La espada flamígera es el arma que impide el regreso. Su origen simbólico está en un solo versículo del Génesis: cuando Adán y Eva son expulsados del jardín, Dios coloca a la entrada del Edén unos querubines y una espada de fuego para cerrar el camino al árbol de la vida.
De ahí deriva todo lo demás. La espada de fuego no conquista ni ataca: guarda. Marca un límite que existía y ahora está cerrado, y separa lo sagrado de lo profano en un sitio donde antes no había separación alguna.
| Qué significa | El límite infranqueable; la separación entre lo sagrado y lo profano |
|---|---|
| Fuente bíblica | Génesis 3, 24, único versículo donde aparece |
| Nombre hebreo | Lahat ha-herev ha-mithapeket, la llama de la espada giratoria |
| Quién la sostiene | El texto no lo dice; la tradición posterior la asigna a Uriel, Camael o Jofiel |
| En la masonería | Hoja ondulada de doble filo; guarda la puerta de la logia y se usa en la iniciación |
| En la alquimia | El fuego purificador que mata y devuelve a la vida |
- La espada del Edén
- Lo que gira no es la llama
- Quién la sostiene
- Por qué se cierra el camino
- La espada retirada
- Advertencia sobre los nombres de los ángeles
- El camino de la espada flamígera
- La espada flamígera en la masonería
- Dónde se aparta de la teología cristiana
- El fuego que mata y resucita
- Errores frecuentes
- Preguntas frecuentes
La espada del Edén
El versículo es breve y aparece al final del relato del jardín, como último gesto de la expulsión:
Y habiendo expulsado al hombre, puso delante del jardín de Edén querubines, y la llama de espada vibrante, para guardar el camino del árbol de la vida.Génesis 3, 24
Lo primero que conviene notar es lo que el texto no dice. En la imagen popular, un ángel armado monta guardia con una espada llameante en la mano. Pero el hebreo emplea el marcador de objeto directo —et— dos veces: una delante de «los querubines» y otra delante de «la llama de la espada giratoria». Gramaticalmente son dos cosas distintas puestas allí, no un querubín provisto de un arma.
Esa ambigüedad ha dado lugar a lecturas muy diferentes entre los especialistas. La espada se ha entendido como arma que los querubines empuñan, como relámpago, como metáfora del castigo, como una entidad divina independiente —un ser de fuego con forma de espada, colocado allí junto a los querubines y no en sus manos— y hasta como descripción figurada de ruedas de carro provistas de cuchillas. Ninguna se ha impuesto sobre las demás.
La segunda cosa que el texto no dice es que la espada ataque. Su función es lishmor, guardar: vigilar un camino. No persigue a los expulsados ni los castiga; se queda quieta, girando, en la puerta.
Lo que gira no es la llama
La expresión hebrea es lahat ha-herev ha-mithapeket, y su traducción más literal es «la llama de la espada giratoria». Hay un detalle gramatical que casi ninguna versión en español conserva y que cambia la imagen: el participio mithapeket es femenino, y concuerda por tanto con herev, espada, que en hebreo es femenina. Lo que gira es la espada, no la llama.
La diferencia no es menor. No se trata de un fuego que ondea sino de una hoja que rota sobre sí misma sin descanso, cubriendo todas las direcciones a la vez. La imagen es la de un mecanismo, no la de una antorcha.
La palabra lahat añade otra capa. Significa llama o resplandor, pero en el resto de la Biblia hebrea aparece también para describir las artes de los magos del faraón, de modo que arrastra un matiz de encantamiento o de ilusión. Y hubo lecturas antiguas que ni siquiera la entendieron como fuego: el Targum Onkelos, la traducción aramea, la vierte como «afilada», leyendo la escena como el destello de una hoja desenvainada al sol. La versión griega de los Setenta, en cambio, sí eligió el fuego, y tradujo con el nombre de un arma concreta, la rhomphaia, la espada larga de los tracios.
Quién la sostiene
El Génesis no nombra a ningún ángel. La identificación del guardián con el arcángel Uriel es tradición posterior, muy difundida en el arte y en la devoción, pero ausente del texto bíblico; la misma tradición ha asignado la espada también a Camael y a Jofiel, que aparece con ella en vidrieras inglesas.
