El mazo y el cincel: símbolos masónicos

El mazo y el cincel son dos de las llamadas herramientas de trabajo del primer grado de la masonería, el de Aprendiz. Juntas resumen, en un solo gesto -el golpe del mazo sobre el cincel-, la alegoría central que atraviesa buena parte del ritual masónico: la de una piedra sin labrar que, a fuerza de golpes bien dirigidos, se va convirtiendo en un bloque perfecto.

De un vistazo
Grado al que pertenecen Aprendiz, el primer grado de la masonería simbólica
El mazo representa La fuerza de voluntad, la energía dirigida
El cincel representa La inteligencia, el discernimiento que orienta esa fuerza
Alegoría central La piedra bruta que se transforma en piedra cúbica
Origen Herramientas reales de los canteros de la masonería operativa medieval
Denominador común Ninguna de las dos herramientas sirve de nada sola. El mazo sin cincel solo rompe la piedra al azar; el cincel sin mazo no tiene fuerza para morder la piedra. El significado no está en el mazo ni en el cincel por separado, sino en el instante en que uno golpea al otro: la voluntad sin dirección y la inteligencia sin energía son, cada una por su cuenta, inútiles para la misma tarea

El origen operativo: de la cantera a la logia

Antes de ser un símbolo, el mazo y el cincel fueron herramientas de trabajo real. Los gremios de canteros que construyeron las catedrales góticas de Europa entre los siglos XII y XVI -la llamada masonería operativa- los usaban a diario para desbastar los bloques de piedra que llegaban en bruto desde la cantera y darles la forma exacta que exigía cada sillar del edificio.

Entre los siglos XVII y XVIII, cuando esos gremios de oficio dieron paso a lo que se conoce como masonería especulativa -logias que ya no construían edificios, sino que usaban el vocabulario y las herramientas de la construcción como metáfora del perfeccionamiento personal, del mismo modo en que reinterpretaron plantas como la granada y la acacia-, el mazo y el cincel pasaron de la mano del cantero a la del iniciado, sin cambiar de forma pero cambiando por completo de función.

El tránsito, sin embargo, no fue tan directo como sugiere esa continuidad. El cincel en particular no aparece en los catecismos masónicos más antiguos que se conservan, de finales del siglo XVII y comienzos del XVIII: su primera mención documentada es de 1724, en un texto titulado The Whole Institution of Masonry, ya después de fundada la Gran Logia de Londres en 1717. Antes de esa fecha, el ritual usaba otras herramientas de cantero -mazas más pesadas, picos, escuadras de distinto tipo- que la masonería especulativa fue simplificando hasta quedarse con el par mínimo que hoy se reconoce: un mazo para golpear, un cincel para dirigir el golpe.

La piedra bruta y la piedra cúbica

Toda la simbología del mazo y el cincel depende de una alegoría previa, la de la piedra bruta: el bloque de piedra tal como sale de la cantera, irregular, lleno de aristas y protuberancias que hay que eliminar antes de que pueda ocupar su lugar en el edificio. En el ritual del grado de Aprendiz, esa piedra bruta es una imagen del propio candidato: su carácter sin pulir, con los defectos y las asperezas que trae de la vida profana.

El trabajo del aprendiz consiste en convertir esa piedra bruta en piedra cúbica -también llamada piedra pulida-, el bloque ya labrado, de caras regulares, listo para encajar con las demás piedras del edificio. El mazo y el cincel son, literalmente, las herramientas con las que se lleva a cabo esa talla: no de la piedra que se ve, sino de la que cada aprendiz lleva dentro.

Qué representan el mazo y el cincel para el aprendiz

El mazo aporta la fuerza: es la energía necesaria para golpear, para actuar, para no quedarse en la mera intención. Uno de los catecismos rituales más antiguos que incluyen ya al cincel junto al mazo, de mediados de la década de 1720, describe al mazo con esa función precisa: sirve para eliminar todos los nudos y protuberancias superfluos de la piedra, del mismo modo que la voluntad debe eliminar los defectos del carácter.

El cincel aporta la dirección: es la herramienta de precisión que convierte un golpe ciego en un corte exacto. Sin el filo del cincel, el mazo solo rompería la piedra al azar; sin la fuerza del mazo, el cincel apenas rasguñaría la superficie. Ese mismo catecismo temprano le asigna al cincel la tarea de alisar y preparar la piedra para las manos de un obrero más experto, y catecismos posteriores extendieron esa función hacia la educación y la perseverancia, la disciplina lenta de afilar una y otra vez la propia capacidad de juicio.

