Ave fénix: significado, origen y mito de la resurrección

El ave fénix es un pájaro legendario, único en el mundo, que al cabo de siglos de vida muere y se reengendra a sí mismo. Significa la vida que vuelve a empezar sin ayuda de nadie, y por eso sirvió de emblema al sol que sale cada día, a la eternidad del Imperio romano, a la resurrección de Cristo y, hoy, a la idea de volver a levantarse.

La descripción más antigua que se conserva, la de Heródoto, no tiene fuego: el ave llega desde Arabia cargando el cadáver de su padre dentro de un huevo de mirra. La pira y las cenizas se sumaron cinco siglos después.

El ave fénix de un vistazo
Qué es Ave legendaria única en su especie, que se reengendra a sí misma
Primera mención Un fragmento atribuido a Hesíodo, transmitido por Plutarco
Primera descripción Heródoto, Historias, libro II, 73, siglo V a. C.
Antecedente egipcio El bennu, ave solar de Heliópolis, posada en la piedra benben
Longevidad Entre 500 y 1.461 años, según la fuente
Aspecto Tamaño y forma de águila, plumaje en parte dorado y en parte carmesí
Dónde vive Arabia en Heródoto; un bosque de Oriente en Lactancio; la India en el Fisiólogo
Significado principal Renacimiento, tiempo cíclico, eternidad, resurrección, lo que no tiene igual
No es lo mismo que El fenghuang chino, el ave bermellón y el simurg persa

Qué significa el ave fénix

El ave fénix significa la renovación que no depende de nadie más. Otras figuras de resurrección necesitan un dios que las levante, una madre que las alimente o un ciclo agrícola que las devuelva; el fénix se reengendra solo, y esa autosuficiencia es la clave de todos sus usos posteriores.

De ahí salen tres significados antiguos. El primero es cósmico: el ave marca el cierre de un ciclo largo de tiempo y el comienzo de otro, y en ese sentido equivale al sol que muere cada tarde y vuelve cada mañana. El segundo es político: Roma lo usó como emblema de un imperio que no se acaba. El tercero es religioso: los cristianos vieron en él una prueba natural de que un cuerpo muerto puede volver a la vida.

Hay un cuarto que conserva el español. El diccionario de la RAE define también el fénix como «persona o cosa exquisita o única en su especie», y ese es el sentido del apodo de Lope de Vega, el Fénix de los ingenios, y del título con que se publicó en Madrid, en 1700, la obra póstuma de sor Juana Inés de la Cruz: Fama y obras póstumas del Fénix de México. Ahí el ave no significa volver, sino no tener igual, que es el otro rasgo que ya le daban Plinio y Lactancio: hay una sola en el mundo.

La lectura contemporánea, que hace del fénix una imagen de la persona que se rehace después de una caída, no viene de las fuentes antiguas: en ellas el ave es un reloj cósmico y un argumento teológico, no una metáfora de la biografía de nadie. Se apoya, eso sí, en el mismo rasgo que las sostiene a todas, que es el de no necesitar a otro para volver.

Cómo es el ave fénix según las fuentes antiguas

Heródoto lo describe con el tamaño y la silueta de un águila, con parte del plumaje dorado y parte de color carmesí. Es la única descripción física que dejó, y el arte grecorromano lo representa también así, como un ave rapaz y no como una garza.

La iconografía romana le agregó dos rasgos que permiten reconocerlo de inmediato: el nimbo de rayos solares alrededor de la cabeza y el globo terráqueo bajo las patas, como pedestal.

En el arte cristiano posterior se lo suele colocar sobre una palmera, por la coincidencia entre el nombre griego del ave y el de ese árbol. Ovidio, en cambio, lo describe por lo que come: no granos ni hierbas, sino lágrimas de incienso y jugo de amomo.

El huevo de mirra que cuenta Heródoto

La descripción más antigua del fénix está en el libro II, capítulo 73, de las Historias de Heródoto, escritas hacia el siglo V a. C. El historiador dice que el ave solo se deja ver en Egipto cada quinientos años, cuando muere su padre, y advierte de entrada que él no la vio nunca, salvo en pintura.