Fuera del Edén, la espada de fuego se le atribuye a otras figuras. Dumah figura en la literatura rabínica y en el folclore judío; la imagen concreta del ángel de la muerte de mil ojos armado con espada flamígera, en cambio, procede de un libro moderno, la colección de relatos Short Friday que Isaac Bashevis Singer publicó en 1964. El códice gnóstico Sobre el origen del mundo anuncia que, en el fin de los tiempos, los reyes sometidos a los arcontes quedarán embriagados por la espada flamígera. Y en la mitología nórdica el gigante de fuego Surtr empuña lo que Snorri Sturluson llama en el Gylfaginning una loganda sverd, una espada llameante, aunque se ha objetado que la estrofa de la Völuspá que Snorri cita podría estar describiendo el resplandor del propio Surtr más que un arma ardiente.
Conviene distinguir a estas figuras del arcángel Miguel, que en la iconografía cristiana porta espada pero no espada de fuego: su arma es la del combate contra el dragón, no la del guardián del umbral. El repertorio angélico completo está en el artículo del blog sobre los ángeles y su simbolismo.
La espada retirada
Si el sentido de la espada es cerrar el paso, la pregunta que sigue es si alguna vez se aparta. La tradición cristiana oriental responde que sí, y lo hace de manera explícita: en el Triodio Cuaresmal, el libro litúrgico ortodoxo del tiempo previo a la Pascua, se afirma que tras la crucifixión y la resurrección de Cristo la espada flamígera fue retirada del jardín del Edén, con lo que el regreso al paraíso volvió a ser posible para el género humano.
La lectura occidental corre en paralelo. Los comentaristas latinos entendieron la espada móvil como los castigos temporales, y distinguieron dos maneras de arder: una que consume y otra que purifica. Bajo esa distinción, el fuego del umbral deja de ser solo un obstáculo y se convierte en la condición del regreso: no se entra rodeándolo, se entra atravesándolo.
El camino de la espada flamígera
La cábala tomó la imagen y la aplicó a algo distinto de un umbral. En su vocabulario, el «camino de la espada flamígera» designa el orden en que fueron creadas las diez sefirot, las emanaciones divinas del árbol de la vida cabalístico.
El nombre viene de la forma del recorrido: al unir las sefirot en el orden de su creación, el trazado desciende por el árbol saltando de una columna a otra en zigzag, y ese trazado quebrado se parece al de un rayo o al de una llama. La espada flamígera pasa así de ser un obstáculo en la puerta a ser el itinerario mismo por el que lo divino desciende hasta el mundo material.
La espada flamígera en la masonería
En las logias la espada flamígera es un objeto concreto: una espada de doble filo con la hoja forjada en ondas o zigzag. La razón de esa forma la explica Albert Mackey en su Enciclopedia de la francmasonería, y es heráldica antes que masónica: los heraldos llaman espada flamígera a la que tiene la hoja en espiral o retorcida, por su parecido con la curvatura ascendente de una llama.
Dos tradiciones que suelen confundirse
Lo primero que conviene separar, porque casi todo el material en español lo mezcla, es que no hay un solo uso sino dos, y pertenecen a jurisdicciones distintas.
En la masonería anglosajona, las espadas están prácticamente ausentes de las logias azules, con una sola excepción: la del Tyler o Guarda Templo, el oficial que vigila la puerta desde fuera. Su espada va desenvainada en todo momento, nunca en la vaina, y su función declarada es impedir el paso de los no calificados. Históricamente los propios masones debían dejarle sus armas antes de entrar, porque en el templo no se admitía nada ofensivo ni defensivo.
En la masonería continental —Rito Francés Tradicional, Rito Escocés Rectificado y otros—, en cambio, las espadas son omnipresentes: en algunos ritos todos los maestros masones portan una en logia, y el Venerable Maestro lleva una propia, que es precisamente la de hoja ondulada. Ahí la espada flamígera ya no está en la puerta sino en el Oriente, en manos de quien preside.
El desarrollo va del primero al segundo: la espada del Venerable procede, por elaboración simbólica, de la función protectora de la espada del guardián. Lo que empezó siendo un instrumento de exclusión en el umbral terminó siendo un instrumento de presidencia en el centro.
La espada del Guarda Templo
Este es el uso mejor documentado y el más claramente derivado del Génesis. Mackey lo dice sin rodeos: la espada flamígera del Guarda Templo representa la espada de los querubines que custodiaban la entrada al árbol de la vida. La analogía es literal —un guardián, una puerta, un arma de fuego— y la propia literatura masónica la reconoce como préstamo bíblico.
