El delfín simboliza la velocidad, la salvación y la fidelidad al ser humano, con un peso especial en la mitología griega, el simbolismo cristiano y la heráldica europea. Su nombre viene del griego δελφίς (delphís), emparentado con δελφύς (delphýs, «matriz» o «vientre»), la misma raíz que da nombre a Delfos, el santuario dedicado a Apolo que, según el mito, llegó hasta allí convertido en delfín.
Buena parte de lo que se repite sobre el delfín como símbolo cristiano no resiste una fuente concreta. Lo que sí se sostiene es más específico —y más interesante— que la versión genérica: un delfín real guió barcos durante 24 años en Nueva Zelanda, y ni siquiera estaba en el hemisferio que se suele decir.
| Etimología | Del griego δελφίς, emparentado con δελφύς, «vientre»; misma raíz que Delfos |
|---|---|
| Dioses griegos asociados | Poseidón, Apolo (Delfinio), Dioniso, Afrodite |
| Símbolo cristiano principal | Del cristiano individual, no de Cristo mismo (Catholic Encyclopedia, 1909) |
| Emblema con ancla | Festina lente, «apresúrate despacio»; marca de Aldo Manuzio desde 1502 |
| Heráldica | Título del Dauphin, heredero del trono de Francia, desde 1350 |
| Caso documentado | Pelorus Jack, delfín de Risso, Nueva Zelanda, 1888-1912 |
Origen del nombre
«Delfín» viene del griego δελφίς (delphís), emparentado con δελφύς (delphýs, «vientre» o «matriz»). Es la misma raíz que da nombre a Delfos, el santuario oracular dedicado a Apolo en las laderas del monte Parnaso: según el Himno Homérico a Apolo, el dios llegó hasta allí transformado en delfín, y desde entonces pidió que se le rindiera culto también como Apolo Delfinio.
El delfín en la mitología griega
En la mitología griega los dioses viajaban en delfines. Para los griegos, el animal tenía una connotación positiva: su aparición tras los barcos se consideraba buena suerte, y varias monedas de la época muestran niños, hombres o dioses montando uno. Poseidón era representado a menudo en un carro tirado por delfines; en un mito, envió a un delfín como mensajero para traerle a la nereida Anfítrite, de quien estaba enamorado, y como recompensa lo colocó en el cielo, dando origen a la constelación Delphinus. Afrodita, la diosa nacida del mar, también aparece asociada al animal: desde el siglo VI a. C., el arte griego representa a su hijo Eros montado sobre un delfín, un motivo iconográfico que se conserva en cerámicas, terracotas y esculturas —entre ellas una Afrodita de Cirene, hoy en el Museo Británico, con Eros a lomos de un delfín junto a sus piernas—.
El historiador griego Heródoto, en el libro I de sus Historias, cuenta la historia del músico Arión de Metimna: de regreso a Corinto tras hacer fortuna en Italia y Sicilia, la tripulación del barco que lo transportaba planeó robarle y arrojarlo al mar. Arión pidió permiso para cantar una última vez con su lira, y en cuanto terminó se lanzó al agua vestido con su traje de músico; un delfín lo recogió y lo llevó a la costa en el cabo Tainaron, desde donde caminó hasta Corinto para desmentir la versión de los marineros, que lo creían muerto. Los corintios y los habitantes de Lesbos, escribe Heródoto, coincidían en el relato, y en Tainaron se conservaba un pequeño monumento de bronce con la figura de un hombre montado en un delfín.
Otro mito de fundación urbana atribuye a un delfín el origen de una ciudad entera: Taras, hijo de Poseidón, habría naufragado frente a las costas del sur de Italia, y su padre envió un delfín para llevarlo a tierra. Allí fundó la ciudad que llevó su nombre, Taras —la actual Tarento—, cuyas monedas de plata, acuñadas durante siglos, muestran de forma casi constante a un joven jinete sobre un delfín.
El Himno Homérico a Dioniso, en la traducción de Hugh G. Evelyn-White de 1914, cuenta cómo unos piratas tirrenos capturaron al dios en la costa, confundiéndolo con un príncipe al que podían pedir rescate. Dioniso convirtió los remos del barco en serpientes y, aterrados, los piratas saltaron al mar; el dios tuvo piedad de ellos y los transformó en delfines para que desde entonces ayudaran a los navegantes, salvo al timonel, a quien había reconocido inocente desde el principio y dejó con forma humana.
