El Lee Penny es un amuleto escocés del siglo XIV: una piedra de color rojo oscuro, semitransparente y con forma de corazón, engastada en una moneda de plata. Se le atribuía la capacidad de curar fiebres y detener hemorragias con solo sumergirlo en agua y usar después esa agua.
Su historia es más extraña que sus poderes. Llegó a Escocia como parte del rescate de un prisionero, dio nombre a una novela de Walter Scott, sobrevivió a un juicio por brujería que él mismo ganó por un tecnicismo, y —esto es lo que casi nunca se cuenta— le puso el apellido a la familia que lo guarda desde hace setecientos años.
| Qué es | Piedra roja con forma de corazón engastada en plata |
|---|---|
| Origen | Rescate de un emir tras la batalla de Teba, 1330 |
| Quién lo trajo | Symon Locard, después llamado Lockhart |
| Uso | Sumergirlo en agua y beber o aplicar esa agua |
| Virtudes atribuidas | Bajar la fiebre, cortar hemorragias, curar la rabia |
| Juicio eclesiástico | Absuelto por el sínodo de Glasgow en el siglo XVII |
| Fama literaria | Dio título a El talismán de Walter Scott, 1825 |
| Dónde está | En poder de la familia Lockhart |
Qué es exactamente el Lee Penny
Conviene empezar por el objeto, porque su descripción física es la que hace verosímil todo lo demás. Se trata de una piedra pequeña, de un rojo oscuro y translúcido, tallada o naturalmente formada con silueta de corazón, montada sobre una moneda de plata que le sirve de marco.
La moneda no es oriental ni antigua: es un groat de plata inglés, atribuido al reinado de Eduardo IV, es decir, acuñado más de un siglo después del episodio que dio origen al amuleto. La explicación evidente es que la piedra viajó suelta o con otro engaste y que la familia la montó más tarde sobre una moneda corriente para poder manipularla sin tocarla. El nombre penny, «penique», viene de ese engaste, no de la piedra. Que el marco fuera de plata no es indiferente: en la tradición británica los metales tenían virtud propia, como ocurre con el hierro de la herradura de la suerte.
Sobre la forma de la piedra las descripciones no coinciden. Unas la llaman triangular y otras acorazonada, y los grabados antiguos muestran un triángulo de vértices redondeados que admite ambas lecturas. La coincidencia con el corazón del rey que aquel mismo hombre trajo de vuelta es tentadora, pero conviene no apoyarse en ella: es probable que la lectura acorazonada se impusiera porque se conocía la historia, y no al revés.
El corazón que no llegó a Jerusalén
Roberto I de Escocia, Robert the Bruce, murió en 1329 sin haber cumplido el voto de cruzada que había hecho para expiar el asesinato de John Comyn dentro de una iglesia. Su último deseo fue que le sacaran el corazón del pecho y lo llevaran a Jerusalén, al Santo Sepulcro, para cumplirlo por él.
La misión le correspondió a Sir James Douglas, su compañero de armas, apodado el Douglas Negro. El corazón se guardó en un cofre de plata esmaltada que Douglas llevaba colgado del cuello. La llave de ese cofre se la confiaron a otro caballero de la escolta, Symon Locard, señor de Lee. Retened ese detalle, porque en él está el final de esta historia.
Partieron de Montrose en 1330: los dos caballeros, otros seis y una veintena larga de escuderos. Nunca llegaron. Al hacer escala en Flandes se enteraron de que Alfonso XI de Castilla había abierto campaña contra el emirato de Granada, y decidieron que aquello también era cruzada. Navegaron a Sevilla y se sumaron al ejército castellano.
El choque ocurrió en Teba, en la actual provincia de Málaga, en agosto de 1330. Los escoceses cargaron y quedaron rodeados. Al ver que Sir William St Clair de Rosslyn iba a morir cercado, Douglas se arrancó el cofre del cuello y lo arrojó por delante hacia el enemigo gritando —según cuenta la tradición— que el bravo corazón fuera el primero, como siempre, y que él lo seguiría o moriría. Murieron casi todos: Douglas, St Clair, Robert Logan de Restalrig.
