Ciervo, su símbolo y significado



El ciervo simboliza la renovación, la pureza y la mediación entre el mundo humano y lo divino. Su cornamenta, que cae y vuelve a crecer cada año, lo convirtió en emblema del renacimiento en casi todas las tradiciones que lo conocieron: animal consagrado a Artemisa en Grecia, imagen de Cristo en los bestiarios cristianos y mensajero de los dioses en Japón.

Pocos animales atraviesan tantas culturas sin perder ese núcleo. Y pocos arrastran también tanta confusión: la más extendida atribuye a los celtas manadas sagradas de renos, un animal que nunca habitó sus territorios.

El ciervo de un vistazo
Origen del nombre Del latín cervus, de una raíz indoeuropea que significa cuerno
Grecia Consagrado a Artemisa; la Cierva de Cerinea, tercer trabajo de Heracles
Cristianismo Enemigo de la serpiente; alegoría de Cristo venciendo al mal
San Huberto y San Eustaquio El crucifijo entre la cornamenta, escena de conversión
Pueblos celtas Cornamenta de Cernunnos, de ciervo rojo
Mitología nórdica Cuatro ciervos roen a Yggdrasil; Eikþyrnir origina los ríos
China Homófono de sueldo oficial; longevidad y prosperidad
Japón Mensajeros sagrados del santuario Kasuga Taisha, en Nara
Heráldica Paz y prudencia; el ciervo blanco de Ricardo II de Inglaterra
Mongolia Gua Maral, la cierva ancestral de Gengis Kan

Origen del nombre

La palabra española ciervo viene del latín cervus, y esta a su vez de una raíz indoeuropea reconstruida como ḱerh₂-, que significaba simplemente «cuerno». De esa misma raíz salen en castellano cuerno y también cerebro, la parte del cuerpo que el cuerno corona. El animal quedó nombrado, desde el origen, por lo único que se le ve de lejos.

El nombre científico del ciervo rojo europeo, Cervus elaphus, guarda algo mejor: reúne las dos palabras antiguas para el mismo animal, la latina cervus y la griega élaphos. Y élaphos es exactamente el término que aparece en Kerynítis élaphos, el nombre griego de la Cierva de Cerinea que Heracles persiguió durante un año. La nomenclatura zoológica moderna conserva, sin proponérselo, la palabra del mito.

Venado, en cambio, tiene otra procedencia: viene del latín venatus, «caza», de donde también sale venatorio. Mientras el ciervo se llamó por su cornamenta, el venado se llamó por lo que los hombres hacían con él.

Grecia: Artemisa, la Cierva de Cerinea y Acteón

En la mitología griega, el ciervo —y en particular la cierva— está estrechamente asociado a Artemisa, diosa de la caza y de los animales salvajes. La leyenda más conocida es la de la Cierva de Cerinea, un animal de tamaño descomunal con cornamenta dorada y pezuñas de bronce, tan veloz que superaba en carrera a una flecha. Píndaro, en la tercera de sus Olímpicas, cuenta de dónde venía: la ninfa Táigete, una de las Pléyades, huía de la persecución de Zeus, y Artemisa la transformó momentáneamente para protegerla; en agradecimiento, Táigete consagró después a la diosa una cierva de cuernos de oro. Una tradición añade que el animal llevaba grabada la inscripción «Táigete me dedicó a Artemisa».

Calímaco, en su Himno a Ártemis, cuenta una versión distinta y algo más extraña: la diosa, siendo todavía niña, encontró cinco ciervas gigantescas de cuernos dorados pastando junto a un río de guijarros negros. Atrapó cuatro con sus propias manos, sin ayuda de perros, para tirar de su carro. La quinta escapó cruzando un río, y no por azar: Hera la dejó huir a propósito, para que quedara reservada como trabajo futuro de Heracles.

