La cigüeña: significado, simbolismo y el mito de los bebés


Junto con el águila y el ibis, la cigüeña destruye reptiles y serpientes, y es por tanto un ave solar: pertenece al cielo y combate a las criaturas de abajo. Pero, al mismo tiempo, es un ave ligada al agua y a los peces, y por ese camino se la asocia con las aguas primordiales de la creación—esas aguas de las que, según muchas mitologías, surge toda vida—. En esa doble naturaleza está la clave de su riqueza simbólica: la cigüeña une el cielo y el agua, el sol y el origen, y por eso es a la vez emblema de la luz, de la primavera y del nacimiento.

Tradición Cigüeña como símbolo de
General Ave solar; primavera y vida nueva.
Grecia Piedad filial; Hera.
Roma Pietas; Juno.
Cristianismo Castidad, pureza, vigilancia.
Hebreo Misericordia (jasidá).
Heráldica Gratitud y cumplimiento del deber.
Norte de Europa El nacimiento.

Ave solar y anunciadora de la primavera

La cigüeña se cuenta entre las aves que dan muerte a las serpientes—como el águila o el ibis egipcio—, y ese gesto la convirtió en símbolo del principio celeste que vence a las fuerzas subterráneas. Ya Aristóteles señalaba que la cigüeña era apreciada porque devoraba serpientes.


Al mismo tiempo, su regreso puntual cada año la hizo mensajera del buen tiempo. Como presagio de la primavera, la cigüeña simboliza la vida nueva y el despertar de la tierra, y de ahí que la tradición popular la asociara a la Anunciación: no porque exista una fuente bíblica que vincule directamente a la cigüeña con ese episodio evangélico, sino porque su llegada cada año coincide con la fiesta litúrgica de la Anunciación, celebrada el 25 de marzo, en plena primavera. El simbolismo nace, pues, del calendario y no de las Escrituras: la cigüeña que vuelve anuncia, a su manera, la misma vida nueva que la liturgia celebra por esas fechas. En muchas casas de Europa se tuvo por señal de bendición que una pareja de cigüeñas anidara en el tejado.

La piedad filial: la cigüeña y el amor a los padres

El rasgo más citado de la cigüeña en la Antigüedad es su piedad filial. Se creía que las cigüeñas jóvenes alimentaban a sus padres cuando estos envejecían, e incluso que los transportaban. Los egipcios, los griegos y los romanos coincidieron en esta idea, y el escritor Petronio llamó a la cigüeña pietaticultrix, «cultivadora de la piedad».


La huella que ese símbolo dejó en el lenguaje y en la ley es notable. Del griego pelargós (πελαργός, «cigüeña») nació la palabra antipelargía, que significa «devolver el favor como la cigüeña»: el amor recíproco entre padres e hijos. Y hubo leyes que lo exigían: la Pelargonía griega—que la tradición atribuye a Solón—y la lex ciconaria romana obligaban legalmente a los hijos a mantener a sus padres ancianos. En Grecia, además, matar una cigüeña podía castigarse con la muerte. El escritor Eliano recogió incluso la creencia de que las cigüeñas ancianas volaban a unas islas lejanas, donde eran transformadas en seres humanos como recompensa por su piedad.


La idea pasó al cristianismo: san Basilio de Cesarea, en el siglo IV, puso a la cigüeña como ejemplo en una exhortación dirigida a los hijos. Y en hebreo el nombre del ave es jasidá (חסידה), «la piadosa» o «la bondadosa», derivado de jésed, «misericordia».

Hera, Juno y la cigüeña

Entre los griegos, la cigüeña fue atributo de Hera, diosa del matrimonio, la maternidad y el hogar, y aparece asociada a la figura de la diosa dadora de vida y nodriza. Entre los romanos, ese papel corresponde a Juno, la equivalente de Hera, y la cigüeña simbolizaba el respeto y el afecto filial. En ambos casos, el ave protege lo mismo: la familia, la casa y los hijos.


Ovidio conserva el mito de Antígona, hija del rey troyano Laomedonte, que osó compararse con la reina de los dioses. Juno la castigó transformándola en ave:


«She pictures Antigone, whom Queen Juno turned into a bird for having dared to compete with Jupiter's great consort: neither her father Laomedon, nor her city Ilium were of any use to her, but taking wing as a white stork she applauds herself with clattering beak.»