Lo que le contaron en Heliópolis es esto. El fénix viene de Arabia trayendo el cadáver de su padre al templo del Sol. Para transportarlo, modela primero un huevo macizo de mirra, tan grande como sus fuerzas le permitan cargar. Lo levanta y prueba el peso. Recién entonces lo vacía, mete dentro el cuerpo de su padre y tapa la abertura con más mirra, hasta que el huevo vuelve a pesar exactamente lo mismo que al principio. Con esa carga cruza el desierto y la deposita en el altar.

No hay pira, ni cenizas, ni ave que se prenda fuego. Hay un hijo que entierra a su padre y que, antes de emprender el viaje, se asegura de poder con el peso. Heródoto cierra el episodio diciendo que lo que le cuentan no le parece creíble, aunque no lo omite.

El bennu, el ave solar egipcia

El bennu es el ave de Heliópolis con la que los griegos identificaron a su fénix. El arte del Reino Nuevo lo representa como una garza real de pico largo y cresta de dos plumas, posada sobre la piedra benben —el bloque sagrado del templo solar, modelo de los obeliscos y de los piramidiones— o sobre un sauce. El Libro de los muertos lo hace hablar en primera persona y lo presenta como el ba, el alma, del dios Ra.

El bennu encarna el primer amanecer y la promesa de que el sol volverá a salir; estuvo asociado a la crecida del Nilo y al cómputo de los grandes ciclos del calendario.

Lo que las fuentes egipcias no narran es su muerte. No hay en ellas incendio, ni pira, ni resurrección a partir de cenizas: el bennu es un ave de aparición y de comienzo. R. van den Broek, en The Myth of the Phoenix (Brill, 1972), el estudio de referencia sobre el tema, rastrea cómo el simbolismo del bennu fue pasando a los relatos griegos y ganando rasgos nuevos en cada traslado. El fuego es uno de esos rasgos nuevos.

El mito del ave fénix según Lactancio

El relato más largo que se conserva del mito es un poema latino del siglo IV, De ave phoenice, atribuido a Lactancio. Empieza situando el lugar: hay un bosque en el extremo de Oriente, más alto que todas las montañas, donde las hojas nunca se caen, donde no llueve, no nieva y no hay nubes. En el centro mana una fuente viva, y alrededor crecen árboles que dan fruto todos los meses del año.

Ahí vive el ave, sola, y cada madrugada repite la misma ceremonia. Se sumerge doce veces en el agua de la fuente y bebe doce veces. Después sube a la rama más alta del árbol más alto y se queda quieta, mirando hacia el este, esperando. Cuando el sol asoma, canta; el poema compara ese canto con la voz del ruiseñor, con el sonido de la flauta y con el canto del cisne que se sabe muriendo. Luego calla y vuelve a su vigilia.

Así mil años. Cuando siente que la vejez le llega, deja el bosque y vuela hacia el oeste, hasta Siria, la tierra que según el poema tomó del ave su nombre de Fenicia. Allí elige una palmera alta y junta sobre ella canela, amomo, incienso, acanto y nardo: el nido y el sepulcro son la misma cosa. Se echa encima de los aromas y espera.

El calor del propio cuerpo enciende la pira. De las cenizas nace un gusano blanco, que se cierra sobre sí mismo como una crisálida, se vuelve huevo y del huevo sale el ave nueva, idéntica a la anterior. Lo primero que hace es recoger las cenizas de su antecesora, embalsamarlas y llevarlas a la ciudad del Sol en Egipto. El poema cierra con una observación: el ave alcanzó la vida eterna sin haberse unido nunca a otra.

Qué cuenta Tácito del ave fénix

Tácito dedica al fénix el capítulo 28 del libro VI de los Anales, escritos hacia 115-120, a propósito de una llegada del ave a Egipto en el año 34, bajo el consulado de Paulo Fabio y Lucio Vitelio. Plinio el Viejo, siguiendo a Cornelio Valeriano, fecha una llegada del fénix a Egipto en el año 36. Tácito enumera además las visitas anteriores, en los reinados de Sesosis, Amasis y Ptolomeo III, y recoge dos tradiciones sobre el intervalo: una de quinientos años y otra de 1.461.