Capturarla viva y sin herirla fue, en efecto, el tercer trabajo que el rey Euristeo le impuso -precisamente porque sabía que el animal era sagrado y que cualquier daño provocaría la ira de la diosa-. La persecución, según cuenta Apolodoro en su Biblioteca, duró un año entero: la cierva huyó de Enoe hasta el monte Artemisio, cruzó después el río Ladón en Arcadia, y solo ahí, agotada, Heracles logró alcanzarla. Cuando ya la llevaba sobre los hombros de regreso a Micenas, Artemisa y Apolo le salieron al encuentro, furiosos por ver maltratado a un animal que les pertenecía; Heracles tuvo que explicarles que actuaba por orden de Euristeo y no por voluntad propia, y solo así consiguió apaciguarlos.

La otra gran leyenda griega del ciervo es la de Acteón, nieto de Cadmo y cazador experto que, según cuenta Ovidio en las Metamorfosis, se topó por accidente con Diana -nombre romano de Artemisa- mientras esta se bañaba con sus ninfas en una gruta. Avergonzada y furiosa por haber sido vista, la diosa le roció el rostro con agua y le arrebató la voz humana, transformándolo en ciervo. Acteón huye entonces por el mismo bosque donde tantas veces había cazado, hasta que sus propios perros, que no reconocen a su amo bajo la nueva forma, le dan alcance y lo despedazan mientras sus compañeros de caza lo animan a gritos sin saber que es a él a quien están viendo morir.

Ovidio se detiene en un detalle que la mayoría de los resúmenes omite: Acteón, ya convertido en ciervo, conserva la mente humana. Ve morir su propio cuerpo entendiendo perfectamente lo que ocurre, y quiere gritar que es él, y no puede. El poeta insiste además en que su culpa fue apenas un accidente, no una transgresión deliberada: fue víctima del azar. Esta transformación -de cazador a presa, de hombre a ciervo- fue leída siglos después por los alquimistas como imagen del alma que se transmuta al entrar en contacto con lo divino, la misma lógica que en la tradición hermética empareja al ciervo con el unicornio como representación del alma y el espíritu.

El enemigo de la serpiente

El Fisiólogo, texto griego de los primeros siglos de la era cristiana que dio origen a los bestiarios medievales, describe una escena que se repetiría con variantes en manuscritos ingleses, franceses e italianos durante mil años: el ciervo descubre la madriguera de una serpiente y, no pudiendo alcanzarla con las pezuñas, escupe agua en la entrada y sopla con las fosas nasales hasta obligarla a salir; entonces la pisotea hasta matarla. Los bestiarios más tardíos añaden un giro: si el ciervo está viejo o enfermo, en lugar de pisotearla, la devora, tras lo cual corre a beber grandes cantidades de agua de un manantial para purgar el veneno, y solo entonces, renovado, muda la cornamenta.

Plinio el Viejo ya había recogido esta creencia varios siglos antes que los bestiarios cristianos. Project Gutenberg conserva el pasaje citado en la obra Myth-Land (1886) de F. Edward Hulme, que remite directamente a Plinio, Historia Natural, libro VIII, capítulo 33: los ciervos «make fight with serpents, and are their natural and mortal enemies» -«combaten con las serpientes, y son sus enemigos naturales y mortales»-, persiguiéndolas hasta sus madrigueras para forzarlas a salir con el aliento; si la serpiente logra trepar sobre el lomo del ciervo y morderlo, este corre hasta un río y se arroja al agua para librarse del veneno.

Los teólogos medievales leyeron esta escena como una alegoría de dos capas superpuestas. Por un lado, la serpiente representaba al demonio o al pecado, y el ciervo, a Cristo -o al alma cristiana- que lo vence y luego se purifica en el agua de la sabiduría divina; por otro, el propio acto de correr hacia el agua para sanar se leía como imagen de la búsqueda de Dios por parte del alma atribulada. Esa doble lectura explica la presencia recurrente del ciervo en pilas bautismales, donde el gesto de beber tras vencer al mal se superpone al sacramento, y en escenas de pintura religiosa donde el animal bebe al pie de la cruz. La tradición se apoya además en el Salmo 42, donde el alma que anhela a Dios se compara con el ciervo sediento que busca las corrientes de agua.

