La literatura occidental comienza con una sola palabra griega: mênin, «cólera». Y esa cólera es la de Aquiles. La Ilíada de Homero —el poema épico más antiguo y más influyente de la tradición europea, compuesto hacia el siglo VIII a.C.— no es la historia de la guerra de Troya sino la historia de la ira de un solo hombre. Aquiles es el héroe más poderoso, más veloz y más bello de los griegos, y también el más humano: su grandeza y su perdición nacen del mismo impulso, el de quien no puede tolerar que se le trate con menos que el honor que merece.
El nombre y el origen
Aquiles (en griego, Ἀχιλλεύς, Achilleus) es hijo del rey mortal Peleo de Ftía y de la nereida Tetis —una diosa del mar—. Su nacimiento une lo mortal y lo divino: hereda de su padre la humanidad y la finitud, y de su madre la destreza sobrehumana y la proximidad a los dioses. El propio Zeus había deseado a Tetis, pero un oráculo le advirtió que cualquier hijo de Tetis superaría a su padre; para evitar engendrar a su propio sucesor, Zeus la entregó en matrimonio al mortal Peleo.
Hay distintas interpretaciones sobre el nombre Aquiles. Una de las más extendidas lo deriva de las raíces griegas achos (ἄχος, «dolor», «pena») y laos (λαός, «pueblo», «ejército»): el que trae dolor al pueblo. Si es así, el nombre anticipa con precisión su papel en la Ilíada: su cólera es la causa del dolor de todo el ejército griego.
La infancia: Tetis, Quirón y el talón vulnerable
La tradición más famosa sobre el nacimiento de Aquiles narra que Tetis intentó hacerlo inmortal. Según las fuentes posteriores a Homero —en particular la Aquileida del poeta romano Estacio (siglo I d.C.)—, Tetis sumergió al recién nacido en las aguas del río Estigia, el río del inframundo que confería la invulnerabilidad. Pero lo sostenía por el talón derecho, y ese punto quedó sin mojar. Esa pequeña zona siguió siendo mortal.
Una tradición diferente y más antigua —recogida por el mitógrafo Tolomeo Hefestiono— narra que Tetis trataba de hacer inmortal a cada hijo sometiendo su cuerpo al fuego y frotándolo con ambrosía para quemar la parte mortal. Cuando llegó el turno de Aquiles, Peleo intervino alarmado y Tetis, irritada, abandonó a su marido y volvió al mar. El talón había quedado a medio tratar.
Peleo entregó al niño al centauro Quirón en el monte Pelión, quien lo educó en la música, la medicina, la caza y el arte de la guerra. Quirón le enseñó a tocar la lira y le alimentó con entrañas de leones y tuétanos de osos para forjar su carácter y su fuerza. El poeta y maestro Fénix se encargó de las letras y la oratoria. De esa educación doble —la mano que sabe combatir y la boca que sabe hablar— nació el Aquiles que Homero describe.
Aquiles en Esciros: el guerrero disfrazado
Antes de que los griegos partieran hacia Troya, Tetis supo por un oráculo que su hijo moriría en aquella guerra. Para impedirlo, lo escondió en la corte del rey Licomedes en la isla de Esciros, disfrazado de mujer entre las hijas del rey. Allí vivió durante un tiempo con el nombre de Pirra —«la de cabellos rojizos»— y tuvo con la princesa Deidamia un hijo: Neoptólemo, llamado también Pirro, que años después lucharía él mismo en Troya para cumplir el oráculo que exigía su presencia para que la ciudad cayera.
Pero el adivino Calcante reveló que sin Aquiles Troya no podía ser conquistada. Odiseo fue enviado a Esciros a encontrarlo. Llegó disfrazado de mercader con un cargamento de regalos para las mujeres del palacio: joyas, telas, espejos. Entre los regalos, casi escondidas, había armas: una espada, un escudo, una lanza. Cuando un cuerno de guerra sonó de repente en el exterior —señal de que el propio Odiseo había ordenado—, todas las mujeres huyeron despavoridas. Una sola figura agarró instintivamente la espada y el escudo y adoptó una posición de combate. Era Aquiles. La naturaleza del guerrero superó al disfraz.