Plotino y el escultor de sí mismo

La imagen de esculpirse a uno mismo hasta alcanzar una forma mejor no nació en una logia del siglo XVIII. El filósofo Plotino, fundador del neoplatonismo, la usó ya en el siglo III después de Cristo, en el tratado que hoy se conoce como Enéadas I, 6, 9. Ahí invita a quien no se encuentra a sí mismo hermoso a hacer lo que hace el escultor: cortar lo que sobra, enderezar lo torcido, iluminar lo oscuro, y no dejar nunca de tallar la propia estatua hasta que brille en ella el esplendor de la virtud.

No hay evidencia de que la masonería especulativa tomara esta imagen directamente de Plotino -ninguno de los catecismos masónicos consultados lo menciona-, y es perfectamente posible que ambas tradiciones hayan llegado por separado a la misma metáfora, dado lo natural que resulta comparar el trabajo sobre uno mismo con el trabajo del escultor sobre la piedra. Lo que sí queda claro al conocer el antecedente es que la alegoría del mazo y el cincel no es una invención masónica desde cero, sino la versión más literal y más artesanal -con herramientas concretas en vez de una estatua abstracta- de una idea que la filosofía occidental viene repitiendo, de una forma u otra, desde mucho antes de que existiera un Templo de Salomón al que remontarla.

El mazo de autoridad y el mazo de trabajo

Conviene distinguir dos objetos que suelen confundirse bajo el mismo nombre, algo frecuente también con otros símbolos masónicos de uso cotidiano en la logia. Uno es el mazo de trabajo del Aprendiz, la herramienta que se usa junto al cincel para labrar la piedra bruta, la que da sentido a todo lo explicado hasta acá. El otro es el mazo -o gavel, en la terminología anglosajona- que empuña el Venerable Maestro, y también cada uno de los Vigilantes, para abrir y cerrar los trabajos de la logia y para marcar con sus golpes el ritmo de la ceremonia: un emblema de autoridad, no una herramienta de talla.

En la práctica angloamericana más extendida, ambos usos terminaron recayendo sobre el mismo objeto, el llamado common gavel, muy parecido en su función al mandil que también recibe el aprendiz al iniciarse. Pero no siempre fue ni es así en todas partes: la tradición escocesa conserva, en algunas de sus logias, un mazo de cantero distinto -de mayor tamaño, más parecido al mazo original de los gremios operativos- reservado específicamente para el Maestro y los Vigilantes, separado del mazo más pequeño que se entrega como herramienta simbólica al Aprendiz. Incluso el propio término «gavel» es relativamente reciente: no hay registro documentado de su uso en Inglaterra antes del siglo XIX.

La posición de la Iglesia católica

Lo que la alegoría de la piedra bruta afirma -que el ser humano se perfecciona a sí mismo únicamente mediante el ejercicio disciplinado de su propia voluntad y su propia razón, el mazo y el cincel, sin que en todo el proceso aparezca ninguna mención a la gracia ni a la revelación- es precisamente el punto sobre el que la Iglesia católica ha construido su objeción de fondo a la masonería, no como una diferencia de rito sino como una diferencia de raíz.

Como ya explica con más detalle la entrada de este blog sobre Jakin y Boaz, el papa León XIII, en la encíclica Humanum genus de 1884, llamó a esto naturalismo: la convicción de que la razón y la virtud humanas bastan por sí solas, sin necesidad de la fe ni de la gracia, para alcanzar el bien último del hombre.

Aplicado a este símbolo en particular, el problema es concreto: en la doctrina católica, la transformación real del ser humano -lo que la tradición cristiana llamaría santificación- no es una obra que el hombre lleve a cabo sobre sí mismo con sus propias herramientas, por disciplinadas que sean, sino un proceso que depende de la gracia recibida, no fabricada a golpe de mazo.

El argumento más fuerte contra esa suficiencia no viene de una encíclica del siglo XIX, sino de un pasaje mucho más antiguo. En el Sermón del Monte, dentro de su enseñanza sobre no jurar, Jesús le dice a sus discípulos que ni siquiera pueden volver blanco o negro un solo cabello de su propia cabeza (Mateo 5, 36).

El ejemplo es deliberadamente mínimo -no habla de perdonar una ofensa ni de vencer una tentación grave, sino del detalle más pequeño e insignificante del propio cuerpo- y por eso mismo resulta más contundente: si el control del hombre sobre sí mismo no alcanza ni para eso, mucho menos alcanza, por definición, para completar por su cuenta la transformación entera que promete la piedra bruta convertida en piedra cúbica.

Ahí está, en última instancia, el contraste que la Iglesia opone a la alegoría del mazo y el cincel: no niega que la voluntad y la razón golpeen la piedra -eso lo concede sin problema-, sino que golpear la piedra sea, por sí solo, lo que la termina de tallar.

