Diosa de la caza, de los animales salvajes y, más tarde, también de la luna, Artemisa es una de las divinidades más antiguas del panteón griego: hermana gemela de Apolo, hija de Zeus y de Leto, protectora feroz de su propia virginidad y, a la vez, invocada por las mujeres en el momento del parto. Es una de las pocas diosas griegas cuyo culto más importante -el de Éfeso, una de las Siete Maravillas del mundo antiguo- adoraba una imagen que apenas se parece a la cazadora ágil de arco y flechas que hoy asociamos con su nombre, y cuyo significado exacto los especialistas todavía discuten. Comparte con Atenea el rasgo de haber nacido bajo circunstancias extraordinarias, aunque su historia de origen es mucho más terrenal.
| Dominio | Caza, animales salvajes, naturaleza indómita, parto, luna |
|---|---|
| Padres | Zeus y Leto |
| Hermano gemelo | Apolo |
| Símbolos | Arco y flechas, ciervo, media luna, ciprés, perro de caza |
| Templo principal | El Artemisión de Éfeso, una de las Siete Maravillas del mundo antiguo |
| Equivalente romano | Diana |
| Denominador común | Artemisa protege lo que está a punto de cruzar un umbral, no lo que ya lo cruzó. Guarda a la presa hasta el instante de la flecha, a la parturienta hasta el instante del nacimiento, a la doncella hasta el instante del matrimonio, y castiga con especial dureza a quien fuerza ese instante antes de tiempo -Acteón, que ve lo que todavía no debía ver-. Incluso su culto más extraño, el de Éfeso, insiste en esa misma idea de un umbral: una diosa cubierta de formas que todavía no se sabe si son vida por nacer o vida ya sacrificada |
- De dónde viene el nombre de Artemisa
- El nacimiento de Artemisa en Delos
- Los atributos y símbolos de Artemisa
- El mito de Acteón
- Calisto, Ifigenia y la ira de Artemisa
- Artemisa y la venganza contra Níobe
- La Artemisa de Éfeso: un culto completamente distinto
- No confundir con
- Errores frecuentes
- Preguntas frecuentes
De dónde viene el nombre de Artemisa
El origen del nombre es incierto. Platón, en el diálogo Crátilo, lo derivó de artemés, «sano, ileso, íntegro», y leyó en esa raíz un elogio a la virtud de la diosa: virgen intacta, protectora de la salud y de la integridad física. Es una etimología ingeniosa, muy del gusto especulativo de la filosofía del lenguaje de su época, pero los filólogos modernos la consideran una etimología popular más que un dato lingüístico establecido.
El consenso actual apunta más bien a un origen prehelénico: el nombre aparece ya, en su forma más antigua, en tablillas micénicas escritas en lineal B halladas en Pilos, como a-te-mi-to y a-ti-mi-te, varios siglos antes de que Homero compusiera sus poemas. Se han propuesto también parentescos con nombres de Asia Menor -en Lidia se veneraba a una diosa llamada Artimus- e incluso con una raíz indoeuropea para «oso», coherente con los ritos del culto de Artemisa Braurania, en los que niñas atenienses vestidas de oseznos danzaban en su honor. Ninguna de estas hipótesis reúne, sin embargo, el consenso que sí tiene la etimología de otros nombres divinos griegos.
El nacimiento de Artemisa en Delos
Leto, amante de Zeus, quedó embarazada de mellizos y tuvo que huir de la ira de Hera, esposa legítima del dios, que le prohibió dar a luz en cualquier tierra firme bajo el sol. Ninguna región se atrevía a acogerla por temor a la diosa. Solo la pequeña isla flotante de Delos, que no era tierra firme ni estaba bajo el sol de un modo permanente, aceptó recibirla.
Artemisa nació primero, sin dolor y con facilidad. Apenas nacida, ayudó a su madre como partera durante los nueve días de trabajo de parto que le costó traer al mundo a su hermano Apolo. De ese episodio nace uno de los rasgos más singulares del culto a Artemisa: aunque juró permanecer virgen para siempre -el poeta Calímaco, en su Himno a Artemisa, la imagina todavía niña, sentada en las rodillas de Zeus, pidiéndole ese voto junto con un arco, un séquito de ninfas y la libertad de recorrer los montes; los Cíclopes, cuenta el mismo himno, le forjaron el arco y las flechas de inmediato-, se convirtió también en la divinidad a la que las mujeres griegas invocaban durante el parto, bajo el epíteto de Ilitía o de Artemisa Locheia.