Esta escena —el héroe que no puede dejar de ser lo que es aunque lo intente— es una de las más memorables de la mitología troyana. El artista flamenco Peter Paul Rubens la pintó hacia 1630 con una intensidad extraordinaria. Aquiles no fue descubierto: se descubrió solo.
La elección: gloria o vida larga
Antes de que zarpara la expedición griega hacia Troya, Tetis reveló a Aquiles el oráculo que gobernaba su destino: tenía que elegir entre dos vidas. Si se quedaba en Ftía, viviría muchos años, pero su nombre se olvidaría y moriría sin gloria. Si iba a Troya, su vida sería corta, pero su nombre y su fama serían eternos. Aquiles eligió Troya. Eligió la muerte gloriosa sobre la vida larga y anónima.
Esta elección es el núcleo filosófico de su mito. El Aquiles de Homero no es un guerrero inconsciente; es un hombre que ha sopesado con lucidez el precio de su grandeza y ha aceptado pagarlo. En la Odisea (libro XI), cuando Odiseo baja al inframundo y encuentra el alma de Aquiles entre los muertos, el héroe le dice que preferiría ser esclavo del más pobre de los hombres vivos antes que reinar entre los muertos. La gloria que eligió tiene un sabor amargo cuando ya no hay vida para disfrutarla.
La ira de Aquiles: el conflicto con Agamenón
La Ilíada se abre con el verso más famoso de la literatura griega. En la traducción de Samuel Butler:
«Sing, O goddess, the anger of Achilles son of Peleus, that brought countless ills upon the Achaeans. Many a brave soul did it send hurrying down to Hades, and many a hero did it yield a prey to dogs and vultures, for so were the counsels of Jove fulfilled from the day on which the son of Atreus, king of men, and great Achilles, first fell out with one another.»
— Homero. The Iliad, libro I, verso 1 (circa 800 a.C.). Traducción de Samuel Butler.
Traducción: «Canta, oh diosa, la cólera de Aquiles, hijo de Peleo, que trajo innumerables males a los aqueos. Muchas almas valerosas envió apresurándose al Hades, y a muchos héroes los convirtió en presa de perros y buitres; así se cumplieron los designios de Zeus desde el día en que el hijo de Atreo, rey de los hombres, y el gran Aquiles, se disputaron por primera vez.»
La disputa ocurre en el décimo año del asedio de Troya. Agamenón, el comandante supremo de los griegos, se ha negado a devolver a su padre a Criseida, la esclava hija del sacerdote de Apolo llamado Crises. Apolo, ofendido, lanza una plaga sobre el ejército griego. El adivino Calcante revela la causa. Agamenón, obligado a devolver a Criseida, se resarce apoderándose de Briseida, la esclava asignada a Aquiles como recompensa de guerra. Aquiles interpreta el robo como una humillación pública: Agamenón le priva del símbolo tangible de su honor ante todo el ejército. En consecuencia, Aquiles abandona el combate y se retira a su tienda con sus mirmidones.
Su madre, Tetis, sube al Olimpo y suplica a Zeus que favorezca a los troyanos mientras Aquiles esté apartado, para que los griegos sufran y comprendan cuánto lo necesitan. Zeus promete concedérselo.
El rechazo de la embajada: Aquiles habla de sí mismo
Cuando los troyanos empujan a los griegos hasta sus propias naves, Agamenón envía una embajada de paz a Aquiles: Fénix, Áyax y Odiseo. Le ofrecen devolverle a Briseida inviolada, siete ciudades, veinte troyanas, la mano de cualquiera de las hijas de Agamenón y riquezas inmensas. Aquiles los recibe con cordialidad y les sirve vino. Pero rechaza todo. El momento en que responde a Odiseo es uno de los grandes pasajes del libro IX de la Ilíada (Butler):
«I hate him like the gates of Hades who says one thing while he hides another in his heart; therefore I will say what I mean. Neither Agamemnon son of Atreus nor any other Greek shall persuade me, for I see that I have no thanks for all my fighting. He that fights fares no better than he that does not; coward and hero are held in equal honour, and death deals like measure to him who works and him who is idle.»
