El punto dentro del círculo: símbolo masónico, origen y posición de la Iglesia





Un punto en el centro de un círculo, flanqueado por dos líneas paralelas. Pocas figuras geométricas han concentrado tantos estratos de significado a lo largo de la historia. En la masonería, el punto dentro del círculo es uno de los símbolos más antiguos y debatidos de la orden: un jeroglífico que, según sus propios historiadores, conecta la logia moderna con el culto solar del Egipto faraónico y con los misterios de la generación que recorrieron la antigüedad clásica. Pocas disputas simbólicas han generado tanta documentación oficial de ambos lados — masónica y pontificia — con tanta precisión y durante tanto tiempo.


Esa genealogía —que el escritor masónico Albert Mackey expone con honestidad académica— es precisamente la razón por la que la Iglesia católica, junto con otras tradiciones monoteístas, ha considerado históricamente la masonería como incompatible con la fe revelada. Este artículo expone ambas perspectivas: la masónica, desde sus propias fuentes primarias; y la cristiana, desde los documentos pontificios que formalizan esa posición.


Las fuentes masónicas de referencia


Albert Gallatin Mackey (Charleston, 1807 — Fortress Monroe, 1881), médico y Secretario General del Supremo Consejo del Rito Escocés, es la autoridad académica más citada del simbolismo masónico anglosajón. Su The Symbolism of Freemasonry (1869) —disponible en Project Gutenberg— dedica el capítulo XV íntegramente al punto dentro del círculo y establece tres capas de interpretación que la orden ha dado históricamente a esta figura.


La segunda fuente masónica fundamental es Albert Pike (Boston, 1809 — Washington, 1891), abogado, poeta y Soberano Gran Comendador del Supremo Consejo para la Jurisdicción Sur de los Estados Unidos. Su obra Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry (1871) —también en Project Gutenberg— es el texto doctrinal más extenso y citado del Rito Escocés. Preparado por autoridad del Supremo Consejo y distribuido a todos sus miembros, no es un estudio privado sino el cuerpo de instrucción oficial de la orden en ese período. La convergencia entre Mackey y Pike sobre los mismos símbolos y la misma genealogía hace de ambas obras las fuentes internas más sólidas disponibles.


Es importante subrayar que ambos autores escriben desde dentro de la orden. Su valor reside precisamente en que exponen con claridad lo que otros textos masónicos prefieren velar: la conexión directa entre el simbolismo de la logia y los cultos precristianos de adoración solar y fálica.


El origen del símbolo: de Egipto a la logia


El punto dentro del círculo tiene una historia anterior e independiente de la masonería. En el sistema jeroglífico egipcio, el signo ☉ es el símbolo del dios solar Ra: el círculo representa la eternidad o el universo, y el punto el principio divino que lo habita y lo ordena. Este mismo signo fue adoptado por la astrología grecorromana para representar al sol en la carta natal —uso que se mantiene hasta hoy— y por la tradición alquímica como símbolo del oro, el metal solar por excelencia.


En la tradición hermética medieval y renacentista, el signo representaba la mónada: el principio único e indivisible del que emana toda la multiplicidad del universo. El matemático y ocultista John Dee lo situó en el centro de su Monas Hieroglyphica (1564) como síntesis de todos los cuerpos celestes y los cuatro elementos.


Esta continuidad — del jeroglífico egipcio al símbolo alquímico, del signo astrológico al emblema masónico — revela la coherencia interna de una tradición esotérica que atraviesa siglos. La masonería especulativa no inventó el símbolo: lo heredó de esa cadena, cargado con toda su genealogía. Y es precisamente esa genealogía lo que la Iglesia pone en el centro de su objeción doctrinal.





Las tres interpretaciones del símbolo


Primera interpretación: el hermano y su deber


La primera interpretación es la que Mackey llama exotérica —la explicación pública, destinada a los miembros de grado inicial y a quienes observan la orden desde fuera—. El punto representa a un hermano masón individual; el círculo, el límite de su deber hacia Dios y hacia los hombres; y las dos líneas paralelas, los santos patronos de la orden: san Juan Bautista y san Juan Evangelista.


Mackey califica esta interpretación como «trillada y escasa», útil pedagógicamente pero insuficiente para comprender el significado histórico del jeroglífico. Es, en sus propias palabras, la lectura que «los monitores modernos han convertido en exotérica».


