El cráneo o calavera: su símbolo y significado

El cráneo (☠) es un símbolo que recuerda a los seres humanos la inevitabilidad de la muerte, y se lo asocia con frecuencia a la expresión latina memento mori, «recuerda que morirás». Se lo representa como una calavera humana, casi siempre junto a un par de tibias cruzadas, y aunque hoy se lo vincula sobre todo con la piratería o con la toxicidad, atraviesa también la religión, la política, el arte, la moda y el tatuaje. Detrás de esa imagen tan reconocible hay, sin embargo, menos certezas históricas de las que suele suponerse: la leyenda más repetida sobre su origen pirata no resiste el cotejo con las fuentes, y su verdadero origen militar es cuatro siglos más reciente de lo que se cuenta habitualmente.

El cráneo como memento mori

La tradición más antigua y mejor documentada del cráneo como símbolo es religiosa y artística, no militar. Desde las catacumbas cristianas de Roma hasta el arte funerario medieval y renacentista, la calavera funcionó como recordatorio visual de la vanidad de las cosas del mundo y de la certeza de la muerte. Esa tradición alcanza su forma más elaborada en la danse macabre, la Danza de la Muerte, un género artístico que se popularizó en Europa a partir del siglo XIV, cuando el hambre, la Guerra de los Cien Años y sobre todo la Peste Negra volvieron la muerte súbita una presencia cotidiana. En esas composiciones, un esqueleto o una figura con calavera conduce a personas de toda condición social —reyes, obispos, campesinos— en una misma danza final, recordando que la muerte no distingue rangos, el mismo repertorio de símbolos de la muerte que comparte con la guadaña o el esqueleto bailarín.

El origen militar real: Prusia, siglo XVIII

Suele repetirse que el cráneo se usó como símbolo militar desde la Edad Media, en armaduras de la época de las Cruzadas, para anunciar a los enemigos que un ejército no temía a la muerte. No hay documentación que respalde ese uso medieval concreto. Lo que sí está fechado con precisión es otra cosa: en 1741, el rey Federico el Grande de Prusia formó un regimiento de húsares —los Leibhusaren, conocidos como húsares de la muerte— que llevaban el cráneo con las tibias cruzadas bordado en sus gorros de piel, como símbolo de dureza y de desprecio a la muerte en combate.

De ahí el símbolo pasó a otras unidades de caballería europeas: los húsares negros de Brunswick, formados en 1809 para combatir a Napoleón, y los Hussards de la Mort franceses, un cuerpo de voluntarios de 1792 con el lema «vencer o morir». La tradición militar alemana del cráneo, conocido en ese idioma como Totenkopf, «cabeza de muerto», continuó hasta el siglo XX: lo llevaron las tropas de asalto alemanas en la Primera Guerra Mundial y, después, distintas unidades de las SS durante el régimen nazi. Es un dato histórico que conviene conocer para entender por qué el símbolo carga hoy, en ciertos contextos, con un peso que nada tiene que ver ni con la piratería ni con el memento mori medieval.

La leyenda de Jacques de Molay y el Cráneo de Sidón

Existe una historia mucho más citada que documentada sobre el origen del cráneo y las tibias cruzadas, y que suele presentarse como si fuera un hecho histórico más: la que vincula el símbolo con los Caballeros Templarios. Según esa leyenda —que circula específicamente como leyenda masónica, no como relato templario contemporáneo—, cuando Jacques de Molay, vigesimotercer y último gran maestre de la orden, fue quemado vivo en 1314 tras su disolución forzada por el rey de Francia y el papa, tres templarios acudieron a recuperar sus restos y solo encontraron su cráneo y sus fémures, que se habrían convertido después en el símbolo náutico de la orden.

Un segundo relato, la leyenda del Cráneo de Sidón, se suele presentar como refuerzo de esa conexión: cuenta que un señor de Sidón, templario, profanó la tumba de su amada recién enterrada y que, nueve meses después, encontró en ella una calavera sobre los huesos cruzados que se convirtió en su genio protector, capaz de derrotar a sus enemigos con solo mostrarla. Esta historia sí es medieval y verificable como relato: se remonta al cronista Walter Map, en el siglo XII, pero en su forma original no tenía relación alguna con los templarios. Fue durante los juicios contra la orden, entre 1307 y 1314, cuando quedó entretejida con la leyenda templaria y llegó a invocarse en el propio proceso.