— Homero. The Iliad, libro IX (circa 800 a.C.). Traducción de Samuel Butler.
Traducción: «Lo odio como a las puertas del Hades a quien dice una cosa mientras esconde otra en su corazón; por lo tanto diré lo que pienso. Ni el hijo de Atreo ni ningún otro griego me convencerá, porque veo que no obtengo ningún reconocimiento por todo mi combate. El que lucha no está en mejor posición que el que no lucha; al cobarde y al héroe se les dispensa igual honor, y la muerte trata con la misma medida al que trabaja y al que está ocioso.»
Esta respuesta es la declaración más honda del código de honor de Aquiles —y su crítica más radical. Lo que lo ha hecho retirarse no es la codicia ni el capricho: es la constatación de que el sistema de honor en el que ha invertido su vida no funciona con equidad. Si el cobarde recibe el mismo trato que el héroe, ¿para qué morir joven? La embajada fracasa porque Aquiles ha visto la incoherencia del mundo en el que vive.
Mientras Aquiles permanece inactivo, los troyanos avanzan y empujan a los griegos hasta sus propias naves. Patroclo —el amigo más querido de Aquiles, su compañero desde la infancia en la corte de Ftía— le suplica que le permita salir a combatir con la armadura del héroe para infundir miedo a los troyanos. Aquiles accede pero le advierte: que no persiga a los troyanos hasta las murallas de Troya, que regrese en cuanto haya alejado el peligro de las naves.
Patroclo sale, los troyanos huyen creyendo que es Aquiles, y el ímpetu de la batalla cambia. Pero Patroclo se deja llevar y avanza hasta los muros de Troya. El dios Apolo, que combate del lado troyano, se aproxima por detrás y le golpea entre los omóplatos con la palma de la mano. A Patroclo le caen el yelmo, la lanza y el escudo. Euforbo le hiere con una lanza. Héctor le da el golpe definitivo.
Cuando la noticia llega a Aquiles, el más poderoso de los guerreros griegos se derrumba de dolor en la arena y llora. El llanto de Aquiles no debilita la escena: la hace más grande. Homero muestra que la fuerza extrema y el dolor extremo no se excluyen sino que coexisten en el mismo ser. En el libro XVIII, Aquiles le dice a su madre Tetis (Butler):
«I would die here and now, in that I could not save my comrade. He has fallen far from home, and in his hour of need my hand was not there to help him. What is there for me? Return to my own land I shall not, and I have brought no saving neither to Patroclus nor to my other comrades of whom so many have been slain by mighty Hector; I stay here by my ships a bootless burden upon the earth.»
— Homero. The Iliad, libro XVIII. Traducción de Samuel Butler
Traducción: «Quisiera morir aquí mismo ahora, ya que no pude salvar a mi compañero. Ha caído lejos de su hogar y en su hora de necesidad mi mano no estaba allí para ayudarle. ¿Qué me queda? No volveré a mi tierra, y no he salvado ni a Patroclo ni a mis otros compañeros de quienes tantos han sido muertos por el poderoso Héctor; aquí me quedo junto a mis naves, una carga inútil sobre la tierra.»
La venganza: la muerte de Héctor
La diosa Tetis encarga al dios herrero Hefesto una nueva armadura para Aquiles, que incluye el escudo más célebre de toda la mitología: el escudo de Aquiles, donde están grabados el cielo, la tierra, el mar, el sol, la luna, las constelaciones, dos ciudades en paz y en guerra, las labores del campo, los rebaños, las danzas de los jóvenes y el océano que rodea todo. Es el universo entero contenido en un objeto.
Con la nueva armadura, Aquiles hace las paces con Agamenón, quien le devuelve a Briseida e insiste en que no la ha tocado. Aquiles regresa al combate. Nadie puede detenerle. Los troyanos huyen hacia el río Escamandro y se dividen en dos grupos; el dios fluvial, furioso, se lanza contra él, pero el fuego de Hefesto seca el río. Los troyanos sobrevivientes corren hacia la ciudad como una manada de ciervos.