Los atributos y símbolos de Artemisa
El arco y las flechas
Son su atributo más constante: Homero ya la llama iojéaira, «la que se deleita con las flechas», y Calímaco cuenta cómo los llegó a tener. El arco representa tanto su dominio sobre la caza como su capacidad de infligir una muerte súbita, casi sin agonía -las muertes repentinas de mujeres se atribuían tradicionalmente a sus flechas, del mismo modo que las de los hombres se atribuían a las de Apolo-.
El ciervo y los animales salvajes
Homero la llama pótnia therón, «señora de las fieras», un título que la sitúa como mediadora entre el mundo humano y el mundo salvaje antes incluso de ser, específicamente, diosa de la caza. El ciervo es su animal más asociado -tiraban de su carro, según algunas versiones, ciervas de cuernos dorados-, aunque también se la vincula con osos, jabalíes y perros de caza, estos últimos regalo de Pan.
La media luna
A diferencia de Apolo, identificado con el sol de forma relativamente temprana, la asociación de Artemisa con la luna se consolidó más tarde, sobre todo a partir del período helenístico, cuando su culto empezó a fusionarse con el de Selene, diosa lunar propiamente dicha, y con el de Hécate, divinidad de los cruces de caminos y la magia. Esa fusión tardía es la razón por la que, según relata la propia entrada de este blog sobre los Titanes, la titánide Febe -asociada al resplandor, no a la luna- terminó confundida durante siglos con la diosa de la luna: era, en realidad, la abuela cuyo nombre Artemisa llevaba también como epíteto propio.
El ciprés y los espacios silvestres
Como divinidad de los montes, los bosques y los lugares no domesticados por el arado, Artemisa recibía culto en santuarios situados deliberadamente en las afueras de las ciudades, a menudo junto a manantiales o arboledas de cipreses, el árbol que marcaba la frontera entre el territorio cultivado y la naturaleza que ella gobernaba.
El mito de Acteón
Acteón era un joven cazador tebano, nieto de Cadmo, entrenado por el centauro Quirón en las artes de la caza. Ovidio, en el libro III de las Metamorfosis, cuenta que un mediodía, después de una jornada exitosa, se alejó de sus compañeros y llegó por accidente a un valle sagrado donde Artemisa se bañaba desnuda junto a sus ninfas.
La diosa, furiosa por haber sido vista, no tenía su arco a mano, así que le arrojó unas gotas de agua al rostro. Bastaron para transformarlo: le crecieron cuernos de ciervo, el cuello se le alargó, las orejas se le afinaron, las manos y los pies se le volvieron pezuñas, y el cuerpo se le cubrió de un pelaje moteado. Solo conservó su mente humana. Aterrado, Acteón huyó, pero sus propios perros de caza -cincuenta, según algunas versiones- lo alcanzaron y, sin reconocer a su amo bajo la nueva forma, lo despedazaron.
El propio Ovidio anota, al cerrar el relato, que entre los dioses hubo opiniones encontradas sobre si el castigo había sido justo: algunos lo consideraron desmedido para una falta involuntaria, y otros lo juzgaron merecido, en defensa de la virginidad de la diosa. Es, hasta hoy, uno de los pocos mitos griegos en los que el propio narrador antiguo deja constancia de que el castigo dividió opiniones incluso en su época.
Calisto, Ifigenia y la ira de Artemisa
Calisto era una ninfa del séquito de Artemisa, comprometida como todas sus compañeras a guardar virginidad perpetua. Zeus, prendado de ella, se le presentó disfrazado -con la apariencia de la propia Artemisa, según la versión más difundida- y la sedujo. Descubierto el embarazo, Calisto fue expulsada del séquito; más tarde, según la versión, fue Zeus quien la convirtió en osa para ocultar su infidelidad ante Hera, o fue la propia Hera por celos, o la propia Artemisa por el voto de castidad roto. Zeus terminó colocándola entre las estrellas como la constelación de la Osa Mayor, junto a su hijo Arcas, convertido en la Osa Menor.