Después cuenta lo que pasa cuando el ave llega. La acompaña una bandada de otras aves, que admiran su aspecto nuevo. Y describe una escena más: antes de cargar el cuerpo de su padre, el ave joven tiene que probar que puede. Levanta una masa de mirra del mismo peso y la carga en un largo trayecto de prueba; si aguanta, emprende el viaje, lleva el cuerpo hasta el altar del Sol y lo quema.

Es el mismo gesto que contaba Heródoto cinco siglos antes, el de pesar la carga antes de partir, ahora convertido en una prueba de aptitud. Tácito agrega que estos detalles son inciertos y están aumentados por la fábula, pero que nadie duda de que el ave se deja ver de tanto en tanto en Egipto.

Cuándo entra el fuego en el mito del fénix

La pira no está en las fuentes más antiguas. Después del huevo de mirra de Heródoto, Ovidio cuenta en el libro XV de las Metamorfosis, hacia el año 8, que el ave vive cinco siglos y que al final labra con las uñas y el pico un nido en las ramas de una encina o en la copa de una palmera. Lo cimienta con casia, espigas de nardo, cínamo quebrado y mirra rubia, se acuesta encima y termina su edad entre aromas. Del cuerpo paterno renace un pequeño fénix, que carga el nido por el aire hasta la ciudad de Hiperión.

Plinio el Viejo, en el libro X de su Historia natural, del año 77, recoge la versión de un senador romano, Manilio: el ave vive 540 años, hace un nido de canela e incienso y muere sobre él, y de sus huesos y su médula nace primero un gusanillo que después se hace pollo. Clemente de Roma, hacia el año 95, repite ese mecanismo: el ave se fabrica un ataúd de incienso y mirra, muere, y de la carne que se descompone nace la larva.

El fuego aparece entre esas dos fuentes, a fines del siglo I. Marcial, en un epigrama del libro V escrito hacia el año 89, habla de los incendios que renuevan los nidos asirios cada vez que el ave cumple diez siglos. Poco después, en Tácito, el hijo quema el cuerpo del padre sobre el altar del Sol.

El fuego no expulsó al gusano: convivió con él. En Lactancio la pira se enciende con el calor del cuerpo y de las cenizas nace igualmente la larva blanca. Y el Fisiólogo, el primer bestiario cristiano, narra las dos cosas en una sola escena.

En su versión latina B, el capítulo 9 cuenta que el ave vive en la India y que, cumplidos los quinientos años, viaja a los bosques del Líbano y se llena las alas de aromas. En Heliópolis, un sacerdote recibe aviso de su llegada en el mes de nisán o adar, marzo o abril, y llena el altar con leña de sarmientos. El ave entra en la ciudad, ve la pira armada, sube a ella, se envuelve en sus propios perfumes y arde.

El sacerdote vuelve al día siguiente y encuentra la leña quemada y, entre las cenizas, un gusanito que despide un olor dulce. Al segundo día el gusano ya tiene forma de pajarito. Al tercero está el fénix entero, completo, que saluda y se va a su tierra. El bestiario saca la conclusión que buscaba: si un ave puede entregar su vida y recuperarla, también pudo hacerlo Cristo.

Cuántos años vive el ave fénix

La cifra de quinientos años es la más repetida, pero ninguna fuente antigua la impuso sobre las demás. La tabla siguiente reúne lo que dice cada una.

Qué dice cada fuente antigua sobre el fénix
Fuente Fecha Cuánto vive y qué aporta
Hesíodo (atribuido) Siglos VIII-VII a. C. La cadena de longevidades: la corneja vive nueve generaciones humanas; el ciervo, cuatro cornejas; el cuervo, tres ciervos; el fénix, nueve cuervos
Heródoto Siglo V a. C. 500 años; el huevo de mirra y el entierro del padre
Manilio, citado por Plinio Siglo I a. C.; recogido en el año 77 d. C. 540 años, que equivalen a un año platónico, el tiempo que tardan los astros en volver a su posición inicial; el gusano que nace de los huesos y la médula
Ovidio Hacia el año 8 d. C. Cinco siglos; el nido labrado con las uñas y el pico, y el viaje a la ciudad de Hiperión
Marcial Hacia el año 89 d. C. Diez siglos; los incendios que renuevan el nido, primera aparición del fuego
Clemente de Roma Hacia 95-97 d. C. 500 años; el ataúd de especias y la larva que nace de la carne
Tácito Hacia 115-120 d. C. 1.461 años en una tradición y 500 en otra; la prueba de la mirra, el cortejo de aves y el cuerpo del padre quemado en el altar
Fisiólogo Entre los siglos II y IV 500 años; el sacerdote de Heliópolis y los tres días
Lactancio Siglo IV Mil años; el bosque de Oriente, la fuente y el canto del amanecer

