El ganso es el ave doméstica que la Antigüedad convirtió en símbolo de la vigilancia, la fidelidad conyugal y el regreso cíclico de las estaciones. En Egipto pone el huevo del que sale el sol; en Roma, su graznido nocturno salva la ciudad; en China lleva cartas imposibles. La lectura de torpeza y necedad que hoy arrastra la palabra es tardía y europea, y llegó por la lengua antes que por ninguna creencia.
Entre esas dos capas se despliega el simbolismo entero del animal. A ellas se suma una lista de cinco errores muy repetidos, encabezada por el más extendido de todos: que la Mamá Oca de los cuentos infantiles procede de una reina medieval con pie de ganso.
| Nombre y origen | Del gótico gans, y este de la raíz indoeuropea que probablemente imitaba el graznido |
|---|---|
| Significado central | Vigilancia, fidelidad conyugal, retorno de las estaciones |
| Significado inverso | Torpeza y necedad, sentido europeo tardío recogido en la locución hacer el ganso |
| Divinidades principales | Gengen Wer y Geb en Egipto; Juno en Roma; Afrodita en Grecia; Brahma y Sarasvati en la India |
| Episodio romano | El asedio galo del Capitolio, en Tito Livio, libro V |
| Tabú documentado | Los britanos no lo comían, según César, De bello Gallico V, 12 |
| Pieza conservada | Copa ática de fondo blanco con Afrodita sobre un ganso, British Museum, G 1864-1007-77 |
| Especie de referencia | Ánsar común, Anser anser, antepasado de casi todas las razas domésticas europeas |
- Origen del nombre: el ave que se llama como suena
- Por qué el ganso vigila
- Egipto: el Gran Graznador y el huevo del sol
- Los gansos que salvaron el Capitolio
- Grecia: Afrodita a lomos de un ganso
- Los britanos que criaban gansos y no los comían
- El hamsa de la India
- China: el ganso que llevaba cartas
- Mamá Oca y el ganso tonto
- No confundir con
- Errores frecuentes
- Qué queda hoy del símbolo del ganso
- Preguntas frecuentes
Origen del nombre: el ave que se llama como suena
La palabra española ganso es un germanismo. Procede del gótico gans, y este del protogermánico gans, emparentado con el alto alemán antiguo gans, el neerlandés medio gans y el inglés antiguo gōs, que da el actual goose. Aparece registrada en un diccionario español por primera vez en 1495, en el vocabulario de Nebrija.
El castellano tuvo antes otras dos palabras para el mismo animal, y la historia de cómo se fueron desplazando es un pequeño mapa de la lengua. La más antigua es ánsar, del latín anser, documentada ya en 1208 y conservada solo en español y portugués; el resto de las lenguas romances prefirió el latín vulgar auca, de donde viene oca. Corominas explica que ganso penetró después en castellano y portugués, y que la convivencia de las tres formas terminó repartiéndoles el trabajo: ganso quedó para el animal doméstico y ánsar para el silvestre, aunque los autores medievales todavía precisaban «ánsares bravos» cuando querían decir salvajes.
Lo interesante está en el fondo del árbol. Anser, gans, el griego khḗn, el lituano žąsis y el sánscrito haṃsa descienden todos de la misma raíz indoeuropea reconstruida, y los lingüistas la consideran probablemente onomatopéyica: la imitación del graznido. Es decir, que el nombre del ganso en media Europa y media Asia es, en última instancia, el ruido que hace el ganso. Los egipcios llegaron por su cuenta a la misma solución.
Esa raíz común deja además un puente inesperado con la India: el haṃsa sánscrito, la montura de Brahma y de Sarasvati, es lingüísticamente la misma palabra que ganso. La nomenclatura científica conserva el latín: el ánsar común, antepasado de casi todas las razas domésticas europeas, se llama Anser anser.
Por qué el ganso vigila
Casi todo el simbolismo antiguo del ganso descansa sobre un hecho comprobable, y conviene ponerlo primero para que el resto se entienda. El ganso es territorial, permanece alerta durante períodos largos, se desplaza en grupo y responde a cualquier presencia extraña con un escándalo vocal difícil de ignorar. No es una virtud moral que alguien le atribuyó: es etología.