 

«Representa también a Antígona, a quien la reina Juno convirtió en ave por haber osado competir con la gran consorte de Júpiter: ni su padre Laomedonte ni su ciudad, Ilión, le sirvieron de nada, sino que, alzando el vuelo convertida en cigüeña blanca, se aplaude a sí misma con el crepitar de su pico.»

(Ovidio, Metamorfosis, Libro VI)

La cigüeña y la grulla: una confusión que conviene deshacer

Es muy común leer que en China la cigüeña simboliza la longevidad, la vejez apacible y la vida retirada del ermitaño. Conviene un matiz importante: en la tradición china, esos significados corresponden propiamente a la grulla (鶴), no a la cigüeña. Cigüeñas, grullas y garzas se han confundido desde la Antigüedad—son aves grandes, zancudas y de cuello largo—, y esa confusión se ha trasladado a muchos diccionarios occidentales de símbolos.


Lo llamativo es que el propio Ovidio distingue con claridad las dos aves. En el mismo tapiz donde aparece Antígona convertida en cigüeña, la esquina contigua muestra a la reina de los pigmeos, a la que Juno condenó a convertirse en grulla y a guerrear contra su propio pueblo. Dos aves, dos castigos, dos símbolos distintos. Es un buen recordatorio de que la precisión importa.

La cigüeña en el cristianismo

Entre los cristianos, la cigüeña simboliza la castidad, la pureza, la reverencia, la prudencia y la vigilancia. Su blancura, su fidelidad al mismo nido y a la misma pareja, y su costumbre de vivir cerca de las casas sin causar daño la convirtieron en un modelo moral. Como presagio de la primavera se la tuvo, además, por símbolo de la vida nueva, en la asociación calendárica con la Anunciación que ya explicamos.

Por qué la cigüeña trae a los bebés

Aquí está el símbolo más popular de todos, y su origen es más antiguo y más hermoso de lo que suele creerse. En el folclore germánico y eslavo, las almas de los niños aún no nacidos vivían en las aguas: en cuevas, marismas, estanques y manantiales—encarnadas, en la tradición alemana, en unas piedras misteriosas llamadas Adebarsteine, «piedras de cigüeña»—. La cigüeña, ave que pesca en esas mismas aguas, era quien las pescaba y las llevaba a las casas. Se decía que a los niños tranquilos los transportaba en la espalda, y a los traviesos, colgando del pico; a veces los dejaba caer por la chimenea. Los niños que deseaban un hermanito cantaban a las cigüeñas o dejaban dulces en el alféizar de la ventana para atraerlas.


En la mitología eslava, las almas de los muertos y de los no nacidos esperaban en el Vyraj—el paraíso al que van las aves en invierno—, y las cigüeñas las traían de vuelta a la tierra en primavera. Aquí se cierra el círculo con lo que veíamos al principio: la cigüeña es el ave que une el cielo con las aguas de la creación, y por eso puede ir a buscar la vida donde la vida se guarda.


Hay además una explicación natural, y es preciosa: la cigüeña blanca emigra en otoño y regresa a Europa unos nueve meses después. Como las fiestas paganas del solsticio de verano eran época de bodas y de uniones, los niños concebidos entonces nacían justamente cuando las cigüeñas volvían a posarse en los tejados. La coincidencia era demasiado perfecta para no convertirse en leyenda. En el siglo XIX, Hans Christian Andersen popularizó definitivamente el relato con su cuento Las cigüeñas (1839).


El símbolo sigue vivo: en Lituania—donde la cigüeña blanca es ave nacional desde 1974—se sigue diciendo en broma que los bebés los traen las cigüeñas, y en medicina aún se llama «mordisco de cigüeña» a la mancha rojiza de nacimiento que algunos recién nacidos tienen en la nuca.

Una nota sobre Egipto

Suele decirse que los egipcios veían en la cigüeña la personificación de la piedad filial, y también el ba—una de las partes del alma, representada como un ave—. Conviene la cautela: los especialistas tienden a identificar el ave del ba con una garza o un jabirú más que con la cigüeña propiamente dicha. La idea de fondo, sin embargo, es coherente con todo lo anterior: un ave zancuda que va y vuelve, y que por ello sirve para pensar la partida y el retorno del alma.