La cifra de 1.461 años que recoge Tácito no es caprichosa: es la duración del ciclo sótico egipcio, el período que tardaba el calendario civil en volver a coincidir con la salida helíaca de la estrella Sotis, Sirio. El fénix, en esa lectura, es un reloj: no marca una vida, marca el cierre de una era.

El fénix en Roma y el ejemplar falso del comicio

Roma convirtió al fénix en emblema político. Marcial, en el mismo epigrama de los nidos incendiados, lo usa para decir que la ciudad reconstruida se despojó de su vejez y tomó el rostro de su protector, el emperador. En las monedas aparece junto a Aeternitas, la personificación de la eternidad, que lo sostiene en la mano sobre un globo: así se ve en las emisiones de consagración de Faustina la Mayor, esposa de Antonino Pío, con el ave nimbada y la leyenda AETERNITAS. Dos siglos después, en 348, los hijos de Constantino acuñaron bronces con el fénix radiado de pie sobre un globo y la leyenda FEL TEMP REPARATIO, «restauración de los tiempos felices», emitidos en el año 1100 de la fundación de la ciudad.

Plinio, en el libro X de su Historia natural, cuenta además que un fénix fue llevado a Roma durante la censura de Claudio, en el año 800 de la ciudad, el 47 d. C., y exhibido en el comicio, la plaza de las asambleas; así constaba en las actas públicas. Y agrega que nadie dudaba de que era falso.

El fénix cristiano: de Clemente de Roma a los mosaicos

El primer texto cristiano que usa al fénix es la Primera carta a los corintios de Clemente de Roma, escrita hacia los años 95 a 97. Clemente enumera los signos naturales con que Dios muestra la resurrección —el día que sucede a la noche, la semilla que se pudre y da fruto— y agrega el prodigio de Arabia. No se pregunta si el relato es cierto: lo usa como argumento ante quienes dudaban de que un cuerpo muerto pudiera volver.

El Fisiólogo fijó después la lectura definitiva al hacer que el ave resucitara al tercer día, en correspondencia exacta con la Pascua. El mismo bestiario da idéntico plazo al pelícano, que mata a sus crías y a los tres días las devuelve a la vida bañándolas con la sangre de su propio pecho: dos aves distintas y dos figuras de Cristo, una para la resurrección y otra para la redención.

De ahí el fénix pasó a los mosaicos de las iglesias. En el ábside de Santi Cosma e Damiano, en Roma, encargado por el papa Félix IV hacia 526-530, dos palmeras cierran la escena y en la de la izquierda está posado el fénix. La misma composición se repite en el siglo IX en los ábsides de Santa Práxedes y de Santa Cecilia in Trastevere.

El ave que no quiso molestar a Noé

La tradición judía conoce un ave equivalente, el chol, y le dedica dos relatos. El primero, en el Génesis Rabbá, explica por qué no muere. Cuando Eva comió del árbol del conocimiento, dio el fruto a los animales, a las fieras y a las aves, y todos comieron; solo un ave, el chol, se negó. La escuela de rabí Yanai agrega lo que le pasa después: vive mil años, y al cabo de ese tiempo sale fuego de su nido y la quema; queda de ella un resto del tamaño de un huevo, le crecen miembros nuevos y vuelve a vivir.

El segundo está en el Talmud de Babilonia, en el tratado Sanedrín, hoja 108b. Eliezer, el siervo de Abraham, le pregunta a Sem, hijo de Noé, cómo fue la vida en el arca. Sem le cuenta que pasaron un trabajo enorme, porque cada animal comía a su hora: a los diurnos había que alimentarlos de día y a los nocturnos de noche, y la familia entera se pasó el diluvio yendo y viniendo con la comida.

