Un poste tótem es un monumento tallado en un tronco de cedro rojo por los pueblos de la costa noroeste de América del Norte. No es un ídolo ni un objeto de culto: registra la historia, los emblemas y los derechos de una familia, con una función más próxima a la de un escudo de armas europeo o a la de un archivo que a la de un altar.
Y hay algo que conviene decir de entrada, porque cambia la manera de leer todo lo demás: las figuras de un poste no tienen un significado fijo. El mismo animal puede querer decir cosas distintas en dos postes distintos, porque cada uno remite a una historia concreta que pertenece a una familia concreta.
| Qué es | Monumento tallado en cedro rojo con emblemas de linaje |
|---|---|
| Quiénes los tallan | Haida, tlingit, tsimshian, nisga'a, kwakwaka'wakw y otros |
| Dónde | Columbia Británica y sureste de Alaska |
| Función | Social y jurídica: identidad, genealogía y derechos |
| Origen del nombre | Del ojibwa odoodem, «su grupo de parentesco» |
| Ceremonia asociada | El potlatch, donde el poste se erige y se valida |
| Prohibición | El potlatch estuvo prohibido en Canadá de 1885 a 1951 |
| Significado de las figuras | Particular de cada poste; no hay diccionario universal |
Origen del nombre
La palabra tótem llegó a las lenguas europeas desde el ojibwa, donde odoodem significa aproximadamente «su grupo de parentesco». Designaba el emblema que identificaba a un clan: el signo que decía de quién desciende uno.
Ahí hay un dato que conviene retener, porque explica buena parte de la confusión posterior. El ojibwa es una lengua de la región de los Grandes Lagos, a miles de kilómetros de la costa del Pacífico. Los pueblos que tallan los postes no hablan ojibwa y no los llaman así. El nombre con el que el mundo entero conoce estos monumentos procede de un pueblo distinto del que los hace, y se lo aplicaron los europeos por analogía.
De esa palabra salió después el término antropológico totemismo, que designa otra cosa —una teoría sobre la relación entre grupos humanos y especies naturales— y que se examina más abajo. Conviene no mezclarlos: el poste tallado y el concepto académico comparten nombre por accidente.
Quiénes los tallan
Los postes tótem no son una práctica común a los pueblos originarios de América, ni siquiera a la mayoría. Pertenecen a un área cultural muy concreta: la costa noroeste del Pacífico, entre la actual Columbia Británica y el sureste de Alaska.
Los tallan, con estilos distintos y reconocibles entre sí, los pueblos haida, tlingit, tsimshian, nisga'a, gitxsan, kwakwaka'wakw, nuxalk, nuu-chah-nulth y las naciones salish de la costa. Cada uno tiene sus propias convenciones formales, sus propios emblemas y sus propias historias.
La materia prima explica que la tradición naciera ahí y no en otro sitio: el cedro rojo occidental crece recto, alcanza alturas enormes, se talla con facilidad y resiste la putrefacción mejor que casi ninguna madera. Un territorio con esos árboles y con excedente alimentario suficiente para mantener a artesanos especializados es lo que hace posible un arte monumental en madera.
Para qué sirve un poste
Un poste no se erige para ser adorado. Se erige para dejar constancia, y en eso su función se parece mucho a la de la heráldica europea: es un registro visible y público de quién es una familia, de dónde viene y a qué tiene derecho.
Las figuras que lo componen son en su mayoría crests, emblemas de linaje. Un clan posee el derecho a representar determinados seres —cuervo, águila, lobo, orca, oso, rana, ave del trueno— porque un antepasado suyo tuvo un encuentro con ese ser en un episodio fundacional que la familia conserva y transmite. El emblema es una propiedad, y usar el de otra familia sin derecho sería una usurpación reconocible por toda la comunidad, igual que ocurría en Europa con las armerías: el águila bicéfala pertenecía a unas casas concretas y no podía adoptarla cualquiera.
Sobre qué son esos animales para quienes los tallan hoy, conviene escuchar a un tallador. Sgwaayaans (TJ Young), artista haida que ha tallado una veintena de postes, lo explica así:
«Animals are not to be hunted and killed; they are part of us. That's why we respect them and take them on as clans and crests.»
«Los animales no están para ser cazados y matados; son parte de nosotros. Por eso los respetamos y los adoptamos como clanes y emblemas.»