Eso no vuelve el símbolo vacío ni insincero -la disciplina de la voluntad guiada por la razón es, también para la moral católica, una virtud real y necesaria-, pero sí explica por qué la Iglesia no puede aceptar la alegoría tal como la propone el ritual masónico: no porque la voluntad y la inteligencia no sean valiosas, sino porque presentarlas como suficientes por sí solas para completar la obra es, para la doctrina católica, exactamente el punto donde la alegoría se equivoca.

Errores frecuentes

El mazo del Maestro y el mazo del aprendiz son siempre el mismo objeto

La mayoría de los sitios de divulgación sobre simbología masónica hablan de «el mazo» en singular, como si se tratara siempre de la misma herramienta usada primero para labrar la piedra y después, ya como Maestro, para presidir la logia. Es la práctica más extendida, pero no la única documentada: en la tradición escocesa, el mazo de autoridad del Maestro y los Vigilantes es, históricamente, un objeto distinto del mazo de trabajo del Aprendiz -un mazo de cantero de mayor tamaño frente a la herramienta más pequeña que se entrega como símbolo de aprendizaje-. Tratar ambos usos como si fueran siempre el mismo objeto simplifica una práctica que varía según la jurisdicción masónica.

El mazo y el cincel son símbolos universales, válidos para cualquier creencia

Es una afirmación habitual en la literatura masónica de divulgación, pero conviene matizarla. Lo que el símbolo representa -la fuerza de voluntad y la inteligencia como herramientas de mejora personal- puede resultar efectivamente compartible entre distintas tradiciones. Lo que no es neutral ni universalmente aceptado es la alegoría completa tal como la propone el ritual masónico, que presenta esas dos facultades humanas como autosuficientes para la transformación del hombre: la Iglesia católica, entre otras tradiciones religiosas, sostiene precisamente lo contrario.

Preguntas frecuentes

¿Qué representan el mazo y el cincel en la masonería?

El mazo representa la fuerza de voluntad o la energía dirigida, y el cincel la inteligencia o el discernimiento que guía esa fuerza. Juntos son las herramientas con las que, según la alegoría masónica, el aprendiz talla la piedra bruta de su propio carácter hasta convertirla en piedra cúbica, es decir, pule sus defectos hasta perfeccionarse.

¿El mazo del Venerable Maestro es el mismo mazo del aprendiz?

No necesariamente. El mazo de trabajo del grado de Aprendiz, usado junto al cincel para labrar la piedra, es una herramienta distinta, en su origen, del mazo de autoridad que usan el Venerable Maestro y los Vigilantes para abrir, cerrar y ordenar los trabajos de la logia. En la práctica angloamericana ambos usos suelen recaer en el mismo objeto, pero en la tradición escocesa se trata de instrumentos diferentes.

¿De dónde viene la alegoría de la piedra bruta?

Viene de la masonería operativa, los gremios medievales de canteros que construían catedrales, donde la piedra bruta o sin labrar era el bloque tal como salía de la cantera. La masonería especulativa de los siglos XVII y XVIII heredó ese vocabulario de oficio y lo convirtió en metáfora: la piedra bruta es el carácter del aprendiz antes del trabajo interior, y la piedra cúbica o pulida es el resultado de ese trabajo.

¿La imagen de tallar la propia estatua es una invención masónica?

No. El filósofo Plotino, en el siglo III después de Cristo, usó la misma imagen del escultor que talla su propia estatua para describir la purificación del alma, casi mil quinientos años antes de que existiera la masonería especulativa. La coincidencia no prueba una influencia directa, pero muestra que la metáfora es mucho más antigua que el ritual que la popularizó.

Fuentes

  • Plotino, Enéadas, I, 6, 9. La imagen del escultor que talla su propia estatua.
  • The Whole Institution of Masonry, 1724, y The Whole Institution of Free-Masons Opened, 1725. Primeras apariciones documentadas del cincel en los catecismos rituales, con la asignación de funciones a mazo y cincel.
  • Mateo 5, 36. La imposibilidad de volver blanco o negro un solo cabello, dentro del Sermón del Monte.
  • León XIII, encíclica Humanum genus, 20 de abril de 1884, sobre la masonería como naturalismo.
  • Camejo, Humberto, Masonería Práctica. Sobre las lecturas rituales del mazo y el cincel como voluntad e inteligencia.
  • Lamb (Edmonds Lodge No. 165 y Walter F. Meier Lodge of Research), «Gavels, Mallets, and Mauls in Masonry», sobre la distinción entre el mazo común, el mazo de autoridad y el mazo de cantero escocés, con referencia a Jones sobre el uso documentado del término «gavel».
  • Simbolosysignificados.blogspot.com, «Jakin y Boaz, las columnas del Templo de Salomón», sobre la posición de la Iglesia católica frente a la masonería especulativa.

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