Una estrella de ocho puntas inscrita en un círculo. Este símbolo —la estrella de Ishtar o estrella de Inanna— es uno de los emblemas más antiguos de la historia humana: tiene más de cuatro mil años de documentación continua y se originó en la civilización que inventó la escritura, el calendario y la astronomía sistemática. La estrella de Ishtar no es solo un símbolo religioso: es una ecuación astronómica grabada en piedra.
Inanna e Ishtar: el mismo ser, dos culturas
Inanna fue la diosa sumeria del amor, la sexualidad, la belleza, la fertilidad, la guerra y el poder político. Era la patrona de la ciudad de Uruk —la primera ciudad del mundo, con decenas de miles de habitantes hacia el año 3000 a.C., probablemente la mayor concentración urbana de su época— y del templo Eanna, cuyo nombre significa «Casa del Cielo». Se la veneraba como la Reina del Cielo y como la guardiana de los me —los dones civilizatorios que hacen posible la vida humana organizada: la escritura, la realeza, el comercio, la música, el arte, el amor, la guerra.
Cuando los pueblos semitas del norte —los acadios, y después los babilonios y asirios— absorbieron la cultura sumeria, adoptaron a Inanna con un nombre nuevo: Ishtar. El mismo ser, el mismo carácter contradictorio y fascinante, el mismo símbolo de ocho puntas. Donald A. Mackenzie, en su obra Myths of Babylonia and Assyria (1915), disponible en Project Gutenberg, describe la expansión de la diosa:
«Ishtar, like Isis, absorbed many other local goddesses. According to the beliefs of the ancient agriculturists the goddess was eternal and undecaying. She was the Great Mother of the Universe and the source of the food supply.»
— Donald A. Mackenzie. Myths of Babylonia and Assyria (1915).
Traducción: «Ishtar, como Isis, absorbió a muchas otras diosas locales. Según las creencias de los antiguos agricultores, la diosa era eterna e incorruptible. Era la Gran Madre del Universo y la fuente del sustento.»
La equivalencia entre Inanna/Ishtar y las grandes diosas del amor y la guerra de otras civilizaciones es directa: su equivalente cananea fue Astarté, su equivalente griega Afrodita, su equivalente romana Venus. La humanidad lleva más de cuatro milenios reconociendo en las mismas características divinas —amor, belleza, guerra, sexualidad, poder— una sola figura que cambia de nombre según la lengua.
La estrella de ocho puntas: orígenes y primeras representaciones
El símbolo de la estrella de ocho puntas asociada a Inanna/Ishtar aparece documentado desde al menos el período acadio (circa 2350-2150 a.C.) en cilindros-sello, placas votivas y relieves. Las representaciones más antiguas muestran la estrella sin círculo exterior; a partir del período babilónico antiguo (circa 1900-1600 a.C.) el símbolo se estandarizó como una estrella de ocho puntas inscrita dentro de un disco circular.
En los kudurru —las piedras de límite territorial usadas en Babilonia— aparece sistemáticamente una tríada de símbolos: la luna creciente del dios lunar Sin, el disco solar del dios solar Shamash y la estrella de ocho puntas de Ishtar. Tres cuerpos celestes, tres dioses, tres símbolos. La estrella de Ishtar era el planeta Venus. En un kudurru del rey Meli-Shipak II (siglo XII a.C.) conservado en el Museo Británico, los tres símbolos aparecen juntos de forma idéntica a como los veremos reproducidos durante siglos en la iconografía mesopotámica posterior.
Los esclavos que trabajaban en los templos de Ishtar eran a veces marcados con el sello de la estrella de ocho puntas, una práctica documentada en tablillas cuneiformes. El símbolo era al mismo tiempo un emblema divino, una marca de propiedad y una forma de protección: quienes portaban la estrella de la diosa estaban bajo su amparo.
El ciclo venusino: la astronomía que explica los ocho puntos
Los astrónomos-astrólogos de Babilonia fueron los primeros de la historia en llevar registros sistemáticos de los movimientos celestes. Las Tablas de Venus de Ammisaduqa —registros astronómicos del reinado del rey Ammisaduqa (circa 1700-1600 a.C.) que forman parte de la serie de tablillas conocida como Enuma Anu Enlil— contienen observaciones de las apariciones y desapariciones del planeta Venus como estrella matutina y vespertina durante veintiún años.