El caso de Ifigenia, hija de Agamenón, muestra en cambio la faceta protectora de la diosa. Cuando la flota griega quedó varada en Áulide camino de Troya por falta de vientos favorables, la ofensa que lo provocó admite dos versiones: que Agamenón había matado un ciervo en un bosque sagrado de Artemisa, o que se había jactado de ser mejor cazador que la propia diosa. El adivino Calcante anunció que solo el sacrificio de Ifigenia aplacaría a la diosa. En el instante final, según la versión que sigue Eurípides en su tragedia Ifigenia en Áulide, Artemisa sustituyó a la joven por una cierva sobre el altar y se la llevó, viva, a servir como sacerdotisa en su templo de Táuride.
Artemisa y la venganza contra Níobe
Artemisa y Apolo actuaron también, juntos, como vengadores del honor de su madre. Cuando Níobe, reina de Tebas, se jactó de tener más hijos que Leto -que solo había tenido dos-, los gemelos castigaron la soberbia matando a los hijos de Níobe con sus flechas: Apolo a los varones, Artemisa a las mujeres. El relato completo de ese mito, con la transformación final de Níobe en roca que sigue llorando, tiene su propia entrada en este blog: el mito de Níobe.
La Artemisa de Éfeso: un culto completamente distinto
Nada en la iconografía de la cazadora ágil de arco y flechas prepara para la imagen que se veneraba en el Artemisión de Éfeso, en la costa de Asia Menor, uno de los templos más grandes del mundo antiguo y una de sus Siete Maravillas. La estatua de culto, conocida por copias romanas posteriores, mostraba a una figura rígida y frontal, con las piernas envueltas en una funda decorada con hileras de animales, y el torso cubierto de un conjunto de formas ovaladas y protuberantes que durante siglos se identificaron, sin más discusión, como múltiples senos.
Esa lectura entró en crisis en 1979, cuando el arqueólogo suizo Gerard Seiterle propuso una alternativa: esas formas no serían senos -ninguna representa un pezón, señaló- sino testículos de toro, ofrecidos como sacrificio ritual y colgados sobre la imagen de la diosa; hay, en efecto, evidencia arqueológica de sacrificios de toros en los altares del santuario. La hipótesis tuvo defensores y detractores en partes iguales: para algunos especialistas explica mejor la falta de pezones y conecta la imagen con los sacrificios documentados en el propio templo; para otros, ningún escultor antiguo, capaz de representar con total naturalidad tanto un torso femenino como la anatomía de un toro, habría tallado dos docenas de formas ovaladas esperando que se confundieran ni con lo uno ni con lo otro. A esas dos lecturas se suman todavía otras dos, más minoritarias: que las formas representan huevos o larvas de abeja -Éfeso tuvo un culto local a ese insecto, símbolo de fertilidad y de la comunidad-, o que son dátiles y calabazas, frutos asociados también a la abundancia.
Ningún especialista sostiene hoy haber resuelto la cuestión de manera definitiva. Lo que sí concuerdan en señalar es que esta Artemisa de Éfeso, mencionada incluso en el Nuevo Testamento por el tumulto que provocó la predicación de Pablo contra su culto (Hechos de los Apóstoles 19), desciende de una diosa madre anatolia mucho más antigua que la mitología olímpica griega, emparentada con Cibeles, y que los griegos, al colonizar la región, superpusieron el nombre de su propia diosa virgen y cazadora sobre un culto de fertilidad que ya existía y que tenía muy poco que ver con ella.
No confundir con
El unicornio
Es frecuente encontrar en internet la afirmación de que la caza del unicornio de la tradición medieval deriva del mito de Artemisa o de su equivalente romana, Diana, por su condición compartida de cazadoras vírgenes. Como ya explica la propia entrada de este blog sobre el unicornio, no existe ninguna fuente antigua ni medieval que respalde esa conexión: el origen documentado de la leyenda del unicornio es el Physiologus griego, un bestiario cristiano de los siglos II a IV sin relación alguna con el culto de Artemisa. La coincidencia temática -ambas figuras son cazadoras y vírgenes- parece haber bastado para que divulgaciones modernas inventaran un parentesco que ninguna fuente respalda.
Errores frecuentes
Artemisa siempre fue la diosa griega de la luna
En los himnos homéricos y en la poesía arcaica, Artemisa aparece sobre todo como señora de la caza y de los animales salvajes, no como divinidad lunar: ese vínculo es considerablemente posterior y se afianza con la progresiva fusión de su culto con el de Selene, la auténtica diosa griega de la luna desde época temprana, y con el de Hécate. Tratar la asociación lunar como un rasgo original de Artemisa invierte el orden real en que se formó su figura.
