Buda sonriente: origen y significado de Budai

El Buda sonriente —también llamado Buda feliz o Buda Gordo— es una figura regordeta de sonrisa característica que suele confundirse con Siddhartha Gautama, el fundador histórico del budismo. No lo es: su imagen se basa en Budai, un monje errante chino real que vivió a comienzos del siglo X y que, siglos después de su muerte, terminó venerado en China y Japón como encarnación de Maitreya, el Buda que se espera en el futuro.

El Buda sonriente de un vistazo
Nombre real Qieci, también llamado Changtingzi
Origen Fenghua, Zhejiang, China, dinastía Han Posterior (907-923 d.C.)
Muerte Año 916, templo Yuelin, con un poema que lo identifica como Maitreya
Nombre popular Budai, «bolsa de tela», por el saco que cargaba; Hotei en japonés
Canonización oficial Siglo XVI, como uno de los dieciséis grandes bodhisattvas chinos
En Japón Hotei, uno de los siete dioses taoístas de la fortuna (Shichi Fukujin)

Budai: el monje real detrás del Buda sonriente

Detrás de la estatuilla regordeta que hoy decora tiendas y restaurantes de todo el mundo hay un monje budista chan que existió de verdad. Su nombre monástico era Qieci —también transliterado como Changtingzi—, y era originario de Fenghua, en la actual provincia de Zhejiang, en la costa sureste de China, donde vivió durante la dinastía Han Posterior, entre los años 907 y 923 de nuestra era. Según recoge la tradición local, fue encontrado siendo un bebé abandonado junto a un río y adoptado por una familia de la aldea de Changting, de donde tomó parte de su nombre monástico. Las crónicas lo describen como un personaje excéntrico: dormía donde lo sorprendiera la noche, hablaba de manera imprevisible, caminaba con el pecho y el vientre descubiertos y mantenía casi siempre una sonrisa en el rostro. Se ganaba la vida pidiendo limosna de pueblo en pueblo, cargando un bastón del que colgaba un saco de tela —budai, en chino, palabra de la que terminó tomando su nombre popular—, y guardaba en él las sobras que después repartía entre quienes tenían menos que él, un gesto de generosidad emparentado con la abundancia que en la tradición hindú personifican divinidades como las descritas en los símbolos hindúes. Se le atribuía además cierta habilidad para predecir el clima y para obrar pequeños prodigios, lo que alimentó rápidamente su fama de figura extraordinaria.

El poema de su muerte y la identificación con Maitreya

Budai murió en el año 916, en el templo Yuelin de su Fenghua natal. Según la tradición, se sentó sobre una roca y, antes de morir, recitó un breve poema en el que se revelaba a sí mismo como una manifestación de Maitreya, el bodhisattva que en la doctrina budista habrá de convertirse en el próximo Buda cuando las enseñanzas de Gautama se hayan olvidado por completo. El poema afirma, en esencia, que el verdadero Maitreya se manifiesta una y otra vez ante los seres humanos bajo distintas formas, sin que estos sepan reconocerlo. Esa última revelación fue lo que transformó a un monje errante y algo excéntrico en una figura de culto: emperadores posteriores le dedicaron poemas propios, pintores de la dinastía Song lo retrataron repetidamente, y en el siglo XVI la tradición china terminó por canonizarlo formalmente como uno de sus dieciséis grandes bodhisattvas, en una tradición de figuras auspiciosas que en el budismo tibetano tiene su propio catálogo con los ocho símbolos auspiciosos.

La iconografía: el saco, el vientre y las orejas

La imagen tradicional de Budai conserva casi intactos los rasgos que le atribuyen las crónicas: calvo, de rostro sonriente, con el vientre desnudo y prominente, los lóbulos de las orejas alargados —signo, en la iconografía budista, de elevada espiritualidad— y siempre cargando su característico saco de tela. En sus manos puede sostener lingotes, monedas, un bastón, perlas, melocotones o un abanico que aleja las penas. Según una idea muy extendida en la mitología popular china, el vientre era el asiento del alma, de modo que el gran vientre de Budai se lee como una alegoría de la amplitud de su corazón, mientras que el bastón y la bolsa recuerdan que importa tanto el camino recorrido como el destino final.

La leyenda de los juguetes reparados

Una leyenda popular, muy repetida aunque sin una fuente única que se le pueda atribuir con precisión, cuenta que Budai guardaba en su saco los juguetes de madera rotos que los niños le entregaban, y que se los devolvía reparados. Esa historia explica por qué es habitual representarlo rodeado de niños, o con alguno en brazos: la tradición popular lo convirtió, junto a su papel como figura de abundancia, en protector de la infancia.