Hay un dato histórico que conviene retener. Hacia 1738 el Guarda Templo inglés ya aparece armado con espada en lugar de con la paleta de albañil, y según la Enciclopedia masónica de Coil, en los primeros tiempos esa espada era siempre de hoja ondulada. Como las hojas onduladas no se fabricaban en serie, las logias fueron adoptando espadas corrientes, y hasta finales del siglo XIX el instrumento se seguía llamando «la espada flamígera del Guarda Templo». Mackey lamentó ese reemplazo en términos que valen la pena: escribió que antaño el Guarda Templo portaba siempre una espada flamígera, y añadió «It were better if we could get back to the old customs», «sería mejor que pudiéramos volver a las viejas costumbres».
Las lecturas que la propia masonería da a esa espada son sobre todo morales: la responsabilidad compartida de vigilar los propios pensamientos, palabras y actos, y el autocontrol del masón. Es decir, el guardián de la puerta se interpreta hacia dentro, como conciencia.
La espada del Venerable Maestro
En el uso continental, la espada flamígera cambia de función. Ya no marca un límite: interviene en el rito. Se emplea en la iniciación y en los aumentos de grado, donde se dirige hacia el candidato en momentos determinados, acompañando un cambio de estado. Las fuentes masónicas subrayan que ese gesto no es abstracto: implica físicamente al candidato y subraya la gravedad del tránsito.
El significado que la literatura divulgativa masónica le atribuye en manos del Venerable es el de poder espiritual y fuente de la que emana el conocimiento, correspondiéndole irradiar sobre los miembros la luz que despide la hoja con sus reflejos en zigzag. Conviene tomarlo como lo que es, una glosa de amplia circulación y no un texto ritual: los rituales de logia no son públicos, y lo que sí está documentado con solidez es el uso —la espada dirigida al candidato en momentos determinados, acompañando un cambio de estado— más que su interpretación autorizada. A la forma de la hoja se le añaden dos comparaciones: con las serpientes entrelazadas del caduceo, y con el movimiento del fuego, entendiendo el doble filo como el poder creador y destructor de la Palabra.
Conviene no confundir esta espada con la estrella flamígera, que es el pentagrama y un símbolo masónico distinto, tratado en el artículo sobre el pentagrama.
Dónde se aparta de la teología cristiana
La masonería toma el emblema del Génesis y lo reconoce como préstamo. Pero al trasladarlo invierte varios de sus términos, y las diferencias resultantes son de fondo y no de matiz.
La espada cambia de dirección. En el relato bíblico, la espada cierra: guarda un camino que nadie volverá a recorrer por sus propios medios. En la logia guarda una puerta que el candidato está destinado a atravesar, y de hecho la ceremonia consiste en atravesarla. El mismo emblema pasa de ser barrera definitiva a ser umbral de paso.
Cambia quién reabre el camino. Este es el punto central. En la teología cristiana el acceso se restablece por un acto ajeno al que entra: el velo del templo se rasga en la muerte de Cristo, y al ladrón se le promete el paraíso sin que haya recorrido ningún itinerario. El regreso es don recibido, no logro alcanzado. En el esquema iniciático, en cambio, el candidato pasa porque ha sido admitido tras cumplir unas condiciones y recorrer unos grados. Gracia frente a iniciación: son dos economías distintas de la salvación, y no se superponen.
Cambia de dónde viene la luz. Que el Venerable Maestro irradie sobre los miembros la luz de la hoja describe una transmisión que va del oficiante al iniciado en virtud de su cargo en la logia. La teología católica sostiene que la gracia procede de Cristo y llega por los sacramentos y el ministerio ordenado, y que la fe es una virtud infusa, no un conocimiento que se transfiera por instrucción. Un oficial de logia no es un ministro de nada en ese sentido.
Cambia el valor de la prohibición. Leído en clave iniciática, el guardián del Edén es un obstáculo ante el conocimiento, algo que el adepto debe superar. Leída en clave cristiana, según se explicó arriba, la prohibición es providencial: impide que la condición caída se vuelva definitiva. El mismo gesto de Dios resulta ser, en una lectura, un impedimento que hay que vencer, y en la otra, una misericordia.
La posición de la Iglesia católica sobre la pertenencia a estas organizaciones ha sido constante: la bula de Clemente XII la condenó en 1738, León XIII lo reiteró en la encíclica Humanum Genus de 1884, y en 1983 el cardenal Joseph Ratzinger confirmó, en la declaración sobre las asociaciones masónicas, que los fieles no pueden pertenecer a ellas. Lo anterior describe el simbolismo en su dimensión histórica y cultural, sin proponerlo como práctica.
