Pocos símbolos son tan ambivalentes como el ojo. Por un lado, representa el poder de ver sin ser visto: la vigilancia constante de una divinidad, la mirada que todo lo abarca. Por otro, encarna el peligro de la mirada misma, capaz de dañar, paralizar o matar a quien la recibe. A lo largo de la mitología comparada, estas dos caras del mismo símbolo -el ojo que protege y el ojo que amenaza- se repiten una y otra vez, en tradiciones que no tuvieron contacto entre sí.
| El ojo como símbolo, de un vistazo | |
| El ojo que vigila | Argos Panoptes (Grecia), el Ojo de la Providencia |
| El ojo que mata | Medusa (Grecia), Balor del Ojo Maligno (Irlanda) |
| El ojo sacrificado | Odín, en el pozo de Mímir |
| El ojo robado y restaurado | Horus y el Ojo de Ra (Egipto) |
| El ojo que da vida | Ritos de consagración de estatuas (Egipto, budismo) |
| La creencia más antigua | Conjuros contra el mal de ojo, Mesopotamia (desde el III milenio a. C.) |
El ojo que todo lo ve: Argos Panoptes
El ejemplo más extremo de la vigilancia como símbolo ocular es Argos Panoptes -«el Todo-Vidente»-, un gigante de la mitología griega, hijo de la Tierra, cuyo cuerpo entero estaba cubierto de ojos. Según Apolodoro, era «extremadamente poderoso», y mató por su cuenta a un toro que devastaba Arcadia, a un sátiro y a la monstruosa Equidna mientras dormía. Hera lo puso a vigilar a Io -una sacerdotisa suya de la que Zeus se había prendado y a la que había transformado en vaca para ocultar el amorío- precisamente porque, con tantos ojos, Argos nunca dormía por completo: unos pocos permanecían siempre abiertos mientras el resto descansaba.
«This man had eyes all over his body.»
«Este hombre tenía ojos por todo el cuerpo.»
(Pseudo-Apolodoro, Biblioteca, 2.1.3, traducción de Sir James George Frazer, Loeb Classical Library, 1921, dominio público, verificada en Perseus Digital Library.)
Zeus, apiadado del sufrimiento de Io, ordenó finalmente la muerte de Argos: Hermes lo adormeció por completo con música y relatos, y lo decapitó. Según la tradición más difundida, Hera, en homenaje a su fiel guardián, trasladó sus cien ojos a la cola del pavo real, que desde entonces los luce como adorno.
El epíteto de Argos, Panoptes -«el que todo lo ve»-, sigue vivo hoy de una manera inesperada. En 1787 el filósofo británico Jeremy Bentham diseñó un modelo de prisión circular en el que un único vigilante, ubicado en una torre central, podía observar en todo momento a cualquiera de los reclusos sin que estos supieran si los estaban mirando en ese instante. Bentham llamó a su diseño panóptico, tomando directamente el nombre del gigante griego. Dos siglos más tarde, el filósofo francés Michel Foucault convirtió esa palabra en el centro de su análisis de la vigilancia moderna -cámaras de seguridad, rastreo de datos, monitoreo algorítmico-, bajo el nombre de panoptismo: la idea de que la sola posibilidad de estar siendo observado alcanza para disciplinar el comportamiento de una persona, tal como ningún prisionero podía saber si el ojo de Argos estaba, en ese preciso momento, puesto sobre él.
Un solo ojo, muchas versiones: los Cíclopes y las Grayas
Si Argos representa el exceso de visión, otras figuras del mismo panteón griego representan su reducción extrema a un único ojo -otro modo, igual de eficaz, de señalar una naturaleza fuera de lo humano-. Los Cíclopes, hijos de Urano y Gea, tenían «un solo ojo en la frente», según la misma Biblioteca de Apolodoro:
"After these, Earth bore him the Cyclopes, [...] of whom each had one eye on his forehead."
«Después de estos, la Tierra le dio a luz a los Cíclopes, [...] cada uno de los cuales tenía un solo ojo en la frente.»
(Pseudo-Apolodoro, Biblioteca, 1.1.2, misma traducción y fuente que arriba.)
Más curioso todavía es el caso de las Grayas, tres hermanas ancianas -Deino, Enio y Pefredo- que, según la tradición, nacieron ya canosas y debían compartir entre las tres un solo ojo y un solo diente, pasándoselos de mano en mano para turnarse en ver. En el mito de Perseo, el héroe les roba el ojo mientras se lo intercambian y las obliga a revelarle, a cambio de devolvérselo, el paradero de las Gorgonas.