Artemisa inspiró la leyenda del unicornio
Como se detalla en la sección anterior, no hay ninguna fuente que sostenga esta conexión, pese a lo extendida que está la afirmación en sitios de divulgación. Se trata de una coincidencia temática -dos figuras vírgenes y cazadoras- convertida en parentesco sin respaldo documental.
Los bultos de la estatua de Éfeso son, sin duda, senos
Es la lectura más repetida y la más antigua, pero no la única defendida hoy por la arqueología, y desde 1979 ni siquiera es la mayoritaria entre los especialistas que han estudiado la pieza de cerca. Presentarla como un hecho establecido, sin mencionar el debate entre las hipótesis del seno, el testículo de toro, el huevo de abeja y el dátil, simplifica una discusión académica que sigue genuinamente abierta.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el nombre de Artemisa?
No se sabe con certeza. Platón, en el diálogo Crátilo, lo derivó de artemés, «sano, ileso», leyéndolo como un elogio a su virginidad, pero es una etimología popular de la Antigüedad, no la que aceptan hoy los filólogos. El nombre parece ser de origen prehelénico y aparece ya en tablillas micénicas en escritura lineal B, varios siglos antes de Homero.
¿Quiénes son los padres de Artemisa y quién es su hermano gemelo?
Artemisa es hija de Zeus y Leto, y hermana gemela de Apolo. Según el mito, nació primero en la isla de Delos y ayudó a su madre a dar a luz a Apolo al día siguiente, lo que explica por qué, pese a su virginidad, se la invocaba también como protectora de los partos.
¿Qué representan el arco y la luna en Artemisa?
El arco y las flechas representan su dominio sobre la caza y los animales salvajes, y su capacidad de dar una muerte rápida, casi sin sufrimiento. La asociación con la luna es más tardía que la de su hermano Apolo con el sol, y se consolidó sobre todo a partir del período helenístico, cuando se la empezó a identificar con Selene y Hécate.
¿Qué le pasó a Acteón por ver bañarse a Artemisa?
Según la versión más difundida, narrada por Ovidio, Artemisa lo convirtió en ciervo por haberla visto desnuda mientras se bañaba, y sus propios perros de caza, sin reconocerlo, lo despedazaron. El propio Ovidio anota que entre los dioses hubo opiniones divididas sobre si el castigo fue justo.
¿Qué son realmente los bultos en el pecho de la estatua de Artemisa de Éfeso?
No hay consenso académico. Durante siglos se los identificó como múltiples senos, símbolo de fertilidad, pero en 1979 el arqueólogo Gerard Seiterle propuso que son testículos de toro, ofrendas rituales de las que hay evidencia en los altares de Éfeso. Otros especialistas sostienen que son huevos de abeja, dátiles o calabazas. El debate sigue abierto.
Fuentes y referencias
- Homero, Ilíada e Himnos homéricos. Epítetos iojéaira y pótnia therón.
- Calímaco, Himno III, a Artemisa. La escena del voto de virginidad ante Zeus y el arco forjado por los Cíclopes.
- Platón, Crátilo. Etimología popular antigua del nombre de Artemisa como «sana, ilesa».
- Ovidio, Metamorfosis, libro III. El mito de Acteón.
- Eurípides, Ifigenia en Áulide. La sustitución de Ifigenia por una cierva.
- Diodoro Sículo, Biblioteca histórica, IV, 81, 4-5. Versión alternativa de la ofensa de Acteón.
- Hechos de los Apóstoles 19. El tumulto de Éfeso contra la predicación de Pablo.
- Seiterle, Gerard, «Artemis, die Grosse Göttin von Ephesos», Antike Welt, 10, 1979. Hipótesis de los testículos de toro.
- Hill, Andrew E., «Ephesian Artemis as an Ideological Impediment to Paul's Ministry», Journal of the Evangelical Theological Society, 35, 1992. Repaso de las hipótesis en disputa sobre las formas del pecho de la estatua.
- Simbolosysignificados.blogspot.com, «Unicornio, su símbolo y significado», sobre la ausencia de fuentes que conecten esa leyenda con Artemisa.
- Simbolosysignificados.blogspot.com, «Los 12 titanes en la mitología griega», sobre la titánide Febe y el epíteto homónimo de Artemisa.