Un día Noé encontró al ave, a la que el Talmud llama avarshina, echada en su compartimento, quieta, sin haber pedido nada. Le preguntó si no necesitaba comer. El ave contestó que había visto lo ocupado que estaba y se había dicho que no lo iba a molestar. Noé entonces la bendijo: que sea la voluntad de Dios que nunca mueras.

Los dos relatos se apoyan en el mismo versículo de Job, el 29:18, donde el patriarca dice que multiplicará sus días como el chol. Qué significa exactamente esa palabra hebrea es materia de discusión desde hace siglos: la Septuaginta la entendió como el tronco de la palmera y la Vulgata como la palmera entera; van den Broek defiende «arena», y Mitchell Dahood sostuvo en 1974 que significa «fénix», apoyándose en paralelos del ugarítico. El Génesis Rabbá y el Talmud la leen como el nombre del ave.

El fénix en la alquimia

En los libros de emblemas alquímicos el fénix nombra una operación concreta, no una idea general de renovación. En la serie de grabados de la Philosophia reformata de Johann Daniel Mylius, publicada en Fráncfort en 1622, un rey sostiene en la mano un fénix que se levanta de su pira, y la lámina corresponde a la sublimación, la operación en que la materia se volatiliza y se deposita purificada.

El lugar del ave en la secuencia no es fijo. En esa misma serie, el pelícano que alimenta a sus crías con su sangre viene después del fénix, en la lámina de la multiplicación. La secuencia cuervo, cisne, pavo real, pelícano y fénix, que recoge la simbología animal alquímica, pone en cambio al fénix al final de la obra.

Qué queda hoy del fénix

El nombre del ave egipcia viajó al sistema solar. El asteroide (101955) Bennu, se llamaba 1999 RQ36 hasta que la Sociedad Planetaria organizó en 2013 un concurso para bautizarlo: entre más de ocho mil propuestas ganó la de un chico de nueve años, que eligió Bennu por el ave egipcia. La sonda OSIRIS-REx llegó a ese asteroide en 2018, tomó muestras en 2020 y devolvió la cápsula a la Tierra el 24 de septiembre de 2023, en el desierto de Utah.

La expresión «resurgir de las cenizas» sigue viva en el español corriente. Y en el simbolismo del huevo se cruzan dos versiones del mito: el huevo de mirra de Heródoto y el huevo que, en Lactancio y en el Génesis Rabbá, queda entre las cenizas.

No confundir con

El fénix y el fenghuang chino

El fenghuang (se pronuncia aproximadamente «fong-juáng»), que en Occidente se traduce como «fénix chino», es un ave compuesta. Las descripciones clásicas, recogidas en torno al diccionario Erya, le dan pico de gallo, mentón de golondrina, cuello de serpiente, dorso de tortuga y cola de pez, con un plumaje de cinco colores. El Clásico de los montes y los mares agrega que los dibujos de su cuerpo forman caracteres: virtud en la cabeza, deber en las alas, decoro en el lomo, benevolencia en el pecho y confianza en el vientre.

Reina sobre las demás aves, se empareja con el dragón como emblema de la emperatriz frente al emperador, y se deja ver solo en tiempos de paz y prosperidad. No muere ni se quema: aparece cuando el mundo está en orden. La equivalencia con el fénix grecorromano es una convención de traducción; lo que comparten es la función de augurio, no el renacimiento.

El fenghuang y el ave bermellón

El ave bermellón, Zhuque (aproximadamente «chu-chüé»), es un espíritu astral: uno de los Cuatro Símbolos de las constelaciones, guardián del sur, del verano y del elemento fuego. El fenghuang no es astral ni guardián de un punto cardinal: es el soberano de las aves y un signo de buen gobierno.

El fénix y el simurg

El simurg persa es un ave gigantesca que, en los textos zoroastrianos, anida en el árbol que crece en medio del mar Vourukasha y en el que están depositadas las semillas de todas las plantas. En el Shahnameh de Ferdousí cría a Zal, un príncipe abandonado de niño en el monte Alborz, y ayuda después a su linaje; en El lenguaje de los pájaros de Attar, treinta aves que lo buscan descubren que ellas mismas son el simurg. Comparte con el fénix la escala y la sabiduría, no el mecanismo de la muerte y el renacimiento.

