El gallo es el ave doméstica —Gallus gallus domesticus— cuyo canto matutino lo convirtió, en culturas tan distantes entre sí como Grecia, Roma, China y Japón, en símbolo de vigilancia y de la victoria de la luz sobre la oscuridad. Su historia incluye una negación evangélica, un dios griego avergonzado y un cadáver asado que se levantó a cantar para salvar a un inocente.
El vínculo entre el gallo y el amanecer resultó ser, además, científicamente cierto: no canta porque vea salir el sol, sino porque lo lleva marcado en un reloj interno.
| Nombre científico | Gallus gallus domesticus |
|---|---|
| Significado central | Vigilancia, victoria de la luz sobre la oscuridad |
| Dioses griegos asociados | Apolo, Asclepio, Atenea, Hermes |
| Episodio cristiano | La negación de Pedro (Mateo 26, 34) |
| Lugar en el zodíaco chino | Décimo animal, entre el mono y el perro |
| Símbolo nacional | Francia (coq gaulois) y Portugal (galo de Barcelos) |
| Pieza más antigua conservada | Gallo di Ramperto, veleta de cobre de 820-830, Museo de Santa Giulia, Brescia |
| Denominador común | Casi nunca simboliza la luz misma, sino el instante exacto en que la oscuridad termina. Anuncia el amanecer en Grecia y en China, saca a Amaterasu de la cueva en Japón, disipa la ignorancia en el estandarte de Skanda y marca el segundo en que Pedro comprende su falta. Solo el emblema de Francia rompe el patrón: ahí el gallo no marca ningún tránsito, es apenas un juego de palabras latino que terminó convertido en bandera |
- Origen del nombre «gallo»
- El gallo en la mitología griega
- El gallo en la tradición cristiana
- El gallo en el judaísmo y el islam
- Las cinco virtudes del gallo en China
- El estandarte del gallo en la India
- Amaterasu y los gallos sagrados de Japón
- El gallo como emblema nacional
- Errores frecuentes
- Preguntas frecuentes
Origen del nombre «gallo»
La palabra viene del latín gallus, que ya designaba al ave en la Roma antigua. Los lingüistas remontan ese gallus a una raíz indoeuropea, *gal-, que significaba gritar o llamar, y que en latín apenas dejó otro descendiente: clangor, el sonido agudo de una trompeta.
Esa raíz no tiene nada que ver con el gentilicio Gallus, galo, habitante de la Galia, que procede de otra raíz indoeuropea distinta, *gal- también, pero con el sentido de tener poder o vigor. Las dos palabras suenan idénticas en latín y son, sin embargo, dos orígenes separados que coincidieron por accidente fonético. Ese accidente, con los siglos, terminaría fabricando el emblema nacional de Francia.
El gallo en la mitología griega
Los griegos ataron el gallo a varios de sus dioses: a Apolo, del que era atributo específico; a Atenea, cuya faceta guerrera y artesana reflejaba el ave -presente en las ánforas panatenaicas junto al búho, el otro animal de la diosa-; a Hermes, mensajero entre los tres niveles del cosmos, y sobre todo a Asclepio, dios de la medicina, a quien se le sacrificaban gallos como ofrenda de sanación.
El mito que explica por qué el gallo canta al amanecer lo cuenta Luciano de Samósata en su diálogo El sueño, o el gallo, escrito en el siglo II. Alectrión era un joven, amigo predilecto de Ares, dios de la guerra. Cada vez que Ares iba a visitar en secreto a Afrodita, se llevaba a Alectrión con él y lo dejaba de guardia en la puerta, con la orden de avisarle en cuanto el Sol empezara a asomar, porque temía que Helios los viera y se lo contara a Hefesto, el marido burlado.
Una mañana Alectrión se quedó dormido. El Sol salió sin que nadie lo avisara, vio a los amantes y corrió a contárselo a Hefesto, que los atrapó a los dos en la red invisible que llevaba tiempo preparando, ante la risa del resto de los dioses. Cuando Ares fue liberado, tan furioso estaba con su amigo que lo convirtió en gallo, armadura incluida —de ahí la cresta—, y lo condenó a anunciar la salida del Sol todas las mañanas, para que nunca más lo tomara desprevenido.
El final que casi nadie recuerda de esta tradición no es el de Alectrión, sino el de otro griego: Sócrates. Según cuenta Platón en el Fedón, ya con la cicuta haciendo efecto, tendido y con el cuerpo enfriándose desde los pies hacia el corazón, el filósofo se destapó el rostro y pronunció sus últimas palabras: le pidió a Critón que no se olvidara de pagarle un gallo a Asclepio. Era la ofrenda que se hacía a ese dios cuando alguien se curaba de una enfermedad.
