronces trabajaba hasta entonces sus monumentos en madera.


El testimonio escrito que ata los nombres a las esculturas es tardío pero preciso. Li Xian, príncipe heredero de la dinastía Tang, al anotar los anales del emperador Ling en el Hou Hanshu, apunta que al norte del distrito de Nanyang, junto a la estela de Zong Zi, hay dos bestias de piedra con los caracteres grabados en la paletilla: una dice «tianlu» y la otra «bixie». Zong Zi fue gobernador de Runan en el siglo II. Ouyang Xiu volvió a registrar esas cuatro letras en su Jigu lu, en la época Song. Las piezas se conservan hoy en el Museo de Pinturas Han de Nanyang, en la provincia de Henan.


Ese grabado tiene una historia propia que casi nunca se cuenta. Los caracteres que se ven hoy no son los de la dinastía Han: en 1528, séptimo año de la era Jiajing, el prefecto Yang Yingkui los mandó volver a tallar sobre la paletilla, porque los originales estaban ya ilegibles. La inscripción es auténtica en su contenido y ming en su superficie.


Otra pieza clave está en el Museo Nacional de China: una bestia alada de la Han oriental procedente de Luoyang, de 122 centímetros de alto por 165 de largo, con un solo cuerno erguido y siete caracteres en escritura de escriba grabados en la nuca que dan el nombre del artesano y su lugar de origen, según la costumbre administrativa de responsabilizar a quien fabrica cada objeto.


La pareja mejor documentada fuera de China está en el Penn Museum de Filadelfia, con los números de inventario C656 y C657. El escultor los talló con genitales explícitos y con dos rasgos secundarios asociados al sexo: el macho lleva un cuerno y el nervado del pecho vertical; la hembra lleva dos cuernos y el nervado horizontal. Helen Fernald, entonces conservadora adjunta, los publicó en 1927 en The Museum Journal y los atribuyó a una tumba imperial del siglo V o VI. Su honestidad en aquel artículo es notable:


«The origin and symbolism of this beast which we call a chimera is obscure. We cannot with certainty connect it with any one of the fabulous creatures mentioned in Chinese legend.»

«El origen y el simbolismo de esta bestia a la que llamamos quimera son oscuros. No podemos conectarla con certeza con ninguna de las criaturas fabulosas mencionadas en la leyenda china.» Helen E. Fernald, The Museum Journal, XVIII, 2, junio de 1927.

 

La atribución de Fernald se corrigió medio siglo después. En 1980 Barry Till comparó las dos piezas con un conjunto fechado con seguridad en el Han oriental y las adelantó al siglo II o III. La documentación del marchante C. T. Loo situaba su procedencia en el distrito de Neiqiu, en la actual Hebei; en 1987 el investigador Wang Luyu entrevistó a los vecinos de las aldeas de Wucun y Shifangcun, que recordaban tres «caballos voladores» retirados antes de la invasión japonesa de 1937 y un cuarto desenterrado al arar en 1952 y vuelto a enterrar. Ese cuarto ejemplar reapareció en 1999 y confirmó el relato. La hipótesis actual, expuesta por Adam Smith y Qin Zhongpei en 2017, es que el dueño de la tumba fue el caudillo Zhang Yan, muerto a comienzos del siglo III. Una tercera bestia del mismo lote está en el Museo Guimet de París.

Las bestias aladas de Nanjing y las Dinastías Meridionales

El conjunto más espectacular es posterior. Entre 420 y 589, las llamadas Dinastías Meridionales tuvieron su capital y sus cementerios reales en torno a la actual Nanjing, y allí se han localizado esculturas de piedra en unos treinta y un emplazamientos, repartidos entre Nanjing, Jiangning, Danyang y Jurong. Algunas superan los cuatro metros. Están declarados sitios históricos de importancia nacional de la provincia de Jiangsu.


Aquí la nomenclatura se vuelve jerárquica y estricta. Los estudios sobre el conjunto meridional coinciden en que el tianlu y el qilin se reservaban a los mausoleos imperiales, mientras que el bixie quedaba para las tumbas de príncipes y reyes feudales, sin posibilidad de transgredir la categoría. Sobre la señal que distingue a cada uno, en cambio, las fuentes no coinciden, y no conviene fundirlas: el comentario de Meng Kang al Hanshu, del siglo III, separa por cuernos —uno para el tianlu, dos para el bixie—, mientras que varios estudios del corpus meridional describen la convención inversa, con dos cuernos para el tianlu, uno para el qilin y ninguno para el bixie. Son criterios de épocas y de talleres distintos aplicados al mismo repertorio de figuras.