El fuego que mata y resucita
Para los alquimistas, la espada representa el fuego purificador: aquel que mata y devuelve a la vida. La fórmula reúne las dos maneras de arder que los comentaristas cristianos habían separado, y las presenta como fases sucesivas de una misma operación en lugar de como destinos alternativos.
Esa lectura encaja con el papel que el fuego tiene en el resto del vocabulario alquímico, donde la calcinación destruye lo corruptible de una sustancia para que quede lo incorruptible. El conjunto de esos signos está en el artículo sobre los símbolos alquímicos.
Por qué se cierra el camino
El texto bíblico no deja la razón implícita: la enuncia en el versículo inmediatamente anterior a la espada. Dios advierte que el hombre no debe extender su mano y tomar también del árbol de la vida, y comer, y vivir para siempre (Génesis 3, 22). La espada no está allí para castigar el pecado ya cometido —el castigo se ha enunciado antes, en el trabajo, el dolor y la muerte—, sino para impedir una segunda cosa distinta: que la condición caída se vuelva permanente.
Esa lectura cambia el signo de la escena. Si el hombre alcanzara el árbol de la vida en el estado en que ha quedado, quedaría fijado en él para siempre, sin muerte y por tanto sin posibilidad de reparación. Bajo esa interpretación, cerrar el paso es lo que permite que la historia siga abierta, y la mortalidad deja de ser solo una condena para funcionar además como condición de un remedio posterior.
Los dos modos de arder
Los comentaristas latinos se detuvieron en el detalle de que la espada sea de fuego y no de hierro. San Agustín entendió la espada móvil como los castigos temporales, que se suceden en variedad continua igual que los tiempos, y sostuvo que se la llama flamígera porque toda tribulación quema de algún modo. Y añadió la distinción que gobierna toda la lectura cristiana posterior de este símbolo: una cosa es arder hasta ser consumido y otra arder hasta quedar purificado.
Ese matiz convierte el umbral en algo distinto de un muro. Un muro solo se rodea; un fuego que purifica se atraviesa. La espada deja de ser únicamente el obstáculo y pasa a ser también el procedimiento.
Del jardín al santuario
Los querubines de la puerta del Edén no vuelven a aparecer como personajes, pero sí como objetos, y ese recorrido es el que da al símbolo su arquitectura completa. Cuando se ordena construir el arca de la alianza, se colocan dos querubines de oro sobre el propiciatorio, uno en cada extremo, con las alas extendidas (Éxodo 25, 20). Cuando se teje el velo que separa el Santo de los Santos, se bordan querubines en él (Éxodo 26, 31). Y cuando Salomón levanta el templo, vuelve a poner querubines en el santuario interior (1 Reyes 6, 27).
La lógica es la misma en los tres casos: donde hay querubines hay un límite, y detrás del límite está la presencia. El jardín cerrado se convierte en el Santo de los Santos, con la misma guardia y la misma prohibición, y con un solo hombre autorizado a entrar un solo día al año.
Por eso los evangelios registran, en el momento de la muerte de Cristo, un dato que a primera vista es de mobiliario: el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo (Mateo 27, 51). Leído en la serie que empieza en el Edén, ese desgarro es la contrapartida exacta de la espada puesta en la puerta. La cadena de comentarios patrísticos recoge esa lectura sin ambages: por el agua del baño del nuevo nacimiento se apagaría la llama vacilante con la que el querubín había bloqueado la entrada al paraíso cuando el primer Adán fue expulsado, de modo que allí donde uno salió vencido por su enemigo, el segundo Adán podría volver a entrar vencedor.
La misma idea aparece en el relato de la crucifixión en forma de promesa concreta. Al ladrón crucificado a su lado, Jesús le dice que ese mismo día estará con él en el paraíso (Lucas 23, 43). En la lectura tradicional, ese condenado es el primero que vuelve a cruzar el umbral que la espada custodiaba.
Advertencia sobre los nombres de los ángeles
Conviene decirlo con claridad porque el error es masivo en el material que circula sobre este símbolo: las Escrituras canónicas nombran a tres ángeles y solo a tres. Son Miguel, Gabriel y Rafael. Cualquier otro nombre angélico —Uriel, Raguel, Sariel, Jofiel, Camael, Zadquiel, Remiel— procede de libros que no forman parte del canon, principalmente el libro de Enoc y el cuarto libro de Esdras, o directamente de la literatura rabínica y de la tradición posterior.
