El grifo es un ser mitológico que posee la cabeza, las garras y las alas del águila, el cuerpo del león y, a veces, una larga cola de serpiente. Es un símbolo mitológico de poder, vigilancia y las dos naturalezas. Combina de esta manera las cualidades simbólicas del león y del águila. En su cuerpo, el grifo es bendecido con la velocidad, el vuelo y la visión penetrante del águila, y con la fuerza, el coraje y la majestad del león. Es, a la vez, rey de las aves y señor del aire, y rey de las bestias y señor de la tierra. En algunas tradiciones, solo la hembra tiene alas; el macho carece de ellas. El nido del grifo es de oro y sus huevos parecen ágatas.
La palabra «grifo» deriva del griego gryps o grýps, relacionado con el adjetivo «curvo» o «ganchudo», en alusión directa al pico curvado del águila que caracteriza la cabeza de la criatura. Esta etimología ya orientaba al lector antiguo sobre el rasgo más distintivo del animal.
Descripción y origen del grifo
Las discrepancias sobre el origen geográfico del grifo son tan antiguas como las propias fuentes. El historiador Plinio el Viejo creía que los grifos provenían de Sarmacia —región de Europa oriental—; Esquilo situaba su origen en Etiopía; Thomas Bulfinch, autor de Bulfinch's Mythology —disponible en Project Gutenberg—, señalaba que su país natal era la India; y el naturalista Claudio Eliano, en el libro IV de su Historia de los Animales (De natura animalium), los describía como originarios de la India, afirmando que eran criaturas de cuatro patas, del tamaño de un lobo, con el pico de un águila y plumas rojizas en el pecho.
Eliano —escritor romano del siglo III d.C. que escribió en griego y cuya obra es una de las fuentes antiguas más ricas en descripciones de animales reales y fabulosos— añadió que los grifos ponían huevos en el suelo en lugar de en nidos elevados, y que los custodiaban con ferocidad excepcional. Plinio, por su parte, reconocía abiertamente sus dudas sobre la existencia real de la criatura.
El Diccionario histórico enciclopédico de Vicente Joaquín Bastús y Carrera ofrece una descripción que sintetiza las fuentes clásicas:
«Es un animal fabuloso, al cual le atribuyen el cuerpo de león, la cabeza y las alas de águila, orejas de caballo, y en lugar de crines o melenas unas aletas de pescado. Suelen otras veces figurarle con el dorso guarnecido de plumas. Según la descripción que Eliano nos ha dado en el libro IV de su Historia de los animales, el Grifo es originario de la India [...]. El grifo es un animal simbólico y un emblema del valor y de la grandeza de ánimo o de las ideas atrevidas, figuradas por la reunión del león y del águila.»
El grifo en la mitología griega: la guerra con los arimeaspios
Las referencias más antiguas y detalladas al grifo en la literatura griega provienen del poeta Aristeas de Proconeso (siglo VII a.C.), cuya obra Arimaspea —hoy perdida— fue la fuente principal de todas las tradiciones posteriores. Herodoto, el gran historiador griego del siglo V a.C., resumió sus contenidos en las Historias, documentando el mito más célebre vinculado a los grifos: la guerra eterna contra los Arimeaspios.
Los arimeaspios eran, según estas fuentes, un pueblo mítico de guerreros de un solo ojo en el centro de la frente, que habitaba en las vastas estepas del norte de Europa y Asia Central. Su actividad central era robar el oro que los grifos custodiaban. Herodoto escribió en sus Historias (III, 116):
«Pero en el norte de Europa hay, con mucho, el mayor oro. En cuanto a cómo se produce, tampoco puedo decirlo con seguridad, pero se dice que hombres de un solo ojo llamados Arimeaspios lo roban de los grifos.»
— Herodoto, Historias, III, 116
Plinio el Viejo retomó el mismo relato en su Historia Natural con mayor detalle, describiendo a los arimeaspios como habitantes de una región al norte, cerca de la cueva de Bóreas —el dios griego del viento del norte—, en perenne guerra con los grifos por el control del oro. Esta guerra eterna era el mito que explicaba por qué el oro era tan difícil de obtener: criaturas tan poderosas como los grifos lo custodiaban con una ferocidad que desafiaba a cualquier ejército humano.