De ahí que se lo haya empleado como animal de guardia en granjas de toda Europa, y de ahí también que la práctica siga viva. En la cárcel de São Pedro de Alcântara, en el estado brasileño de Santa Catarina, la administración penitenciaria incorporó gansos a las tareas de vigilancia perimetral en 2009, con el argumento de que permanecen despiertos más tiempo que un perro, se mueven en grupo y salen mucho más baratos. La escena que Tito Livio sitúa en el año 390 antes de Cristo no es una fábula moral: describe algo que un ganso hace.
Egipto: el Gran Graznador y el huevo del sol
En una de las cosmogonías egipcias, el mundo no empieza con una palabra sino con un graznido. Antes de que hubiera nada, sobre las aguas inmóviles del Nun, un ganso primordial puso un huevo, y de ese huevo salió el sol. El dios tiene un nombre que es también un sonido: Gengen Wer (se pronuncia aproximadamente guenguen uer), el Gran Graznador o Gran Bocinador, formado sobre la onomatopeya del grito del ave y la palabra «grande».
Su función no es tanto poner el huevo como custodiarlo. El capítulo 59 del Libro de los Muertos, un conjuro para respirar aire y acceder al agua en el más allá, se apoya en esa imagen: el difunto declara haber guardado el huevo del Gran Graznador y hace depender su propia integridad de la del huevo, en una cadena de correspondencias donde si el huevo está intacto él lo está, si vive él vive, si respira él respira. Ser el guardián del huevo, o directamente el huevo, es la manera egipcia de incorporarse a la fuerza que puso en marcha el mundo.
El ganso se enreda además con Geb, el dios de la tierra, hasta el punto de que resulta difícil separarlos. El jeroglífico que escribe el nombre de Geb es un ganso; a Geb se lo representa con un ganso sobre la cabeza, y uno de sus epítetos es precisamente el Gran Graznador. Los egiptólogos discuten si se trata de dos figuras que se fundieron o de una que se desdobló, y ese es el estado real de la cuestión: no hay una respuesta cerrada. También Amón podía manifestarse en forma de ganso, y el Louvre conserva una figurilla de ganso consagrada a ese dios.
Hay un tercer papel, el de mensajero, y aquí conviene precisar más de lo que suele hacerse. En el ritual de coronación, el rey liberaba cuatro aves hacia los cuatro puntos cardinales para anunciar su ascenso al trono, y la divulgación las llama gansos sin más. Las fuentes egipcias son menos simples: en la escena que celebra la entronización de Ramsés II, las cuatro aves que vuelan hacia las esquinas del cosmos son los cuatro hijos de Horus. El gesto está documentado y es real; la identificación taxativa de las aves con gansos, no tanto. El fondo simbólico sí es firme, y los egipcios lo dijeron de otra manera: hablaban de volar hacia el cielo como gansos celestes.
Los gansos que salvaron el Capitolio
Roma había perdido. Tras el desastre del Alia, los galos senones de Breno entraron en la ciudad sin encontrar resistencia, la saquearon y la incendiaron. Lo único que quedaba en pie era la colina del Capitolio, donde se habían refugiado los senadores, los sacerdotes y una guarnición corta, y donde llevaban meses sitiados y hambrientos.
Tito Livio cuenta lo que pasó una noche de luna. Los galos habían descubierto un punto por donde se podía trepar la roca junto al templo de Carmenta. Mandaron primero a un hombre desarmado a tantear el camino; después subieron el resto, en silencio, sosteniéndose unos a otros y tirando de los que quedaban abajo según lo pedía el terreno. Llegaron arriba sin que los centinelas advirtieran nada. Ni siquiera los perros, que son sensibles a cualquier ruido nocturno, ladraron.
Pero no pasaron desapercibidos para los gansos. Livio explica en la misma frase por qué había gansos allí, y es el detalle que sostiene toda la escena: eran aves consagradas a Juno, y por eso la guarnición no se los había comido pese al hambre. Marco Manlio, que había sido cónsul tres años antes, despertó con el batir de alas y el graznido, agarró las armas, llamó a gritos a los demás y corrió al borde del acantilado. Al primer galo que asomaba lo derribó con el escudo. Los que venían detrás cayeron arrastrados por él.
Los resúmenes suelen terminar ahí. Lo que Roma hizo después con el episodio quedó fijado en una de las ceremonias más singulares de su calendario religioso. Cada año, en una fecha que una fuente tardía sitúa el 3 de agosto, se celebraba la supplicia canum, el castigo de los perros: se colgaban perros vivos de una horca de madera de saúco —así lo describe Plinio el Viejo; Servio, cuatro siglos después, habla de una cruz— y se los paseaba en procesión por la ciudad. En el mismo cortejo iban los gansos, adornados con oro y púrpura, transportados en litera y tratados con honores. Los perros pagaban indefinidamente por no haber ladrado aquella noche, y los gansos cobraban indefinidamente por haber graznado. La procesión pasaba junto a los templos de Juventas y de Sumano, y probablemente terminaba en el Circo Máximo.