Lo que esos astrónomos descubrieron es uno de los ciclos más elegantes del sistema solar: Venus completa casi exactamente cinco ciclos sinódicos completos en ocho años terrestres. Un ciclo sinódico de Venus —el tiempo que tarda en volver a la misma posición relativa respecto al Sol visto desde la Tierra— dura 583,9 días. Cinco de esos ciclos suman 2.919,5 días, prácticamente idéntico a ocho años de 365 días (2.920 días). El error acumulado es de apenas medio día en ocho años.
Esto significa que si se marcan las posiciones de Venus en el cielo a lo largo de ocho años, se obtiene una figura de cinco puntas que los historiadores de la astronomía llaman el pentágrama de Venus —la estrella de cinco puntas que Venus traza en el cielo en ese ciclo de ocho años—. Los babilonios, sin embargo, contaron las posiciones de otro modo: los ocho momentos significativos del ciclo de Venus —cuatro apariciones como estrella matutina, cuatro como estrella vespertina— produjeron los ocho puntos de la estrella de Ishtar. La diosa del planeta y el símbolo del planeta son la misma cosa expresada de dos formas distintas.
Venus es, además, el objeto más brillante del cielo nocturno después de la Luna. A la vista sin instrumentos, Venus brilla entre diez y veinte veces más que cualquier otra estrella. Cuando aparece al amanecer como estrella matutina precede al sol; cuando aparece al atardecer como estrella vespertina lo prolonga. Los mesopotámicos distinguían estas dos apariciones como dos manifestaciones distintas de la diosa: Ishtar de la mañana era guerrera y agresiva; Ishtar de la tarde era sensual y amorosa.
Enheduanna: la primera poeta de la historia escribe sobre Inanna
Antes de que existiera Homero, antes de que existiera la Biblia, antes de que cualquier obra literaria de autor conocido fuera puesta por escrito, una mujer llamada Enheduanna compuso en Sumer una serie de himnos a la diosa Inanna que son el primer corpus literario de autoría individual identificada en la historia de la humanidad.
Enheduanna (circa 2285-2250 a.C.) fue sacerdotisa de la Luna en la ciudad de Ur e hija del rey Sargón de Acad, el primer gobernante que unificó políticamente Mesopotamia. Su nombre significa «ornamento del cielo» en sumerio. Escribió al menos tres himnos extensos a Inanna y una colección de himnos a los templos de Sumer. En su himno más famoso, Nin-me-šara («Señora de todos los me»), describe a Inanna como la potencia que sostiene el universo:
«Lady of all the me, resplendent light, righteous woman clothed in radiance, beloved of An and Uraš! Mistress, you who are the jewel of heaven, who illumines the night, brilliant one, jewel of the night!»
— Enheduanna. Nin-me-šara (circa 2250 a.C.). Traducción de Jeremiah Peterson. Tablilla conservada en el Museo de Arte de Filadelfia.
Traducción: «Señora de todos los me, luz resplandeciente, mujer justa vestida de radiancia, amada de An y Uraš. Señora, tú que eres la joya del cielo, que iluminas la noche, brillante, joya de la noche.»
La identificación de Inanna con «la joya del cielo que ilumina la noche» es la identificación con Venus: el objeto más brillante del cielo nocturno después de la Luna. Enheduanna escribe sobre el mismo fenómeno que los astrónomos babilónicos registrarían siglos después en las Tablas de Venus: la misma diosa, el mismo planeta, la misma luz.
Lo que hace de Enheduanna una figura excepcional no es solo su antigüedad: es su voz. Sus himnos no son fórmulas rituales impersonales sino textos con una perspectiva individual, donde la sacerdotisa habla en primera persona, narra sus conflictos políticos y expresa su amor por la diosa. La primera poeta de la historia escribió sobre una diosa cuya estrella de ocho puntas tiene más de cuatro mil años.