La enemistad del grifo con los caballos, documentada en varias fuentes clásicas, dio origen a otra criatura compuesta: el hipogrifo, híbrido entre grifo y caballo. Como los grifos atacaban habitualmente a los caballos para alimentar a sus crías, la unión entre ambas especies era considerada tan imposible como un prodigio. Ariosto utilizó el hipogrifo como montura del héroe Rugiero en su Orlando Furioso (1516), convirtiendo al hipogrifo en una de las criaturas más celebradas de la literatura renacentista.
La hipótesis de los fósiles: ¿un origen paleontológico?
Una teoría académica de gran difusión propone que el grifo pudo tener un origen parcialmente empírico. La folklorista clásica Adrienne Mayor, en su libro The First Fossil Hunters (Princeton University Press, 2000), sostuvo que los nómadas escitas que extraían oro en el desierto del Gobi podían haber encontrado esqueletos del dinosaurio Protoceratops —un herbívoro del Cretáceo tardío con un poderoso pico curvado y una cresta ósea prominente— y transmitido su apariencia a los griegos como descripción de una criatura real. El pico del Protoceratops se habría convertido en el «pico de águila»; sus escápulas, en «la base de las alas».
Sin embargo, una investigación publicada en 2024 por los paleontólogos Mark P. Witton y Richard Hing en una revista especializada cuestionó esta hipótesis, señalando que los yacimientos de Protoceratops se encuentran demasiado lejos de las minas de oro antiguas para hacer verosímil un contacto casual, y que las similitudes anatómicas son insuficientes para sostener la conexión. La polémica entre estas dos posiciones ilustra bien cómo un símbolo tan arraigado puede suscitar interpretaciones radicalmente distintas según la disciplina desde la que se aborde.
Leyendas del grifo
La ascensión de Alejandro Magno
Una de las leyendas más célebres que involucra grifos es la Ascensión de Alejandro Magno. De acuerdo con ella, Alejandro capturó un par de grifos y, dejándolos sin alimento durante tres días, los enganchó a su trono. Burlándose de ellos con trozos de carne asada sostenidos en lanzas sobre sus cabezas, voló hacia el cielo durante siete días. Alejandro habría querido contemplar a Dios mismo si un ángel no le hubiera preguntado por qué pretendía ver las cosas del cielo cuando aún no entendía las de la tierra. Castigado por su presuntuosidad, Alejandro voló de regreso a la tierra. Esta leyenda era un símbolo de soberbia —el orgullo arrogante que lleva al hombre a transgredir los límites que le han sido asignados—, uno de los pecados más gravemente condenados en la ética medieval.
Las representaciones de la Ascensión de Alejandro fueron colocadas en las catedrales francesa e italiana durante el siglo XII, lo que revela hasta qué punto el relato había superado su origen pagano para integrarse en el imaginario moral cristiano.
El grifo como guardián de tesoros
Debido a la fuerza y los poderes de visión del grifo, se pensaba que guardaba tesoros —especialmente en sus nidos, junto a sus crías—. Uno de los tesoros más comúnmente custodiados eran las esmeraldas, por su asociación con el Santo Grial. Se consideraba que el Grial —la copa usada en la Última Cena, que según la leyenda tenía poderes milagrosos— fue esculpido de una sola esmeralda. Las imágenes de dos grifos bebiendo de una copa flamígera eran comunes en el zoroastrismo —la antigua religión persa fundada por el profeta Zoroastro, que adoraba al dios de la luz Ahura Mazda—, y cuando los cruzados encontraron esta imagen durante sus campañas en Oriente, la asociaron con la Eucaristía y la copa de fuego con el Santo Grial, incorporando el símbolo al imaginario cristiano occidental.
