Ojo turco o amuleto de Nazar: significado y origen

El ojo turco es un amuleto de vidrio azul, con forma de ojo, que se cree que protege contra el mal de ojo y atrae buena suerte. Su nombre técnico, nazar boncuğu, revela algo que se suele pasar por alto: nazar no es el nombre del amuleto sino del propio mal de ojo, la mirada envidiosa contra la que protege. Y esa creencia es mucho más antigua de lo que sugiere su fama actual como recuerdo turístico: hay templos con miles de ojos de piedra tallados hace casi seis mil años.

El ojo turco de un vistazo
Nombre Nazar boncuğu, «la cuenta del mal de ojo» en turco
Material Vidrio soplado a mano, con cuatro círculos concéntricos
Antecedente arqueológico Templo de los Ojos, Tell Brak, Siria, hacia 3700-3500 a.C.
Antecedente textual Tablillas sumerias contra la mirada de la envidia, hacia 3000 a.C.
Producción artesanal actual Talleres tradicionales de la región de Esmirna, Turquía

Nazar no es el nombre del amuleto

Conviene empezar por una precisión que se pierde con frecuencia. La palabra nazar (نظر) viene del árabe y significa «mirada» o «vista»; en el uso cotidiano de Turquía, el mundo árabe y buena parte de Oriente Medio, designa directamente el mal de ojo, la mirada dañina, no al objeto que se usa para protegerse de ella. El amuleto en sí tiene su propio nombre, en turco: nazar boncuğu, donde boncuk significa «cuenta» o «abalorio». Es decir, «nazar boncuğu» se traduce, con precisión, como «la cuenta contra el mal de ojo», no como «el ojo de la mirada». También se usan los términos mavi boncuk, «cuenta azul», o göz boncuğu, «cuenta de ojo».

Qué es el mal de ojo

El mal de ojo es la creencia de que la mirada de una persona —con frecuencia impulsada por la envidia, a veces incluso sin que quien mira sea consciente de ello— puede causar daño, enfermedad o desgracia a quien la recibe, o a sus seres queridos y posesiones. Es una de las supersticiones más extendidas geográficamente que existen: aparece, con variaciones locales, en el Mediterráneo, Oriente Medio, el sur de Asia y buena parte de Europa. En algunas tradiciones de la región se llegó a creer que las personas de ojos claros poseían un poder especialmente intenso para transmitir esa mirada dañina, lo que reforzó la costumbre de protegerse con objetos de color azul o celeste, similar al de esos ojos.

El Templo de los Ojos: cinco mil setecientos años de antigüedad

La evidencia más antigua y más sorprendente de una obsesión religiosa con los ojos protectores no viene de Turquía sino de Siria. En 1937, el arqueólogo Max Mallowan excavó en Tell Brak, en el norte del país, un edificio monumental que terminó bautizando el «Templo de los Ojos», por la razón más literal posible: sus cimientos y su plataforma estaban repletos de miles de pequeños ídolos de alabastro, de apenas unos centímetros de altura, cada uno con un par de ojos enormes tallados sobre un cuerpo trapezoidal casi abstracto. Algunos ídolos tienen varios pares de ojos —hasta seis en algunos ejemplares—; otros llevan tallada una figura más pequeña, como un «hijo», sobre el cuerpo del ídolo mayor. El templo, datado hacia el 3700-3500 antes de Cristo, se construyó y reconstruyó varias veces sobre sí mismo a lo largo de los siglos, y en sus capas más profundas los arqueólogos hallaron además cientos de miles de cuentas de collar. La interpretación más aceptada es que esos ojos representan la vigilancia constante y atenta de los dioses, dejada como ofrenda votiva por generaciones de fieles, casi dos mil años antes de que existiera la primera pirámide de Egipto.

Las tablillas sumerias contra la mirada de la envidia

Un poco más tarde, hacia el 3000 antes de Cristo, la propia creencia en el mal de ojo empieza a dejar testimonio escrito. Entre las tablillas cuneiformes sumerias y acadias más antiguas que se conservan hay textos de conjuro dirigidos específicamente contra el «ojo» que actúa por su cuenta, causando destrucción allí donde se posa, movido por la envidia. Son, junto con los ídolos de Tell Brak, algunos de los testimonios más tempranos de una idea que, seis mil años después, sigue vendiéndose en cualquier tienda de recuerdos de Estambul: que la mirada puede hacer daño, y que otro ojo, protector, puede detenerla.

El diseño: cuatro círculos y una tecnología antigua

El amuleto Nazar actual, hecho de vidrio de colores, tiene un diseño muy preciso: cuatro círculos concéntricos que imitan la estructura de un ojo humano, con una pupila negra o azul muy oscuro en el centro, rodeada de un iris celeste, una capa blanca que hace de esclerótica, y un anillo exterior de azul intenso. Suele tener forma de gota aplanada. Esa precisión no es casual: depende de una tecnología concreta, la del vidrio soplado y trabajado en capas sucesivas de color fundido, que se desarrolló en Mesopotamia y Egipto y se extendió por comercio hasta Anatolia, donde artesanos locales adoptaron la técnica para fabricar las cuentas a mano en hornos. Los ejemplares de cuentas de vidrio azul con forma de ojo más antiguos que se conocen en la región mediterránea se remontan al siglo XVI antes de Cristo. Esa misma artesanía, cuenta por cuenta y capa sobre capa, sigue viva hoy en talleres tradicionales de la región de Esmirna, en la costa occidental de Turquía.