Hotei en Japón: taoísmo y los siete dioses de la fortuna

Con la expansión del budismo chan hacia Japón, Budai llegó a ese país bajo el nombre de Hotei y fue incorporado por el taoísmo japonés como una de las siete deidades de la fortuna, los Shichi Fukujin, el mismo grupo de siete divinidades que reúne a Bishamonten y a sus compañeros. Dentro de ese grupo, la virtud que Hotei personifica es la felicidad. La tradición japonesa lo representa, junto a sus seis compañeros, a bordo del Takarabune, el barco del tesoro que, según el folclore, surca los cielos durante los primeros tres días del año nuevo repartiendo fortuna entre quienes se cruzan a su paso.

La montaña Xuedou: el santuario real de Maitreya

Fenghua, la comarca donde nació, predicó y murió Budai, sigue siendo hoy un lugar de peregrinación budista, y no solo en sentido figurado. En la cercana montaña de Xuedou, que Budai frecuentaba para predicar y que desde 1932 figura entre las cinco grandes montañas budistas de China, se alza desde 2008 una estatua de Maitreya de 56,74 metros de altura, fundida en bronce y modelada expresamente con los rasgos de Budai: la misma sonrisa, el mismo vientre descubierto. Es, según los registros disponibles, la estatua de Maitreya sentado más alta del mundo, y su templo asociado, el Xuedou Si, es venerado como el lugar donde la tradición espera que Maitreya vuelva a manifestarse.

El Buda sonriente hoy

Fuera de sus orígenes religiosos, el Buda sonriente se convirtió en un objeto decorativo extendido por buena parte del mundo, sobre todo en comercios y hogares donde se lo asocia con la buena suerte y la prosperidad. En la práctica popular contemporánea del feng shui —una tradición china de organización del espacio, distinta de la doctrina budista propiamente dicha— circulan costumbres como frotar el vientre de la estatuilla o elegir su ubicación según lo que sostenga en las manos. Conviene tratarlas como lo que son: prácticas populares y comerciales recientes, no enseñanzas atribuibles al Budai histórico ni a los textos clásicos del budismo chan.

El koan del saco: qué significa dejarlo caer

La tradición chan conserva un breve relato sobre Budai que funciona como koan, ese tipo de historia o pregunta paradójica que el budismo zen usa para sacudir el pensamiento lógico del practicante. Cuenta que un monje se acercó un día a Budai y le preguntó: «¿cuál es el significado del Zen?». Budai, sin decir palabra, dejó caer su saco al suelo. El monje insistió: «¿y cómo se realiza el Zen?». Budai recogió entonces el saco, se lo echó de nuevo al hombro y siguió su camino, sin más explicación. El relato se lee tradicionalmente como una lección sobre el desapego: la iluminación no está en cargar ni en soltar, sino en poder hacer ambas cosas con la misma ligereza.

No confundir con

Siddhartha Gautama, el Buda histórico

Es la confusión más frecuente sobre esta figura. Gautama vivió en el norte de la India varios siglos antes que Budai y es la figura fundadora del budismo; sus representaciones tradicionales lo muestran delgado, en posición de meditación, sin la sonrisa ni el vientre característicos del Buda sonriente. Ambas figuras comparten el título de «Buda» —«el despierto»—, pero se trata de personas, épocas y iconografías completamente distintas.

Preguntas frecuentes

¿El Buda sonriente es el mismo que Siddhartha Gautama?

No. Siddhartha Gautama es el Buda histórico, fundador del budismo. El Buda sonriente representa a Budai, un monje chan chino real que vivió varios siglos después, entre los años 900 y 916, y que la tradición identificó tras su muerte con Maitreya, el Buda que se espera en el futuro.

¿Quién fue realmente Budai?

Un monje chan de nombre monástico Qieci, originario de Fenghua, en la provincia china de Zhejiang, que vivió durante la dinastía Han Posterior. Murió en el año 916 en el templo Yuelin, donde, según la tradición, recitó un poema que lo identificaba como una manifestación de Maitreya antes de morir.

¿Por qué se le atribuye a Budai el don de la fortuna?

Porque la tradición lo recuerda como un monje errante, alegre y generoso, capaz de pequeños prodigios y de predecir el clima, que repartía entre los pobres lo que llevaba en su saco de tela. Esa generosidad, sumada a su identificación con Maitreya, lo convirtió con el tiempo en emblema de abundancia y buena suerte.

Fuentes

Mira también