Desde la perspectiva cristiana, esta primera interpretación resulta, en apariencia, la menos problemática: apela al deber hacia Dios y al prójimo, valores compartidos con el evangelio. Sin embargo, la Iglesia ha señalado que la dificultad no reside en la formulación superficial sino en su contenido: el «Dios» al que el masón debe servir dentro de la logia no es el Dios de la revelación cristiana, sino el llamado Gran Arquitecto del Universo —un principio divino deliberadamente neutro, compatible con cualquier religión o con ninguna—. El papa León XIII identifica esto en la encíclica Humanum Genus (1884) como naturalismo e indiferentismo religioso: la doctrina de que todas las religiones son igualmente válidas, lo que implica, desde la lógica católica, que ninguna lo es de forma definitiva.


Segunda interpretación: el sol y el universo


La segunda interpretación es la que Mackey considera históricamente más fundamentada. El punto dentro del círculo es uno de los jeroglíficos egipcios del dios solar Ra. Para los egipcios, el círculo representaba la eternidad o el universo en su totalidad, y el punto el ser supremo que lo habita y lo vivifica. La masonería especulativa adoptó esta lectura como representación del Gran Arquitecto del Universo:


«El punto indica al sol, y el círculo al universo, vigorizado y fertilizado por sus rayos creadores. El maestro y los vigilantes son símbolos del sol; la logia es el universo o el mundo, al igual que el punto es el símbolo del mismo sol y el círculo que lo rodea es el del universo.»

— Mackey, Albert G. The Symbolism of Freemasonry, cap. XV (1869)


Albert Pike confirma esta lectura desde una autoridad aún mayor dentro del Rito Escocés. En el capítulo I de Morals and Dogma escribe:


«The Sun is the ancient symbol of the life-giving and generative power of the Deity. To the ancients, light was the cause of life; and God was the source from which all light flowed; the essence of Light, the Invisible Fire, developed as Flame manifested as light and splendour. The Sun was His manifestation and visible image; and the Sabæans worshipping the Light-God, seemed to worship the Sun, in whom they saw the manifestation of the Deity.»

 

— Pike, Albert. Morals and Dogma, cap. I (1871). Traducción: «El Sol es el símbolo antiguo del poder vivificador y generador de la Divinidad». Para los antiguos, la luz era la causa de la vida; y Dios era la fuente de la que fluía toda luz; la esencia de la Luz, el Fuego Invisible, manifestado como llama, manifestado como luz y esplendor. El Sol era su manifestación e imagen visible; y los sabeos que adoraban al Dios-Luz parecían adorar al Sol, en quien veían la manifestación de la Divinidad.»

Y en la página 486 de la misma obra, Pike identifica el símbolo con precisión inequívoca:

«The Sun is still symbolized by the point within a circle.»


— Pike, Albert. Morals and Dogma, p. 486 (1871). Traducción: «El Sol sigue siendo simbolizado por el punto dentro del círculo.»


Esta convergencia entre Mackey y Pike —dos autoridades masónicas independientes, de obras distintas— confirma que la interpretación solar no es especulativa ni externa a la orden. Es la lectura oficial de sus propios tratadistas de mayor rango. La coincidencia terminológica con León XIII es significativa: Pike usa la palabra Sabæans y el pontífice condena en Humanum Genus el sabismo que la masonería perpetúa en sus símbolos. Ambos están describiendo el mismo fenómeno, desde perspectivas opuestas.


Aquí la tensión con el monoteísmo bíblico es directa y documentable. El primer mandamiento del Decálogo —«No tendrás otros dioses fuera de mí. No te harás ídolos ni imagen alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en las aguas debajo de la tierra» (Éxodo 20, 3-4)— fue pronunciado, en su contexto histórico, precisamente contra las religiones solares de Egipto y Mesopotamia. Reconocer al Dios de la revelación implicaba abandonar la adoración del sol, que esas civilizaciones practicaban abiertamente. Que la masonería recupere ese jeroglífico solar como símbolo central no es para la Iglesia una curiosidad arqueológica: es la perpetuación de lo que la tradición bíblica llama sabismo —el culto a los astros—, condenado reiteradamente en el Antiguo Testamento (Deuteronomio 4, 19; Jeremías 8, 2; 2 Reyes 23, 5).


Los solsticios y los dos santos Juan


Dentro de la interpretación solar, las dos líneas paralelas representan los solsticios: el de verano —21 de junio— y el de invierno —22 de diciembre—. Mackey señala que las festividades de san Juan Bautista (24 de junio) y san Juan Evangelista (27 de diciembre) coinciden con esas fechas solsticiales, y que la masonería incorporó los nombres de los santos como «aplicación posterior» de un sustrato astronómico más antiguo.