El problema de fondo es cronológico. Entre la ejecución de Molay, en 1314, y el primer uso documentado de una bandera pirata con calavera y tibias cruzadas —a comienzos del siglo XVIII, registrado por Charles Johnson en su Historia general de los robos y asesinatos de los más famosos piratas (1724)— pasan casi cuatrocientos años sin un solo testimonio que conecte ambos hechos. No hay documentación contemporánea de una bandera templaria con ese diseño, ni de la supuesta «flota perdida» de templarios convertidos en piratas tras el proceso. Las dos leyendas —la de los huesos de Molay y la del Cráneo de Sidón— merecen conocerse como lo que son, relatos con siglos de tradición propia, pero no como una cadena de hechos probados.

La calavera y la bandera pirata

Durante la Baja Edad Media, el uso del cráneo con las tibias cruzadas fue decayendo hasta casi desaparecer, y no resurgió hasta que lo adoptaron algunas de las figuras más temidas del mundo: los piratas. Al principio los piratas se limitaban a izar una bandera roja en lo alto del mástil, en referencia al derramamiento de sangre y a que no darían cuartel. Con el tiempo, muchos cambiaron el rojo por el negro y empezaron a pintar sobre él el cráneo y las tibias cruzadas. Esa bandera, conocida como el Jolly Roger, anunciaba con su sola presencia la muerte de quienes se resistieran. La escritora Miranda Bruce-Mitford lo resume en su libro El lenguaje de los símbolos: el emblema fue adoptado por los piratas como advertencia siniestra de sus intenciones, y sembraba el terror entre los marineros que lo veían acercarse, en un uso de la calavera mucho más cercano al del cráneo alquímico de la mano de los misterios que al del memento mori religioso. El símbolo, ligado a la llamada Edad de Oro de la piratería, decayó hacia mediados del siglo XVIII.

El cráneo y las sociedades secretas

El cráneo y las tibias cruzadas no volvieron a aparecer como símbolo reconocido hasta casi dos siglos después, cuando un grupo de estudiantes de la Universidad de Yale fundó, en 1832, una sociedad secreta llamada Skull and Bones. Es la más antigua de las sociedades de Yale, y desde entonces adoptó ese emblema no para representar la muerte sino el misterio que rodea a la organización. Bajo el cráneo aparece grabado el número 322, cuyo significado la propia sociedad nunca ha confirmado. La explicación más extendida lo asocia al año 322 antes de Cristo, cuando el orador griego Demóstenes murió tras la derrota ateniense en la guerra Lamia, un episodio que marcó el paso de la democracia de Atenas a un régimen plutocrático; otra hipótesis lo vincula a sociedades estudiantiles alemanas del siglo XIX que habrían inspirado su fundación. Ninguna de las dos está confirmada.

Hoy el cráneo y las tibias cruzadas se usan sobre todo para señalar veneno o peligro, en una vuelta a su función más antigua y menos discutida: advertir, sin necesidad de palabras, de la cercanía de la muerte, la misma función que cumple la calavera dibujada sobre las alas de la polilla conocida como esfinge de la calavera.

Del cráneo pirata al símbolo del veneno

El uso que hoy resulta más familiar del cráneo y las tibias cruzadas —la advertencia de sustancia venenosa— es también el más reciente de los que ha tenido el símbolo, y nace directamente de la reputación que los piratas le habían dado. En 1829, el estado de Nueva York aprobó una ley que exigía etiquetar los envases de sustancias peligrosas, y aunque la norma no obligaba a usar ningún dibujo en particular, para 1850 el cráneo con las tibias cruzadas ya ilustraba esas etiquetas de forma habitual, y hacia mediados del siglo XIX se había convertido en el estándar en buena parte de Estados Unidos y Europa.

El símbolo tuvo, sin embargo, un problema práctico: en la década de 1970, autoridades sanitarias de Pittsburgh notaron que los niños de la ciudad se envenenaban con más frecuencia que la media nacional, y atribuyeron parte del problema a que el cráneo no les resultaba amenazante, sino familiar, por ser también el logotipo del equipo de béisbol local, los Pittsburgh Pirates. De ahí nació el personaje Mr. Yuk, un rostro verde con gesto de asco pensado como advertencia infantil más eficaz. Pese a esa competencia, en 2001 la Asociación Americana de Centros de Control de Envenenamiento votó mantener el cráneo y las tibias cruzadas como símbolo oficial, por su reconocimiento universal.