La mirada que mata: Medusa y Balor de Irlanda
Si el exceso o la falta de ojos señalan una naturaleza especial, la mirada misma puede convertirse en un arma. El caso griego más conocido es el de Medusa, la única mortal de las tres Gorgonas, cuyos ojos petrificaban a quien se cruzara con ellos -razón por la cual Perseo debió decapitarla mirando solo su reflejo en un escudo pulido-.
Un paralelo notable, de una tradición sin ningún contacto con la griega, es el de Balor del Ojo Maligno, gigante y caudillo de los fomorianos en la mitología irlandesa. Según el Cath Maige Tuired («La Segunda Batalla de Mag Tuired»), Balor tenía un único ojo destructivo que permanecía siempre cerrado, salvo en el campo de batalla, y que hacía falta que cuatro hombres levantaran mediante una anilla en el párpado:
«Lift up my eyelid, lad,» said Balor, «that I may see the babbler who is conversing with me.» The lid is raised from Balor's eye.
«"Levanta mi párpado, muchacho", dijo Balor, "para que pueda ver al charlatán que conversa conmigo". El párpado es levantado del ojo de Balor.»
(Cath Maige Tuired, traducción de Whitley Stokes, «The Second Battle of Moytura», Revue Celtique 12, 1891, dominio público.)
En ese mismo instante, su nieto -el dios Lugh, que según la profecía estaba destinado a matarlo- le lanzó una piedra con la honda que le atravesó el ojo de lado a lado, y el propio ejército de Balor quedó expuesto a la mirada destructiva de su líder al caer este de espaldas.
El ojo sacrificado: Odín y el pozo de Mímir
Otra variante del mismo símbolo es la del ojo perdido a cambio de un conocimiento superior. En la mitología nórdica, bajo una de las raíces del fresno Yggdrasil se encuentra el pozo de Mímir, donde se guarda toda la sabiduría del mundo. Odín, el Padre de Todos, se presentó allí a pedir un trago de esa agua, pero Mímir no se lo concedió sin un precio:
«Thither came Allfather and craved one drink of the well; but he got it not until he had laid his eye in pledge.»
«Hasta allí llegó el Padre de Todos y pidió un trago del pozo; pero no lo obtuvo hasta que dejó su ojo en prenda.»
(Snorri Sturluson, Edda Prosaica, Gylfaginning, traducción de Arthur Gilchrist Brodeur, 1916, dominio público.)
Desde entonces, Odín es representado como tuerto: renunció a la vista de un ojo para ganar una forma de visión mucho más valiosa, la del conocimiento oculto del destino del mundo.
El ojo robado y restaurado: Horus, Set y el Ojo de Ra
El antiguo Egipto aporta la versión más elaborada del motivo del ojo perdido y recuperado. Este blog ya desarrolló en detalle la disputa entre Horus y su tío Set, en la que Horus pierde un ojo durante el combate y lo recupera después gracias a la intervención de Thot o de Hathor -un episodio que dio origen al símbolo del udyat o Ojo de Horus, sobre el que ya hay un artículo propio en este blog (ver «Mira también»)-.
Menos conocido es que el propio Ra, el dios sol, tenía su propio «Ojo» como entidad casi independiente. El mito se conserva en el llamado Libro de la Vaca Celestial -también llamado La destrucción de la humanidad-, inscrito en varias tumbas del Valle de los Reyes, entre ellas la de Tutankamón, Seti I, Ramsés II, Ramsés III y Ramsés VI. Según este relato, cuando la humanidad se rebeló contra el envejecido Ra, este envió a su Ojo -personificado como una diosa feroz, identificada tanto con Hathor como con la leona Sejmet- a castigar a los rebeldes; el Ojo de Ra se desató con tal furia que estuvo a punto de exterminar a toda la humanidad, y solo pudo ser aplacado emborrachándolo con siete mil jarras de cerveza teñida de rojo con ocre, que confundió con sangre. El Ojo de Ra funciona así, dentro de la mitología egipcia, casi como un personaje propio: una fuerza protectora que, una vez liberada, es capaz de volverse contra su propio creador.
Abrir los ojos de los dioses: los ritos de consagración de estatuas
Una imagen sagrada -sea una estatua, una momia o un ídolo- no se consideraba plenamente viva ni capaz de percibir hasta que un ritual específico le «abría los ojos». Esta idea aparece, de forma independiente, en tradiciones muy distintas.