Esta afirmación del propio Mackey ilustra uno de los argumentos más persistentes de la crítica católica a la masonería: la apropiación de formas cristianas para encubrir contenidos precristianos. La Iglesia no cuestiona la veneración de los dos santos Juan —que forma parte de su propio calendario litúrgico—, sino el procedimiento inverso: usar sus nombres como cobertura para un simbolismo cuya raíz es el culto solar pagano. León XIII describe este mecanismo en Humanum Genus al señalar que los masones «presentándose con apariencias académicas o científicas, tienen siempre en sus labios el celo por la civilización», ocultando bajo esa apariencia sus verdaderos referentes doctrinales.


Tercera interpretación: la generación y el principio fálico


La tercera interpretación es la más antigua históricamente. Mackey la expone sin eufemismos: el punto dentro del círculo es una modificación del culto al falo, que fue a su vez una variante del culto solar en las civilizaciones antiguas.


El Falo —representación del órgano generador masculino— era venerado en Egipto, Grecia e India como símbolo del principio generador del universo, análogo a la luz solar que fecunda la tierra. Mackey insiste en que esta veneración se realizaba «sin la menor referencia a ninguna aplicación impura o lasciva» — como expresión cosmológica de la fuerza creadora—. Su equivalente hindú era el Lingam de Shiva, que reposaba sobre el Yoni, símbolo femenino, formando juntos la representación completa del principio de generación universal.


Pike corrobora esta interpretación desde su propia obra con precisión notable. En la página 401 de Morals and Dogma escribe:


«These two Divinities, the Active and Passive Principles of the Universe, were commonly symbolized by the generative parts of man and woman... the Phallus and the Cteis, emblems of generation and production, and which, as such, appeared in the Mysteries. The Indian Lingam was the union of both, as were the boat and mast and the point within the circle: all of which expressed the same philosophical idea.»

 

— Pike, Albert. Morals and Dogma, p. 401 (1871). Traducción: «Estas dos Divinidades, los Principios Activo y Pasivo del Universo, eran comúnmente simbolizadas por las partes generadoras del hombre y la mujer... el Falo y la Cteis, emblemas de la generación y la producción, y que como tales aparecieron en los Misterios. El Lingam indio era la unión de ambos, como lo eran la barca y el mástil y el punto dentro del círculo: todos los cuales expresaban la misma idea filosófica.»


En este marco, el punto dentro del círculo condensa esa dualidad: el punto como principio masculino activo y el círculo como principio femenino receptivo. Las dos líneas paralelas marcan los solsticios — momentos de máxima expresión de la fuerza solar.


Para el monoteísmo bíblico, este simbolismo contradice un principio fundamental: Dios es radicalmente trascendente y no puede ser identificado con ninguna fuerza de la naturaleza. Las religiones de la fertilidad de Canaán y Egipto —todas articuladas en torno a ciclos naturales de muerte y regeneración, representados frecuentemente mediante símbolos fálicos— fueron precisamente lo que la revelación bíblica rechazó. Que la masonería incorpore ese simbolismo como núcleo de su sistema es, desde la teología católica, una regresión a lo que la revelación superó.


El símbolo en la práctica de la logia


En la disposición física de la logia masónica, el punto dentro del círculo tiene una presencia concreta. El Maestro Venerable —que preside desde el Este— y los dos Vigilantes —que supervisan desde el Oeste y el Sur— son interpretados por Mackey como el equivalente humano del símbolo: el Maestro como el sol, la logia como el universo y los Vigilantes como los guardianes de los puntos solsticiales.


La práctica de la circunambulación —el movimiento ritual en círculo alrededor del altar de la logia— reproduce el recorrido aparente del sol y actualiza, en la ceremonia de iniciación, el simbolismo del punto central que organiza el espacio circular. El altar mismo, situado en el centro de la logia, es el punto dentro del círculo que forman los hermanos durante los trabajos rituales. Así el símbolo geométrico se convierte en arquitectura, en movimiento y en rito.


Las tres interpretaciones confluyen en un punto común que la Iglesia identifica como el nudo teológico de fondo: la naturaleza del principio divino que la masonería llama Gran Arquitecto del Universo.