El episodio dice además algo sobre cómo leían los romanos a los animales. Un pueblo que tomaba sus decisiones fundacionales observando el vuelo de las aves —el augurio con buitres de Rómulo y Remo es el caso más conocido— tenía preparada la categoría mental para entender un graznido nocturno como aviso divino y no como ruido de corral.
Conviene añadir lo que las propias fuentes admiten: Livio escribía más de tres siglos después de los hechos, la fecha oscila entre el 390 y el 387 antes de Cristo según el sistema cronológico que se use, y el relato entero pertenece al tramo legendario de la historia romana. Lo que sí es histórico, y está documentado, es la ceremonia: los romanos de época imperial la celebraban de verdad, y explicaban su origen contando esta historia.
Grecia: Afrodita a lomos de un ganso
La imagen griega más elegante del ganso se conserva en el British Museum. Es una copa de fondo blanco atribuida al Pintor de Pistoxeno, de hacia el 460 antes de Cristo, hallada en Kamiros, en Rodas, y catalogada con el número G 1864-1007-77. En el tondo, Afrodita atraviesa el aire montada sobre un ganso, con un zarcillo vegetal en la mano extendida. El contraste es deliberado: el ave, con la postura erguida y las patas tiesas colgando, resulta desgarbada; la diosa, encima, es pura elegancia. Las copas de fondo blanco eran demasiado delicadas para el uso diario y casi todas se han encontrado en tumbas o en santuarios.
El otro ganso griego que importa aparece en la Odisea y es doméstico. En el canto XIX, Penélope le cuenta un sueño al mendigo que tiene delante, sin saber —o fingiendo no saber— que es Odiseo. En el sueño tiene veinte gansos en casa; salen del agua, comen trigo, y a ella se le alegra el corazón mirándolos. Entonces baja un águila enorme del monte, con el pico curvo, les rompe el cuello a todos y los deja desparramados por la sala mientras remonta hacia el cielo claro.
La interpretación que da Odiseo es transparente: los gansos son los pretendientes, el águila es él mismo, y el sueño anuncia la matanza. Pero el detalle que la divulgación omite es el que sigue: Penélope llora por sus gansos. Llora en el sueño y sigue afectada al contarlo, aunque le acaben de explicar que esas aves eran los hombres que le ocupaban la casa. Ese llanto ha ocupado a los filólogos durante generaciones, y hay lecturas que sostienen que Penélope inventó el sueño entero para poner a prueba a su marido y averiguar si le importaba más el reencuentro o la venganza. La escena funciona precisamente porque el afecto por los animales domésticos no se deja reducir a la alegoría.
Los britanos que criaban gansos y no los comían
El testimonio más nítido sobre el estatuto sagrado del ganso en el mundo céltico lo dejó por escrito quien estaba invadiéndolo. En el libro V de De bello Gallico, capítulo 12, Julio César describe Britania —el ganado, el estaño, la madera, las casas— y suelta al pasar una frase que vale más que muchos tratados de religión comparada:
They do not regard it lawful to eat the hare, and the cock, and the goose; they, however, breed them for amusement and pleasure.
«No tienen por lícito comer la liebre, ni el gallo, ni el ganso; los crían, sin embargo, por gusto y por entretenimiento.» La traducción inglesa citada es la de W. A. McDevitte y W. S. Bohn, de 1869, de dominio público; la castellana es propia.
Un pueblo que cría un animal con esmero y tiene prohibido comérselo está diciendo algo muy concreto sobre ese animal. La arqueología ha ido confirmando el cuadro: las excavaciones británicas de los siglos previos a la conquista romana han sacado a la luz gallos y liebres enterrados enteros y con cuidado, un tratamiento que no se da a los restos de cocina. Y hay un eco posterior en Dión Casio, que cuenta que Boudica, antes de la batalla, soltó una liebre viva como consulta a la diosa Andraste. El tabú alimentario y el uso adivinatorio apuntan en la misma dirección.