San Huberto y San Eustaquio: el ciervo con el crucifijo

Además de la figura general del Fisiólogo, la tradición católica conserva una escena mucho más concreta y muy representada en el arte: la de un cazador que, a punto de dar muerte a un ciervo, ve aparecer entre su cornamenta un crucifijo resplandeciente y escucha una voz que lo llama a la conversión. Es la vocación de San Huberto de Lieja (656-727), patrono de los cazadores, celebrada cada 3 de noviembre: mientras cazaba un Viernes Santo en el bosque de las Árdenas, un ciervo se detuvo, se volvió hacia él y le mostró la visión que cambiaría el resto de su vida. Huberto abandonó la caza, se ordenó bajo San Lamberto de Maastricht y terminó sucediéndolo como obispo.

La escena es más antigua todavía. La Iglesia venera también a San Eustaquio, un general romano de nombre Placidio que sirvió bajo el emperador Trajano en el siglo II y que, según la tradición, vivió la misma visión durante una cacería cerca de Tívoli, mucho antes de que naciera Huberto. La crítica histórica coincide en que la biografía de Huberto retomó la escena de la leyenda ya existente de Eustaquio: es una observación sobre la transmisión literaria de la hagiografía, no una objeción a la devoción que ambos santos siguen recibiendo. La imagen resultó tan poderosa que Alberto Durero la grabó a buril hacia 1501 en una de sus planchas de mayor tamaño, y Rubens y Jan Brueghel el Viejo la pintaron juntos para el Museo del Prado.


El símbolo sigue vigente fuera del templo: el ciervo con el crucifijo entre la cornamenta es, todavía hoy, el logotipo de la marca alemana de licor Jägermeister -«maestro de cazadores»-, en homenaje directo a la visión de San Huberto.

Cernunnos y los pueblos celtas

Entre los pueblos celtas, el ciervo rojo europeo está vinculado a Cernunnos, la única deidad astada documentada con nombre propio en fuentes celtas. El nombre aparece inscrito en el llamado Pilar de los Barqueros de París, del siglo I, y la figura se reconoce con notable claridad en el Caldero de Gundestrup, donde el dios aparece sentado con las piernas cruzadas, rodeado de animales y con un ciervo a su lado. Se lo asoció con la fertilidad, el bosque y el ciclo de renovación que evoca la muda anual de la cornamenta.

Esa muda es probablemente la razón de fondo de todo el simbolismo. La cornamenta del ciervo es el único apéndice óseo del reino animal que se pierde y se regenera entero cada año, más grande y más ramificada en cada ciclo. Un pueblo que observaba de cerca a sus animales no necesitaba ninguna teología elaborada para leer ahí una imagen de la muerte y el renacimiento anuales.

Los ciervos de Yggdrasil

En la mitología nórdica, cuatro ciervos -Dáinn, Dvalinn, Duneyrr y Duraþrór- ramonean permanentemente entre las ramas más altas de Yggdrasil, el fresno que sostiene los nueve mundos. La escena aparece en el Grímnismál, «el canto de Grímnir», uno de los poemas de la Edda poética: Odín, disfrazado bajo el nombre de Grímnir y torturado entre dos hogueras por el rey Geirröd, revela a un joven oyente los secretos del cosmos mientras agoniza. La traducción de Benjamin Thorpe (1866), hoy de dominio público, vierte así la estrofa 33: «Harts there are also four, which from its summits, arch-necked, gnaw» -«Ciervos hay también cuatro, que desde sus copas, de cuello arqueado, roen»-, seguida de los cuatro nombres.

El mismo poema contiene, siete estrofas antes, un ciervo distinto que la divulgación suele fundir con los anteriores. En la estrofa 26 aparece Eikþyrnir -cuyo nombre significa aproximadamente «el que tiene espinas de roble», por unas astas tan ramificadas como las ramas de un roble-, que no está en el árbol sino sobre el techo del Valhalla, comiendo del árbol Læraðr. De sus cuernos gotea agua sin parar hasta el pozo Hvergelmir, y de ese pozo nacen todos los ríos del mundo. Las tres estrofas siguientes son una enumeración de nombres de ríos: Síd, Víd, Sækin, Ekin, Svöl, Gunnþró, unos cuarenta en total, unos que corren por las tierras de los dioses y otros que bajan hasta los muertos. Snorri Sturluson repite la escena casi palabra por palabra en su Edda en prosa.