El Gran Arquitecto del Universo y el Dios de la revelación


La denominación masónica del principio divino —el Gran Arquitecto del Universo— encarna con precisión el conflicto teológico de fondo. La expresión es deliberadamente neutral: no designa al Dios de ninguna religión específica, sino un principio que permite que masones católicos, protestantes, judíos, musulmanes, deístas y agnósticos compartan la misma logia sin contradicción aparente. Desde la perspectiva masónica, esa amplitud es una virtud: el signo de una fraternidad por encima de las divisiones religiosas.


Pike lo formula con toda claridad en el capítulo I de Morals and Dogma:


«The Hebrew Pentateuch in a Hebrew Lodge, and the Koran in a Mohammedan one, belong on the Altar; and one of these, and the Square and Compass, properly understood, are the Great Lights by which a Mason must walk and work. The obligation of the candidate is always to be taken on the sacred book or books of his religion, that he may deem it more solemn and binding; and therefore it was that you were asked of what religion you were. We have no other concern with your religious creed.»

 

— Pike, Albert. Morals and Dogma, cap. I (1871). Traducción: «El Pentateuco hebreo en una Logia hebrea, y el Corán en una mahometana, pertenecen al Altar... La obligación del candidato siempre ha de tomarse sobre el libro o libros sagrados de su religión... y por eso se te preguntó de qué religión eras. No tenemos ninguna otra preocupación por tu credo religioso.»


Y en otro pasaje del mismo capítulo, Pike añade una afirmación que sintetiza la posición teológica de la orden:


«Masonry, of no one age, belongs to all time; of no one religion, it finds its great truths in all.»

 

— Pike, Albert. Morals and Dogma, cap. I (1871). Traducción: «La masonería, de ninguna época, pertenece a todos los tiempos; de ninguna religión, encuentra sus grandes verdades en todas.»


Desde la perspectiva católica, estas declaraciones son el núcleo del problema. La doctrina católica afirma que Dios no es un principio genérico sino un ser personal que se ha revelado históricamente: en la creación, en la Alianza con Israel, y de forma definitiva en Jesucristo. Un principio divino compatible con todas las religiones por igual no es el Dios de la revelación cristiana — es, en el mejor de los casos, una construcción filosófica humana. El cardenal Joseph Ratzinger, en su comentario a la Declaración de 1983 publicado en L'Osservatore Romano, nombra esto con precisión: relativismo religioso. La negación implícita de que alguna religión posea la verdad de forma definitiva contradice la pretensión central del catolicismo.


La posición formal de la Iglesia católica


La Iglesia ha pronunciado su posición sobre la masonería en términos formales desde 1738, cuando el papa Clemente XII emitió la bula In Eminenti Apostolatus, primera condena explícita. Desde entonces, según el estudio del canonista Federico R. Aznar Gil, se conservan no menos de 371 documentos de la Santa Sede sobre la masonería hasta 1980.


El documento más completo es la encíclica Humanum Genus, promulgada por el papa León XIII el 20 de abril de 1884. En ella, el pontífice identifica el naturalismo como doctrina central de la masonería —la razón humana como única norma de verdad, sin referencia a la revelación—, y señala cinco incompatibilidades estructurales con el catolicismo: el indiferentismo religioso, el juramento de silencio y obediencia ciega, la separación absoluta entre la Iglesia y el Estado, la exclusión de la Iglesia de la educación pública y la genealogía pagana del simbolismo masónico.


La tensión entre el Código de Derecho Canónico de 1983 —que eliminó la excomunión automática presente en el código de 1917— y la doctrina de la Iglesia fue resuelta el 26 de noviembre de ese mismo año, cuando la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmada por el cardenal Ratzinger y aprobada por Juan Pablo II, declaró que los principios masónicos siguen siendo incompatibles con la fe católica y que los católicos inscritos en logias se hallan en estado de pecado grave, sin acceso a la sagrada comunión.


Esta posición fue reafirmada el 13 de noviembre de 2023, cuando el Dicasterio para la Doctrina de la Fe publicó una nota firmada por el cardenal Víctor Manuel Fernández y aprobada por el papa Francisco. El documento responde a una consulta del obispo de Dumanguete, en Filipinas, y reitera la irreconciliabilidad entre fe católica y masonería. Propone además «una catequesis popular en todas las parroquias sobre las razones de esta incompatibilidad». La prohibición está vigente bajo el pontificado actual.