Cuando Aquiles por fin se enfrenta a Héctor —el mayor héroe troyano, hijo de Príamo—, los dos ejércitos se detienen a observar. Héctor echa a correr alrededor de las murallas tres veces; esperaba cansar a Aquiles, que había permanecido inactivo mucho tiempo. Pero la diosa Atenea lo engaña haciéndose pasar por su hermano Deífobo y lo convence de detenerse. Héctor se vuelve y hace frente a Aquiles. Aquiles le atraviesa el cuello con la lanza.
Lo que sigue forma parte de las imágenes más perturbadoras de la Antigüedad: Aquiles pasa correas de cuero por los tendones cortados de los talones de Héctor, las ata al carro y arrastra el cuerpo por el polvo de la llanura hasta las naves griegas. Durante varios días repite el gesto: arrastra el cuerpo tres veces alrededor de la tumba de Patroclo al amanecer. El dios Apolo impide que el cuerpo se corrompa.
El rescate de Héctor: la humanidad de Aquiles
El anciano rey Príamo atraviesa solo el campamento griego de noche, guiado por Hermes, y llega a la tienda de Aquiles. Se arrodilla ante él, besa las manos que han matado a sus hijos y le pide el cuerpo de Héctor para enterrarlo. Aquiles llora. El verdugo y el padre del muerto lloran juntos, pensando cada uno en sus propias pérdidas. Aquiles acepta el rescate y devuelve el cuerpo de Héctor.
Esta escena final del libro XXIV de la Ilíada es considerada por muchos críticos el momento más grande de toda la literatura griega: dos enemigos que comparten el mismo dolor humano, separados por la guerra y reunidos por el duelo.
Pentesilea y Memnón
Las fuentes posteriores a Homero —especialmente la Etíopida del poeta Arctino de Mileto (siglo VIII a.C.), conservada en resúmenes— narran los últimos combates de Aquiles antes de su muerte.
La reina de las amazonas Pentesilea, hija del dios Ares, llega a Troya para combatir junto a Príamo. Es la guerrera más feroz que los griegos han enfrentado. Aquiles la mata en combate singular y, al retirarle el casco, descubre su belleza. Los autores tardíos desarrollaron en esta escena un amor póstumo; Tersites, el más feo y más insolente de los guerreros griegos, se burla del héroe y este lo mata de un puñetazo.
A continuación llega Memnón, el príncipe etíope hijo de la diosa del amanecer Eos y de Titono, hermano inmortalizado de Príamo. Zeus, ante el duelo entre Aquiles y Memnón, pesa en una balanza los destinos de ambos. El platillo de Memnón desciende. Aquiles le mata. Eos obtiene de Zeus que las chispas de la pira de Memnón se conviertan en aves —las Memnonidas— que visitan su tumba cada año luchando hasta caer muertas, reiterando el sacrificio de su señor.
La muerte de Aquiles: la flecha del talón
Ovidio narra la muerte de Aquiles en el libro XII de las Metamorfosis. El dios Apolo, vengador de la muerte de Héctor y de Troilo, guía la mano de París:
«While great Achilles thus their forces breaks, and, like a wedge, the battle's-center makes, Paris, by Phoebus taught, among the crowd, an arrow sent that hit Achilles' foot.»
— Ovidio. Metamorfosis, libro XII (siglo I a.C.). Traducción de Samuel Garth.
Traducción: «Mientras el gran Aquiles rompe sus filas y avanza como una cuña en el centro de la batalla, Paris, instruido por Febo, lanzó entre la multitud una flecha que golpeó el pie de Aquiles.»
Según la versión más dramática —narrada por fuentes tardías como Quinto de Esmirna y Dictis Cretense— fue un complot. Políxena, la hija de Príamo, sedujo a Aquiles y le hizo revelar el secreto de su talón vulnerable. Paris le tendió una trampa en el templo de Apolo Timbreo, donde Aquiles había ido desarmado a ratificar un acuerdo matrimonial. Mientras Deífobo lo abrazaba simulando amistad, Paris, oculto tras la imagen del dios, le disparó la flecha al talón. Aquiles murió con un nombre en los labios: Políxena.
