El cuervo, sin hacer referencia a ninguna especie en particular, tiene una influencia considerable en la cultura humana y aparece en las leyendas y la literatura de todas las épocas. Juega con frecuencia un papel de pícaro, de héroe, o contribuye por su astucia a la creación del mundo. Con el tiempo, sobre todo en la Europa cristiana, el ave adquirió mala fama debido a su plumaje negro, su llanto ronco y su alimentación a base de carroña, lo que se tradujo en una progresiva demonización. Nada de eso, sin embargo, resume al animal entero: en el noroeste del Pacífico el mismo pájaro es quien robó la luz para dársela al mundo.
| Nombre y origen | Del latín corvus; el nombre imita, como en muchas lenguas, el propio graznido |
|---|---|
| Grecia | Mensajero de Apolo, castigado con el plumaje negro tras la traición de Coronis |
| Roma | Auxilio divino en el duelo de Marco Valerio Corvo contra un galo |
| Nórdicos | Hugin y Munin, el pensamiento y la memoria de Odín |
| Celtas | Bran el Bendito, cuya cabeza protege Britania; Morrigan, diosa de la guerra |
| Pacífico Norte | Creador y embaucador que roba la luz del mundo, en la tradición haida y tlingit |
| No confundir con | La corneja, especie distinta y más pequeña del mismo género |
- Origen del nombre
- Grecia: el cuervo que Apolo ennegreció
- Roma: el cuervo que ganó un duelo
- La Biblia: un estatus ambiguo
- Hugin y Munin, los cuervos de Odín
- Almas perdidas en el folclore europeo
- Cuervos santos: Vicente, Pablo y Expedito
- China y Japón: el cuervo del sol
- El cuervo que robó la luz del mundo
- Bran el Bendito: la cabeza que protegía Britania
- No confundir con
- Errores frecuentes
- Preguntas frecuentes
Origen del nombre
La palabra cuervo procede del latín corvus, con el diptongo ue habitual del castellano cuando una o breve tónica latina pasa a la lengua romance, el mismo cambio que da cueva a partir de cova o muela a partir de mola. La raíz se remonta, según los diccionarios etimológicos, a una base indoeuropea vinculada a la producción de ruidos y graznidos, la misma familia a la que pertenece el verbo latino crepare, «crujir», de donde salen quebrar, grieta y crepitar. El nombre del cuervo, igual que el de tantas otras aves, nace de imitar su propio sonido.
Conviene distinguir desde el principio dos aves que el castellano cotidiano confunde bajo el mismo nombre: el cuervo (Corvus corax) y la corneja (Corvus corone). Son especies distintas del mismo género. El cuervo es notablemente mayor —puede alcanzar los 70 centímetros de envergadura—, con un pico grueso y curvado y la cola en forma de cuña; la corneja es más pequeña, de pico más fino y cola redondeada, y es además la más abundante en buena parte de España, lo que hace que se la confunda con el cuervo mucho más de lo que ocurre al revés.
Grecia: el cuervo que Apolo ennegreció
En la mitología griega, Apolo estuvo enamorado de la princesa Coronis, hija del rey Flegias, a quien confió a un cuervo —entonces de plumaje blanco— para que la vigilara. Un día Coronis se dejó seducir por un mortal llamado Isquis, y Apolo, advertido de la traición por su propio don de adivinación o por la indiscreción del cuervo, según las versiones, mató a la joven con una flecha en el pecho. Coronis, ya moribunda, alcanzó a confesarle que esperaba un hijo suyo; el niño, Asclepio, fue rescatado y confiado al centauro Quirón, encargado de su educación. Como castigo por no haber impedido la traición, Apolo tiñó para siempre de negro el plumaje del cuervo, que hasta entonces había sido blanco. Desde entonces, los antiguos tomaron su canto como un presagio ominoso, en un contraste deliberado con el otro pájaro de Apolo, el cisne, símbolo de los buenos poetas frente al cuervo de mal agüero.