El descenso de Inanna: el mito de las siete puertas
El mito más importante de Inanna —y uno de los más antiguos relatos literarios de la humanidad, compuesto en sumerio en el tercer milenio a.C.— es el Descenso de Inanna al Gran Abajo. El poema comienza:
«From the great heaven she set her mind on the great below. My mistress abandoned heaven, abandoned earth, and descended to the underworld.»
— El Descenso de Inanna (circa 1750 a.C.). Traducción inglesa de Samuel Noah Kramer. Texto sumerio conservado en tablillas de arcilla del Museo de Filadelfia y del Museo Británico.
Traducción: «Desde el gran cielo puso su mente en el gran abajo. Mi señora abandonó el cielo, abandonó la tierra, y descendió al inframundo.»
Inanna decide descender al Gran Abajo —el inframundo de los muertos, gobernado por su hermana mayor Ereshkigal—, supuestamente para asistir al funeral de su cuñado Gugalanna —el Toro del Cielo, esposo de Ereshkigal— pero en realidad para intentar expandir su poder sobre el reino de los muertos. Llega a la primera de las siete puertas del inframundo y el guardián la detiene. La diosa más poderosa del cosmos llama a la puerta.
La condición de paso en cada puerta es la misma: debe entregarle al guardián uno de sus atributos divinos. En la primera puerta entrega su corona, símbolo de la soberanía celestial. En la segunda, sus pendientes. En la tercera, su collar. En la cuarta, las piedras preciosas de su pecho. En la quinta, su cinturón de partos. En la sexta, sus brazaletes. En la séptima, su manto real. Llega ante Ereshkigal desnuda, sin poderes, sin dignidad, sin protección.
Ereshkigal, furiosa, la condena: los siete jueces del inframundo la miran con la Mirada de la Muerte. Inanna muere y su cadáver es colgado de un gancho. El cosmos reacciona: sin la diosa de la fertilidad, nada puede reproducirse ni crecer. Tras tres días, su fiel asistente Ninshubur suplica a los dioses. El dios de la sabiduría Enki crea dos pequeñas criaturas andróginas y las envía al inframundo con el alimento y el agua de la vida. Inanna resucita.
Pero la ley del inframundo exige que quien salga debe dejar un sustituto. Inanna, de vuelta en el mundo de los vivos, decide enviar a su esposo Dumuzi (Tammuz) como sustituto. El llanto de Geshtinanna —la hermana de Dumuzi— convence a los dioses de que Dumuzi y Geshtinanna se turnen: cada uno pasará la mitad del año en el inframundo. Así nace el ciclo de las estaciones.
El mito tiene una correspondencia astronómica precisa: Venus desaparece del cielo durante tres días —exactamente tres días— en el momento de su conjunción inferior con el Sol, cuando pasa entre la Tierra y el Sol. Esa desaparición es el descenso de Inanna al inframundo. Su reaparición como estrella matutina es su resurrección.
Ishtar en el Poema de Gilgamesh
La segunda gran fuente literaria sobre Ishtar es el Poema de Gilgamesh, la epopeya más antigua del mundo, compuesta en acadio hacia el siglo XVIII a.C. y conservada en tablillas cuneiformes descubiertas en la biblioteca del rey asirio Asurbanipal en Nínive. En la Tablilla VI, Ishtar ve al héroe Gilgamesh después de que este ha matado al monstruo Humbaba y se ha bañado, y le propone matrimonio.
Gilgamesh rechaza la propuesta con una lista devastadora de los amantes anteriores de la diosa: el pájaro torcaz, el caballo, el pastor Dumuzi. Cada uno recibió de ella en primer lugar dones y después desgracias. Ishtar, furiosa, sube al cielo y pide al dios supremo Anu que le conceda el Toro del Cielo para destruir a Gilgamesh. El toro desciende y provoca siete años de hambruna. Gilgamesh y su amigo Enkidu lo matan juntos. Cuando Enkidu arranca el flanco del toro y lo arroja al rostro de Ishtar, esta convoca el lamento de sus sacerdotisas. Poco después, los dioses deciden que Enkidu debe morir como castigo por haber insultado a la diosa.