La distinción importa porque cambia el sentido de la imagen. A los cuatro ciervos del árbol el poema no les atribuye ninguna función cósmica: simplemente muerden el follaje, y su trabajo constante de desgaste se suele leer junto al del dragón Níðhöggr, que roe la raíz desde abajo, como parte del deterioro permanente que Yggdrasil resiste sin caer. El que genera los ríos es Eikþyrnir, y está en otro sitio del cosmos. El significado último de los cuatro nombres sigue discutido entre los especialistas -hay quien los ha vinculado a los cuatro vientos o a las fases lunares-, pero eso es lectura moderna que ningún manuscrito antiguo confirma.

China: prosperidad y longevidad

En chino, la palabra para «ciervo» se escribe 鹿 y se pronuncia . Por pura coincidencia fonética, esa misma sílaba es la de 禄, el término que designaba el sueldo o emolumento de un funcionario imperial. Ese juego de homofonía -muy productivo en la simbología china, la misma lógica que convirtió al murciélago en emblema de buena fortuna- hizo del ciervo un emblema de prosperidad y ascenso en la carrera oficial. Luxing (禄星), el dios estelar del rango y el emolumento, aparece representado con ciervos bordados en su túnica de funcionario.

El juego no se detuvo ahí. suena también como 六, «seis», y como 路, «camino»: por eso un ciervo junto a una grulla forma el rebus liuhe, «las seis armonías» -los cuatro puntos cardinales más el cielo y la tierra, es decir, todo lo que existe-, y por eso cinco ciervos aluden a los cinco dioses de la riqueza que llegan por cinco caminos. En amuletos antiguos se encuentra al ciervo junto a un murciélago boca abajo, porque «murciélago invertido» suena igual que «la felicidad ha llegado». La yuxtaposición de aves en vuelo y ciervos corriendo, que representaba el sueño de ascender en el escalafón, aparece ya en relieves de la dinastía Han.

La cornamenta del ciervo se incorporó además a criaturas compuestas del bestiario chino: el Pixiu lleva cuerno de ciervo sobre la cabeza de dragón y cuerpo de caballo.

El ciervo es también, desde antiguo, símbolo de longevidad, junto a la grulla y la tortuga. Se le atribuía una vida extraordinariamente larga y, en el imaginario taoísta, la capacidad exclusiva de localizar el lingzhi, el hongo de la inmortalidad que crecería oculto en lo profundo de los bosques; por eso se lo representa con frecuencia llevándolo en la boca, y acompañando a Shouxing, el dios estelar de la longevidad, un anciano de frente abultada y barba blanca.

Hay una última historia china del ciervo que no trata ni de dinero ni de longevidad. Entre los Veinticuatro ejemplos de piedad filial, compilados por Guo Jujing durante la dinastía Yuan, se cuenta el caso de Tan Zi, un muchacho cuyos padres habían enfermado de la vista y a quienes solo podía curar, según los médicos, la leche de cierva. Como la familia era pobre, el chico se cubrió con una piel de ciervo y se metió en la montaña para acercarse a la manada y ordeñarlas de cerca. Unos cazadores lo vieron entre los animales y le apuntaron. Tan Zi se puso de pie, se echó atrás la piel y alcanzó a gritar que era un hombre y no un ciervo. El cazador bajó el arco, escuchó la explicación y lo acompañó de vuelta a su casa.

Japón: los ciervos mensajeros de Kasuga Taisha

En la tradición sintoísta, el santuario Kasuga Taisha, fundado en 768 en la ciudad de Nara por el poderoso clan Fujiwara, conserva su propia leyenda fundacional: el dios del trueno Takemikazuchi no Mikoto partió del santuario de Kashima, muy al norte, y viajó todo el trayecto hasta Nara montado sobre el lomo de un ciervo blanco, para descender finalmente sobre el monte Mikasa y proteger la nueva capital imperial. Desde ese momento, los ciervos sika que habitan el bosque y el parque de Nara se consideran tsukai —mensajeros— de los kami, las divinidades veneradas en el sintoísmo.