Sgwaayaans (TJ Young), tallador haida, Sealaska Heritage Institute
Hay además una regla de reciprocidad que ilustra hasta qué punto el emblema es propiedad ajena y no material disponible: un tallador no talla el emblema de su propio clan. Young, que es haida del lado del Águila, explica que talla el Cuervo, y que así ha sido siempre: el Águila nunca talla al Águila, el Cuervo nunca talla al Cuervo. Se trabaja para la mitad contraria.
De ahí se sigue lo más importante para quien quiera interpretar un poste: la figura remite a una historia concreta, no a una cualidad abstracta. Un oso no significa «fuerza»: significa aquel oso, el de aquella historia, la que pertenece a esta familia. Y solo los miembros de la familia propietaria tienen derecho a contarla.
Los tipos de poste
No todos los postes cumplen la misma función, y confundirlos es una fuente habitual de malentendidos.
Los postes conmemorativos honran a una persona fallecida o el ascenso de un nuevo jefe. Los postes mortuorios contienen efectivamente los restos, alojados en una caja en la parte superior. Los postes de casa son estructurales: sostienen las vigas de la vivienda comunal. Los postes de entrada se levantan ante la casa y anuncian quién vive allí. Los postes de bienvenida se colocan mirando al agua para recibir a quienes llegan en canoa.
Y la tradición contempla un tipo que casi nunca se menciona y que dice mucho sobre la función jurídica del objeto: el poste de la vergüenza o del escarnio, erigido para señalar públicamente una deuda impagada o un agravio no reparado, y que permanecía en pie hasta que la cuestión se resolvía. Un monumento que se levanta para avergonzar a un deudor no es un objeto religioso: es un instrumento de derecho.
Cómo se lee un poste
Suele decirse que los postes se leen de abajo hacia arriba, y que la figura más baja es la menos importante. Las dos cosas son inexactas.
No existe una jerarquía fija de arriba abajo. La disposición depende del tipo de poste, del relato que cuenta y de las decisiones del tallador. Y en cuanto a la base, ocurre más bien lo contrario de lo que se cree: la figura inferior suele ser la más importante. Es la que sostiene toda la composición, la que con frecuencia representa al propietario del poste o el emblema principal de la familia, y la que queda a la altura de los ojos, donde el escultor puede trabajar con más detalle y donde todo el mundo la ve.
La idea contraria procede de una expresión inglesa del siglo XX, low man on the totem pole, que se usa para designar al último de una jerarquía. Es una invención del inglés coloquial estadounidense, sin ninguna relación con la cultura que talla los postes, y ha invertido la comprensión del objeto en todo el mundo.
Identificar qué animal es cada figura sí es posible con cierta práctica, porque las convenciones formales son estables: el cuervo tiene el pico recto y largo; el águila lo tiene curvo hacia abajo; el oso muestra dientes y garras grandes, con las orejas redondeadas arriba; el castor tiene incisivos prominentes y una cola plana con retícula cruzada; la orca lleva una aleta dorsal. Lo que no puede deducirse de la figura es qué está haciendo ahí.
Los colores y la línea de forma
Circulan en internet numerosas tablas que asignan un significado a cada color de los postes: el rojo sería la guerra, el azul la sinceridad, el blanco la pureza, el negro el poder. Conviene decir con claridad que esas tablas no proceden de las naciones que tallan los postes, sino de manuales de manualidades y de literatura de campamento estadounidense del siglo XX, y que se han copiado desde ahí a miles de sitios.
Lo documentado es distinto y bastante más interesante. El arte de la costa noroeste se organiza según un sistema formal que el historiador del arte Bill Holm llamó en los años sesenta línea de forma (formline): un trazo continuo que se ensancha y se afina para delimitar las figuras, combinado con un repertorio de elementos —óvalos, formas en U, en S, en T— que rellenan el interior.
Dentro de ese sistema, el color cumple una función estructural, no simbólica. El negro traza habitualmente la línea de forma primaria; el rojo, la secundaria; y el azul o el verde rellenan las áreas terciarias, aunque nunca ambos en la misma pieza. El reparto puede invertirse, pero la lógica es siempre esa: el color indica el nivel jerárquico del trazo, no un contenido.
Preguntados directamente sobre ello, portavoces tlingit señalan que los colores no parecen tener un significado espiritual: son los tradicionales porque proceden de los pigmentos disponibles en su territorio y llevan siglos usándose. El negro se obtenía de carbón y lignito; el rojo, de ocre férrico mezclado con aceite de salmón; el azul verdoso, de vivianita y celadonita.