La Puerta de Ishtar en Babilonia
La Puerta de Ishtar fue la octava y más suntuosa de las ocho puertas de la ciudad de Babilonia, construida por el rey Nabucodonosor II hacia el año 575 a.C. como parte de su programa de embellecimiento de la capital del Imperio Neobabilónico. Estaba recubierta de ladrillos esmaltados de azul cobalto intenso —el lapis lazuli era el color de los cielos y de la diosa— y decorada con figuras en relieve de toros y dragones simbólicos sobre fondo dorado.
La puerta daba acceso al camino procesional de Marduk, el dios supremo de Babilonia, que conducía hasta el templo de Esagila. La estrella de Ishtar decoraba las paredes del camino. El número ocho no era casual: los ocho puntos de la estrella y las ocho puertas de Babilonia estaban conectados intencionalmente en el diseño urbano y religioso de la ciudad. Ishtar era la guardiana de los umbrales entre mundos —entre el inframundo y la tierra, entre la paz y la guerra, entre el amor y la muerte— y por eso presidía también los umbrales de la ciudad.
Los arqueólogos alemanes excavaron la puerta entre 1902 y 1914. La mayor parte de los fragmentos recuperados fueron trasladados a Berlín, donde el Museo Pérgamo reconstruyó la puerta en su tamaño original: 14 metros de altura y 30 metros de ancho. Es uno de los objetos más impresionantes de la arqueología del Oriente Próximo antiguo.
El símbolo en otros contextos
La estrella de ocho puntas trascendió el mundo mesopotámico y apareció en contextos muy distintos a lo largo de la historia. En la iconografía cristiana primitiva, la estrella de ocho puntas fue asociada con la estrella de Belén que guió a los Magos al nacimiento de Jesús: el mismo símbolo de un astro extraordinario de significado sagrado, aplicado a un contexto teológico completamente distinto.
En el siglo XX, la estrella de Ishtar apareció en la bandera de Iraq entre 1959 y 1963, durante la primera república iraquí, como símbolo de la herencia cultural mesopotámica del país. También forma parte de la decoración de numerosas mezquitas y edificios islámicos del Oriente Próximo, donde la estrella de ocho puntas tiene su propio significado en el contexto del arte islámico.
Preguntas frecuentes
¿Por qué la estrella de Ishtar tiene ocho puntas?
Los ocho puntos corresponden al ciclo astronómico de Venus: el planeta completa cinco ciclos sinódicos en casi exactamente ocho años terrestres. Los astrónomos babilónicos registraron este ciclo en las Tablas de Venus de Ammisaduqa (circa 1700-1600 a.C.) y lo representaron con los ocho puntos de la estrella.
¿Quién era Inanna?
La diosa sumeria del amor, la guerra, la fertilidad y el poder político. Patrona de Uruk, la primera ciudad del mundo. Venerada desde circa 4000 a.C. Los babilonios y asirios la llamaron Ishtar; los griegos la asimilaron a Afrodita; los romanos a Venus.
¿Qué es el descenso de Inanna?
El mito sumerio donde Inanna baja al inframundo a través de siete puertas, entregando en cada una un atributo divino hasta morir ante su hermana Ereshkigal. Resucita al tercer día. El mito refleja astronómicamente la desaparición de Venus durante tres días en su conjunción inferior con el Sol.
¿Dónde está la Puerta de Ishtar?
Reconstruida en el Museo Pérgamo de Berlín. Fue la octava puerta de Babilonia, construida por Nabucodonosor II hacia 575 a.C. con ladrillos esmaltados de azul cobalto y figuras de toros y dragones en relieve.
Fuentes y referencias
- Mackenzie, Donald A. Myths of Babylonia and Assyria. Londres: Gresham Publishing, 1915. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/16653
- Wikipedia. «Star of Ishtar». Disponible en en.wikipedia.org/wiki/Star_of_Ishtar
- Wikipedia. «Inanna». Disponible en en.wikipedia.org/wiki/Inanna
- SyriacPress. «Ishtar, the Queen of Heaven» (2022). Disponible en syriacpress.com
- Encyclopaedia Britannica. «Ishtar». Disponible en britannica.com/topic/Ishtar-Mesopotamian-goddess