El mismo himno recoge la historia de Apolo: para conseguir sacerdotes para su templo, el dios se convirtió en delfín y desvió un barco mercante cretense hasta la costa griega, donde la tripulación quedó al servicio del nuevo santuario de Delfos. Los delfines, además, eran considerados responsables de guiar a las almas de los difuntos hasta las Islas de los Bienaventurados. En algunos lugares de Siria, la diosa Atargatis también aparece asociada al delfín, aunque con menor centralidad que otros animales acuáticos en su iconografía.
El delfín en el cristianismo
La Catholic Encyclopedia de 1909, en la entrada redactada por Arthur Barnes, matiza lo que suele repetirse sobre el delfín cristiano: «hablando en general, el delfín es el símbolo del cristiano individual, más que de Cristo mismo», aunque en algunos casos —cuando aparece con un ancla— sí se lee como representación de Cristo crucificado. La idea de fondo es la misma que sostiene el símbolo del pez en general: la velocidad del delfín representa el deseo con que el cristiano busca el conocimiento de Cristo.
La representación más frecuente muestra dos delfines dirigiéndose hacia el monograma de Cristo. En otros casos, el delfín aparece junto a un corazón, con el lema latino PIGNUS AMORIS HABES—«tienes una prenda de amor»—, o se lo usa como emblema de amor conyugal en monumentos funerarios. Con un ancla, el delfín aparece con frecuencia en anillos cristianos de los primeros siglos, representando el apego del cristiano a Cristo crucificado.
El delfín y el ancla: festina lente
Antes de ser cristiano, el emblema del delfín enroscado en un ancla ya circulaba en el mundo romano con un significado propio: festina lente, «apresúrate despacio». El delfín, el más veloz de los animales marinos, representa la prisa; el ancla, que retiene y fija, representa la calma. El motivo aparece en monedas acuñadas bajo los emperadores Tito y Vespasiano.
Su versión más célebre es posterior en más de mil años: el humanista Erasmo de Róterdam contó, en sus Adagia, que el cardenal Pietro Bembo le mostró al impresor veneciano Aldo Manuzio una moneda romana con ese diseño, y que Manuzio la adoptó como marca de su imprenta a partir de 1502. La marca del delfín y el ancla se convirtió en una de las más reconocibles del Renacimiento editorial europeo y fue imitada por otras casas de impresión durante todo el siglo siguiente.
El delfín en la heráldica
El delfín es uno de los animales más usados en la heráldica europea. El ejemplo más conocido es el escudo de armas del Delfinado, una región del sureste de Francia cuyo blasón llevaba delfines desde antes de 1350. Ese año, el último señor independiente del Delfinado cedió el territorio a la corona francesa con la condición de que el heredero al trono llevara el título de Dauphin («Delfín») y su escudo. Desde entonces y hasta la caída de la monarquía en el siglo XIX, «el Delfín» designó al heredero de Francia.
Pelorus Jack: el delfín que existió
Entre 1888 y 1912, un delfín de Risso conocido como Pelorus Jack guió de forma habitual a los barcos que cruzaban el traicionero paso de French Pass, en el estrecho de Cook, entre las islas Norte y Sur de Nueva Zelanda —no frente a Tasmania, como suele repetirse—. Nadaba junto a la proa durante unos veinte minutos antes de dejar la nave una vez superado el tramo más peligroso, y algunos capitanes llegaron a esperar su aparición antes de intentar el paso.
En 1904, un pasajero a bordo del vapor SS Penguin intentó dispararle. El hecho generó indignación pública, y ese mismo año el gobierno neozelandés dictó una orden que prohibía cazar o dañar a Pelorus Jack o a cualquier ejemplar de su especie en el estrecho de Cook y sus bahías adyacentes: la primera protección legal registrada en el mundo para un animal marino individual. Según la tradición local, Pelorus Jack evitó desde entonces acompañar al SS Penguin, que naufragó en 1909 contra las rocas del estrecho con 75 víctimas fatales, el peor desastre marítimo de Nueva Zelanda en el siglo XX. El delfín siguió guiando otros barcos hasta que dejó de vérsele a fines de 1912.