La prohibición del potlatch
Un poste no se termina cuando el tallador da el último golpe de azuela. Se termina cuando se levanta en público, durante un potlatch: la ceremonia de redistribución y de reconocimiento en la que la familia anfitriona alimenta y aloja a sus invitados, canta sus canciones, muestra sus objetos y cuenta sus historias delante de todos.
Esa función es indispensable, no ornamental. Los invitados —en particular los de la mitad opuesta del sistema de clanes— acuden como testigos, y su presencia es lo que valida los derechos que el poste proclama. Sin potlatch, un poste no tiene legitimidad social: es un tronco tallado que nadie ha reconocido. La preparación de una de estas ceremonias podía llevar de uno a cinco años.
En 1884 el gobierno canadiense prohibió el potlatch mediante una enmienda a la Indian Act, en vigor desde el año siguiente. Celebrarlo, ayudar a celebrarlo o animar a alguien a hacerlo pasó a ser delito castigado con prisión. La prohibición se mantuvo hasta 1951, cuando la sección correspondiente se suprimió en una revisión de la ley.
La prohibición, sin embargo, no se acató sin más, y esa parte de la historia rara vez se cuenta. En Alert Bay, en la Columbia Británica, el pueblo 'namgis y otras comunidades de lengua kwakwaka'wakw siguieron celebrando potlatches a puerta cerrada, disfrazados de bodas o de fiestas de cumpleaños, y tallando postes en secreto. Al frente de esos talleres clandestinos estuvo el tallador Charlie James (1867-1937), y su aprendiz Mungo Martin llegaría a ser conocido como el padre del renacimiento de la talla. En ese mismo pueblo se levantó en 1973 el poste más alto del mundo, de cincuenta y tres metros, con los emblemas de la mayoría de los grupos de esa lengua.
La consecuencia para los postes fue, aun así, casi terminal. Prohibida la ceremonia en la que se erigían, la talla monumental perdió su razón de ser y estuvo a punto de extinguirse: durante décadas apenas se levantaron postes nuevos, y los pocos que se tallaron fueron con frecuencia encargos comerciales para exposiciones y turismo, fuera de todo contexto ceremonial. Al mismo tiempo, numerosos postes antiguos salieron de las comunidades hacia museos europeos y norteamericanos, en operaciones que iban de la compra en condiciones de extrema penuria al robo liso y llano.
El regreso de los postes
La historia no termina ahí, y su capítulo actual es el más esperanzador. Desde mediados del siglo XX la talla se recuperó con fuerza, y en las últimas décadas ha comenzado además el regreso de los postes que salieron.
En 2006, el Museo de Etnografía de Suecia devolvió el poste G'psgolox, que había salido de la Columbia Británica en los años veinte. Fue el primero en volver desde Europa.
En septiembre de 2023 regresó el segundo. El poste conmemorativo Ni'isjoohl, de once metros de cedro rojo, tallado hacia 1860 y perteneciente a la Casa de Ni'isjoohl de la nación nisga'a, había sido retirado de su territorio en la década de 1920 por el etnógrafo Marius Barbeau y vendido al museo de Edimburgo, donde permaneció casi un siglo. Una delegación nisga'a viajó a Escocia en agosto de 2022 a pedir su devolución; el patronato del Museo Nacional de Escocia la aprobó, y el poste volvió al valle del Nass, donde se conserva hoy en el museo de la propia nación.
Un tercero, el Sim'oogit Laay', regresó también a territorio nisga'a tras casi ochenta años en el Museo de Antropología de la Universidad de la Columbia Británica, con una ceremonia de bendición previa al viaje.
Al mismo tiempo se siguen tallando postes nuevos, y no como reproducción de un pasado sino como práctica viva. En Juneau, capital de Alaska, el Kootéeyaa Deiyí o Sendero de los Postes levantó los diez primeros en 2023 y prevé llegar a treinta. La iniciativa nació de una observación de Rosita Worl, antropóloga tlingit y presidenta del Sealaska Heritage Institute, al mirar los monumentos de su propia ciudad:
«Look around—you see all these monumental art pieces celebrating the colonization of Alaska, but you don't see our art.»
«Mira alrededor: ves todas estas obras monumentales que celebran la colonización de Alaska, pero no ves nuestro arte.»
Rosita Worl, antropóloga tlingit
Los postes contemporáneos abordan además asuntos del presente. En Sitka se levantó en 2006 el llamado poste Wellbriety, tallado por Wayne Price, cuyo nombre tlingit significa «vas a sanar» y cuyas figuras aluden a las adicciones, la diabetes y el cáncer: en su base, una médica tlingit con una cesta de plantas lleva una lágrima en la mejilla por quienes no lograron recuperarse. La forma es antigua; el asunto, de hoy.