Durante la Edad Media, los nobles europeos buscaron huevos de grifo —llamados en inglés grypeseye— que montaban en copas, creyendo que tenían la virtud de purificar o revelar cualquier bebida envenenada. Griegos y romanos utilizaban imágenes de grifos para proteger las tumbas: la criatura que guardaba el oro en vida lo protegía también en la muerte.
El grifo en Persia y Egipto
El origen de la imagen del grifo es anterior a Grecia. En el antiguo Egipto, el grifo fue representado desde el Imperio Medio como una criatura de cuerpo felino esbelto y cabeza de halcón, en escenas de caza y triunfo real. Las figuras divinas egipcias representadas como grifos incluyen a Sefer, Sefert y Axex. En la tradición elamita —la civilización que habitó el actual Irán sudoccidental— los grifos se presentaban como ofrendas a los dioses y formaban parte de la decoración de palacios y templos.
En el zoroastrismo persa, especialmente durante la dinastía aqueménida (550-330 a.C.), el grifo —llamado Homa— fue utilizado ampliamente como estatua y símbolo en los palacios de Persépolis y Susa, donde sus imágenes en piedra adornaban columnas y relieves. Esta difusión persa del símbolo es probablemente el puente que llevó la figura del grifo desde Oriente hasta el mundo griego.
Generalmente, se cree que el origen de los grifos en Grecia se debe a los Hiperbóreos —pueblo mítico del extremo norte, adorador de Apolo, cuya existencia era tan incierta como su localización geográfica—, quienes habrían sido los primeros en utilizar la figura de un grifo para indicar el sol como el más excelente de todos los planetas. El grifo era también un atributo de Apolo: su figura aparece en las medallas de varias ciudades donde esta divinidad era venerada, y el carro del dios era en ocasiones tirado por grifos.
El grifo como símbolo cristiano
Esta imagen, popular en el mundo antiguo, fue adoptada temprano por los cristianos y se convirtió en un poderoso símbolo de Cristo. Se pueden encontrar criaturas similares en otras culturas y a menudo se ven en conexión con lo divino.
Según la Academia de Estudios Cristianos Clásicos: «El grifo se convirtió para los cristianos en un rico símbolo de las dos naturalezas de Cristo mismo: el águila, que es señor del cielo, nos recuerda la naturaleza divina, mientras que el león, que es señor de la tierra, nos recuerda la naturaleza humana». Juntos, nos recuerdan que Cristo es el verdadero Rey de los cielos y de la tierra».
San Isidoro de Sevilla —enciclopedista y obispo del siglo VI-VII, cuyas Etimologías fueron el manual de referencia del saber medieval— anotó: «Cristo es León porque reina y tiene fuerza; Águila, porque después de la resurrección se eleva al cielo». Para los artistas medievales, el grifo era una imagen popular para colocar en los manuscritos iluminados y en la decoración de las iglesias. Su profundidad de significado lo convirtió en un símbolo digno del arte cristiano. Las partes de águila del grifo representaban a los santos con sus pensamientos, aspiraciones y almas elevadas hacia Dios; su mitad de león representaba el coraje en la lucha continua contra el pecado y el mal.
Durante el cautiverio en Babilonia, los israelitas se habrían familiarizado con la imagen del grifo. Tanto persas como asirios decoraban con imágenes de esta bestia sus palacios y lugares de culto.
El grifo en la Divina Comedia de Dante
El uso más elaborado del grifo en la literatura cristiana medieval es el de Dante Alighieri en el Purgatorio de su Divina Comedia (Canto XXIX). Una vez concluido el viaje de Dante a través del Infierno —guiado por Virgilio—, el poeta asciende el monte del Purgatorio hasta llegar al Paraíso Terrenal, donde contempla una procesión alegórica conocida como «el Triunfo de la Iglesia». En esa procesión, un grifo tira de un carro que representa a la Iglesia cristiana. La parte de águila del grifo —dorada, luminosa— representa la naturaleza divina de Cristo; la parte de león —roja y blanca— representa su naturaleza humana.