Roma: el cuervo que ganó un duelo
Hay un episodio romano, menos conocido que el griego pero igual de bien documentado, en el que el cuervo cambia por completo de bando. Tito Livio lo cuenta en el libro VII de su historia: en el año 349 antes de Cristo, durante una campaña contra los galos, un guerrero de tamaño descomunal desafió a duelo singular a cualquier romano que se atreviera. Aceptó el tribuno Marco Valerio, y en pleno combate un cuervo se posó sobre su casco y, según el relato, comenzó a atacar repetidamente el rostro del galo con el pico y las garras, cegándolo y distrayéndolo hasta que Valerio pudo herirlo de muerte. Por esa victoria los romanos le añadieron a su nombre el sobrenombre Corvus, «cuervo», que llevarían después sus descendientes. Aquí el ave no es un mensajero castigado sino un auxilio divino, y el episodio se transmitió como el origen legítimo de un apellido romano real.
La Biblia: un estatus ambiguo
El estatus del cuervo entre los hebreos es más ambiguo que en Grecia o en Roma. En el Génesis es un cuervo el primero que Noé envía desde el arca para averiguar si las aguas del diluvio habían bajado, aunque será la paloma la que finalmente triunfe donde el cuervo falla. El libro de Job, en cambio, presenta a Dios cuidando personalmente de los cuervos y de sus crías cuando claman, mientras que el Deuteronomio los clasifica entre las aves impuras que no deben comerse. El Antiguo Testamento, en suma, no decide: unas veces el cuervo es objeto del cuidado divino y otras es un animal marcado.
Hugin y Munin, los cuervos de Odín
En la mitología nórdica, los cuervos Hugin y Munin vuelan sobre los hombros del dios Odín y le informan de todo lo que ven y oyen. Hugin representa el pensamiento y Munin la memoria; Odín los envía cada mañana a recorrer el mundo entero y teme, según los propios poemas eddicos, no que Hugin no regrese, sino que sea Munin quien se pierda. Por su vínculo con los campos de batalla, donde los cuervos se alimentaban de los caídos, la imagen del ave llegó a los estandartes de guerra escandinavos, portados por jefes vikingos como señal de la protección de Odín.
Almas perdidas en el folclore europeo
Como los cuervos se alimentan, entre otras cosas, de los cadáveres que quedan cerca de los campos de batalla o de los lugares de ejecución, muchas culturas occidentales terminaron asociándolos con las almas muertas y perdidas. En Suecia el graznido nocturno del cuervo se interpretaba como el lamento de las personas asesinadas que no habían recibido sepultura cristiana; en Alemania, como la voz de las almas condenadas. En la Iglesia primitiva el ave llegó a representar al Espíritu de la Oscuridad: compañero de brujas, confidente del diablo. Y sin embargo, al mismo tiempo, se le atribuyó un simbolismo opuesto de fidelidad marital, por su costumbre de formar parejas que se mantienen unidas durante toda su vida, una reputación mixta que comparte con otra ave nocturna cargada de ambigüedad, el búho.
Cuervos santos: Vicente, Pablo y Expedito
El cristianismo, pese a la sombra que arrastraba el ave, también le dio un lugar de honor. Según la leyenda, cuervos fieles actuaron como guardianes del cuerpo de San Vicente, mártir ejecutado por orden del prefecto romano Daciano: un cuervo de gran tamaño se posaba sobre el cadáver y lo defendía de los animales salvajes hasta que los fieles pudieron darle sepultura. El ave es también atributo de San Pablo el Ermitaño, a quien, según la tradición recogida por San Jerónimo, un cuervo le llevaba a diario medio trozo de pan para alimentarlo en el desierto, un gesto de sustento que en la iconografía cristiana recuerda al del pelícano, aunque en ese caso el ave se alimenta a sí misma.