De Susa a Nanjing: por qué el pixiu tiene alas

El felino alado con cuernos no es una invención local. El mismo motivo recorre el arte de Eurasia mucho antes de aparecer en China: los grifos del brazalete del tesoro del Oxus, aqueménida, de los siglos VI a IV a. C.; los leones grifo del friso del palacio de Darío el Grande en Susa; los toros y leones alados de los palacios neoasirios del siglo IX a. C. Fernald ya lo había notado en 1927, y una vieja fotografía de la sala del Penn Museum llegó a enfrentar a la hembra china con un toro alado de Nimrud.


El indicio decisivo no son las alas, sino las columnas. Las tumbas de las Dinastías Meridionales llevaban pares de columnas exentas, acanaladas, con capitel escultórico y una inscripción con el nombre del difunto. La columna exenta no existe en la arquitectura china, que sostiene sus techos con pilares de madera y nunca de piedra; sí existe en la India, en los pilares edictales de Aśoka con capitel de león y en el pilar de Heliodoro, del siglo II a. C. En la aldea de Wucun, de donde salieron los leones de Filadelfia, se halló además una columna de piedra caída: es el único yacimiento anterior a las Dinastías Meridionales donde consta que bestias aladas y columnas se usaron juntas. Smith y Qin concluyen que el vehículo de transmisión no fue las plaquitas metálicas de los pueblos nómadas, sino el testimonio directo de viajeros con influencia en la corte que habían visto conjuntos monumentales en piedra en Asia central y en la India.

Cómo es el pixiu: descripción del símbolo

En las piezas antiguas conservadas, el pixiu es un cuadrúpedo de cuerpo felino y talla larga, con el pecho enormemente abombado y proyectado hacia adelante, la cabeza alta sobre un cuello arqueado y las cuatro patas en una posición que sugiere carrera más que reposo. Las alas son cortas y quedan pegadas a los hombros: no son funcionales y refuerzan más bien el ritmo de la silueta. La lengua cae desde las fauces abiertas hasta el pecho, y una barba en forma de cinta se enrosca bajo el mentón.


Los cuernos no se levantan como los de un ciervo: nacen detrás de las cejas, se tienden hacia atrás siguiendo la curva del cráneo y terminan en un pequeño nudo. Ese perfil concreto de cuerno es el que Fernald identificó como propio de los grifos del arte siberiano y de los azulejos de Susa. Sobre el lomo y los flancos corren volutas planas grabadas, y en la columna vertebral las vértebras forman una cresta ornamental. En las figuras imperiales de época Qing el cuerpo se vuelve mucho más redondo y compacto, un cambio que la tradición interpretó como signo de una capacidad de acumulación sin fondo.

La leyenda del Emperador de Jade

El relato que hoy acompaña a casi todos los amuletos se cuenta así. El pixiu fue invitado al palacio celeste y quedó deslumbrado por el oro y la plata acumulados allí; incapaz de contenerse, devoró cuanto encontró. La glotonería le sentó mal y ensució el suelo del palacio. El Emperador de Jade lo sorprendió en el acto y, en un arranque de cólera, le descargó un golpe en los cuartos traseros que le selló el ano para siempre. Desde entonces, el pixiu puede tragar tesoros pero no expulsarlos: cuanto entra, se queda dentro.


Hay una segunda versión, que Lihui Yang y Deming An recogen en su Handbook of Chinese Mythology (2005): el pixiu es el hijo leal del Rey Dragón, convertido en animal como castigo por haber roto accidentalmente el sello de su padre, y es el propio padre quien decreta el cierre. Las dos historias comparten la función —explicar por qué el animal retiene— pero no el culpable ni el motivo, y no conviene fusionarlas en un relato único.


Lo importante es la datación. El episodio del Emperador de Jade no está en el Shiji, ni en el Liji, ni en el Hanshu, ni en el Hou Hanshu, ni en el Qingbai leichao de 1917, que describe al pixiu con detalle zoológico y no menciona nada semejante. Su documentación procede de recopilaciones de folclore contemporáneas, como Origins of Chinese Auspicious Symbols de S. K. Lim (2010). Se trata, con toda probabilidad, de una etiología: un relato construido después para justificar un objeto que ya se vendía.

El pixiu en el feng shui contemporáneo y en la joyería

En la religión popular china y en el feng shui actual, el pixiu se cuenta entre las criaturas auspiciosas asociadas a la atracción y la retención de la riqueza, y es uno de los motivos más frecuentes en colgantes y pulseras de jade. La práctica contemporánea le atribuye la capacidad de captar el caiqi (財氣), la «energía del dinero», desde cualquier dirección, y lo considera especialmente indicado para quien atraviesa un año desfavorable del ciclo zodiacal. Nada de esto es una propiedad del objeto: es lo que la tradición viva le atribuye, y las fuentes antiguas no lo respaldan.


