La alquimia era una práctica que combinaba elementos actualmente contenidos en la química, la física, el arte, la semiótica, la psicología, la metalurgia, la medicina, la astrología, el misticismo y la religión. El objetivo común de los alquimistas era descubrir el método de transmutación del plomo en oro—la piedra filosofal—, la medicina para todas las enfermedades—la panacea—y el elixir de la inmortalidad.
Los símbolos alquímicos que se adoptaron originalmente servían para registrar elementos, compuestos y procesos en los manuscritos; funcionaban a la vez como escritura abreviada de laboratorio y como código para proteger el conocimiento de miradas ajenas. Cabe señalar que, en general, tal registro estaba estandarizado, pero el estilo y el símbolo diferían entre los alquimistas, por lo que se presentarán los más usuales.
Los cuatro elementos básicos alquímicos
Los filósofos de la Antigüedad sostuvieron que el fuego, el aire, la tierra y el agua eran los cuatro elementos de la naturaleza; pero los discípulos de la alquimia relativizaron esta doctrina y afirmaron que la sal, el azufre y el mercurio eran los tres principios de cuya mezcla o unión emanaban las diversas producciones de los reinos animal, vegetal y mineral (1). El triángulo equilátero simbolizaba la triple influencia de la materia, de la vida y de la inteligencia (2).
Fuego
En la alquimia, los triángulos que apuntan hacia arriba representan los principios de índole activa y masculina, como se da en los casos del aire y del fuego. El símbolo alquímico del fuego consistía en un triángulo simple, sin aditamentos. Los alquimistas llamaron al fuego del horno simplemente «el dragón», ya que la naturaleza del fuego era devorar los elementos corruptibles de un cuerpo (2). El fuego era asociado a menudo con el rojo o el naranja; sus cualidades son lo caliente y lo seco. Se lo asociaba también a la figura geométrica del tetraedro (sólidos platónicos).
Aire
Su símbolo alquímico era el de un triángulo equilátero con una línea recta en su zona superior. De principio activo y masculino, al igual que el fuego. El aire se asocia con los colores azul, blanco, amarillo o gris; sus cualidades son lo caliente y lo húmedo. Su figura geométrica es el octaedro.
Agua
Los triángulos equiláteros que apuntan hacia abajo tienen un componente femenino, receptor y terrenal de la materia, como se da con los símbolos del agua y la tierra. El agua se asocia principalmente con el color azul; sus cualidades son lo frío y lo húmedo. Se la asocia también a la figura geométrica del icosaedro.
Tierra
Representada por un triángulo equilátero que apunta hacia abajo y, al igual que el elemento aire, con una línea recta—en este caso en su zona inferior—. La tierra se asocia generalmente con los colores marrón y verde; sus cualidades son lo frío y lo seco. Se la asocia a la figura geométrica del cubo.
Los cuatro triángulos elementales: fuego y aire—activos—apuntan hacia arriba; agua y tierra—receptivos—apuntan hacia abajo. La línea horizontal distingue el elemento "puro" (fuego, agua) del "compuesto" (aire, tierra).
Los tres principios de la alquimia o Tría Prima
La Tría Prima—los «tres principios» o sustancias filosóficas—es un concepto básico de la alquimia medieval tardía y moderna temprana, derivado de la doctrina de los cuatro elementos. Su historia merece contarse con nombres propios: el alquimista árabe Jabir ibn Hayyan—conocido en Occidente como Geber, siglo VIII—propuso que los metales se componían de dos principios, el azufre y el mercurio. Siglos más tarde, el médico y alquimista suizo Paracelso (1493-1541) añadió el tercero, la sal, y formuló la doctrina completa: el azufre (que abarca el fuego y el aire) representa lo combustible; el mercurio (el agua), lo líquido y volátil; y la sal (la tierra), el principio sólido, formativo y estable. Paracelso lo ilustraba con un ejemplo tan simple como elocuente: cuando arde un trozo de madera, la llama es obra del azufre, el humo del mercurio, y la ceniza que queda, de la sal.
El erudito H. Stanley Redgrove, en su estudio clásico sobre la alquimia, resume así la fortuna de esta doctrina:
«The sulphur-mercury-salt theory was vigorously championed by Paracelsus, and the doctrine gained very general acceptance amongst the alchemists. Salt, however, seems generally to have been considered a less important principle than either mercury or sulphur.»