La veneración no fue solo simbólica: durante el período Edo, matar a uno de estos ciervos estuvo penado con la muerte, y se cuenta que hasta los miembros de la familia Fujiwara descendían de sus carruajes al cruzarse con uno de ellos. Hoy los cerca de 1.300 ciervos que todavía recorren en libertad el parque de Nara están protegidos legalmente como Monumento Natural, y el santuario fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998. Los investigadores que estudian esta tradición señalan que la mayoría de los visitantes actuales los percibe más como una atracción cultural entrañable que como una presencia religiosa en sentido estricto.

El ciervo aparece en Japón en otro papel más: acompaña a Jurojin, uno de los siete dioses de la fortuna, como emblema de la longevidad que ese dios concede -el mismo vínculo entre ciervo y larga vida que llegó a Japón desde la tradición china-.

El ciervo en la heráldica

La heráldica desarrolló un vocabulario propio y muy preciso para describir la postura del ciervo en un escudo, distinto del que se usa para otros animales. Un ciervo de pie y caminando se dice trippant; echado y en reposo, lodged; con las cuatro patas firmes en el suelo, statant; saltando, salient; corriendo a toda velocidad, courant; y con la cabeza vuelta de frente hacia quien observa el escudo, at gaze, «a la mira». Cuando solo se representa la cabeza, de frente y con la cornamenta desplegada, se dice caboshed.

En cuanto al significado, los tratadistas coinciden en una lectura bastante estable a través de los siglos: el ciervo representa a quien no combate salvo que se lo provoque, así como la paz, la armonía y una fortaleza que prefiere la prudencia a la agresión. También se le atribuyó el amor por la música, en eco de la vieja creencia -ya recogida por Plinio- de que el ciervo podía ser hechizado con el sonido de una flauta. La cierva, cuando aparece, se asocia sobre todo a la docilidad y al cuidado maternal: en el escudo de Edimburgo figura como tenante, en referencia a la leyenda de San Gil, ermitaño cuya única compañera en el bosque fue una cierva que lo alimentó con su leche.

El emblema personal más documentado es el del rey Ricardo II de Inglaterra (r. 1377-1399): un ciervo blanco echado, con un collar dorado del que pende una cadena. Aparece pintado en el díptico de Wilton, uno de los pocos retratos ingleses medievales conservados, donde el propio rey y los ángeles que rodean a la Virgen lucen todos el mismo broche con la figura del ciervo blanco. El origen del emblema combina dos motivos: Ricardo lo heredó del blasón de su madre, Juana de Kent, y a la vez funcionaba como juego de palabras con su propio nombre, porque «Richard» sonaba en inglés medieval como rich hart, «ciervo rico». El símbolo tuvo tanto arraigo que sigue siendo, seis siglos después, uno de los nombres más frecuentes para las tabernas inglesas: The White Hart.

Mongolia: la cierva ancestral de Gengis Kan

La Historia secreta de los mongoles, la crónica más antigua e importante sobre los orígenes del pueblo mongol -redactada poco después de la muerte de Gengis Kan, en algún momento del siglo XIII-, abre su relato genealógico con una pareja fundadora que no es humana sino animal: Börte Chino, «el lobo gris azulado», nacido por voluntad del Cielo, y su esposa Gua Maral, «la cierva parda». Juntos cruzan un mar y se establecen en la fuente del río Onon, en el corazón de lo que hoy es Mongolia, donde nace Batachiqan, primer antepasado del linaje.

Once generaciones después, otra figura clave de la genealogía, la viuda Alan Gua, dará a luz a hijos que la tradición atribuye a un hombre luminoso que entraba en su tienda por la abertura del humo; de esa línea descenderá, generaciones más tarde, Gengis Kan. La cierva no funciona aquí como un tótem genérico de «los pueblos de Asia Central», como a veces se repite, sino como una de las dos figuras fundacionales de un mito de origen concreto, documentado por escrito y con nombre propio para cada protagonista. El motivo del lobo como antepasado sí es un tema más amplio, compartido por otros pueblos túrquicos de la estepa; la cierva Gua Maral pertenece específicamente a la tradición mongola.