Errores frecuentes

Las cuatro criaturas chinas no son dragón, tigre, unicornio y fénix

La lista circula mezclada porque en China hay dos, y distintas. Los Cuatro Símbolos de las constelaciones son el dragón azur del este, el tigre blanco del oeste, el ave bermellón del sur y la tortuga negra del norte. Las cuatro criaturas auspiciosas son otras: dragón, fenghuang, qilin y tortuga. El tigre pertenece a la primera lista; el fenghuang, a la segunda; el qilin, que la divulgación llama unicornio chino, nunca formó parte de los Cuatro Símbolos.

El fénix del Génesis

Se repite que el Génesis cuenta que el fénix vivía en el Edén y que se salvó del fuego de la espada del ángel. El relato del ave que no comió del fruto existe, pero no está en el Génesis sino en el Génesis Rabbá, un midrás, es decir, un comentario rabínico posterior. Y ahí el fuego no sale de ninguna espada: sale del propio nido del ave, al cabo de mil años. En el texto bíblico, la única mención discutida está en Job, y depende de cómo se traduzca una sola palabra.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa el ave fénix?

La vida que vuelve a empezar sin ayuda de nadie. Por eso fue emblema del sol, de la eternidad de Roma y de la resurrección de Cristo. En español significa además lo que no tiene igual.

¿Cuál es el origen del mito del ave fénix?

La primera mención griega es un verso atribuido a Hesíodo, y la primera descripción, la de Heródoto en el siglo V antes de Cristo. Los griegos identificaron al fénix con el bennu, el ave solar de Heliópolis, en Egipto.

¿Cuántos años vive el ave fénix?

Depende de la fuente. Heródoto, Ovidio y Clemente de Roma dicen quinientos años; Manilio, quinientos cuarenta; Marcial y Lactancio, mil; Tácito recoge una tradición de 1.461, la duración del ciclo sótico egipcio.

¿El ave fénix se quema en todas las versiones del mito?

No. En Heródoto el ave trae el cadáver de su padre en un huevo de mirra, y en Ovidio, Manilio y Clemente de Roma renace sin fuego. La pira aparece a fines del siglo I, en Marcial, y desde entonces convive con la versión del gusano.

Fuentes

  • Hesíodo (atribuido), Los consejos de Quirón, fragmento sobre la longevidad de las ninfas, transmitido por Plutarco, Sobre la desaparición de los oráculos, 415C.
  • Heródoto, Historias, libro II, 73, siglo V a. C.
  • Ovidio, Metamorfosis, libro XV, hacia el año 8 d. C.
  • Plinio el Viejo, Historia natural, libro X, 2, año 77 d. C. attalus.org
  • Marcial, Epigramas, libro V, 7, hacia el año 89 d. C. thelatinlibrary.com
  • Clemente de Roma, Primera carta a los corintios, 25, hacia 95-97 d. C.
  • Tácito, Anales, libro VI, 28, hacia 115-120 d. C. thelatinlibrary.com
  • Fisiólogo latino, versión B, capítulo 9, traducción y comentarios de la Universidad de Alcalá. ebuah.uah.es
  • Lactancio, De ave phoenice, siglo IV.
  • Génesis Rabbá, 19, 5. sefaria.org
  • Talmud de Babilonia, tratado Sanedrín, 108b. sefaria.org
  • Mitchell Dahood, «Ḥôl ‘Phoenix’ in Job 29:18 and in Ugaritic», Catholic Biblical Quarterly, 36, 1974. jstor.org
  • R. van den Broek, The Myth of the Phoenix, According to Classical and Early Christian Traditions, Brill, Leiden, 1972. archive.org
  • William Warner Bishop, «Roman Church Mosaics of the First Nine Centuries», American Journal of Archaeology, 10, 1906. penelope.uchicago.edu
  • Johann Daniel Mylius, Philosophia reformata, Fráncfort, 1622; descripción de las láminas en The Alchemy Web Site. alchemywebsite.com
  • American Numismatic Society, catálogo online Coins of the Roman Empire, emisiones AETERNITAS y FEL TEMP REPARATIO. numismatics.org
  • Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, «fénix». dle.rae.es

Mira también

Anuncios

No hay comentarios:

Publicar un comentario