México: la Catrina y las calaveras de azúcar

Ninguna tradición actual ha vuelto tan cotidiano el cráneo como el Día de Muertos mexicano, y su historia tiene dos capas que conviene distinguir. La primera es prehispánica y religiosa: en la cosmovisión mexica, Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl gobernaban el Mictlán, el inframundo, y se los representaba como esqueletos con máscara de calavera. Los mexicas usaron además cráneos reales, a veces incrustados con piedras semipreciosas, como motivo decorativo y religioso —el más conocido es el tzompantli, la gran estructura donde se exhibían hileras de cráneos—, dentro de una relación con la muerte que las propias fuentes especializadas describen como solemne y ritual, no festiva.

La segunda capa es mucho más reciente y tiene autor y fecha conocidos: la Catrina. La creó el grabador José Guadalupe Posada a comienzos del siglo XX, en plena dictadura de Porfirio Díaz, con el nombre original de «la Calavera Garbancera». Era una sátira contra los mexicanos que, pese a su origen indígena, imitaban la moda europea y renegaban de su propia cultura —a los que Posada llamaba justamente «garbanceros»—, representados como una elegante calavera con un llamativo sombrero afrancesado. La figura, sin vestido en su versión original, se popularizó y adquirió su nombre y su vestuario definitivos años después, cuando el muralista Diego Rivera la incluyó en su obra Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947).

Entre ambas capas hay una distancia que muchos resúmenes pasan por alto: no hay evidencia de que el culto mexica a la muerte se acercara, ni remotamente, al tono humorístico y festivo que hoy caracteriza al Día de Muertos y a sus calaveritas de azúcar. Esa cara amable y colorida de la muerte —la que hace que un cráneo se venda como golosina con el nombre de quien lo va a comer escrito en la frente— es una construcción posterior, en la que se entrelazan la religiosidad prehispánica, el catolicismo llegado con la conquista y, sobre todo, la sátira social del siglo XX.

Errores frecuentes

Que la Catrina es una figura prehispánica

Es habitual leer que la Catrina desciende directamente de Mictecacíhuatl, la diosa mexica de la muerte, como si fuera una misma figura con dos nombres. Los registros de la propia obra de Posada cuentan otra historia, más concreta y documentada: la Catrina es una creación de autor, de comienzos del siglo XX, pensada como caricatura política. Puede haber un eco lejano de la imaginería prehispánica de la muerte en su calavera sonriente, pero afirmar una línea directa entre ambas confunde una influencia posible con una identidad histórica.

No confundir con

La Danza de la Muerte

La danse macabre medieval usa la calavera y el esqueleto con un sentido moral y colectivo —la muerte iguala a todas las clases sociales— completamente distinto del uso militar prusiano o de la advertencia pirata, que son posteriores y responden a otra lógica: la intimidación, no la meditación religiosa.

El Totenkopf de las SS

Es una insignia específica dentro de una tradición militar mucho más larga, que empieza con los húsares prusianos del siglo XVIII y que sigue usándose hoy, por ejemplo, en cuerpos de caballería británicos con siglos de antigüedad. Conviene no proyectar retroactivamente el peso histórico de un uso concreto del siglo XX sobre todo el símbolo militar del cráneo en general.

Preguntas frecuentes

¿Es cierto que el cráneo pirata viene de los huesos de un templario?

Es una leyenda, no un hecho documentado. La historia de los huesos de Jacques de Molay circula como leyenda masónica y no tiene respaldo en fuentes contemporáneas. Entre la ejecución de Molay, en 1314, y el primer uso documentado del símbolo en una bandera pirata, a comienzos del siglo XVIII, pasan cerca de cuatrocientos años sin un solo testimonio que conecte ambos hechos.

¿De cuándo data realmente el cráneo como símbolo militar?

Del siglo XVIII, no de la Edad Media. El primer uso militar bien documentado, con fecha y unidad precisas, es el de los húsares de la muerte de Federico el Grande de Prusia, en 1741. De ahí pasó a otras unidades de caballería europeas y, en el siglo XX, a las SS alemanas.

¿Qué significa el número 322 de Skull and Bones?

La sociedad nunca lo ha confirmado oficialmente, pero la explicación más extendida lo vincula al año 322 antes de Cristo, cuando murió el orador griego Demóstenes tras la derrota de Atenas en la guerra Lamia, un episodio que marcó el paso de la democracia ateniense a un régimen plutocrático.

Fuentes

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