El hamsa de la India
El haṃsa (se pronuncia aproximadamente jamsa) es la montura, el vahana, de Brahma y de la diosa Sarasvati, y una de las imágenes centrales del pensamiento indio. Se le atribuye una capacidad concreta: separar la leche del agua cuando ambas están mezcladas. Esa es la razón por la que acompaña a la diosa del conocimiento, porque conocer, en esa tradición, consiste exactamente en distinguir lo que está mezclado. El vuelo del hamsa figura además el moksha, la liberación del ciclo de los renacimientos, y a los maestros que han alcanzado el grado más alto se los llama paramahamsa, hamsa supremo.
Falta decir qué ave es. En español, en inglés y en la mayoría de las traducciones se lee «cisne», y esa elección tiene historia. El indólogo neerlandés Jean Philippe Vogel la examinó apoyándose en el ornitólogo Eduard van Oort y señaló lo evidente: los cisnes eran raros en la India, mientras que el ánsar indio, Anser indicus, era abundante y es el ave que cruza el Himalaya cada invierno. Vogel sugirió que occidentales e indios prefirieron traducir «cisne» porque el ánsar autóctono resulta rechoncho y el cisne, elegante. Monier Williams, en su diccionario sánscrito, da como primera acepción «ganso». Muchas representaciones tradicionales —los kalamkari de Andhra Pradesh, los relieves de los templos de Tamil Nadu— muestran sin ambigüedad un ánsar.
No es un detalle de pedantes. Cuando se traduce hamsa por cisne se pierde de vista que el poema sánscrito Hamsa-sandesha se llama, literalmente, «el mensaje del ganso», y que la lengua conserva la palabra raja-hamsa para nombrar específicamente al cisne. La distinción existía en sánscrito y se borró al traducir.
China: el ganso que llevaba cartas
En China el ganso salvaje, hongyan, significa dos cosas: fidelidad y noticias de lejos. Lo primero descansa en la observación de que forma parejas duraderas, y por eso fue durante siglos el regalo de compromiso matrimonial: la familia del pretendiente llevaba un ganso salvaje a la casa de la novia en cada visita del proceso, y el argumento explícito era que estas aves migran en la misma fecha cada año, de modo que la pareja sería igual de constante. Quien no tenía buena puntería podía sustituirlo por un ganso doméstico. La costumbre pasó de moda en la dinastía Song, cuando el regalo se volvió té.
Lo segundo viene de una historia que está en el Libro de Han de Ban Gu, escrito en el siglo I. Su Wu fue enviado como embajador ante los xiongnu en el año 100 antes de Cristo. Se negó a rendirse, y lo desterraron a pastorear ovejas en el norte helado con la promesa burlona de que volvería cuando los carneros dieran leche. Pasaron diecinueve años. Cuando por fin hubo negociaciones de paz y una embajada Han fue a reclamarlo, los xiongnu respondieron que Su Wu había muerto.
Un miembro de la delegación original consiguió llegar de noche hasta el enviado Han y le dio una instrucción precisa: que le dijera al soberano xiongnu que el emperador, cazando en el parque imperial, había abatido un ganso salvaje con una carta de seda atada a la pata, y que en esa carta Su Wu decía dónde estaba. El soberano se sobresaltó y admitió que sí, que Su Wu vivía. Lo liberaron.
El giro que casi nunca se cuenta es que la carta nunca existió. Fue un farol, una mentira diplomática calculada para no dejar salida al interlocutor. De esa mentira nace el modismo hongyan chuan shu, el ganso salvaje entrega la carta, que sigue significando correspondencia en chino, y que en 2014 llevó a los servicios postales de China y de Taiwán a emitir sellos conjuntos con un ganso en vuelo.
Mamá Oca y el ganso tonto
En la Europa moderna el ganso pierde altura. La figura de Mamá Oca aparece en la lengua francesa mucho antes que en los libros: en 1650, el cronista Jean Loret escribe en La Muse Historique que algo es «como un cuento de la Madre Oca», y lo hace de pasada, dando por supuesto que sus lectores entienden la referencia. Cuarenta y siete años después, en 1697, Charles Perrault publica sus Histoires ou contes du temps passé con el subtítulo Contes de ma mère l'Oye, cuentos de mi Madre Oca, que en el frontispicio aparece escrito sobre una puerta detrás de una anciana que narra junto al fuego. Ahí están la Bella Durmiente, Caperucita Roja y el Gato con Botas. La traducción inglesa de 1729 fijó el nombre en Mother Goose.