A San Expedito se le atribuye una historia distinta: cuando decidió convertirse al cristianismo, se le apareció un cuervo —el demonio bajo esa forma— que intentaba disuadirlo gritando «cras, cras, cras», «mañana» en latín. Expedito respondió «¡hodie, hodie, hodie!», «¡Hoy!», y aplastó al ave bajo su pie. Conviene saber, sin embargo, que la propia existencia histórica de este santo está en discusión: la Iglesia lo retiró del martirologio oficial en 1905, y circula una segunda tradición sobre el origen de su culto, sin ningún cuervo de por medio, según la cual una caja de reliquias sin identificar llegó rotulada «expedito» —en el sentido de «envío urgente»— y quienes la recibieron confundieron esa palabra con el nombre de un mártir. Las dos historias compiten entre sí, y ninguna de las dos está confirmada.
China y Japón: el cuervo del sol
En China el cuervo está asociado al Sol a través de Sanzuwu, el cuervo de tres patas que habita en el astro según la mitología antigua. En Japón la misma criatura se llama Yatagarasu, el cuervo de tres patas que, según el relato fundacional recogido en el Kojiki, guio al primer emperador legendario, Jinmu, en su marcha hacia la llanura de Yamato. En ambas tradiciones el cuervo, lejos de ser un animal siniestro, es un mensajero solar y un guía.
El cuervo que robó la luz del mundo
La tradición del cuervo más extendida y mejor documentada que existe, y que suele faltar en los resúmenes escritos desde Europa, es la de los pueblos haida y tlingit, en la costa noroeste de América del Norte. Ahí el cuervo no es un mensajero ni un animal de mal agüero: es el creador y el embaucador, la figura que a la vez ordena el mundo y lo desordena por pura curiosidad.
El mito más conocido cuenta que, en un tiempo de oscuridad total, un jefe poderoso guardaba el sol, la luna y las estrellas encerrados en cajas dentro de cajas, dentro de su casa, sin querer compartirlos con nadie. El cuervo, decidido a conseguir la luz, se transformó en una aguja de pino y se dejó tragar por la hija del jefe con el agua que bebía; renació como su nieto, y ganó su confianza a fuerza de llorar hasta que el anciano, incapaz de negarle nada, le dejó jugar primero con la caja de las estrellas —que el niño liberó de inmediato— y después con la de la luna, con el mismo resultado. Cuando por fin logró que le abrieran la última caja, la del sol, el cuervo recuperó su forma de ave, atravesó el agujero del humo en el techo de la casa y escapó al cielo con la luz robada, ennegreciéndose el plumaje con el hollín en el vuelo. Así, según esta tradición, llegó la luz al mundo entero, y así el cuervo se volvió negro: no por un castigo, como en Grecia, sino por el precio de un acto de generosidad conseguido con engaño.
Bran el Bendito: la cabeza que protegía Britania
En la mitología galesa, recogida en el Mabinogion medieval, el gigante Bran el Bendito —Bendigeidfran en galés, «cuervo bendito», porque brân significa precisamente cuervo— es rey de Britania. Herido de muerte por una lanza envenenada durante una guerra en Irlanda, ordena a sus compañeros que le corten la cabeza; esta sigue hablando y haciéndoles compañía durante ochenta años, hasta que finalmente la entierran en la Colina Blanca de Londres, mirando hacia Francia, para que protegiera la isla de cualquier invasión mientras permaneciera enterrada. Según la tradición, el rey Arturo llegó después a desenterrarla, alegando que Britania solo necesitaba de su propia fuerza para defenderse.
Ese mismo pueblo celta le dio también un rostro siniestro al ave: en la mitología irlandesa, la diosa de la guerra Morrigan podía adoptar forma de cuervo para sobrevolar los campos de batalla, y su presencia marcaba a los guerreros condenados a morir en ellos.
No confundir con
La corneja
Cuervo y corneja son dos especies distintas del género Corvus, y el uso cotidiano del castellano las confunde con frecuencia bajo el nombre más popular, cuervo. La corneja es más pequeña, de cola redondeada, y en varias regiones de España es en realidad el córvido más común, más que el propio cuervo.
