El gorrión es el ave que más significados opuestos ha acumulado. Tiró del carro de Afrodita en el poema más antiguo que se conserva sobre la diosa, sirvió a los egipcios para escribir la palabra «malo», anunció en la Ilíada cuántos años duraría la guerra de Troya, fue en el folclore europeo el pájaro que traicionó a Cristo y es en Japón un emblema de fortuna que se borda en los kimonos.
Ninguna de esas capas coincide con la otra, y la más difundida hoy —la paloma como ave del amor— nació precisamente desplazando al gorrión del lugar que ocupaba antes que ella.
| Grecia arcaica | Ave de Afrodita; tira de su carro en el Himno a Afrodita de Safo |
|---|---|
| Presagio homérico | Nueve gorriones devorados por una serpiente anuncian nueve años de guerra en Troya (Ilíada II) |
| Roma y Edad Media | Emblema del deseo y la lujuria, de Catulo a Chaucer |
| Tradición bíblica | Lo que vale más de lo que cuesta (Mateo 10, 29) y la soledad del que vela (Salmo 102, 7) |
| Folclore europeo | Traidor a Cristo y presagio de muerte, aunque matarlo trae desgracia |
| Japón | Fukura suzume, el gorrión hinchado: la fortuna que se expande |
| Egipto | Determinativo jeroglífico de «pequeño» y «malo» (signo G37) |
| Denominador común | En todas estas tradiciones el gorrión es la medida de lo pequeño y lo común; lo que cambia es si esa pequeñez se lee como desprecio o como paradoja |
- Origen del nombre
- El presagio de Áulide
- El ave que tiraba del carro de Afrodita
- Lujurioso como un gorrión
- Lo que vale más de lo que cuesta
- El pájaro que delató a Cristo
- El gorrión de la fortuna
- El jeroglífico de lo pequeño y lo malo
- La guerra contra los gorriones
- No confundir con
- Qué queda hoy del gorrión
- Errores frecuentes
- Preguntas frecuentes
Origen del nombre
El origen de «gorrión» es incierto y los etimologistas nunca se pusieron de acuerdo: se propuso el latín garrire, «gorjear», el vasco gorri, «rojo», y la simple onomatopeya del piar, sin que ninguna se impusiera. Los nombres antiguos, en cambio, dejaron huella. El latín passer nombra hoy al género del gorrión común, Passer domesticus, y a todo el orden de las aves canoras, los Passeriformes: el mirlo y el ruiseñor llevan en su clasificación científica el nombre del pájaro más ordinario de todos. Y el griego στρουθός, strouthós, es el hilo que recorre casi todo lo que sigue: es la palabra con la que Safo nombra a las aves del carro de Afrodita, la que Aristóteles emplea para el gorrión en su Historia de los animales y la que, en diminutivo —strouthíon—, aparece en los Evangelios de Mateo y de Lucas.
El presagio de Áulide
La aparición más antigua del gorrión en la literatura griega no es decorativa: es un augurio. En el canto II de la Ilíada, Odiseo recuerda a los aqueos impacientes lo que vieron en Áulide, antes de zarpar hacia Troya. Ofrecían hecatombes junto a una fuente, bajo un plátano del que manaba agua clara, cuando Zeus envió a la luz una serpiente de lomo rojo sangre, que se deslizó desde debajo del altar y trepó al árbol.
En la rama más alta había una nidada de gorriones, ocho polluelos escondidos bajo las hojas, y la madre que los había empollado hacía nueve. La serpiente los devoró uno a uno mientras piaban, y la madre revoloteaba alrededor llamando a sus crías; después la atrapó por el ala, chillando, y se la comió también. Terminado el festín, el dios que la había enviado hizo con ella una señal: Zeus la convirtió en piedra a la vista de todos.
Calcante, el adivino, leyó el prodigio en el acto: como la serpiente devoró a los ocho polluelos y a la madre que hacían nueve, nueve años durará la guerra, y al décimo caerá la ciudad de anchas calles. En el momento en que Odiseo cuenta la escena, los aqueos llevan nueve años frente a Troya. El presagio se estaba cumpliendo mientras hablaba.