Hay una precisión adicional que casi nunca se hace. La palabra «arcángel» no aparece en el Antiguo Testamento, y en el Nuevo aparece solo dos veces: en la primera carta a los Tesalonicenses y en la carta de Judas. En la de Judas se aplica a Miguel. De modo que, en rigor, el único ángel al que la Escritura llama arcángel es Miguel; Gabriel y Rafael son los otros dos nombrados, pero el texto no les da ese título. La idea de que son siete procede de una frase de Rafael en el libro de Tobías, donde se presenta como uno de los siete que están ante la gloria del Señor.
La Iglesia católica fijó su posición sobre esto en un episodio concreto y bastante dramático. El 25 de octubre del año 745, el papa Zacarías reunió en Roma a siete obispos y diecisiete sacerdotes para juzgar a un predicador llamado Aldeberto, denunciado por san Bonifacio. Entre los cargos figuraba poseer una oración que invocaba a ocho ángeles por su nombre: Uriel, Raguel, Tubuel, Miguel, Adino, Tubuas, Sabaoc y Simiel. Al oír la lista, el sínodo respondió que, salvo Miguel, aquellos no eran ángeles sino demonios introducidos bajo apariencia de ángeles; declaró la oración sacrílega, anatematizó a Aldeberto, ordenó quemar sus escritos y estableció que los únicos nombres angélicos conocidos por autoridad de la Escritura son Miguel, Gabriel y Rafael. Un sínodo celebrado en Aquisgrán en 789 reiteró la medida.
La norma sigue vigente. El Directorio sobre la piedad popular y la liturgia, publicado en 2002, establece que debe desaprobarse la práctica de dar nombres particulares a los ángeles, con la excepción de Miguel, Gabriel y Rafael. Conviene añadir, para no simplificar, que las Iglesias orientales —ortodoxas y católicas de rito bizantino— sí conmemoran a Uriel junto a otras potestades incorpóreas, de modo que la restricción no es universal en el cristianismo sino propia de la Iglesia latina.
Nada de esto niega que existan más ángeles ni prohíbe estudiar las tradiciones que los nombran. Lo que establece es una distinción entre lo que la Escritura dice y lo que la tradición añadió, y esa distinción es la que se pierde cuando se afirma sin más que el guardián del Edén se llamaba Uriel.
Errores frecuentes
«En la mitología sumeria, Asaruludu era portador de la espada de fuego»
La frase circula muy difundida en español, junto con la coletilla de que el dios «garantiza la más perfecta protección». No procede de ninguna fuente mesopotámica. Es traducción literal de un texto del siglo XX: el Simon Necronomicon, grimorio publicado en 1977 y reconocido como invención moderna, cuya lista de los cincuenta nombres de Marduk describe el séptimo, Asaruludu, como portador de la espada flamígera que asegura la más perfecta protección.
El Asaruludu real existió como divinidad: era el dios patrono de la ciudad de Kuara, quedó asociado a los conjuros y las curaciones en el ámbito de Eridu, y terminó absorbido por Marduk, entre cuyos cincuenta nombres figura en el Enuma Elish. Pero el epíteto que ese poema le da es «la luz de los dioses». No hay espada.
«Un querubín con una espada de fuego custodia el Edén»
La imagen es tan familiar que cuesta ver que el texto dice otra cosa. Génesis 3, 24 habla de querubines en plural, y coloca la llama de la espada como un segundo elemento gramaticalmente independiente. Que los querubines la empuñen es una de las lecturas posibles, no la que el hebreo impone, y otras interpretaciones antiguas y modernas han visto en ella un relámpago o una entidad autónoma. La versión con un solo ángel armado en la puerta procede de la iconografía posterior, no de la escritura.
«El ángel de la espada de fuego es Uriel»
El Génesis no da ningún nombre. La atribución a Uriel es tradición devocional tardía, y no es la única: la misma tradición asigna la espada a Camael y a Jofiel, y el folclore judío nombra a Dumah. Cualquiera de estas identificaciones puede citarse como lo que es, una tradición, pero ninguna puede presentarse como dato bíblico. La Escritura nombra a tres ángeles y solo a tres, según se detalla arriba.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa la espada flamígera?
Es el arma que impide el regreso. En el relato bíblico se coloca a la entrada del Edén para cerrar el camino al árbol de la vida, y de ahí deriva su sentido general: separa lo sagrado de lo profano y marca un límite que no puede cruzarse sin transformarse antes.
¿Los querubines sostienen la espada de fuego en la Biblia?