Aquiles en el más allá
Las tradiciones sobre el destino póstumo de Aquiles son múltiples y contradictorias, lo que refleja la enorme importancia del héroe en la religión y la poesía griegas.
En la Odisea de Homero (libro XI), Odiseo baja al reino de los muertos y encuentra el alma de Aquiles. El héroe le dice que preferiría ser esclavo de un pobre labrador en la tierra a reinar entre todos los muertos. La gloria que eligió no consuela en el inframundo.
Pero otras tradiciones ofrecen un destino distinto. Posidón promete a Tetis que Aquiles recibirá una isla propia en el Mar Negro —Leucea—, una isla boscosa frente a la desembocadura del Danubio donde su alma vive en la bienaventuranza. Los marineros que navegan rumbo al norte dicen escuchar su voz cantando los versos de Homero al otro lado del agua, acompañada del sonido de cascos de caballos y entrechocar de armas. Según esta tradición, Helena, la causa de la guerra de Troya, se casó con Aquiles en Leucea. La mujer que empezó la guerra se unió al guerrero que la protagonizó en la eternidad de una isla de paz.
El significado simbólico de Aquiles
Aquiles es el arquetipo del héroe trágico: el ser excepcional cuya misma grandeza lleva en sí el germen de su destrucción. Su exceso de honor —la incapacidad de tolerar el desprecio público— lo aparta del combate y causa la muerte de su amigo más querido. Su exceso de dolor por esa muerte lo lleva a unas represalias que el código heroico mismo considera excesivas: arrastrar el cuerpo de Héctor es un acto que los dioses desaprueban.
El talón de Aquiles como expresión idiomática captura una paradoja filosófica: la invulnerabilidad total es imposible. Cuanto más fuerte es un ser, más evidente y más fatal resulta el único punto que no está protegido. El talón no es solo una vulnerabilidad física sino una imagen de cómo la excelencia extrema en un aspecto suele ir acompañada de una fragilidad extrema en otro.
El Aquiles de la Ilíada no es un propagandista de la guerra: es su crítica más profunda. Homero muestra que incluso el mayor guerrero, el elegido de los dioses, paga un precio imposible por la gloria que persigue. Al final del poema no hay triunfo sino duelo compartido. El símbolo de Aquiles no es la espada victoriosa sino las lágrimas que él y Príamo lloran juntos en la oscuridad de una tienda de campaña.
Alejandro Magno: el fanático de Aquiles
La influencia de Aquiles sobre la historia real —no solo sobre la literatura— alcanzó su punto más alto en la figura de Alejandro Magno (356-323 a.C.), rey de Macedonia y conquistador del mayor imperio que el mundo antiguo conoció. Alejandro no solo admiraba a Aquiles: lo consideraba su modelo, su antepasado y la prueba de que la gloria humana podía ser verdaderamente eterna.
Su madre Olimpia le aseguró desde niño que descendía de Aquiles por línea materna —a través del héroe Neoptólemo, hijo de Aquiles y Deidamia—. Esta afirmación, real o construida, moldeó la psicología del futuro conquistador desde la infancia. Plutarco, en su Vida de Alejandro, recoge la devoción de Alejandro por la Ilíada:
«He was also by nature a lover of learning and a lover of reading. And since he thought and called the Iliad a viaticum of the military art, he took with him Aristotle's recension of the poem, called the Iliad of the Casket, and always kept it lying with his dagger under his pillow.»
— Plutarco. Vida de Alejandro, cap. 8 (siglo I-II d.C.). Traducción de Aubrey Stewart y George Long.
Traducción: «Era por naturaleza amante del aprendizaje y de la lectura. Y dado que consideraba y llamaba a la Ilíada un viático del arte militar, llevaba consigo la recensión del poema hecha por Aristóteles, llamada la Ilíada del Cofre, y siempre la mantenía junto a su daga bajo la almohada.»