El ave que tiraba del carro de Afrodita
En el Himno a Afrodita, el único poema completo que se conserva de Safo, la diosa baja del cielo en un carro tirado por strouthoi, gorriones, que baten las alas apretadas sobre la tierra oscura. Henry Thornton Wharton, que además de helenista era ornitólogo, los traduce sin vacilar como sparrows en su edición de 1885, la que fijó el texto de Safo para el público de lengua inglesa; las versiones inglesas del siglo XVIII, como la de Ambrose Philips de 1711, ya hablaban también de gorriones. Llega, sonríe y le pregunta a la poeta qué le pasa esta vez y quién le ha hecho daño.
Esa imagen es de finales del siglo VII o principios del VI antes de Cristo. La paloma, que hoy monopoliza la iconografía de Afrodita y de Venus, se impuso mucho después, en el arte romano y luego en la pintura renacentista. El ave que anuncia a la diosa del amor en la fuente más antigua no es solemne ni blanca: es el pájaro más pequeño y ruidoso del patio.
Lujurioso como un gorrión
De esa cercanía con Afrodita, y de la frecuencia con que se aparea, el gorrión heredó en Roma una fama concreta: la de animal lascivo. En los poemas 2 y 3 de Catulo, el poeta describe el passer con el que juega su amada Lesbia, que lo tiene en el regazo y le deja picotearle el dedo, y después llora su muerte en un lamento fúnebre.
Desde el siglo XV esos versos alimentan una disputa que sigue abierta. El humanista Angelo Poliziano fue el primero en sugerir que el passer de Lesbia era una metáfora obscena, apoyándose en un epigrama de Marcial que promete «el gorrión de Catulo» después de unos besos. El erudito holandés Isaac Voss desarrolló la lectura en 1684; en el siglo XX, Giangrande y Hooper la defendieron y H. D. Jocelyn la rechazó en 1980 como una sobreinterpretación. Ninguna postura se impuso.
La reputación sobrevivió a Roma. En el Prólogo General de los Cuentos de Canterbury, escrito hacia 1387, Geoffrey Chaucer presenta al Alguacil eclesiástico —el funcionario encargado de perseguir a los fornicadores— con una sola línea que basta para retratarlo: «As hoot he was and lecherous as a sparwe», tan ardiente y lujurioso como un gorrión. El público medieval entendía la comparación sin explicación alguna.
Lo que vale más de lo que cuesta
La tradición bíblica invierte el signo por completo. En el Evangelio, el gorrión es la unidad de medida de lo insignificante, y precisamente por eso sirve para hablar de un cuidado que no se calcula por el precio: «¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre» (Mateo 10, 29). El término griego es strouthíon, el diminutivo de la palabra de Safo: literalmente, «gorrioncito».
El pasaje paralelo de Lucas cambia las cuentas: «¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos?» (Lucas 12, 6). Al precio de Mateo, dos cuartos deberían comprar cuatro. El quinto es el que el vendedor echaba de más, el que nadie pagó, y es justamente ese el que Lucas usa para rematar la idea: ni ese está olvidado ante Dios.
El salmo 84 lo convierte en imagen de pertenencia: «Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus pollos, en tus altares». El pájaro que nadie invita ha encontrado su lugar en el templo. El término hebreo del original, tsippor, es genérico —«ave pequeña», sin precisar especie—, y son las traducciones de la familia Reina-Valera las que optaron aquí por «gorrión». El salmo 102, en cambio, lo usa para lo contrario, y es la imagen que más recorrido tuvo en la literatura devocional posterior: «Velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado». El mismo animal que en un salmo anida en el altar, en otro es el símbolo del que pasa la noche despierto y aparte de los suyos.