Nietzsche leyó en esa frase, dos mil años más tarde, la idea más amarga de toda la filosofía griega: que Sócrates, en el fondo, consideraba la vida misma una enfermedad de la que la muerte por fin lo liberaba.
El gallo en la tradición cristiana
Los cuatro evangelios cuentan el mismo episodio: la noche antes de la crucifixión, Jesús le advierte a Pedro que antes de que el gallo cante lo habrá negado tres veces. Pedro lo niega, en efecto, tres veces, y al tercer canto del gallo se acuerda de la predicción y llora amargamente (Mateo 26, 34 y 26, 74-75). El gallo pasó así a representar el aviso providencial, el llamado a la vigilancia espiritual y, con el correr de los siglos, el arrepentimiento —un simbolismo distinto al de la golondrina, que en la misma tradición cristiana representa la resurrección de cada primavera—.
De ese episodio nació la costumbre de coronar las torres de las iglesias con una veleta en forma de gallo. La pieza más antigua que se conserva es el llamado Gallo di Ramperto, una veleta de cobre repujado de entre 820 y 830, que estuvo siglos sobre el campanario de la iglesia de San Faustino en Brescia y hoy se exhibe en el Museo de Santa Giulia de esa ciudad.
Se suele repetir en internet que un papa del siglo IX —unos dicen Nicolás I, otros León IV— ordenó por decreto que todas las iglesias llevaran un gallo en el techo; la existencia real de ese decreto no está documentada en ninguna fuente primaria, y conviene tratarla como una leyenda que se copia de una página a otra, no como un hecho verificado.
El mismo episodio dio nombre a la misa de medianoche del 24 de diciembre, conocida popularmente como Misa del Gallo. El origen se remonta al siglo V, cuando el papa Sixto III instituyó en Roma una vigilia nocturna junto a una pequeña capilla que había mandado construir en la basílica de Santa María la Mayor, a semejanza de la gruta de Belén. Esa hora de la noche, la que separa la medianoche del amanecer, los romanos la llamaban ad galli cantus, al canto del gallo, y de ahí quedó el nombre popular de la misa.
El gallo en el judaísmo y el islam
El Talmud de Babilonia recoge un dicho del rabino Iojanán, en el tratado Eruvín (100b), que enumera lo que los animales podrían haber enseñado a los seres humanos aunque la Torá nunca se hubiera entregado: del gato, la discreción; de la hormiga, que no se roba; de la paloma, la fidelidad conyugal; y del gallo, las buenas maneras, porque corteja a la gallina antes de aparearse con ella en lugar de imponerse sin más.
En el islam existe un hadiz auténtico, recogido por An-Nasai, Abu Dawud y Ahmad, en el que el profeta Mahoma prohíbe maldecir al gallo, porque su canto despierta a los fieles para la oración.
Las cinco virtudes del gallo en China
La tradición china más citada sobre el gallo, atribuida al erudito Han Ying, de la dinastía Han, le reconoce cinco virtudes propias de un hombre cabal, y las hace corresponder con partes concretas de su cuerpo: la virtud civil, representada por la cresta, que le da aspecto de letrado con gorro oficial; la virtud militar, representada por los espolones de las patas; el coraje, demostrado en su disposición a pelear; la benevolencia, porque al encontrar comida llama a las gallinas para compartirla; y la confianza, porque anuncia la luz del día con puntualidad todas las mañanas.
El gallo es también el décimo animal del zodíaco chino, entre el mono y el perro, asociado a la puntualidad y al coraje. Se lo tiene además por protector: una imagen de un gallo rojo colgada en la casa se cree que la protege del fuego, y su canto se asocia con la capacidad de espantar a los espíritus malignos que rondan durante la noche.
En las bodas tradicionales hokkien, practicadas todavía hoy en Taiwán, Singapur y Malasia, la familia de la novia entrega a la pareja un gallo y una gallina vivos, llamados 带路鸡, literalmente pollos que guían el camino. Los dos juntos representan la pareja de patos mandarines, símbolo chino del amor conyugal, y su función es acompañar simbólicamente a los recién casados hacia un futuro venturoso.