«La teoría del azufre-mercurio-sal fue defendida con vigor por Paracelso, y la doctrina obtuvo una aceptación muy general entre los alquimistas. La sal, sin embargo, parece haber sido considerada en general un principio menos importante que el mercurio o el azufre.»
(H. Stanley Redgrove, Alchemy: Ancient and Modern, 1911. Project Gutenberg #43240, dominio público)
Los tres principios se corresponden además con la tríada del ser humano: el azufre es el alma (anima), el mercurio es el espíritu (spiritus) y la sal es el cuerpo (corpus).
Azufre
Simboliza el principio ardiente y combustible—el fuego-aire—, el deseo y el alma: aquello que hace que cada cosa sea lo que es, su fuego interior. Inflamable, en disolución.
Mercurio
Simboliza el principio líquido y volátil—el agua—y el espíritu: el mediador que conecta el cuerpo con el alma, lo que sube en vapor sin arder. Lo metalizado, lo fundible. El símbolo del mercurio también podía usarse para representar el planeta del mismo nombre en la astrología. Cuerpo celeste: Mercurio. Día de la semana: miércoles. Órgano: pulmones.
Sal
Simboliza el principio sólido—la tierra—, el cuerpo y la forma. Lo incombustible, lo resistente: lo que permanece fijo en el fuego. En la Tría Prima, la sal representa la condensación, la cristalización y la esencia de una cosa.
Los siete metales planetarios
La astronomía fue una parte importante de la alquimia temprana: durante la era clásica se pensaba que cada planeta «gobernaba» sobre un metal al que estaba asociado, y que su posición en el cielo y la proximidad a otros planetas afectaban las propiedades del metal. Los mismos siete símbolos servían para el astro y para su metal, y cada pareja se vinculaba a un día de la semana y a un órgano del cuerpo humano:
| Metal | Cuerpo celeste | Día | Órgano |
|---|---|---|---|
| Oro | Sol | Domingo | Corazón |
| Plata | Luna | Lunes | Cerebro |
| Hierro | Marte | Martes | Vesícula biliar |
| Mercurio | Mercurio | Miércoles | Pulmones |
| Estaño | Júpiter | Jueves | Hígado |
| Cobre | Venus | Viernes | Riñones |
| Plomo | Saturno | Sábado | Bazo |
Plomo (Saturno)
El plomo—conocido como plumbum en la época clásica—tiene un símbolo que se describe como una cruz sobre una media luna, y se parece a una guadaña o a una «h» estilizada con una cruz en la parte superior.
Estaño (Júpiter)
El símbolo del estaño es el inverso del anterior: una media luna sobre la cruz, que se ve como un «4» estilizado. Es también el signo del planeta Júpiter.
Hierro (Marte)
El símbolo «masculino» utilizado a menudo para representar el planeta Marte—el círculo con la flecha—es el símbolo alquímico del hierro, el metal de las armas y de la guerra.
Oro (Sol)
El oro representaba la perfección y era uno de los símbolos más destacados de la alquimia. Un objetivo clave—y nunca cumplido—de muchos alquimistas era aprender a convertir el plomo en oro. Dos símbolos pueden representarlo: el primero parece un sol estilizado con rayos, y el segundo es un círculo con un punto en el centro.
Cobre (Venus)
El símbolo del cobre puede ser el símbolo «femenino»—también usado para representar el planeta Venus—o un conjunto de líneas cruzadas y horizontales.
Plata (Luna)
El símbolo alquímico de la plata se parece a una luna creciente, de la misma manera que el símbolo del oro se parece a un pequeño sol. La media luna puede dibujarse mirando hacia la derecha o hacia la izquierda.
Elementos mundanos de la alquimia
Los elementos mundanos constituyen el resto de los elementos utilizados en la alquimia. Por lo general son adiciones más recientes y no tienen una historia tan larga como los anteriores; como resultado, se conoce menos información sobre sus símbolos y lo que representan, aunque todos fueron empleados por alquimistas en algún momento.