El sultán Muhammad IV devolvió los cuerpos de los caballeros escoceses con honores. Locard sobrevivió, y junto con Sir William Keith de Galston recogió del campo el cuerpo de Douglas y el cofre. El corazón de Bruce volvió a Escocia y allí está: enterrado en la abadía de Melrose. Nunca vio Jerusalén.
El rescate del emir
En aquella misma campaña, Locard capturó a un jefe musulmán de rango y fortuna, y fijó por él un precio de rescate. Quien acudió al campamento cristiano a pagarlo fue la madre del prisionero.
La escena es la que ha llegado hasta nosotros con más detalle, probablemente porque es la mejor. La anciana sacó la bolsa y empezó a contar las monedas del rescate delante del escocés. En algún momento, del interior de la bolsa cayó al suelo una piedra engastada que no formaba parte de lo pactado. La mujer se agachó a recogerla con tanta prisa y tanta ansiedad que Locard entendió al instante que aquello valía más que todo lo que había sobre la mesa.
Se negó a liberar al prisionero si la piedra no se añadía al rescate. La madre aceptó —no tenía otra cosa que hacer— y, ya que la perdía, le explicó para qué servía: había que sumergirla en agua, y el agua quedaba cargada de virtud para bajar la fiebre y detener la sangre. Locard cobró, soltó al emir y se guardó la piedra.
El apellido que salió de una llave
Aquí es donde la historia se cierra sobre sí misma, y es la parte que suele omitirse.
El caballero que partió de Montrose se llamaba Symon Locard, un apellido normando corriente en Escocia desde el siglo XI, que había dejado su huella en topónimos como Symington. El que volvió empezó a ser conocido de otro modo.
Según la tradición de la familia, el cambio se debe exactamente a lo que había hecho en aquella expedición: fue el hombre que llevó la llave (lock) del cofre cerrado que contenía el corazón (heart) del rey. De ahí Lockheart, y por desgaste Lockhart, que es como se llama la familia desde entonces.
La heráldica lo confirma sin ambigüedad. Los Lockhart incorporaron a sus armas un corazón encerrado en un candado de grillete —el fetterlock—, y adoptaron el lema «Corda serrata pando»: «abro los corazones cerrados». Es, a la vez, una declaración de lealtad y la descripción literal de un oficio que ese hombre desempeñó una sola vez en su vida, durante unos meses, hace setecientos años.
De la misma expedición, entonces, salieron dos objetos que la familia conserva: el amuleto de piedra roja con forma de corazón y un apellido que significa «corazón cerrado con llave».
Cómo se usaba
El procedimiento era siempre el mismo y llamativamente sobrio. Se sumergía la piedra en un cuenco de agua, se le daba tres vueltas y se retiraba. El agua era lo que se llevaba el enfermo: para beberla, para lavar una herida, para dársela a un animal. La piedra no salía de la casa de Lee.
Las virtudes que se le atribuían eran concretas y no espirituales: bajar la fiebre, cortar hemorragias, curar la mordedura de perro rabioso y sanar el ganado enfermo. En eso se diferencia de la mayoría de los amuletos curativos británicos de su época, como el anillo de Coventry, que trabajaban por medio de inscripciones y nombres de poder grabados en el metal. Ese último uso fue el más frecuente, y también el que le trajo problemas.
Se cuenta que unos vaqueros de East Lothian, con la peste en el rebaño, viajaron hasta Lee a pedir el amuleto. La señora de la casa se negó a entregarlo —era la reliquia de la familia—, pero ante la desesperación de los hombres les dio unas botellas del agua en que lo había mojado, diciéndoles que se la dieran a beber a los animales. Al parecer funcionó, al menos en parte. El problema vino después: el presbiterio de Dunbar se enteró y los hizo comparecer para explicar por qué habían recurrido a la magia.
El amuleto que la Iglesia no condenó
En el siglo XVII, la Iglesia de Escocia estaba desmantelando sistemáticamente todo lo que oliera a superstición popular, y las curaciones por amuleto encabezaban la lista. El presbiterio de Lanark denunció el Lee Penny, y el caso subió al sínodo de Glasgow. Otros amuletos muy extendidos, como el cuadrado Sator, no corrieron esa suerte, precisamente porque consistían en palabras escritas.