El texto hebreo no lo dice. Génesis 3, 24 marca dos objetos distintos que Dios coloca allí: los querubines por un lado y la llama de la espada giratoria por otro. Los especialistas la han leído como arma de los querubines, como relámpago, como metáfora o como un ser divino independiente.
¿Qué es la espada flamígera en la masonería?
Una espada de doble filo con la hoja ondulada o en zigzag, para sugerir llamas. La emplea el oficial que guarda la puerta de la logia, y también el Venerable Maestro en la iniciación de aprendices, donde no funciona como arma sino como instrumento de transmisión.
¿Qué ángel tiene la espada de fuego?
El libro del Génesis no nombra a ninguno. La identificación con el arcángel Uriel es una tradición posterior, y la misma tradición asocia la espada también a Camael y a Jofiel. En el folclore judío aparece además Dumah, ángel de la muerte.
¿Cuántos ángeles nombra la Biblia?
Tres: Miguel, Gabriel y Rafael. Y de los tres, solo Miguel recibe en el texto el título de arcángel, en la carta de Judas. Los demás nombres, incluido Uriel, proceden de libros no canónicos como el de Enoc y el cuarto de Esdras.
Fuentes
Fuentes antiguas
- Génesis 3, 24, en el texto masorético hebreo, con el Targum Onkelos y la versión de los Setenta enfrentados. tanakh.info
- Targum Onkelos sobre Génesis 3, 24, que traduce lahat como «afilada». intertextual.bible
- Triodio Cuaresmal, libro litúrgico ortodoxo, sobre la retirada de la espada tras la resurrección.
- Génesis 3, 22, sobre el motivo declarado del cierre; Éxodo 25, 20 y 26, 31, y 1 Reyes 6, 27, sobre los querubines del arca, del velo y del santuario; Mateo 27, 51, sobre el velo rasgado; Lucas 23, 43, sobre el ladrón arrepentido.
- Tobías 12, 15, donde Rafael se presenta como uno de los siete que están ante la gloria del Señor; Judas 9, único lugar donde la Escritura llama arcángel a Miguel.
- Enuma Elish, donde Asaruludu figura entre los cincuenta nombres de Marduk como «la luz de los dioses».
- Snorri Sturluson, Gylfaginning 4, y Völuspá 52, sobre la espada llameante de Surtr.
- Códice gnóstico Sobre el origen del mundo, sobre la espada flamígera en el fin de los tiempos.
Estudios y referencias
- «The Flame of the Whirling Sword: A Note on Genesis 3:24», sobre la concordancia femenina del participio y la traducción literal de la expresión. academia.edu
- Comentario de traducción sobre Génesis 3, 24, que trata la espada como medio de guardia independiente de los querubines. tips.translation.bible
- Wikipedia, «Flaming sword (mythology)», sobre el abanico de lecturas de los especialistas, la tradición del Triodio, la cábala, Uriel, Camael, Jofiel, Dumah y Surtr. en.wikipedia.org
- HandWiki, «Asaruludu», que registra el epíteto de la espada flamígera como atribución sin fuente. handwiki.org
- San Agustín sobre Génesis 3, 24, y el pasaje patrístico sobre el segundo Adán, en la cadena de comentarios. catenabible.com
- Sobre el Sínodo Romano del 25 de octubre de 745, el caso de Aldeberto y la lista de ángeles rechazada. link.springer.com
- Albert G. Mackey, Encyclopedia of Freemasonry, entrada «Flaming Sword», sobre el origen heráldico de la hoja ondulada, su referencia a los querubines del Edén y el lamento por el reemplazo de la espada flamígera del Guarda Templo. Edición revisada, 1:267b.
- Henry W. Coil, Coil's Masonic Encyclopedia, sobre la hoja ondulada como forma original de la espada del Guarda Templo.
- John Bizzack, «Origins: The Tyler and the Wavy Bladed Sword», sobre el paso de la paleta a la espada hacia 1738 y la denominación vigente hasta el siglo XIX. thecraftsman.org
- Sobre la diferencia entre el uso anglosajón y el continental de la espada, y sobre la espada del Venerable Maestro en el Rito Francés Tradicional y el Rito Escocés Rectificado. nos-colonnes.com
- Albert Pike, Morals and Dogma, 1871, en Project Gutenberg, ebook 19447, para el marco doctrinal del Rito Escocés.
- EWTN, «Proper Names of the Angels», sobre la decisión de Zacarías y su reiteración en Aquisgrán en 789. ewtn.com
- Sobre el Directorio sobre la piedad popular y la liturgia de 2002 y la conmemoración oriental de Uriel. churchpop.com