Antimonio
El antimonio representaba para los alquimistas las partes salvajes o animales de la naturaleza humana. Su símbolo es un círculo con una cruz encima (el símbolo femenino invertido), y a veces se representa también como un lobo.
Arsénico
En alquimia, el arsénico a menudo está representado por un cisne o cisnes. Esto se debe a que, como metaloide, el arsénico es capaz de transformar su apariencia física—de sólido gris metálico a sólido cristalino amarillo—, de la misma manera que el patito gris se transforma en un bello cisne. Su símbolo es un par de triángulos superpuestos.
Magnesio
El magnesio no se encuentra en su forma pura, por lo que los alquimistas usaron carbonato de magnesio—la «magnesia alba»—en sus experimentos. Debido a que el magnesio no puede extinguirse fácilmente una vez encendido, representó la eternidad para los alquimistas. Varios símbolos pueden representarlo.
Fósforo
El fósforo era un elemento importante para los alquimistas porque parecía tener la capacidad de capturar la luz: cuando la forma blanca del fósforo se oxida, brilla con luz verdosa. Representaba el espíritu, y su símbolo es típicamente un triángulo sobre una doble cruz.
Platino
Los alquimistas creían que el platino era una combinación de oro y plata, por lo que su símbolo es la combinación de los símbolos de esos dos metales: la media luna de la plata unida al círculo solar del oro.
Bismuto, potasio y zinc
Otros tres elementos mundanos cuentan con símbolo propio, aunque las fuentes conserven poco de su significado simbólico. Del bismuto no se sabe mucho sobre su uso en la alquimia—hasta el siglo XVIII a menudo se confundía con el estaño y el plomo—; su símbolo se parece a un «8» abierto en la parte superior. El potasio no se encuentra naturalmente como elemento libre, por lo que los alquimistas usaron carbonato de potasio, o «potasa»; su símbolo es un rectángulo sobre una cruz. Y el zinc se quemaba para crear óxido de zinc, al que llamaban «lana del filósofo» o «nieve blanca»; varios símbolos distintos pueden representarlo, según el manuscrito.
Símbolos alquímicos varios
Caput mortuum
Caput mortuum es un término latino que significa «cabeza muerta». En alquimia designaba la sustancia inútil que quedaba de una operación química como la sublimación. Los alquimistas representaron este residuo con un cráneo humano estilizado—una cabeza muerta literal—. En su uso actual, limitado, el caput mortuum representa el declive y la entropía.
Aqua fortis
Aqua fortis, o «agua fuerte», es en la actualidad el ácido nítrico. Al ser altamente corrosiva, la solución se usó en alquimia para disolver la plata y la mayoría de los otros metales, con la notable excepción del oro, que solo puede disolverse usando agua regia. El aqua fortis se preparaba mezclando arena, alumbre o vitriolo—o los dos últimos juntos—con salitre, y destilando luego a fuego caliente.
Aqua regia
Aqua regia significa «agua real», por su propiedad de disolver los metales nobles como el oro y el platino. Se conoce desde la Edad Media, y es esta capacidad la que causó asombro entre los alquimistas de la época. Es un líquido de color naranja altamente corrosivo, mezcla de ácido nítrico y ácido clorhídrico concentrado, generalmente en proporción de una a tres partes.
Régulo de antimonio
Este término siempre se ha utilizado para referirse al antimonio metálico reducido de su mineral. Cuando está bien preparado y purificado, se ve un patrón estrellado en la superficie del metal: los alquimistas estaban fascinados por la propiedad del antimonio de formar una estrella cristalina—la «estrella Regulus»—bajo ciertas condiciones. El nombre deriva probablemente del latín regulus, «rey pequeño»: como el régulo de antimonio se combina fácilmente con el oro—el rey de los metales—, se volvió importante para el proceso de refinación del metal precioso y un objeto de considerable interés experimental para los adeptos del siglo XVII. Para los alquimistas simbolizaba la quintaesencia de la materia. El metal en sí es bastante quebradizo y se reduce a polvo con facilidad.
Baño María
Símbolo que representa al utensilio cuya invención se atribuye a la famosa alquimista María la Judía, una de las fundadoras de la alquimia alejandrina. Un balneum Mariae alquímico limita la temperatura máxima de un recipiente y su contenido al punto de ebullición de un líquido separado. Se utiliza ampliamente en procesos químicos que requieren un calor suave, y es en esencia el mismo baño María que se emplea para cocinar alimentos: pocas herramientas de laboratorio pueden presumir de un uso continuado de dos mil años.