Tótem y totemismo
Queda por deshacer una confusión entre dos cosas que comparten nombre. Una es el poste tallado. La otra es el totemismo, categoría que la antropología del siglo XIX creó para describir la relación entre un grupo humano y una especie animal o vegetal que lo identifica.
Sobre esa relación, aquellos autores establecieron algo que sigue siendo válido: el tótem no es un dios y no se adora. Quien se identifica con un tótem no lo venera más de lo que venera a sus padres o a sus hermanos; lo respeta y lo trata con consideración, y por eso a menudo —aunque no siempre— se abstiene de matarlo y comerlo, del mismo modo que se abstendría de dañar a un pariente. Hablar del tótem como de una divinidad es un error extendido.
Conviene añadir lo que aquella antropología no vio. El totemismo se formuló como una etapa universal del desarrollo religioso humano, dentro de un esquema evolucionista que hoy no se sostiene, y la propia categoría fue desmontada en el siglo XX, sobre todo por Claude Lévi-Strauss, que sostuvo que agrupaba bajo un solo nombre fenómenos muy distintos entre sí. La formulación se conserva aquí porque su núcleo sigue siendo correcto, pero situada en su época y no como descripción de una religión real.
No confundir con
El poste tótem y el «animal de poder». La idea de que a cada persona le corresponde un animal con un significado fijo —la fuerza del oso, la sabiduría del búho— pertenece a la espiritualidad occidental del siglo XX y no a los pueblos de la costa noroeste, donde los emblemas son propiedad hereditaria de linajes y remiten a historias concretas.
El poste tótem y el ídolo. No es una representación de una divinidad ni recibe culto. Su función es registrar y proclamar, no mediar con lo sagrado.
Los pueblos de la costa noroeste y «los indios» en general. Los postes pertenecen a un área cultural concreta. Atribuirlos al conjunto de los pueblos originarios de América es como atribuir las catedrales góticas a toda Europa, incluidos los pueblos que nunca construyeron ninguna.
Errores frecuentes
¿Cada animal de un poste tótem tiene un significado fijo?
No, y esta es la idea que más circula y menos se sostiene. Las tablas que asignan a cada animal una cualidad —el lobo el liderazgo, la nutria la lealtad, la rana la comunicación— no proceden de las naciones que tallan los postes. En la práctica real, cada figura es el emblema de un linaje y remite a un episodio de la historia de esa familia, de modo que el mismo animal significa cosas distintas en dos postes distintos. Cuando la historia se pierde, la figura deja de poder interpretarse: no hay diccionario al que acudir.
¿Los colores de los postes tienen significado simbólico?
Las listas que circulan —rojo igual a guerra, azul igual a sinceridad, blanco igual a pureza— proceden de literatura de campamento y manualidades estadounidense del siglo XX, no de fuentes indígenas. En el sistema real de la línea de forma, el negro traza el trazo primario, el rojo el secundario y el azul verdoso rellena las áreas terciarias: el color indica la jerarquía del trazo, no un contenido simbólico.
¿El de abajo es el menos importante?
Es lo contrario. La expresión inglesa low man on the totem pole es una invención coloquial del siglo XX sin relación con la cultura de origen. La figura de la base suele ser la principal: sostiene el conjunto, representa a menudo al propietario o el emblema mayor de la familia, y queda donde todos la ven y donde el tallador puede detallarla mejor.
¿Se adoran los postes tótem?
No. No son ídolos, no representan divinidades y nadie les rinde culto. Su función es social y jurídica: acredita quién es una familia, de quién desciende y qué derechos posee, y conmemora muertes o acontecimientos. Incluso existían postes destinados a avergonzar públicamente a un deudor.
Preguntas frecuentes
¿Qué es un poste tótem?
Un monumento tallado en un tronco de cedro rojo por los pueblos de la costa noroeste de América del Norte. No es un objeto de culto: registra la historia, los emblemas y los derechos de una familia o un linaje, del mismo modo que un escudo de armas europeo.
¿Qué pueblos tallan postes tótem?
Los pueblos de la costa noroeste del Pacífico: haida, tlingit, tsimshian, nisga'a, gitxsan, kwakwaka'wakw, nuxalk, nuu-chah-nulth y las naciones salish de la costa, en la actual Columbia Británica y el sureste de Alaska. No es una práctica común a todos los pueblos originarios de América.
¿Qué significan los animales de un poste tótem?