Por el mismo camino de la vida doméstica, el ganso se hizo sinónimo de necio. El castellano lo registra en la locución coloquial hacer el ganso, que el diccionario académico define como hacer o decir tonterías para provocar la risa, y en el uso de «ganso» para el hombre torpe que presume de gracioso sin serlo. El inglés dice silly goose y el doctor Johnson, en su diccionario del siglo XVIII, definió al animal como célebre por su necedad sin saber muy bien por qué. Es un sentido tardío, sin respaldo en ninguna tradición religiosa, y coexiste sin contradicción con el ave que en Egipto sostenía el huevo del sol.
No confundir con
El cisne
Son aves distintas con simbolismos distintos, y mezclarlas cuesta caro sobre todo en la India, donde la palabra haṃsa designa al ganso y raja-hamsa al cisne. En Grecia el reparto también es nítido: el cisne pertenece a Apolo y al mito de Leda, mientras que el ganso aparece bajo Afrodita y en el sueño de Penélope.
El pato
La entrada anterior de este blog trataba al pato dentro del artículo del ganso, con una lista de significados —superficialidad, locuacidad, inmortalidad entre los judíos— que no ha sido posible rastrear hasta ninguna tradición concreta. Esa sección se ha retirado en lugar de arrastrarla. El pato tiene material propio y suficiente, en particular en China y en Japón, y merece un artículo independiente y verificado antes que un apéndice.
El ganso del Nilo
El ave que aparece en la pintura egipcia y que suele identificarse con Gengen Wer, Alopochen aegyptiaca, se llama en español ganso del Nilo o ganso egipcio, pero zoológicamente no es un ganso: pertenece a la subfamilia de los tarros, emparentada con los patos. El nombre popular es más antiguo que la clasificación y ahí seguirá; conviene saber que designa otra cosa.
Oca y ánsar
No son especies distintas sino tres nombres castellanos del mismo grupo de aves, llegados por vías separadas. Ánsar viene del latín anser, oca del latín vulgar auca, y ganso del gótico. El uso terminó reservando ganso y oca para el animal doméstico y ánsar para el silvestre, pero la frontera nunca fue rígida.
Errores frecuentes
Que Mamá Oca era una reina con pie de ganso
La versión que circula sostiene que la Madre Oca de los cuentos procede de Berta, esposa del rey Roberto II de Francia, conocida como Berta la Hilandera o Berta pie de oca. El origen exacto de esa idea está localizado: es una hipótesis que Katherine Elwes-Thomas propuso en 1930, en un libro dedicado a buscarles personajes reales a las rimas infantiles. No es una tradición medieval sino una conjetura del siglo XX, y no se apoya en documentación. Lo que sí está documentado es la cadena francesa: Loret en 1650 usa la expresión como algo ya corriente, Perrault la fija en 1697 y el inglés la adopta en 1729.
Que el ganso estaba consagrado a Apolo, a Eros y a Hermes
La atribución circula mucho en español y no se sostiene. El ave de Apolo es el cisne, y el ave veloz que le sirve de mensajera en el canto XV de la Odisea es el halcón. Las apariciones griegas del ganso que sí están atestiguadas son otras: la copa del Pintor de Pistoxeno con Afrodita cabalgándolo y el sueño de Penélope. La divinidad de la que el ganso es ave por derecho documentado es Juno, en Roma, cuyos gansos consagrados protagonizan el episodio del Capitolio.
Que el hamsa indio es un cisne
Es un error de traducción de larga vida, no una interpretación religiosa. Monier Williams traduce haṃsa como ganso en primer lugar; Vogel documentó que los cisnes eran raros en la India y el ánsar indio abundante, y atribuyó la preferencia por «cisne» a un criterio estético. La consecuencia práctica es visible: la imaginería devocional contemporánea dibuja cisnes de cuello largo donde los relieves antiguos tallaban ánsares.
Que los gansos salvaron Roma en el 390 antes de Cristo
La fecha se repite como si fuera firme y no lo es. El 390 procede de la cronología varroniana que usaban los propios romanos; el cotejo con las fuentes griegas sitúa el saco de Roma en el 387 o el 386, y los historiadores modernos suelen dar las dos cifras juntas. A eso se añade que Livio escribió más de tres siglos después y que el episodio pertenece al tramo legendario de la historia romana. Lo verificable no es la noche del asalto sino la ceremonia que la conmemoraba, que sí se celebraba en época imperial.