No confundir con

Ciervo, venado y reno. Los tres nombran cérvidos, pero no son intercambiables. Ciervo designa en España sobre todo al ciervo rojo europeo, Cervus elaphus; venado es el término más habitual en América Latina para varias especies distintas, entre ellas el venado cola blanca; y reno corresponde a Rangifer tarandus, propio de las regiones circumpolares y única especie de cérvido cuyas hembras también desarrollan cornamenta. Esa última particularidad es la que ha hecho que algunos autores buscaran en el reno el origen de la Cierva de Cerinea.

Los cuatro ciervos de Yggdrasil y Eikþyrnir. Son cinco animales distintos en el mismo poema, y se confunden constantemente. Los cuatro ciervos roen las ramas del árbol del mundo; Eikþyrnir está sobre el techo del Valhalla y es el único al que la fuente atribuye el origen de los ríos.

Cornamenta y cuernos. Las astas del ciervo son hueso, se ramifican y se mudan enteras cada año. Los cuernos de bóvidos y caprinos son estuches de queratina sobre un núcleo óseo, no se ramifican y no se caen. Buena parte del simbolismo de renovación asociado al ciervo depende de esa diferencia biológica.

Errores frecuentes

¿Los celtas tenían manadas sagradas de renos y de ahí vienen los del trineo navideño?

El animal de Cernunnos es el ciervo rojo, Cervus elaphus, tal como se lo ve representado en el Caldero de Gundestrup. El reno tiene hábitat circumpolar, muy al norte de los territorios celtas históricos, y no aparece en ninguna fuente antigua vinculada a estas tradiciones. Los renos del trineo son una creación literaria estadounidense del siglo XIX, sin raíz en el folclore céltico ni en ninguna religión precristiana europea.

¿El rocío de los cuatro ciervos de Yggdrasil forma los ríos del mundo?

Esa función corresponde a Eikþyrnir, un ciervo distinto, en la estrofa 26 del Grímnismál, y no a los cuatro de la estrofa 33. La confusión se explica porque ambos pasajes están en el mismo poema y ambos hablan de ciervos que comen del árbol, pero Eikþyrnir está sobre el Valhalla y es el único cuyas astas alimentan el pozo Hvergelmir, de donde nacen los ríos.

¿Fue Apolodoro quien contó que Táigete consagró la cierva a Artemisa?

Esa parte del relato viene de Píndaro y de los escoliastas que comentaron sus Olímpicas. Apolodoro aporta otra cosa igualmente valiosa: la secuencia geográfica completa de la persecución, de Enoe al monte Artemisio y de ahí al río Ladón, además del encuentro final con Artemisa y Apolo.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el ciervo en la mitología griega?

El ciervo está asociado sobre todo a Artemisa, diosa de la caza. La Cierva de Cerinea, un animal con cornamenta dorada y pezuñas de bronce, le estaba consagrada, y Heracles debió capturarla viva como tercero de sus doce trabajos sin herir a la bestia sagrada.

¿Por qué el ciervo es un símbolo cristiano?

El Fisiólogo y los bestiarios medievales describían al ciervo como enemigo natural de la serpiente, a la que ataca y luego bebe agua para curarse del veneno. Esta escena se leyó como una alegoría de Cristo venciendo al demonio con las aguas de la sabiduría, de ahí su presencia en pilas bautismales.

¿Cuántos ciervos hay en Yggdrasil?

El Grímnismál nombra cuatro ciervos que roen las ramas altas de Yggdrasil: Dáinn, Dvalinn, Duneyrr y Duraþrór. Existe además un quinto ciervo distinto, Eikþyrnir, que está sobre el techo del Valhalla y de cuyos cuernos gotea el agua que origina todos los ríos. Son dos figuras separadas del mismo poema.

¿Cuál es la diferencia entre ciervo, venado y reno?

Los tres nombran cérvidos pero no son intercambiables. Ciervo suele referirse en España al ciervo rojo europeo, Cervus elaphus; venado es el término más usado en América Latina para varias especies, entre ellas el venado cola blanca; y reno designa a Rangifer tarandus, la única especie de cérvido cuyas hembras también desarrollan cornamenta.

¿Qué relación tiene el ciervo con San Huberto y San Eustaquio?