En el antiguo Egipto, la ceremonia se llamaba la Apertura de la Boca y los Ojos, y está atestiguada desde los Textos de las Pirámides hasta la época romana. Se practicaba tanto sobre momias como sobre estatuas, y consistía en tocar ritualmente esas partes del cuerpo con instrumentos específicos -entre ellos una hoja en forma de pata de toro- para devolverle al difunto, o a la imagen, el uso de sus sentidos: la vista, el oído, el habla. Solo después de este rito la estatua o el cuerpo momificado podían recibir ofrendas y actuar en el más allá.
En el budismo de Sri Lanka existe un paralelo notable, sin relación histórica con el egipcio: el netra-pinkama o «mérito de los ojos», la ceremonia final en la fabricación de toda imagen de Buda. Un monje pinta los ojos de la estatua como último paso de su consagración, y hasta que esto no ocurre la imagen no se considera una representación válida del Buda. El especialista en budismo Richard Gombrich describió así el sentido del rito:
«Before consecration, a statue is treated with no more respect than one would give the materials of which it is composed. […] The very act of consecration indicates that a statue is being brought to life.»
«Antes de la consagración, una estatua se trata con no más respeto del que se le daría a los materiales de los que está hecha. [...] El acto mismo de la consagración indica que una estatua está siendo traída a la vida.»
(Richard Gombrich, citado en múltiples fuentes académicas sobre ritual budista en Sri Lanka.)
En algunas versiones del ritual, el monje ni siquiera mira directamente a los ojos de la estatua mientras los pinta: lo hace de espaldas, guiándose por un espejo, como si la mirada recién nacida de la imagen fuera, ya desde ese primer instante, algo demasiado poderoso para enfrentar de frente.
La mirada mortal en la literatura: el Viy de Gógol
El motivo de la mirada mortal sobrevivió mucho más allá de la mitología antigua, y encontró una de sus versiones más inquietantes en la literatura del siglo XIX. En el relato Viy (1835) de Nikolái Gógol, basado -según el propio autor- en el folclore ucraniano, un seminarista debe pasar tres noches rezando junto al cadáver de una bruja en una iglesia. En la última noche, entre todo tipo de criaturas demoníacas, aparece el propio Viy: un ser cubierto de tierra negra, con los párpados caídos hasta el suelo, incapaz de ver por sí mismo:
«Lift up my eyelids: I cannot see!»
«¡Levántenme los párpados: no puedo ver!»
(Nikolái Gógol, Viy, traducción de Claud Field, 1916, dominio público.)
En cuanto los demonios le levantan los párpados y el Viy posa su mirada sobre el seminarista escondido, este muere de terror. Gógol murió en 1852, y su obra es, por lo tanto, de dominio público en su totalidad.
El mal de ojo: la creencia más antigua de todas
Todos estos mitos y relatos alimentan, en el nivel del folclore cotidiano, una creencia extendida en numerosísimas culturas: la del mal de ojo, la idea de que una mirada -muchas veces involuntaria, nacida de la envidia o de una admiración excesiva- puede causar daño real a la persona, al animal o al objeto sobre el que recae.
De hecho, es probablemente la creencia más antigua de todas las que aparecen en este artículo. Entre las decenas de miles de tablillas cuneiformes recuperadas de la biblioteca del rey asirio Asurbanipal en Nínive -saqueada en el año 612 a. C. y desenterrada recién en el siglo XIX- se cuentan fórmulas de conjuro contra el mal de ojo en sumerio y acadio, algunas de cuyas versiones más antiguas los especialistas remontan al tercer milenio antes de Cristo: casi dos mil años antes que Argos, Medusa o el propio Balor. El erudito británico R. Campbell Thompson tradujo decenas de estos conjuros -contra fantasmas, demonios y miradas maléficas por igual- directamente de las tablillas originales del Museo Británico, en una obra publicada en 1903 que sigue siendo hoy una referencia para el estudio de la magia mesopotámica.
Esta misma creencia, extendida después por buena parte de Europa, Asia y el norte de África, dio origen a una enorme variedad de amuletos pensados para desviar o neutralizar esa mirada -entre ellos el propio Ojo de Horus egipcio ya mencionado, o el ojo turco de cristal azul, el nazar boncuğu-, cada uno con su propia historia y contexto cultural, que merecen un tratamiento aparte.
Preguntas frecuentes
¿Qué simboliza el ojo en la mitología?
