La serpiente es el más ambivalente de los símbolos animales: representa a la vez la muerte y la curación, el caos y la protección, la tentación y la sabiduría. En casi todas las culturas guarda un umbral —entre la vida y la muerte, entre el orden y el caos, entre el mundo de arriba y el de abajo—, y según quién la mire, lo defiende o lo amenaza.
Egipto la hizo enemiga del sol y, a la vez, su escolta. La Biblia la puso en el origen del pecado y en un mástil que curaba. Grecia la llevó en el bastón de su dios médico y la alimentó con pasteles de miel en la Acrópolis. Dos de sus imágenes más famosas, en cambio, son más recientes de lo que parecen: el caduceo que usan tantos hospitales y la serpiente del escudo mexicano.