El estandarte del gallo en la India
En la India, el gallo pertenece a Skanda, también llamado Kartikeya o Murugan, el dios de la guerra, hijo de Shiva y Parvati. Según el Kanda Puranam, tamil, Skanda combatió al demonio Surapadman, que había adoptado la forma de un árbol de mango gigantesco. De un golpe de su lanza, la vel, Skanda partió el árbol en dos mitades, y cada mitad se transformó en un animal: una se convirtió en pavo real, que Skanda adoptó como montura, y la otra en un gallo, que adoptó como estandarte.
Desde entonces, el dios se representa a menudo con el kukkuta dhvaja, el estandarte del gallo, en una mano, símbolo de vigilancia y del amanecer que disipa la ignorancia.
Amaterasu y los gallos sagrados de Japón
El Kojiki, la crónica japonesa más antigua que se conserva, redactada en el año 712, cuenta que la diosa del sol, Amaterasu, se encerró una vez en una cueva celeste después de una ofensa de su hermano Susanoo, y el mundo quedó sumido en una oscuridad total. Las ochocientas miríadas de dioses se reunieron a las orillas de un río para decidir cómo hacerla salir.
Entre otras cosas, reunieron a las aves de canto largo del mundo eterno —así llama el texto a los gallos— y las hicieron cantar todas juntas frente a la entrada de la cueva. El ruido, sumado a un espejo colgado de un árbol sagrado y a una danza que desató las carcajadas del resto de los dioses, despertó la curiosidad de Amaterasu, que se asomó a mirar y fue sacada a la fuerza; así volvió la luz al mundo. El mismo Kojiki cuenta más adelante que un cuervo gigante, Yatagarasu, guiaría al primer emperador de Japón a través de las montañas: otra ave mensajera de los dioses, en un registro distinto.
En memoria de ese episodio, dos de los santuarios sintoístas más antiguos de Japón, el Gran Santuario de Ise y el santuario de Isonokami, en Nara, mantienen todavía hoy gallos sagrados que caminan en libertad por sus terrenos, considerados mensajeros de Amaterasu.
El gallo como emblema nacional
Francia adoptó el gallo por el juego de palabras que se explicó al principio: los romanos llamaban Galli tanto a los habitantes de la Galia como, sin mayúscula, a los gallos, y usaban esa coincidencia para burlarse de ellos. La broma quedó dormida durante la Edad Media y resurgió en el Renacimiento, primero como motivo decorativo asociado a los reyes de Francia y después, con la Revolución, como símbolo del pueblo. Hoy no es un emblema oficial de la República —la Constitución de 1958 no lo menciona—, pero aparece en la verja del Elíseo, en las monedas y en la camiseta de la selección de fútbol.
Portugal tiene el suyo propio, y es una historia distinta a todas las anteriores. Cuenta la leyenda que, en el siglo XV, un peregrino gallego que cruzaba la ciudad de Barcelos camino de Santiago de Compostela fue acusado de un robo que no había cometido y condenado a la horca. Antes de morir pidió ver una última vez al juez, que en ese momento estaba comiendo con unos amigos.
El peregrino juró su inocencia y señaló un gallo ya asado, servido sobre la mesa: dijo que, si era inocente, ese gallo se pondría de pie y cantaría en el momento exacto de su ejecución. Todos se rieron. Llevaron al peregrino a la horca, y cuando el verdugo estaba a punto de ajusticiarlo, el gallo asado se irguió sobre la mesa y cantó.
El juez, atónito, corrió hasta el patíbulo y descubrió que el nudo de la soga no se había cerrado del todo: el peregrino seguía con vida. Lo liberaron en el acto. Años después, ya libre, volvió a Barcelos y esculpió una cruz de piedra en agradecimiento a la Virgen y a Santiago, que todavía puede verse en el Museo Arqueológico de la ciudad. El gallo de Barcelos, coloreado y cubierto de corazones, es hoy el símbolo artesanal más reconocible de Portugal.
Errores frecuentes
La Misa del Gallo conmemora una estrella polar
No hay ninguna fuente, litúrgica ni histórica, que vincule el nombre de la misa con una estrella polar ni con el solsticio de invierno. El origen documentado es otro: el papa Sixto III instituyó en el siglo V una vigilia de medianoche junto a la capilla del pesebre de Santa María la Mayor, en la hora que los romanos llamaban ad galli cantus, al canto del gallo. De esa expresión latina, no de ningún fenómeno astronómico, viene el nombre popular de la misa.