El símbolo en el ritual: William Morgan


La dimensión práctica del punto dentro del círculo — cómo se explicaba en la logia durante la iniciación — está documentada por William Morgan (1774-1826), un masón norteamericano que publicó en 1826 la descripción de los rituales de los tres primeros grados en su obra The Mysteries of Free Masonry, disponible en Project Gutenberg. Su publicación provocó un escándalo de alcance nacional en los Estados Unidos y desencadenó un movimiento antimasónico sin precedentes. Morgan desapareció antes de que el libro circulara ampliamente; su caso nunca fue resuelto.


En la explicación que Morgan reproduce del ritual del grado de Aprendiz, el punto dentro del círculo se describe del siguiente modo:


«...a certain point within a circle, which circle is bounded on the East and the West by two perpendicular parallel lines, representing the anniversary of St. John the Baptist and St. John the Evangelist, who were two perfect parallels, as well in Masonry as Christianity, on the vertex of which rests the Book of the Holy Scriptures, supporting Jacob's Ladder, which is said to reach the watery clouds, and, in passing round this circle, we naturally touch on both these perpendicular parallel lines, as well as the Book of the Holy Scriptures; and while a Mason keeps himself thus circumscribed, he cannot materially err.»

 

— Morgan, William. The Mysteries of Free Masonry (1826). Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/18136Traducción: «...un cierto punto dentro de un círculo; este círculo está delimitado al Este y al Oeste por dos líneas paralelas perpendiculares, que representan el aniversario de san Juan Bautista y san Juan Evangelista, que eran dos paralelas perfectas, tanto en la masonería como en el cristianismo, sobre cuya cúspide descansa el Libro de las Sagradas Escrituras... y mientras un masón se mantiene así circunscrito, no puede errar materialmente.»


Este texto ritual confirma la interpretación exotérica que tanto Mackey como Pike califican de superficial o insuficiente. Para la Iglesia, su interés reside en un detalle preciso: el ritual incorpora la Biblia y los nombres de dos santos cristianos como elementos de una liturgia cuyo núcleo simbólico, según los propios analistas masónicos de mayor autoridad, procede del culto solar y fálico de la antigüedad. Es la ilustración práctica de lo que León XIII llamó en Humanum Genus el recurso a «apariencias académicas o científicas» para encubrir referentes doctrinales de otra naturaleza.


La cita de Lucifer en Pike: texto y debate


Ningún pasaje de la literatura masónica ha generado más controversia en la crítica antimasónica que el siguiente fragmento del grado 19° de Morals and Dogma, página 321:

«LUCIFER, the Light-bearer! Strange and mysterious name to give to the Spirit of Darkness! Lucifer, the Son of the Morning! Is it he who bears the Light, and with its splendors intolerable, blinds feeble, sensual, or selfish Souls? Doubt it not!»

 

— Pike, Albert. Morals and Dogma, p. 321 (1871). Traducción: «¡Lucifer, el Portador de la Luz! ¡Nombre extraño y misterioso para dar al Espíritu de las Tinieblas! ¡Lucifer, el Hijo de la Mañana! ¿Es él quien porta la Luz, y con sus esplendores intolerables ciega las almas débiles, sensuales o egoístas? ¡No lo dudéis!»


El pasaje ha sido citado como prueba de que la masonería adora a Lucifer identificado con Satanás. La lectura no es arbitraria: el texto nombra a Lucifer en el contexto de las enseñanzas del grado 19° y lo asocia con la luz, que es el concepto central del simbolismo masónico.


La posición masónica estándar es que Pike usa «Lucifer» en su sentido etimológico latino — lux ferre, portador de luz — como metáfora filosófica de la iluminación, y que la pregunta retórica del texto es ambigua, no una afirmación de adoración. Los defensores de la orden señalan además que el pasaje aparece en un capítulo de especulación filosófica comparada, no en un ritual de adoración.


La crítica antimasónica, representada por escritores como León Taxil —aunque este confesó haber fabricado parte de sus materiales— y retomada por autores de orientación católica, lee el pasaje como confirmación de que los grados superiores del Rito Escocés implican una identificación explícita de la «luz» masónica con Lucifer como principio opuesto al Dios cristiano.


Lo que sí es constatable, con independencia de la interpretación del pasaje, es lo siguiente: el texto de Pike usa el nombre «Lucifer» en un contexto iniciático de la masonería de alto grado; identifica ese nombre con la función de «portador de luz»; y vincula esa función al sistema simbólico que en los grados anteriores ya había identificado el sol, el punto dentro del círculo y el falo como representaciones del principio generador del universo. La coherencia interna de ese sistema es lo que la Iglesia objeta como incompatible con la revelación monoteísta, con independencia de si Pike está alabando a Lucifer o simplemente reflexionando filosóficamente sobre la naturaleza de la luz y las tinieblas.