El pájaro que delató a Cristo
El folclore cristiano europeo le reservó al gorrión el peor papel del repertorio ornitológico. Según la tradición recogida por los folcloristas británicos, el gorrión estuvo presente en la crucifixión y su canto sonaba a «está vivo», con lo que animó a los guardias romanos a prolongar el tormento. Como castigo, sus patas quedaron atadas entre sí para siempre, y por eso el gorrión salta en vez de caminar.
Otras versiones amplían la acusación. En una, las aves intentan alejar a los guardias del escondite de Jesús en Getsemaní y son los gorriones los que lo delatan. En otra, las golondrinas arrancan los clavos de la cruz y los gorriones los devuelven a su sitio. El motivo se repite con variantes en toda Europa: en Suecia, la misma familia de leyendas explica el nombre de la golondrina —svala, de «consuélalo»— y el de la cigüeña, aunque allí el gorrión queda protegido y molestarlo se considera pecado.
A esa condena se le suma su papel de presagio: en el folclore inglés, un gorrión que entra en una casa anuncia una muerte, y una variante recogida en el condado de Kent obligaba a quien atrapara uno a matarlo para evitar la muerte de sus propios padres. Y sin embargo, la misma tradición sostiene que matar a un gorrión o enjaularlo trae desgracia. La contradicción no se resolvió nunca: el gorrión europeo es a la vez el traidor al que se maldice y el animal que conviene no tocar.
El gorrión de la fortuna
En Japón, el suzume ocupa el extremo opuesto. El motivo llamado fukura suzume, «gorrión hinchado», representa al pájaro con las plumas erizadas por el frío, redondo como una pelota. El nombre juega con la homofonía entre fukura, «expandirse», y fuku, «fortuna», de modo que la figura se lee como «la fortuna que se expande». Se escribe con caracteres auspiciosos —福良雀 o 福来雀— El Museo de Arte Walters conserva un netsuke con esa forma, obra de Masanao, que data de mediados del siglo XVIII, y precisa que el motivo se volvió especialmente popular en el Edo tardío, a partir de la década de 1780.
El motivo sobrevive en el vestuario. El fukura suzume es también uno de los nudos formales del obi del kimono, reservado tradicionalmente al furisode de las mujeres solteras, donde indicaba disponibilidad para el matrimonio. El pájaro que en Europa anunciaba muertes es, en un kimono japonés, un deseo bordado de prosperidad.
El folclore le da además un papel de juez moral. En Shita-kiri suzume, «el gorrión de la lengua cortada», uno de los cinco grandes cuentos tradicionales japoneses, un anciano cura a un gorrión herido; su mujer, avara, se enfurece porque el ave se comió su engrudo de arroz, le corta la lengua y lo echa. El anciano lo busca hasta un bosque de bambú donde vive una comunidad entera de gorriones, que lo agasajan y, al despedirse, lo dejan elegir entre un cofre grande y uno pequeño. Elige el pequeño y lo encuentra lleno de tesoros. Su mujer, que va después y elige el grande, lo abre y encuentra serpientes y monstruos. El gorrión recompensa la gratitud con la misma exactitud con que devuelve la crueldad.
El jeroglífico de lo pequeño y lo malo
En la escritura egipcia, el signo G37 de la lista de Gardiner representa un gorrión doméstico posado, de cola redondeada. No se leía en voz alta: funcionaba como determinativo, un signo mudo que acompaña a una palabra para fijar su categoría de sentido. Las palabras que llevan el gorrión son las de «pequeño», «estrecho» y «malo». Entre todas las aves que compartían sus ciudades, los escribas eligieron a la más humilde para escribir la idea misma de la insignificancia.
La guerra contra los gorriones
En 1958, dentro del Gran Salto Adelante, Mao Zedong lanzó la Campaña de las Cuatro Plagas contra mosquitos, moscas, ratas y gorriones, a los que responsabilizaba de comerse el grano destinado a las personas. Cientos de millones de personas fueron movilizadas para golpear ollas y sartenes y espantar a los gorriones hasta que, agotados, caían muertos en pleno vuelo; se destruyeron nidos y se aplastaron huevos por todo el país. Los escolares llevaban a clase pruebas de su participación.