Cuando cruzó a Asia en el 334 a.C., Alejandro no fue directamente a combatir. Su primer destino fue Troya. Plutarco narra la escena con precisión:
«At Troy sacrificed to Minerva, and honoured the memory of the heroes who were buried there, with solemn libations; especially Achilles, whose gravestone he anointed, and with his friends, as the ancient custom is, ran naked about his sepulchre, and crowned it with garlands, declaring how happy he esteemed him, in having while he lived so faithful a friend, and when he was dead, so famous a poet to proclaim his actions.»
— Plutarco. Vida de Alejandro, cap. 15.
Traducción: «En Troya sacrificó a Minerva y honró la memoria de los héroes allí enterrados con solemnes libaciones; especialmente a Aquiles, cuya lápida ungió, y con sus amigos, según la antigua costumbre, corrió desnudo alrededor de su sepulcro y lo coronó con guirnaldas, declarando cuán afortunado lo estimaba, por haber tenido en vida un amigo tan fiel, y muerto, un poeta tan famoso para proclamar sus hazañas.»
Cuando alguien le ofreció ver la lira de París, Alejandro respondió que prefería ver la de Aquiles —la que el héroe usaba para cantar las glorias de los hombres—. La analogía entre Alejandro y Aquiles fue hecha pública de forma deliberada: Alejandro se identificaba con Aquiles, su amigo íntimo Hefestión con Patroclo. Cuando juntos visitaron los sepulcros de Troya, Alejandro coronó el de Aquiles y Hefestión coronó el de Patroclo. Era un mensaje político y simbólico a la vez: el nuevo Aquiles había llegado a Asia.
La devoción de Alejandro convirtió a Aquiles en algo más que un personaje literario: lo convirtió en el arquetipo del líder conquistador, en el espejo en el que los grandes hombres se miraban para medir su propia grandeza. Julio César lloró ante una estatua de Alejandro porque Alejandro había conquistado el mundo a la edad en que él, César, no había hecho nada memorable. El Aquiles de Homero estaba detrás de todas esas lágrimas.
¿Quién es Aquiles?
El mayor héroe griego de la guerra de Troya y el protagonista de la Ilíada de Homero. Hijo del mortal Peleo y la nereida Tetis, era el más veloz y el más fuerte de los guerreros griegos. Su cólera contra Agamenón y su duelo por Patroclo son los dos ejes narrativos del poema.
¿Qué es el talón de Aquiles?
El único punto vulnerable del cuerpo del héroe. Tetis lo había hecho invulnerable sumergiéndolo en el Estigia o tratándolo con fuego y ambrosía, pero el talón quedó sin proteger. La flecha de París, guiada por Apolo, lo encontró allí. Hoy es una expresión universal para designar el punto débil de una persona por poderosa que sea.
¿Qué elegía Aquiles: vida larga o gloria?
Gloria. El oráculo le ofreció la elección: una vida larga y anónima en Ftía o una vida corta y eternamente gloriosa en Troya. Eligió Troya. Esta elección es el núcleo filosófico de su mito: la grandeza tiene un precio, y el héroe verdadero es el que lo acepta con los ojos abiertos.
¿Cómo muere Aquiles?
Una flecha de París, dirigida por el dios Apolo, le alcanza en el talón durante la batalla. Según fuentes tardías, fue una trampa: Políxena le hizo revelar el secreto de su vulnerabilidad y Paris le esperaba en el templo de Apolo Timbreo. Ovidio narra la escena en el libro XII de las Metamorfosis.
¿Quién era Patroclo para Aquiles?
El amigo más querido de Aquiles, su compañero desde la infancia en la corte de Ftía. Homero describe su relación como la más profunda del poema. La muerte de Patroclo a manos de Héctor es lo que saca a Aquiles de su retiro y desata la venganza que da forma a la parte final de la Ilíada.
Fuentes y referencias
- Homero. The Iliad. Traducción de Samuel Butler. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/2199
- Ovidio. Metamorfosis, libro XII. Traducción de Samuel Garth. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/21765
- Homero. The Odyssey, libro XI (Aquiles en el inframundo). Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/1727
- Wikipedia. «Achilles». Disponible en en.wikipedia.org/wiki/Achilles
- Theoi Project. «Akhilleus». Disponible en theoi.com/Heros/Akhilleus.html