El gallo es símbolo nacional de Japón
No hay evidencia de que el gallo funcione en Japón como emblema del Estado, al modo del coq gaulois francés o del gallo de Barcelos portugués. Lo que sí existe, y es real, es su papel sagrado dentro del sintoísmo: el mito de Amaterasu y los gallos que todavía viven en libertad en los santuarios de Ise e Isonokami. Son dos cosas distintas: una es devoción religiosa concentrada en templos puntuales, la otra sería un símbolo de identidad nacional generalizado, y solo la primera está documentada.
El Talmud dice que el gallo enseña «delicadeza» por anunciar el sol
La cita talmúdica real no tiene nada que ver con el canto ni con el amanecer. En Eruvín 100b, el rabino Iojanán enumera lo que distintos animales enseñarían a los humanos aunque la Torá no existiera, y lo que atribuye al gallo es su cortesía en el cortejo: se dice que corteja a la gallina antes de aparearse con ella, en lugar de imponerse sin más. Es una lección sobre trato entre pareja, no sobre puntualidad ni sobre luz.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa el gallo como símbolo?
El gallo simboliza la vigilancia y el triunfo de la luz sobre la oscuridad, porque su canto se asocia con la llegada del amanecer. Casi todas las culturas que lo conocieron —Grecia, Roma, el cristianismo, China, Japón— coinciden en esa lectura central, aunque cada una le añadió matices propios: victoria, coraje, cortesía o protección del hogar.
¿Por qué el gallo canta al amanecer?
No es una respuesta a la luz del sol, sino a un reloj biológico interno. Un estudio de la Universidad de Nagoya de 2013 mantuvo gallos en penumbra constante y comprobó que seguían cantando cada 24 horas, anticipando el amanecer en lugar de reaccionar a él. Una investigación posterior, de 2015, mostró además que dentro de un grupo el gallo de mayor jerarquía es siempre el primero en cantar.
¿Por qué el gallo es un símbolo de Francia?
Por un juego de palabras latino: gallus significaba tanto gallo como habitante de la Galia. Los romanos usaban la coincidencia para burlarse de los galos, y siglos después Francia adoptó el ave como emblema propio. Es una coincidencia lingüística: gallus (gallo) y Gallus (galo) vienen de raíces indoeuropeas distintas y no significan lo mismo por origen, solo por casualidad fonética.
¿Qué representa el gallo en la cultura china?
Representa las cinco virtudes del hombre cabal: la civil, por su cresta semejante al gorro de un letrado; la militar, por sus espolones; el coraje, por su disposición a pelear; la benevolencia, porque comparte la comida que encuentra; y la confianza, por cantar puntualmente cada mañana. Es además el décimo animal del zodíaco chino.
¿Es el gallo un símbolo cristiano?
Sí. Recuerda la negación de Pedro, que abjuró tres veces de Jesús antes de que el gallo cantara, y por eso remató las veletas de las iglesias durante siglos. La misa de medianoche del 24 de diciembre se conoce popularmente como Misa del Gallo, por la expresión latina ad galli cantus con la que los romanos nombraban esa hora de la noche.
Fuentes
- Platón, Fedón, trad. Benjamin Jowett, 1871. Project Gutenberg, n.º 1658.
- Luciano de Samósata, El sueño, o el gallo, en The Works of Lucian of Samosata, trad. H. W. y F. G. Fowler, Oxford, 1905. Project Gutenberg, n.º 6327.
- Mateo 26, 34 y 26, 74-75.
- Talmud de Babilonia, tratado Eruvín 100b, dicho de Rabí Iojanán. Sefaria.
- Kojiki, trad. Basil Hall Chamberlain, 1919. Internet Archive.
- García García, Francisco de Asís y otros autores citados en la ficha del Museo de la Acrópolis, sobre el gallo y Atenea.
- Kelder, Jorrit M., «An Argument for a Bronze Age Introduction of the Cock in Ancient Greece», resumido en Ares as… Rooster?, con referencia a Luciano, Gallus 3.
- Demattè, Paola, en Ai Weiwei: Circle of Animals, ed. Susan Delson, sobre las cinco virtudes chinas del gallo. Hirshhorn Museum.
- Cock flag, ficha sobre el kukkuta dhvaja de Skanda. Wikipedia.
- Shimmura, Tsuyoshi; Ohashi, Shosei; Yoshimura, Takashi, «The highest-ranking rooster has priority to announce the break of dawn», Scientific Reports, 2015. PMC.
- Ficha del legado de la cruz del Museo Arqueológico de Barcelos, en Rooster of Barcelos.
- Real Academia Española, entrada gallo, y diccionario etimológico etimologias.dechile.net.