No tienen un significado fijo y universal. Cada figura es el emblema de un linaje o remite a un episodio concreto de la historia de esa familia, de modo que el mismo animal puede significar cosas distintas en dos postes distintos. Sin conocer la historia, la figura no puede interpretarse.
¿Se leen los postes tótem de abajo hacia arriba?
No siguen una jerarquía fija. La disposición depende del tipo de poste, del relato y de las decisiones del tallador. La figura de abajo suele ser la más importante, no la menos: ocupa la base del monumento y es donde el escultor trabaja con mayor detalle.
¿De dónde viene la palabra tótem?
Del ojibwa odoodem, que significa aproximadamente su grupo de parentesco. Es una lengua de la región de los Grandes Lagos, a miles de kilómetros de la costa del Pacífico donde se tallan los postes, de modo que el nombre procede de un pueblo distinto del que los hace.
¿Qué significan los colores de un poste tótem?
En el arte de la costa noroeste el color cumple una función estructural, no simbólica: el negro traza la línea de forma principal, el rojo la secundaria y el azul verdoso rellena las áreas terciarias. Las listas que asignan un significado a cada color proceden de manuales occidentales del siglo XX.
¿Por qué estuvo a punto de desaparecer la talla de postes?
Porque el gobierno canadiense prohibió el potlatch entre 1885 y 1951, y era en esa ceremonia donde los postes se erigían y sus historias se validaban ante la comunidad. Sin potlatch, un poste carecía de legitimidad social, y la práctica estuvo a punto de extinguirse.
Mira también
El águila bicéfala: el emblema europeo que mejor ilustra cómo un animal puede ser propiedad hereditaria de un linaje.
El cuervo: figura central de los relatos de la costa noroeste y de muchas otras tradiciones.
El búho: otro caso de animal al que Occidente ha atribuido un significado fijo que varía mucho según la cultura.
Bibliografía
Fuentes consultadas
Bill Holm, sobre el sistema de la línea de forma en el arte de la costa noroeste, terminología acuñada en los años sesenta. American Indian Magazine, del Museo Nacional del Indio Americano (Smithsonian), sobre la organización del color en campos primarios, secundarios y terciarios. Melonie Ancheta, investigación sobre pigmentos y tecnología de la pintura en la costa noroeste, incluidos el ocre férrico, la vivianita y la celadonita. Juneau-Douglas City Museum, materiales didácticos sobre la lectura de los postes y los emblemas de clan. Gobierno de Canadá, Indian Act, enmienda de 1884 sobre la prohibición del potlatch y revisión de 1951 que la deroga. Museo Nacional de Escocia y Nisg̱a'a Museum, documentación sobre la devolución del poste conmemorativo Ni'isjoohl en septiembre de 2023. Museo de Etnografía de Suecia, sobre la devolución del poste G'psgolox en 2006. Claude Lévi-Strauss, Le totémisme aujourd'hui (París, Presses Universitaires de France, 1962), traducido al español como El totemismo en la actualidad, para la crítica de la categoría de totemismo.
Voces de las naciones que tallan los postes
Sealaska Heritage Institute (Juneau, Alaska), institución de las naciones tlingit, haida y tsimshian, y su proyecto Kootéeyaa Deiyí o Sendero de los Postes. Declaraciones de Sgwaayaans (TJ Young), tallador haida de Hydaburg, sobre el sentido de los emblemas animales y sobre la regla de tallar el emblema de la mitad contraria a la propia. Declaraciones de Rosita Worl, antropóloga tlingit y presidenta del Sealaska Heritage Institute, sobre el origen del proyecto. Ricardo Worl, sobre la función de los emblemas como afirmación de la casa y el territorio del clan. U'mista Cultural Centre (Alert Bay, Columbia Británica), del pueblo 'namgis, sobre la continuidad de la talla y del potlatch durante la prohibición. Nisg̱a'a Museum (Lax̱g̱alts'ap), sobre el regreso del poste Ni'isjoohl.
Advertencia sobre las fuentes
Buena parte de lo que circula en español sobre los postes tótem procede de literatura de divulgación occidental del siglo XX y no de las naciones que los tallan. La presente revisión se ha apoyado en fuentes museísticas y académicas, ha incorporado declaraciones de talladores y de instituciones de las propias naciones, y ha retirado el material cuya procedencia no pudo establecerse. Las historias concretas que cuenta cada poste pertenecen a las familias propietarias, y solo ellas tienen derecho a relatarlas: lo que aquí se explica es el funcionamiento general del objeto, no el contenido de ningún poste en particular.