La cigüeña en la heráldica

La piedad filial de la cigüeña pasó también a los escudos de armas europeos. En heráldica suele representarse con las alas cerradas y una pata levantada, y en ocasiones sosteniendo una serpiente en el pico—un eco directo de su papel como ave solar que destruye reptiles—. Es una figura de armería relativamente frecuente, sobre todo entre familias y prelados de Alemania, los Países Bajos e Italia, y simboliza la piedad, la gratitud, el cumplimiento del deber y la generosidad: las mismas virtudes que ya hemos visto en el mito. Un ejemplo documentado es el escudo del obispo inglés John de Egglescliffe, en el siglo XIV.


Conviene un último matiz, que cierra el círculo con la confusión que señalábamos antes: la leyenda de la piedra sostenida entre las garras para no dormirse en la guardia—la llamada «vigilancia» en los libros de heráldica—corresponde propiamente a la grulla, no a la cigüeña. Hasta en el lenguaje de los blasones, cigüeña y grulla siguen disputándose sus símbolos.

La cigüeña en las fábulas de Esopo

No todo en la tradición de la cigüeña es virtud solemne: Esopo le dedicó una fábula de tono más travieso, El labrador y la cigüeña. Un campesino tiende una red en su campo recién sembrado para atrapar a las grullas que le roban el grano. Entre ellas cae también una cigüeña, que no había robado nada, y suplica que la deje libre alegando que ella no es una grulla, sino un ave de buen carácter. El labrador responde sin conmoverse:


«It's nothing to me what you are: I find you among these cranes, who ruin my crops, and, like them, you shall suffer.»

 

«Nada me importa lo que seas: te encuentro entre estas grullas, que arruinan mis cosechas, y, como ellas, sufrirás.»

 

(Esopo, El labrador y la cigüeña, trad. de V. S. Vernon-Jones, 1912 — dominio público)

 

La moraleja—«quien anda con malas compañías, aunque sea inocente, corre su misma suerte»—no habla mal de la cigüeña, sino de la prudencia al elegir amistades. Es un contrapunto ameno a tanta virtud: incluso el ave más piadosa de la Antigüedad protagoniza, en Esopo, una fábula sobre los peligros de las malas juntas.

Preguntas frecuentes

¿Qué simboliza la cigüeña?

La llegada de la primavera y la vida nueva, la piedad filial, la pureza y la protección del hogar. Como ave que destruye serpientes es un ave solar; como ave del agua, se la asocia con las aguas primordiales de la creación y con el nacimiento.

¿Por qué se dice que la cigüeña trae a los bebés?

Por el folclore germánico y eslavo: las almas de los no nacidos vivían en cuevas, marismas y estanques, y la cigüeña las pescaba y las llevaba a las casas. Influyó también un hecho natural: las cigüeñas regresan a los nueve meses, justo cuando nacían los niños concebidos en las fiestas del solsticio.

¿Por qué la cigüeña simboliza el amor a los padres?

Porque se creía que alimentaba a sus padres en la vejez. Del griego pelargós nació antipelargía, «devolver el favor como la cigüeña», y hubo leyes—la Pelargonía griega y la lex ciconaria romana—que obligaban a los hijos a mantener a sus padres ancianos.

¿La cigüeña simboliza la longevidad en China?

Con matices: esos significados corresponden en rigor a la grulla, no a la cigüeña. Ambas aves se confunden con frecuencia en los diccionarios occidentales de símbolos, porque cigüeñas, grullas y garzas se han identificado mal desde antiguo.

Mira también

Fuentes y referencias

  • Ovidio. Metamorfosis, Libro VI. Project Gutenberg #26073, dominio público. [Antígona convertida en cigüeña blanca por Juno; la reina de los pigmeos convertida en grulla.]
  • Eliano. De natura animalium, libro III, cap. 23. [Las cigüeñas ancianas transformadas en humanos como premio a su piedad filial.]
  • Aristóteles. Historia de los animales. [La cigüeña como devoradora de serpientes.]
  • Sobre la Pelargonía griega y la lex ciconaria romana, y el término antipelargía. [Obligación legal de los hijos de mantener a sus padres.]
  • Folclore germánico y eslavo de las Adebarsteine y el Vyraj; Hans Christian Andersen, Las cigüeñas (1839).
  • Esopo. El labrador y la cigüeña (Perry 194). Trad. V. S. Vernon-Jones, Æsop's Fables: A New Translation, 1912, dominio público (Wikisource). [La fábula sobre elegir bien las compañías.]
  • Sobre la cigüeña en heráldica: escudo del obispo John de Egglescliffe (siglo XIV), representada con las alas cerradas o sosteniendo una serpiente.