La sentencia es una pequeña obra maestra de razonamiento jurídico. Los examinadores no discutieron si la piedra curaba o no; discutieron el procedimiento. Y comprobaron que con el Lee Penny no se pronunciaban palabras, no había conjuro, no había fórmula, no se invocaba a nadie y no se hacía ceremonia alguna: se metía una piedra en agua y se sacaba. Sin palabras no había pacto, y sin pacto no había brujería.
De modo que ordenaron al presbiterio retirar el proceso, por no apreciar en él materia de ofensa, razonando que a Dios le había placido conceder a las piedras y a las hierbas virtudes especiales para sanar dolencias de hombres y bestias. Al señor de Lee solo lo amonestaron a usarla en adelante con el menor escándalo posible. Es prácticamente el único amuleto de Escocia que atravesó aquella depuración con una sentencia favorable por escrito.
Conviene añadir lo que esa absolución dejó fuera, porque cambia el sentido de todo el episodio. En 1629, en un caso relacionado con el uso del amuleto para curar unos bueyes enfermos, una mujer joven fue quemada en la hoguera acusada de brujería. La piedra quedó absuelta; ella no. El mismo tribunal eclesiástico que declaró que no había ofensa alguna en sumergir un talismán en agua, cuando el talismán pertenecía al señor de Lee, condenó a muerte a una mujer sin apellido ni castillo por algo semejante. La diferencia entre una cosa y la otra no estaba en el procedimiento, sino en quién lo empleaba.
La peste de Newcastle
La fama del amuleto se extendió por Escocia y el norte de Inglaterra, y durante el reinado de Carlos I ocurrió el episodio más extraordinario de su historia. La ciudad de Newcastle, asolada por la peste, pidió el Lee Penny prestado.
La familia accedió, pero exigió una fianza acorde con lo que estaba entregando: una suma que las fuentes sitúan entre mil y seis mil libras de la época, una fortuna considerable. Los habitantes de Newcastle usaron el agua durante meses. Y cuando llegó el momento de devolverlo, ofrecieron perder la fianza entera con tal de quedárselo.
La curación individual mejor documentada es posterior. Hacia 1707, lady Baird de Sauchtonhall, cerca de Edimburgo, fue mordida por un perro rabioso y llegó a desarrollar hidrofobia, síntoma tardío de la rabia. Mandó pedir el Lee Penny, y durante semanas bebió el agua en que se había sumergido y se bañó en ella. Se recuperó. El caso se conservó por vía directa: lo contaba la propia esposa del señor de Lee, que fue agasajada varios días en Sauchtonhall por los Baird en agradecimiento.
La familia se negó a vender el amuleto, y este volvió a Lee. Esa negativa —renunciar a una fortuna por conservar una piedra— dice más sobre el valor que se le atribuía que cualquiera de las curaciones que se le adjudicaban.
Walter Scott y El talismán
En 1825 Walter Scott publicó El talismán, novela ambientada en la tercera cruzada, y explicó en su introducción de dónde le había venido la idea: de este amuleto escocés, cuya historia contó allí con detalle. El título del libro procede directamente de él.
El efecto fue el habitual con Scott. Una reliquia que se conocía en Lanarkshire y poco más pasó a ser célebre en toda Europa. La ironía es que el propio Scott dejó fijado en el imaginario un error que aún circula: creía que el corazón de Bruce había continuado viaje hasta Tierra Santa después de la muerte de Douglas, cuando en realidad volvió a Escocia. El escritor que hizo famoso al Lee Penny es también el responsable de que la mitad de las versiones sitúen su origen en Palestina.
El amuleto sigue en poder de los Lockhart. El castillo de Lee, cerca de Lanark, fue sede de la familia desde el siglo XIII hasta que se vendió en 2004.
Errores frecuentes
¿El Lee Penny se obtuvo en Tierra Santa?
No. La expedición salió hacia Jerusalén, pero se desvió en Flandes al conocer la campaña de Alfonso XI contra Granada, y terminó combatiendo en Andalucía. La piedra se consiguió tras la batalla de Teba, en la actual provincia de Málaga. Ningún miembro de la expedición llegó a Tierra Santa, y el propio Walter Scott contribuyó a difundir lo contrario.
¿La moneda del Lee Penny es bizantina?