Preguntas frecuentes


¿Qué significa el punto dentro del círculo en la masonería?


Tiene tres interpretaciones históricas según Mackey: exotérica (el hermano masón y su deber hacia Dios y los hombres), solar (el sol y el universo, jeroglífico de Ra) y fálica (el principio masculino y femenino de la generación). Las tres coexisten en la tradición masónica con distintos grados de acceso.


¿Por qué la Iglesia católica condena este simbolismo?


Porque su origen en el culto solar egipcio y en la adoración fálica de la antigüedad contradice el primer mandamiento del Decálogo, que prohíbe la adoración de imágenes y la identificación de Dios con fuerzas naturales. Además, el Gran Arquitecto del Universo —principio divino neutral de la masonería— es incompatible con el Dios personal de la revelación cristiana, según la Humanum Genus (1884) y la Declaración de la CDF (1983).


¿Pueden los católicos ser masones?


No. La Declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983, firmada por el cardenal Ratzinger y aprobada por Juan Pablo II, establece que los católicos inscritos en logias masónicas se hallan en estado de pecado grave y no pueden recibir la sagrada comunión. Esta posición fue reconfirmada en noviembre de 2023 con aprobación del papa Francisco.


¿Qué representan las dos líneas paralelas?


En la lectura masónica moderna, a san Juan Bautista y san Juan Evangelista. En la lectura solar de Mackey, los solsticios de verano e invierno. El propio Mackey argumenta que los santos fueron una incorporación posterior que recubrió con nombres cristianos un sustrato astronómico solar precristiano — argumento que la Iglesia cita como ejemplo de la apropiación de formas cristianas por parte de la orden.


¿Qué dice Albert Pike sobre el punto dentro del círculo?


Pike confirma en Morals and Dogma (1871) las dos interpretaciones más profundas de Mackey. En la página 486 escribe literalmente: «The Sun is still symbolized by the point within a circle» — el sol sigue siendo simbolizado por el punto dentro del círculo. Y en la página 401 establece que el punto dentro del círculo, la barca y el mástil, y el Lingam hindú «expressed the same philosophical idea» — el principio masculino y femenino de la generación universal. Pike era el Soberano Gran Comendador del Rito Escocés; su obra no es especulación privada sino el cuerpo doctrinal oficial de la orden.


¿Qué significa la cita de Lucifer en Pike?


En la página 321 de Morals and Dogma, Pike escribe: «LUCIFER, the Light-bearer! Strange and mysterious name to give to the Spirit of Darkness!... Doubt it not!» La interpretación es disputada. Los masones sostienen que Pike usa «Lucifer» en su sentido etimológico latino —portador de luz— como metáfora filosófica de la iluminación. Los críticos antimasónicos, especialmente de orientación católica, lo leen como una identificación de la «luz» masónica con el adversario del Dios cristiano. Lo verificable, con independencia del debate, es que el pasaje conecta la luz masónica con ese nombre en un texto de instrucción oficial del Rito Escocés de alto grado.



Fuentes y referencias


  • Mackey, Albert G. The Symbolism of Freemasonry. Nueva York: Clark and Maynard, 1869. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/11937
  • Mackey, Albert G. Encyclopaedia of Freemasonry and Its Kindred Sciences. Filadelfia: McClure Publishing, 1874.
  • Pike, Albert. Morals and Dogma of the Ancient and Accepted Scottish Rite of Freemasonry. Charleston: Supreme Council of the Thirty-Third Degree, 1871. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/19447
  • Morgan, William. The Mysteries of Free Masonry. 1826. Disponible en Project Gutenberg: gutenberg.org/ebooks/18136
  • León XIII. Encíclica Humanum Genus. Roma, 20 de abril de 1884. Disponible en vatican.va
  • Congregación para la Doctrina de la Fe. Declaración sobre las asociaciones masónicas. Roma, 26 de noviembre de 1983. Cardenal Joseph Ratzinger. Aprobada por Juan Pablo II.
  • Dicasterio para la Doctrina de la Fe. Nota sobre la masonería. Roma, 13 de noviembre de 2023. Cardenal Víctor Manuel Fernández. Aprobada por el papa Francisco.
  • Dee, John. Monas Hieroglyphica. Amberes, 1564.
  • McClenachan, Charles T. Observaciones a la entrada «Point within a Circle» en la Encyclopaedia of Freemasonry, edición revisada, 1917.