Dante escenifica el significado cristológico de la criatura en un pasaje especialmente sutil: la imagen del grifo, reflejada en los ojos de Beatriz, alterna milagrosamente entre la forma completa del águila y la del león, mientras el grifo mismo permanece sin cambiar. Esta representación visual expresa con exactitud la doctrina del Concilio de Calcedonia (451 d.C.): Cristo es «una sola persona en dos naturalezas», sin mezcla ni confusión entre ellas. El grifo resulta ser, en manos de Dante, un instrumento teológico tan preciso como cualquier argumento filosófico. El poeta fue así a la vez un narrador de visiones y un teólogo en imágenes.
El significado del grifo en la heráldica
El grifo se convirtió en una imagen frecuente en los escudos de armas medievales. Simbolizaba el valor y la valentía que desafían a la muerte, así como la vigilancia, la fuerza y el poder. El tratadista heráldico Juan de Bado Aureo escribió en el siglo XIV: «Un grifo en el escudo de armas significa que el primero en portarlo era un hombre fuerte y pugnaz, en quien se hallaban dos naturalezas distintas y cualidades: las del águila y las del león». Y John Guillim, en su Display of Heraldry (1611), ofrece uno de los primeros registros documentados en detalle de un grifo heráldico con nombre propio de familia.
En la heráldica, el grifo es descrito como un ser compuesto del más noble de los pájaros y del más noble de los animales terrestres, lo que lo convertía en el emblema ideal de la ambición nobiliaria. La English Heritage lo define sucintamente como un símbolo de «vigilancia y valor —y también guardián de tesoros».
El grifo aparece en los escudos de armas de numerosas familias nobles europeas, ciudades y órdenes militares. Entre los contextos más documentados figura su uso en la heráldica inglesa y galesa, donde familias como los Griffin de Braybrook —cuyo primer registro de armas data del siglo XII— lo portaron como emblema central durante más de tres siglos.
Conclusión
El grifo es uno de los símbolos más persistentes y versátiles de la historia cultural de Occidente. Desde los relatos de Herodoto sobre la guerra entre grifos y Arimeaspios en las estepas escitas, pasando por los pasillos de los palacios aqueménidas en Persia, los manuscritos iluminados de los monjes medievales, los versos de Dante y los escudos de armas de la nobleza europea, la criatura que combina el rey del aire y el rey de la tierra ha funcionado como un símbolo de totalidad: quien lo porta o lo contempla queda investido de una doble excelencia, la del poder celeste y la del poder terrenal. Que esa misma estructura dual encontrara en el cristiano una correspondencia perfecta con la doble naturaleza de Cristo explica por qué el grifo sobrevivió con tanta naturalidad al tránsito de la Antigüedad pagana al Medievo cristiano.
Fuentes y Bibliografía
Fuente primaria en Project Gutenberg
- Bulfinch, T. (s.f.). Bulfinch's Mythology: The Age of Fable. Project Gutenberg, EBook n.º 4928. https://www.gutenberg.org/ebooks/4928
Fuentes clásicas
- Herodoto. Historias, III, 116; IV, 13, 27. (Siglo V a.C.)
- Plinio el Viejo. Historia Natural, VII, 10. (Siglo I d.C.)
- Claudio Eliano. De natura animalium (Historia de los Animales), libro IV. (Siglo III d.C.)
- Dante Alighieri. Divina Comedia: Purgatorio, cantos XXIX-XXXI. (ca. 1308-1321)
Fuentes académicas de referencia
- Bastús y Carrera, V. J. Diccionario histórico enciclopédico, vol. 3.
- English Heritage. (s.f.). A Beginner's Guide to Heraldry. english-heritage.org.uk
- Mayor, A. (2000). The First Fossil Hunters: Dinosaurs, Mammoths, and Myth in Greek and Roman Times. Princeton University Press.
- Mythopedia. (2023). Griffin. mythopedia.com
- Theoi Greek Mythology. (s.f.). GRIFFIN (Gryps). theoi.com
- Witton, M. P. y Hing, R. (2024). Did the horned dinosaur Protoceratops inspire the griffin? Interdisciplinary Science Reviews. doi: 10.1177/03080188241255543