El ojo simboliza a la vez el poder de ver sin ser visto -la vigilancia de una deidad, como Argos Panoptes o el Ojo de la Providencia- y el peligro de una mirada que puede dañar o matar, como la de Medusa o Balor de Irlanda. Perder un ojo, en varias tradiciones, también se asocia a ganar un conocimiento superior, como en el caso de Odín.
¿Quién era Argos Panoptes?
Argos Panoptes -el Todo-Vidente- era un gigante de la mitología griega, hijo de la Tierra, cubierto de innumerables ojos. Hera lo puso a vigilar a Io, convertida en vaca, hasta que Hermes lo mató. Según la tradición, Hera trasladó sus ojos a la cola del pavo real.
¿Quién es Balor de Irlanda?
Balor del Ojo Maligno es un gigante de la mitología irlandesa, líder de los fomorianos, cuyo ojo único destruía todo lo que miraba al abrirse. Fue muerto por su propio nieto, el dios Lugh, que le atravesó el ojo de una pedrada durante la Segunda Batalla de Mag Tuired.
¿Por qué Odín tiene un solo ojo?
Según la Edda Prosaica, Odín sacrificó uno de sus ojos como pago para poder beber del pozo de Mímir, donde se guardaba la sabiduría del mundo. Perdió la vista de un ojo a cambio de una visión superior.
¿Qué es la ceremonia de abrir los ojos de una estatua religiosa?
Es un rito de consagración presente en distintas tradiciones, que busca dar vida o percepción a una imagen sagrada. En el antiguo Egipto se llamaba la Apertura de la Boca y los Ojos, y se practicaba tanto en estatuas como en momias. En el budismo de Sri Lanka existe una ceremonia equivalente, el netra-pinkama, en la que un monje pinta los ojos de la imagen de Buda como último paso de su consagración.
¿Qué es el mal de ojo?
Es una creencia folclórica muy extendida, presente en muchas culturas distintas, según la cual una mirada -a veces involuntaria, motivada por envidia o admiración excesiva- puede causar daño a la persona o al objeto mirado. Dio origen a numerosos amuletos de protección en distintas tradiciones.
¿Cuál es la creencia más antigua sobre el mal de ojo?
Los conjuros más antiguos conocidos contra el mal de ojo aparecen en tablillas cuneiformes de Mesopotamia, en sumerio y acadio, con versiones que los especialistas remontan al tercer milenio antes de Cristo -casi dos mil años antes que los mitos griegos de Argos o Medusa-. El erudito Reginald Campbell Thompson tradujo varios de estos conjuros del Museo Británico en 1903.
Mira también
- El Ojo de Horus Udyat, símbolo y significado
- El Ojo de Horus dentro del triángulo
- El Ojo de la Providencia, su símbolo y significado
Fuentes y referencias
- Pseudo-Apolodoro, Biblioteca, libros 1 y 2, traducción de Sir James George Frazer, Loeb Classical Library, 1921 (dominio público) — verificada en Perseus Digital Library. Fuente para Argos Panoptes y los Cíclopes.
- Cath Maige Tuired («La Segunda Batalla de Mag Tuired»), traducción de Whitley Stokes, Revue Celtique 12, 1891 (dominio público). Fuente para Balor del Ojo Maligno.
- Snorri Sturluson, Edda Prosaica, Gylfaginning, traducción de Arthur Gilchrist Brodeur, 1916 (dominio público). Fuente para el ojo de Odín y el pozo de Mímir.
- E. A. Wallis Budge y fuentes egiptológicas sobre el Libro de la Vaca Celestial (La destrucción de la humanidad) y el mito del Ojo de Ra, inscrito en las tumbas de Tutankamón, Seti I, Ramsés II, Ramsés III y Ramsés VI (ver también los artículos de este blog sobre Horus y el Ojo de Horus Udyat).
- Richard Gombrich, estudios sobre el ritual budista netra-pinkama en Sri Lanka.
- Nikolái Gógol, Viy, traducción de Claud Field, 1916 (dominio público; Gógol murió en 1852).
- R. Campbell Thompson, The Devils and Evil Spirits of Babylonia, Luzac and Co., 1903-1904 (dominio público) — traducción directa de tablillas cuneiformes sumerias y acadias del Museo Británico, entre ellas conjuros contra el mal de ojo. Fuente para la antigüedad de esta creencia.
- Etimología de «panóptico»: Jeremy Bentham, Panopticon: or, the Inspection-House, 1787 (dominio público); Michel Foucault, Vigilar y castigar, 1975, para el concepto de panoptismo.