El fenómeno tiene sentido dentro de una lógica china más amplia, la de los emblemas de prosperidad basados en homofonías y en asociaciones visuales. Es la misma familia a la que pertenecen el carácter Fu de la fortuna, el símbolo de la Doble Felicidad y los peces dorados, cuyo nombre suena igual que la palabra «excedente». El pixiu llegó a ese repertorio muy tarde, y por una puerta distinta: no por un juego de palabras, sino por una leyenda de reciente formación.

Qué queda del pixiu hoy

Fuera del mercado de amuletos, la bestia sobrevive como emblema civil. Cuando en la década de 1980 se encargó al profesor Bao Bin diseñar un escudo para la ciudad de Nanjing, entre sus propuestas figuraba un bixie tomado de la escultura de la tumba de Xiao Jing. El jurado lo prefirió a las murallas y a las demás opciones, y la figura terminó identificando a la ciudad: la elección resulta curiosa, porque el motivo procede íntegramente de la cultura funeraria. Los originales, en cambio, siguen en su sitio con muy poco cuidado, algunos junto a una autopista y algunos asomando entre hileras de hortalizas.

No confundir con

El qilin

El qilin (麒麟, aproximadamente «chi lin»), al que la traducción decimonónica llamó «unicornio chino», es una bestia de augurio benévolo cuya aparición anuncia el nacimiento o el gobierno de un sabio. Comparte con el pixiu la condición de híbrido y el lugar ante las tumbas imperiales meridionales, pero es un animal de pezuñas y de temperamento pacífico, mientras que el pixiu es felino, garrudo y agresivo. La presencia de alas emplumadas es el rasgo que mejor los separa en la escultura.

El león guardián de piedra

Los shishi que flanquean puertas de templos, palacios y bancos son leones sin alas, y su convención de pareja es distinta: el macho apoya la garra sobre una esfera y la hembra sobre un cachorro. Descienden del león real, animal desconocido en China hasta que las embajadas de Asia central empezaron a enviar ejemplares vivos hacia el año 100. El pixiu conserva las alas; el león guardián las perdió.

El bixi

La semejanza es fonética y engaña en español. El bixi (赑屃) no es el bixie (辟邪): es la tortuga colosal que sostiene las estelas de piedra sobre el lomo, y esa sí figura en las listas ming de los hijos del dragón, donde se la describe como aficionada a cargar peso.

El maneki neko

El maneki neko japonés se agrupa con el pixiu en las tiendas de amuletos, pero pertenece a otra tradición, a otra lengua y a otro siglo: su documentación arranca en el Japón de época Edo y sus leyendas de origen son urbanas y recientes.

Errores frecuentes

«El Shan hai jing describe al pixiu»

Circula por miles de páginas una descripción atribuida al Shan hai jing, el Clásico de las montañas y los mares: cuerpo de tigre y leopardo, cola de dragón, color de oro y de jade, un par de alas en los hombros que no puede desplegar y un cuerno echado hacia atrás. La frase es idéntica en todas partes, siempre sin número de capítulo, y no corresponde al estilo formulario del clásico, que presenta a cada criatura con la fórmula «su forma es como la de…». Es una descripción moderna, en parte tomada del Qingbai leichao de 1917, a la que en algún momento se le adosó una atribución de prestigio. Las citas antiguas que sí se pueden verificar son otras tres: el Yi Zhou shu, el Liji y el Shiji.

«El pixiu es el noveno hijo del Rey Dragón»

El catálogo de los nueve hijos del dragón no existe como tradición antigua: se fija recién en la dinastía Ming. El emperador Xiaozong preguntó por los nombres a su gran secretario Li Dongyang, que no los sabía, consultó apurado a dos colegas y compuso una lista para salir del paso; quedó recogida en su Huailutang ji. Yang Shen la revisó después en el Sheng an ji, quitó dos nombres y agregó otros tres. El pixiu no aparece en ninguna de las dos versiones. Su ingreso a la lista es folclórico y posterior, y por eso el número de orden que se le asigna varía según quién lo cuente.

«Un cuerno es el macho tianlu, dos cuernos la hembra bixie»

Esta fórmula, repetida palabra por palabra en cientos de sitios, superpone tres distinciones que en las fuentes van por separado. Meng Kang, comentarista del siglo III, glosando el capítulo del Hanshu sobre las regiones occidentales, distingue al tianlu de un cuerno del bixie de dos cuernos, y no dice nada sobre el sexo. Xu Ke, en 1917, distingue el macho pi de la hembra xiu y no dice nada sobre los cuernos. La correlación entre cuerno y sexo sí está tallada en la pareja del Penn Museum, donde el macho de un cuerno y la hembra de dos llevan genitales inequívocos. Lo correcto es decir que hay parejas en donde el número de cuernos acompaña al sexo, no que los nombres Tianlu y bixie signifiquen «macho» y «hembra».