Ambos santos se convirtieron al ver un crucifijo resplandeciente entre la cornamenta de un ciervo durante una cacería. La leyenda de San Eustaquio, general romano del siglo II, es anterior; la de San Huberto de Lieja, patrono de los cazadores, retomó esa misma escena varios siglos después. El símbolo sigue vigente en el logotipo de Jägermeister.

¿Qué relación tiene el ciervo con los celtas y con Cernunnos?

Cernunnos, el dios astado representado en piezas como el Caldero de Gundestrup, lleva cornamenta de ciervo rojo, no de reno. El reno no es un animal propio de las tradiciones celtas documentadas: su hábitat es circumpolar, muy al norte de los territorios celtas históricos.

¿Por qué el ciervo representa la riqueza en la cultura china?

En chino la palabra para ciervo, lù, se pronuncia igual que la que designaba el sueldo de un funcionario imperial, también lù. Por ese juego fonético el ciervo se convirtió en emblema de prosperidad y ascenso social, además de símbolo de longevidad.

¿Qué es la leyenda de los ciervos sagrados de Nara, en Japón?

Según la tradición del santuario Kasuga Taisha, fundado en 768, el dios del trueno Takemikazuchi llegó a Nara montado en un ciervo blanco. Desde entonces los ciervos de la ciudad se consideran mensajeros de los dioses; matarlos estuvo penado con la muerte durante el período Edo.

¿Cuál es el origen mongol que vincula a Gengis Kan con un ciervo?

La Historia secreta de los mongoles abre la genealogía de Gengis Kan con Börte Chino, un lobo gris azulado, y su esposa Gua Maral, una cierva parda, que cruzan un mar y se establecen junto al río Onon. De esa unión desciende, generaciones después, el linaje del propio Gengis Kan.

Mira también

Unicornio, su símbolo y significado: el ciervo y el unicornio como emblemas alquímicos del alma y el espíritu.

Pixiu, símbolo chino de buena suerte: la cornamenta de ciervo en la iconografía de esta criatura compuesta.

Bishamon y los siete dioses de la fortuna: el ciervo como mensajero de Jurojin, dios japonés de la longevidad.

El ave fénix, su símbolo y significado: el otro gran emblema oriental de la paz y la renovación.

Bibliografía

Fuentes primarias citadas

Publio Ovidio Nasón, Metamorfosis, libro III, traducción al inglés de Henry T. Riley (1851), Project Gutenberg, ebook n.º 21765. Plinio el Viejo, Historia Natural, libro VIII, capítulo 33, citado en F. Edward Hulme, Myth-Land (Londres, 1886), Project Gutenberg, ebook n.º 45671. Grímnismál, en la Edda poética, estrofas 26 a 28 y 33, traducción al inglés de Benjamin Thorpe (1866), dominio público. Píndaro, Olímpicas III, y los escolios que comentan el pasaje de Táigete. Calímaco, Himno a Ártemis. Pseudo-Apolodoro, Biblioteca, libro II, sobre el tercer trabajo de Heracles. Snorri Sturluson, Edda en prosa, Gylfaginning, capítulos 16 y 39. Historia secreta de los mongoles, apertura genealógica. Guo Jujing, Veinticuatro ejemplos de piedad filial, relato séptimo, sobre Tan Zi.

Fuentes de verificación consultadas

Theoi Project, entrada sobre la Cierva de Cerinea con las referencias clásicas completas. Wikipedia en español, Cervidae, para la etimología. Wikipedia en inglés, Hvergelmir y Eikþyrnir. Universidad Complutense de Madrid, Proyecto de Iconografía Medieval. Sotheby's, sobre los animales auspiciosos en el arte chino y el dios Luxing. National Gallery de Londres, sobre el díptico de Wilton y el emblema de Ricardo II. Registros del santuario Kasuga Taisha y estudios sobre la protección legal de los ciervos de Nara. Fuentes hagiográficas sobre San Huberto de Lieja y San Eustaquio, incluida la Leyenda dorada de Jacobo de la Vorágine. Tratados y glosarios de heráldica sobre la terminología del ciervo en los blasones.