El cuervo de Poe y otros cuervos literarios
Buena parte de la reputación siniestra que el cuervo tiene hoy en la cultura popular hispanohablante viene menos de la mitología antigua que de la literatura del siglo XIX, con el poema de Edgar Allan Poe como referencia central. Es una capa de significado propia, moderna y literaria, distinta de las tradiciones griega, bíblica, nórdica o del Pacífico Norte, todas ellas muy anteriores a Poe.
Errores frecuentes
Que los cuervos de la Torre de Londres son una tradición medieval
Es probablemente el error más extendido sobre este animal en la cultura popular. La leyenda dice que si los cuervos abandonan la Torre de Londres, la Corona caerá, y se suele presentar como una superstición de siglos, a veces incluso enlazada con la leyenda galesa de Bran el Bendito, cuya cabeza protectora se entierra en el mismo lugar donde hoy se alza la Torre. Pero la investigación histórica no ha encontrado ninguna mención de cuervos residentes en la Torre, ni de la leyenda que los rodea, antes de finales del siglo XIX; la versión que hoy se cuenta, con Carlos II y su astrónomo real de por medio, parece una invención victoriana embellecida después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la población de cuervos de la Torre quedó reducida a un solo ejemplar. La leyenda de Bran es medieval y genuina; la de los cuervos de la Torre, tal como se cuenta hoy, no lo es, y la cercanía entre ambas historias probablemente ayudó a que la segunda pareciera más antigua de lo que es.
Que cualquier ave negra grande es un cuervo
El nombre se aplica en el uso corriente a cualquier córvido oscuro de buen tamaño, pero cuervo y corneja son especies distintas, y en buena parte de España es la corneja, más pequeña, la que se ve con más frecuencia. La confusión no es solo popular: viene de que ambos nombres, en varias lenguas europeas, se remontan a raíces con el mismo origen imitativo del graznido.
Preguntas frecuentes
¿Por qué el cuervo es negro según la mitología griega?
Según Ovidio, el cuervo de Apolo era blanco hasta que le llevó al dios la noticia de la infidelidad de Coronis. Apolo, furioso, castigó al mensajero tiñendo su plumaje de negro para siempre. Es un castigo, no un accidente.
¿Qué diferencia hay entre un cuervo y una corneja?
Son especies distintas del mismo género, Corvus. El cuervo (Corvus corax) es notablemente más grande, con un pico más grueso y la cola en forma de cuña; la corneja (Corvus corone) es más pequeña, con la cola redondeada. El uso cotidiano del español las confunde con frecuencia bajo el nombre cuervo.
¿Qué representa el cuervo en las culturas indígenas del Pacífico Norte?
Entre los pueblos haida y tlingit, el cuervo es a la vez creador y embaucador. El mito más conocido cuenta que robó la luz del mundo, guardada en cajas por un jefe celoso, y la liberó para todos los seres, ennegreciéndose con el hollín en el escape.
Fuentes
- Ovidio, Metamorfosis, II, sobre Apolo, Coronis y el cuervo ennegrecido.
- Tito Livio, Ab urbe condita, VII, 26, sobre el duelo de Marco Valerio Corvo. Síntesis con referencias
- Génesis 8:7; Job 38:41; Deuteronomio 14:14, sobre el cuervo en el Antiguo Testamento.
- Edda poética y Edda prosaica, sobre Hugin y Munin.
- Jerónimo de Estridón, Vida de Pablo de Tebas; Prudencio, Peristephanon, sobre San Pablo el Ermitaño y San Vicente.
- Sobre San Expedito y las dos tradiciones de origen de su culto: artículo de referencia con fuentes.
- Sobre el mito haida y tlingit del cuervo y la luz: versiones recogidas por John Swanton (1909) y Robert Bringhurst, sintetizadas en múltiples fuentes etnográficas.
- Joan Corominas, entrada cuervo, sobre la etimología latina. Diccionario etimológico
- Mabinogion, segunda rama, «Branwen hija de Llyr», sobre Bran el Bendito. Síntesis con referencias, Britannica
- Sobre el origen victoriano, no medieval, de la leyenda de los cuervos de la Torre de Londres: investigación de Boria Sax, City of Ravens, resumida aquí.