Para la primavera de 1959, los gorriones estaban al borde de la extinción local. Sin su depredador, las langostas y otros insectos se multiplicaron y devastaron las cosechas, un factor que se sumó a otros errores del Gran Salto Adelante para desencadenar la Gran Hambruna China, con estimaciones de entre 15 y 55 millones de muertos según distintos estudios. El gobierno detuvo la campaña en 1960 y sustituyó al gorrión por las chinches en la lista de plagas. Según recoge la Wikipedia en español, la Unión Soviética envió en secreto 200.000 gorriones para repoblar el país sin que se hiciera público el fracaso.
No confundir con
El chingolo, el «gorrión» que no es gorrión
En gran parte de América, de México a Tierra del Fuego, se llama «gorrión» o «gorrión criollo» a un pájaro nativo distinto: el chingolo (Zonotrichia capensis), con collar rufo en la nuca y un pequeño jopo. Pese al parecido de tamaño y de plumaje pardo, pertenece a otra familia —los passerélidos— y no está emparentado con el gorrión europeo, que llegó a América introducido por el ser humano recién en el siglo XIX. El simbolismo griego, bíblico y europeo corresponde al gorrión europeo, no al chingolo.
Qué queda hoy del gorrión
La población europea de gorrión común ha caído más de un 60% desde 1980, según SEO/BirdLife y el Consejo Europeo para el Censo de Aves. En Londres se redujo a menos de la mitad en dos décadas y la especie figura en la lista roja de aves de Inglaterra. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza lo mantiene, sin embargo, como especie de preocupación menor a escala global: el declive es sobre todo urbano y europeo.
Desde 2010, cada 20 de marzo se celebra el Día Mundial del Gorrión, impulsado por la organización india Nature Forever Society. El ave que Mao intentó exterminar y que el folclore europeo maldijo tiene hoy una fecha en el calendario dedicada a que no desaparezca.
Errores frecuentes
La paloma que le quitó el lugar
Los resúmenes sobre Afrodita, incluidas compilaciones académicas de mitología, suelen enumerar la paloma y el delfín como sus animales sagrados sin mencionar al gorrión. El desplazamiento tiene fecha: la imagen de palomas tirando del carro de Venus se consolidó en el arte romano y en la pintura renacentista, hasta volverse la asociación por defecto. La fuente literaria más antigua sobre el tiro de ese carro, el Himno a Afrodita de Safo, nombra gorriones.
Las patas atadas del gorrión
La leyenda de la crucifixión explica el salto del gorrión como un castigo divino, y esa explicación circula todavía como si fuera un dato zoológico. La ornitología no da una respuesta cerrada: el equipo de The Birds of Stanford, de Paul Ehrlich, David Dobkin y Darryl Wheye, señala que no se sabe con certeza por qué saltan las aves pequeñas, y que la evidencia apunta a la economía de esfuerzo, porque un ave de patas cortas avanza más en un salto que en varios pasos. Lo que sí está claro es que el salto es común a muchas aves arborícolas pequeñas, sin ninguna leyenda que las acompañe.
Dos jeroglíficos casi idénticos con sentidos opuestos
El signo del gorrión (G37) y el de la golondrina (G36) son prácticamente indistinguibles a simple vista: dos pájaros pequeños y posados de silueta casi igual. El gorrión escribe «pequeño» y «malo»; la golondrina funciona como fonograma de wr, «grande». Confundirlos invierte el sentido de la palabra que acompañan, una trampa documentada incluso en diccionarios jeroglíficos clásicos como el de E. A. Wallis Budge.
Preguntas frecuentes
¿Qué simboliza el gorrión?
No hay un significado único: el gorrión es uno de los animales cuyo simbolismo más cambia de una cultura a otra. En Grecia acompañaba a Afrodita y encarnaba el deseo; en el Evangelio, el valor de lo que no cuesta nada; en el folclore europeo, la traición y el mal presagio; en Japón, la fortuna que se multiplica y la humildad recompensada; en Egipto, la idea misma de lo pequeño y lo malo.