El peligro de un cumplido: de Platón a hoy

Una de las facetas más persistentes de esta creencia es que el mal de ojo no siempre nace de la malicia: incluso un elogio bienintencionado puede transmitirlo, si despierta una envidia que ni quien lo pronuncia reconoce en sí mismo. La idea es lo bastante antigua como para aparecer en Platón: en el Fedón, Sócrates interrumpe un argumento que acaba de recibir un elogio entusiasta y pide a sus interlocutores que no hablen tan alto, no sea que algún mal de ojo —baskania, en el griego original— eche a perder el razonamiento que viene a continuación. Esa misma cautela sigue viva hoy bajo formas muy distintas: en Turquía es habitual añadir la palabra maşallah —«lo que Dios ha querido»— después de cualquier cumplido, precisamente para neutralizar la envidia que podría acompañarlo; en Grecia, la costumbre es escupir tres veces suavemente tras alabar a alguien. Es, en el fondo, la misma lógica que sostiene al propio amuleto Nazar: no basta con tener buenas intenciones, hace falta además un gesto concreto que las proteja.

El amuleto en la vida cotidiana

El Nazar se fabrica en todos los tamaños, desde una cuenta diminuta como la cabeza de un alfiler hasta discos tan grandes como un plato. En su versión pequeña se lleva como joyería —colgantes, pulseras, pendientes—, mientras que los ejemplares más grandes suelen colgarse bien visibles en una pared, con frecuencia frente a una puerta o entrada: según la creencia tradicional, de ese modo el amuleto queda de cara a cualquier mirada dañina que intente entrar en la casa. Es habitual colocarlo también en el interior de automóviles, en oficinas, y prenderlo en la ropa de los recién nacidos, considerados especialmente vulnerables al mal de ojo en buena parte de la tradición popular de la región, la misma vulnerabilidad infantil que en el norte de África y Oriente Medio se protege también con la mano de Fátima o hamsa. Fuera de su función protectora, la pulsera de ojo turco se ha convertido además en un accesorio de moda extendido por buena parte del mundo, a menudo combinado con otros dijes o apilado en varias unidades, en la misma tradición mediterránea de amuletos personales pequeños y discretos que incluye también el cuerno de la suerte o cornicello italiano.

Cuando el amuleto se rompe

Existe una creencia muy extendida sobre el final de la vida útil de un Nazar: cuando el amuleto se agrieta o se rompe espontáneamente, no se interpreta como un accidente sin importancia sino, según la tradición, como una señal de que el amuleto ha absorbido un mal de ojo dirigido contra su dueño, cumpliendo así la función que se le atribuye. La respuesta tradicional no es lamentar la pérdida sino reemplazarlo de inmediato por un Nazar nuevo.

No confundir con

El ojo de Horus

El ojo de Horus egipcio es un símbolo distinto, ligado a un mito concreto —la pérdida y restauración del ojo del dios Horus— y a la protección y la salud en el antiguo Egipto. Comparte con el Nazar la función protectora general del motivo del ojo, pero pertenece a una tradición religiosa propia, con su propia iconografía, y no debe confundirse con el amuleto turco de vidrio azul.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el ojo turco o Nazar?

Es un amuleto de protección contra el mal de ojo, la creencia de que una mirada cargada de envidia puede causar daño. Nazar es en realidad el nombre árabe del mal de ojo mismo; el amuleto se llama, en turco, nazar boncuğu, «la cuenta del mal de ojo».

¿Cuál es el origen más antiguo del mal de ojo?

Se remonta al menos al cuarto milenio antes de Cristo. En Tell Brak, norte de Siria, se hallaron miles de pequeños ídolos de piedra con ojos enormes en un edificio llamado el Templo de los Ojos, datado hacia el 3700-3500 a.C. Tablillas cuneiformes sumerias, hacia el 3000 a.C., contienen ya incantaciones específicas contra la mirada de la envidia.

¿Qué significa que se rompa un amuleto de ojo turco?

Según la creencia popular, un Nazar que se agrieta o se rompe ha absorbido un mal de ojo dirigido contra su dueño. La costumbre es reemplazarlo de inmediato por uno nuevo.

Fuentes

  • Sobre el Templo de los Ojos y los ídolos de Tell Brak: Metropolitan Museum of Art y British Museum.
  • Sobre las tablillas sumerias y acadias contra el mal de ojo, hacia el 3000 a.C.: Ancient Origins.
  • Sobre el diseño de cuatro círculos, su origen en el vidrio soplado y los talleres de Esmirna: Artsy.
  • Sobre la etimología de nazar y boncuğu: literatura de referencia sobre el turco y el árabe coloquial de la región.
  • Platón, Fedón, 95b, sobre la baskania o mal de ojo; y sobre las costumbres actuales del maşallah turco y el escupir griego: Forte Academy.

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