Las descripciones la identifican como un groat de plata inglés atribuido al reinado de Eduardo IV, más de un siglo posterior al episodio de Teba. Lo antiguo y de procedencia oriental es la piedra; el engaste es europeo y muy posterior, y probablemente lo añadió la propia familia.
¿El caballero se llamaba Lockhart?
Se llamaba Symon Locard cuando partió. El apellido Lockhart es posterior y, según la tradición familiar, nació de este viaje: fue el hombre que llevó la llave del cofre cerrado con el corazón del rey. De ahí lock y heart, y de ahí también el corazón dentro de un candado que figura en las armas de la familia.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el Lee Penny?
Un amuleto escocés del siglo XIV formado por una piedra de color rojo oscuro, semitransparente y con forma de corazón, engastada en una moneda de plata. Se le atribuye la propiedad de curar cuando se sumerge en agua y esa agua se bebe o se aplica sobre la herida.
¿Cómo llegó el Lee Penny a Escocia?
Según la tradición, el caballero Symon Locard capturó a un emir en la batalla de Teba, en Andalucía, en 1330. Cuando la madre del prisionero pagó el rescate, se le cayó de la bolsa una piedra engastada en una moneda, y su prisa por recogerla delató su valor. Locard la exigió como parte del pago.
¿Llegó la expedición del corazón de Robert Bruce a Tierra Santa?
No. Salieron hacia Jerusalén en 1330, pero en Flandes supieron de la campaña de Alfonso XI de Castilla contra el reino de Granada y se desviaron a España. Douglas murió en la batalla de Teba y el corazón regresó a Escocia, donde está enterrado en la abadía de Melrose.
¿Por qué la familia se llama Lockhart?
La tradición familiar lo atribuye a este episodio. Symon Locard llevaba la llave del cofre cerrado que contenía el corazón del rey, y de ahí Lockheart, después Lockhart, que en inglés une lock, cerradura, y heart, corazón. Las armas familiares llevan un corazón dentro de un candado.
¿Por qué la Iglesia de Escocia no condenó el Lee Penny?
Cuando el presbiterio de Lanark lo denunció como brujería, el sínodo de Glasgow examinó el caso y lo absolvió con un argumento singular: como el amuleto actuaba sin palabras, sin conjuros y sin ceremonia alguna, no había superstición que censurar. Solo advirtió que no se abusara de él.
¿Qué relación tiene el Lee Penny con Walter Scott?
Walter Scott contó su historia en la introducción a la novela El talismán, publicada en 1825, y el amuleto le dio el título. La difusión de la novela hizo célebre en toda Europa una reliquia que hasta entonces solo se conocía en Escocia y el norte de Inglaterra.
¿Existe todavía el Lee Penny?
Sí. Continúa en poder de la familia Lockhart, que lo conserva desde el siglo XIV. El castillo de Lee, cerca de Lanark, fue su sede durante más de setecientos años hasta que se vendió en 2004.
Mira también
El anillo de Coventry: otro amuleto medieval británico con función curativa, inscrito con nombres de poder.
El cuadrado Sator: el amuleto europeo más difundido contra el fuego, la rabia y las tormentas.
La herradura de la suerte: el amuleto de hierro que comparte con el Lee Penny la lógica del metal protector.
El cuerno de la abundancia y el cornicello: la otra gran tradición europea de amuletos que deben recibirse, no comprarse.
Bibliografía
Walter Scott, El talismán (1825), introducción, donde el autor relata la historia del amuleto. Sir Robert Douglas, The Baronage of Scotland (Edimburgo, 1798). Simon Macdonald Lockhart, Seven Centuries: A History of the Lockharts of Lee and Carnwath (1976), historia familiar de referencia. Documentación sobre la batalla de Teba (1330) y la expedición del corazón de Roberto Bruce, incluida la devolución de los cuerpos por Muhammad IV. Actas del presbiterio de Lanark y del sínodo de Glasgow sobre el examen del amuleto. Registros del préstamo a la ciudad de Newcastle durante la peste, en tiempos de Carlos I. Encyclopedia.com y Wikipedia en inglés, entradas Lee Penny y Simon Locard, para la descripción física de la piedra, el engaste y la cronología.