¿Qué significa que un gorrión entre a la casa?
En el folclore inglés se lo tomaba como presagio de muerte en la familia, una creencia recogida en el condado de Kent. No es una lectura universal ni antigua: convive con tradiciones donde el gorrión es exactamente lo contrario, como la japonesa, donde su figura invoca prosperidad.
¿Por qué el gorrión salta en vez de caminar?
Una leyenda europea lo explica como un castigo: el gorrión habría delatado a Cristo durante la Pasión y, en represalia, sus patas quedaron atadas para siempre. La ornitología no lo tiene cerrado: según The Birds of Stanford, no se sabe con certeza por qué saltan las aves pequeñas, y la explicación más aceptada es la economía de esfuerzo, porque un ave de patas cortas avanza más en un salto que en varios pasos.
¿Por qué hay cada vez menos gorriones en las ciudades?
Las poblaciones de gorrión común han caído más de un 60% en Europa desde 1980, según SEO/BirdLife y el Consejo Europeo para el Censo de Aves. Entre las causas documentadas están la pérdida de huecos para anidar en la construcción moderna, la reducción de insectos con los que alimentar a los pollos y la contaminación.
Fuentes
Se privilegian, donde existen, las ediciones de dominio público consultables en línea.
Fuentes primarias
- Homero, Ilíada II, 300-335, en la traducción en prosa de Samuel Butler, Project Gutenberg, libro n.º 2199
- Safo, fragmento 1 (Himno a Afrodita), texto griego de Bergk y traducción literal de Henry Thornton Wharton, Sappho: Memoir, Text, Selected Renderings, and a Literal Translation (1885; ed. de 1908), Project Gutenberg, libro n.º 57390
- Catulo, Carmina 2 y 3, texto latino y traducción española en Wikisource
- Geoffrey Chaucer, The Canterbury Tales, Prólogo General, v. 626, en la edición crítica en inglés medio de Walter W. Skeat, Chaucer's Works, vol. 4, Project Gutenberg, libro n.º 22120
- Biblia: Salmo 84:3, Salmo 102:7, Mateo 10:29 y Lucas 12:6; texto hebreo masorético, griego y Reina-Valera 1909 en Biblia Paralela y Wikisource
- «The Sparrow with the Slit Tongue», versión inglesa de Shita-kiri suzume en Andrew Lang (ed.), The Pink Fairy Book (1897), Project Gutenberg, libro n.º 5615
Estudios, museos y datos actuales
- R. W. Hooper, «In Defence of Catullus' Dirty Sparrow», Greece & Rome 32 (1985); H. D. Jocelyn, «On Some Unnecessarily Indecent Interpretations of Catullus 2 and 3», American Journal of Philology 101 (1980)
- Netsuke de fukura suzume, Masanao, mediados del siglo XVIII, The Walters Art Museum, inv. 71.1038
- E. A. Wallis Budge, An Egyptian Hieroglyphic Dictionary (1920), y lista de signos de Gardiner, signos G36 y G37, con ejemplares policromados documentados en Digital Epigraphy
- Paul R. Ehrlich, David S. Dobkin y Darryl Wheye, The Birds of Stanford, ensayo «Walking vs. Hopping», Universidad de Stanford
- Folclore ornitológico británico sobre el gorrión y la crucifixión, con referencia a Edward A. Armstrong, The Folklore of Birds (1958), en The Folklore of Garden Birds
- Leyendas suecas de aves en la crucifixión, Swedish American Historical Society of Wisconsin
- Joan Corominas, Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, entrada «gorrión», bibliamedieval.es; Francisco del Rosal y Sebastián de Covarrubias (ambos 1611) vía etimologias.dechile.net
- SEO/BirdLife, «Ave del año 2016: el gorrión común», Museo Nacional de Ciencias Naturales (CSIC)
- National Geographic Historia, sobre la Campaña de las Cuatro Plagas, historia.nationalgeographic.com.es