«Un amuleto de riqueza de dos mil años»

La antigüedad del animal es real; la del amuleto de dinero, no. El corpus antiguo entero presenta al pixiu como fiera de guerra, como estandarte y como custodio de tumbas: eso es lo que dicen el Liji, el Shiji, el Hou Hanshu y las esculturas conservadas. La riqueza entra en escena mucho después, y el objeto que hoy se compra —la figura panzona de boca abierta, con su leyenda del ano sellado— pertenece a la cultura material contemporánea, no a la Han.

«Las bestias de Nanyang llevan una inscripción Han»

El error es de detalle y vale la pena por lo que enseña. Los caracteres «tianlu» y «bixie» que hoy se leen en la paletilla de las piezas de Nanyang son un regrabado de 1528 ordenado por el prefecto Yang Yingkui, que trabajó sobre las huellas de un original ya perdido y sobre la lectura transmitida por Li Xian en época Tang y por Ouyang Xiu en época Song. El testimonio textual es antiguo; la superficie que se fotografía es ming.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el pixiu?

El pixiu es una criatura híbrida de la tradición china, representada como un felino alado con cabeza de dragón y cuernos echados hacia atrás sobre el cráneo. En los textos antiguos aparece como fiera de guerra y como guardián de las tumbas de la aristocracia; su papel como emblema de prosperidad es una lectura muy posterior.

¿El pixiu es uno de los nueve hijos del dragón?

No en las listas clásicas. Las dos versiones ming del catálogo de los nueve hijos del dragón, la de Li Dongyang y la de Yang Shen, no incluyen al pixiu. Su incorporación a la lista es folclórica y posterior, y por eso el número de orden que se le asigna cambia según la fuente.

¿Cuál es la diferencia entre tianlu y bixie?

Son dos nombres de bestias aladas emparentadas. Meng Kang, comentarista del siglo III, distinguió al tianlu de un cuerno del bixie de dos cuernos. En la escultura funeraria de las Dinastías Meridionales la diferencia pasó a ser jerárquica: tianlu y qilin ante las tumbas imperiales, bixie ante las de los príncipes.

¿De cuándo data la leyenda del pixiu sin ano?

No aparece en ninguna fuente china antigua conocida. Ni el Shiji, ni el Liji, ni el Hanshu, ni el Qingbai leichao de 1917 mencionan nada semejante. El relato del castigo del Emperador de Jade se documenta en recopilaciones de folclore contemporáneas y funciona como explicación retrospectiva del amuleto.

¿Dónde se pueden ver estatuas antiguas de pixiu?

La pareja de la tumba de Zong Zi se conserva en el Museo de Pinturas Han de Nanyang, en Henan. El Museo Nacional de China exhibe una bestia alada de Luoyang de 122 centímetros de alto. El Penn Museum de Filadelfia conserva la pareja C656 y C657, y hay decenas in situ alrededor de Nanjing.

Fuentes

  • Sima Qian, Shiji, cap. 1 «Wudi benji», hacia el 91 a. C., con los comentarios Suoyin de Sima Zhen y Zhengyi de Zhang Shoujie.
  • Hanshu, cap. 96 «Xiyu zhuan», con el comentario de Meng Kang (siglo III).
  • Hou Hanshu, anales del emperador Ling, con el comentario de Li Xian (siglo VII).
  • Xu Ke, Qingbai leichao, cap. 98, 1917.
  • James Legge (trad.), The Sacred Books of China: The Texts of Confucianism, Part I, Clarendon Press, 1879. Internet Archive
  • Helen E. Fernald, «Two Colossal Stone Chimeras from a Chinese Tomb», The Museum Journal, XVIII, 2, junio de 1927, pp. 158-173. Penn Museum
  • Adam Smith y Qin Zhongpei, «Marking the Spirit Road», Expedition Magazine, 59, 3, 2017. Penn Museum
  • Barry Till, «Some Observations on Stone Winged Chimeras at Ancient Chinese Tomb Sites», Artibus Asiae, 42, 4, 1980, pp. 261-281.
  • Lihui Yang y Deming An, Handbook of Chinese Mythology, ABC-CLIO, 2005, pp. 128-130.
  • Axel Schuessler, ABC Etymological Dictionary of Old Chinese, University of Hawai'i Press, 2007, p. 412.
  • S. K. Lim, Origins of Chinese Auspicious Symbols, Asiapac Books, 2010, pp. 23-24.
  • Project Gutenberg no conserva ninguna edición del Shiji ni del Shan hai jing en traducción de dominio público, por lo que las fuentes chinas se citan por su texto original y por ediciones alojadas en Internet Archive.

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