Que en Egipto se sacrificaban gansos en el solsticio de invierno
La afirmación aparece en compilaciones en español sin fuente, y no ha sido posible localizar ningún texto egipcio ni ningún estudio que la respalde. Los gansos figuran abundantemente en las ofrendas egipcias, eso sí está documentado, pero como alimento ritual habitual y no como rito solsticial. Conviene distinguir entre lo que las fuentes registran y lo que una interpretación moderna les añade.
Qué queda hoy del símbolo del ganso
Queda, en primer lugar, el animal: el ánsar común, Anser anser, sigue siendo el antepasado de casi todas las razas domésticas europeas, y su domesticación es una de las más antiguas que se conocen entre las aves. Queda el oficio de guardia, que no se ha extinguido y que reaparece cada tanto en las noticias, como en la prisión brasileña de Santa Catarina.
Queda la lengua, que es donde el símbolo aguanta más. En español, «hacer el ganso» y llamar ganso a alguien conservan intacta la lectura europea de la torpeza. En chino, el modismo del ganso que entrega la carta sigue significando correspondencia, y los servicios postales lo usaron como emblema en 2014. En inglés, la expresión wild goose chase, que hoy nombra una búsqueda inútil, aparece por primera vez en Romeo y Julieta, donde todavía designaba una carrera de caballos en la que el resto seguía al primero como los gansos siguen al que abre la formación en V.
Y queda la copa del British Museum, con Afrodita cruzando el aire sobre un ave desgarbada que hace exactamente lo que hacen los gansos: volar sin ninguna elegancia hacia otro sitio, cada año, a la misma hora.
Preguntas frecuentes
¿Qué simboliza el ganso?
El ganso simboliza la vigilancia, la fidelidad conyugal y el regreso cíclico de las estaciones. En Egipto es el ave que pone el huevo del que sale el sol; en Roma, la que dio la alarma que salvó el Capitolio; en China, la portadora de cartas y el regalo de compromiso matrimonial. El sentido de torpeza y necedad es tardío y europeo.
¿Es cierto que unos gansos salvaron Roma?
Es lo que cuenta Tito Livio en el libro V de su historia. Durante el asedio galo del Capitolio, los gansos consagrados a Juno se alteraron cuando los atacantes escalaron de noche la roca, y Marco Manlio despertó con el ruido de sus alas y su graznido. Roma conmemoró el episodio durante siglos con una procesión anual.
¿Por qué el ganso se asocia con la vigilancia?
Porque es una conducta real del animal y no una atribución simbólica. El ganso es territorial, se mantiene alerta durante largos períodos y responde con un escándalo vocal ante cualquier presencia extraña. Por eso se lo ha empleado como animal de guardia hasta hoy, incluso en instalaciones penitenciarias.
¿El hamsa de la India es un ganso o un cisne?
La filología moderna se inclina por el ánsar indio, Anser indicus, y no por el cisne. El indólogo Jean Philippe Vogel señaló que los cisnes eran raros en la India mientras que ese ánsar era común, y sugirió que la preferencia occidental por traducir cisne se debía a que resultaba más elegante. Muchas representaciones tradicionales indias muestran claramente un ánsar.
Fuentes
- Julio César, De bello Gallico, V, 12, trad. W. A. McDevitte y W. S. Bohn, 1869. Perseus Digital Library
- Tito Livio, Ab urbe condita, V, 47, sobre el asalto nocturno al Capitolio.
- Homero, Odisea, canto XIX, el sueño de los veinte gansos.
- Ban Gu, Libro de Han, biografías de Li Guang y Su Jian, sobre Su Wu y la carta atada al ganso.
- Libro de los Muertos, capítulo 59, conjuro sobre el huevo del Gran Graznador.
- Plinio el Viejo, Historia natural, y Servio, sobre la supplicia canum. Síntesis y referencias
- Copa ática de fondo blanco con Afrodita sobre un ganso, Pintor de Pistoxeno, c. 460 a. C., Kamiros. British Museum, G 1864-1007-77
- Joan Corominas, Diccionario crítico etimológico, entrada ánsar. Texto
- J. P. Vogel sobre la identificación del haṃsa, recogido en la entrada Hamsa, con la traducción de Monier Williams.
- Charles Perrault, Histoires ou contes du temps passé, 1697, y Jean Loret, La Muse Historique, 1650. The Public Domain Review
- Richard H. Wilkinson, The Complete Gods and Goddesses of Ancient Egypt, 2003, sobre Gengen Wer.