Cadmia
La cadmia, también llamada tuttia o tutty, era probablemente el nombre alquímico del carbonato de zinc u óxido de zinc. Se acumulaba en los lados de los hornos donde se fundía cobre o latón y sublimaba el zinc. El término también se aplicó a un mineral de cobalto. Para la cadmia producida en los hornos se identificaron cinco tipos: la botrytis, en forma de racimo de uvas; la ostracitis, que se asemeja a una concha de mar; la placitis; la capnitis; y la calamitis, que colgaba de las varillas de hierro usadas para remover el material del horno y que, al ser sacudida, se asemeja a una pluma—llamada en latín calamus—. La botrytis se encontraba en medio del horno; la ostracitis en la parte inferior; la placitis en la superior; y la capnitis en la boca del horno.
La serpiente crucificada
El símbolo de una serpiente crucificada es un antiguo dibujo alquímico que representa la «fijación de lo volátil»: convertir el elixir de mercurio en un elemento curativo eliminando el componente volátil o venenoso. La imagen se deriva del relato bíblico de Moisés, quien erigió una serpiente de bronce contra la plaga (Números 21), y se asocia especialmente a los manuscritos atribuidos al alquimista Nicolás Flamel.
La alquimia y la Iglesia: una nota histórica
Como en otros artículos de temática esotérica de este blog, conviene recoger la posición histórica de la Iglesia católica. En 1317, el papa Juan XXII promulgó la decretal Spondent quas non exhibent—«Prometen lo que no entregan»—, dirigida contra los alquimistas que fabricaban metal falso haciéndolo pasar por oro y plata: la norma castigaba la falsificación con multas y penas, y refleja que la preocupación principal de la Iglesia medieval no era tanto la teoría alquímica como el fraude monetario que la acompañaba. De hecho, varios clérigos y frailes de la época practicaron o estudiaron la alquimia, y la disciplina ocupó durante siglos una posición ambigua—tolerada como filosofía natural, condenada como engaño—hasta que la química moderna terminó por separarse de ella en el siglo XVIII.
Preguntas frecuentes
¿Qué son los símbolos alquímicos?
Los signos que los alquimistas usaban para registrar elementos, compuestos y procesos en sus manuscritos: una escritura abreviada de laboratorio y, a la vez, un código para proteger sus conocimientos. El estilo variaba entre alquimistas y épocas.
¿Qué es la Tría Prima de la alquimia?
La doctrina de Paracelso (1493-1541) según la cual toda la materia se compone de tres principios: el azufre (el alma, lo combustible), el mercurio (el espíritu, lo volátil) y la sal (el cuerpo, lo sólido). La ilustraba con la madera que arde: la llama es el azufre, el humo el mercurio y la ceniza la sal.
¿Cuáles son los siete metales planetarios de la alquimia?
Oro-Sol, plata-Luna, mercurio-Mercurio, cobre-Venus, hierro-Marte, estaño-Júpiter y plomo-Saturno. Cada pareja se vinculaba además a un día de la semana y a un órgano del cuerpo.
¿Qué significan los triángulos de los cuatro elementos?
Los triángulos hacia arriba son los principios activos: fuego (simple) y aire (con línea). Los triángulos hacia abajo, los receptivos: agua (simple invertido) y tierra (invertido con línea).
Mira también
- Símbolos masones y su significado
- La salamandra: símbolo y significado
- El escarabajo o escarabeo: símbolo y significado
Fuentes y referencias
- Redgrove, H. Stanley. Alchemy: Ancient and Modern. Londres, 1911. Project Gutenberg #43240, dominio público. [La Tría Prima, Paracelso y la teoría azufre-mercurio-sal.]
- Griffiths, Thomas. Chemistry of the Four Ancient Elements. (1)
- Sears, Edward Isidore (ed.). The National Quarterly Review, vol. 27. (2)
- Juan XXII. Decretal Spondent quas non exhibent, 1317. [Posición histórica de la Iglesia frente a la alquimia fraudulenta.]