Su fama cruzó el océano: el escritor estadounidense Mark Twain figura entre los pasajeros que viajaron la ruta Wellington-Nelson solo para verlo. Entre los maoríes de la zona circulaba, además, una tradición previa e independiente de la fama europea del animal: Bishop Bennett registró en 1929 el recuerdo de un antiguo taniwha —un ser guardián— del lugar, y otra leyenda local atribuye a Kupe, el navegante que según la tradición descubrió Nueva Zelanda, haber colocado a su propio taniwha guardián, Tuhirangi, en el estrecho de Cook para proteger a las canoas. Sea cual sea su origen exacto, la coincidencia entre el guía real documentado por los europeos desde 1888 y el guía guardián de la tradición maorí no está resuelta ni necesita estarlo para que ambos relatos convivan.
La fama antigua del delfín como animal inteligente y afectuoso tiene un correlato científico mucho más reciente y concreto que cualquier observación naturalista del siglo XIX. En 2001, las investigadoras Diana Reiss y Lori Marino publicaron en Proceedings of the National Academy of Sciences un estudio que expuso a dos delfines mulares a espejos tras marcarles el cuerpo con tinta: los animales usaron su reflejo para examinar las marcas, la prueba estándar de autorreconocimiento. Hasta ese momento, solo los humanos y los grandes simios habían superado esa prueba de forma convincente; el delfín fue el primer animal no primate en hacerlo, un antecedente directo de que los elefantes se sumaran años después a esa lista breve. La reputación de animal consciente de sí mismo y de su entorno, que las culturas antiguas atribuían a la observación cotidiana, coincide en este punto con lo que documenta la ciencia contemporánea —algo que también se ha estudiado, con métodos y resultados distintos, en otro animal marino de reputación inteligente, el pulpo, aunque ambos pertenecen a ramas completamente distintas del árbol animal —el delfín es un mamífero, el pulpo un molusco— y sus historias simbólicas se desarrollaron por caminos independientes.
Errores frecuentes
Pelorus Jack guiaba barcos frente a Tasmania
Operaba en el estrecho de Cook, en Nueva Zelanda, a más de 2000 kilómetros de Tasmania. La confusión probablemente viene de mezclar dos historias marítimas del hemisferio sur sin verificar ninguna de las dos.
El delfín es un símbolo directo de Cristo
Según la Catholic Encyclopedia, es al revés: hablando en general, representa al cristiano individual, no a Cristo. Solo en composiciones específicas —el delfín enroscado en un ancla— se lee como una representación de Cristo crucificado.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el delfín en el cristianismo?
Según la Catholic Encyclopedia, hablando en general, es símbolo del cristiano individual antes que de Cristo mismo. Solo en algunos casos, cuando aparece enroscado en un ancla, se lee como representación de Cristo crucificado. También aparece en pareja, flanqueando el monograma de Cristo, o con un corazón, con el lema latino PIGNUS AMORIS HABES, «tienes una prenda de amor».
¿Quién fue Pelorus Jack?
Un delfín de Risso que entre 1888 y 1912 guió barcos durante 24 años por el traicionero paso French Pass, en el estrecho de Cook, Nueva Zelanda. En 1904, tras un intento de dispararle desde un barco, Nueva Zelanda dictó la primera protección legal del mundo para un animal marino individual.
¿Por qué el delfín aparece enroscado en un ancla?
Es el emblema festina lente, «apresúrate despacio»: el delfín representa la velocidad y el ancla la firmeza. Aparece en monedas romanas de los emperadores Tito y Vespasiano, y Erasmo de Róterdam lo documentó como la marca que el impresor Aldo Manuzio adoptó en Venecia a partir de 1502.
¿Qué representa el delfín en la heráldica francesa?
Da nombre al título del heredero del trono francés, el Dauphin, tomado del escudo de armas del Delfinado, una región cuyo blasón llevaba delfines. El título se usó desde 1350 hasta la caída de la monarquía en el siglo XIX.
Fuentes
- Arthur Barnes, «Dolphin», en The Catholic Encyclopedia, 1909, dominio público. newadvent.org
- The Homeric Hymns and Homerica, trad. Hugh G. Evelyn-White (1914), dominio público. gutenberg.org
- Heródoto, Historias, libro I, trad. G. C. Macaulay, dominio público. gutenberg.org
- Diana Reiss y Lori Marino, «Mirror self-recognition in the bottlenose dolphin: A case of cognitive convergence», PNAS 98(10), 2001. pnas.org
- «Pelorus Jack», en Te Ara: The Encyclopedia of New Zealand. teara.govt.nz
- «The pilot of French Pass», New Zealand Geographic. nzgeo.com
- «The Dolphin and Anchor», Grolier Club, exposición sobre Aldo Manuzio. grolierclub.omeka.net


